Beatificación el próximo domingo y rasgamiento de vestiduras. Con dos recomendaciones

El rasgamiento de vestiduras debería ser declarado deporte olímpico en los próximos juegos. O quizá mejor deporte nacional español. Porque hay que ver con qué facilidad nos rasgamos las vestiduras y nos sentimos escandalizados cuando nos conviene.
El próximo domingo los católicos tendremos el gozo de ver cómo son elevados a los altares 523 hermanos a los que les fue arrebatada la vida en la guerra civil española por su condición de católicos. Con estos pasan ya de 1.500 los beatos y creo son 11 los santos mártires en la guerra civil española. Su único delito: ser católicos, y en su mayor parte religiosos y sacerdotes.
Pues hay que ver cómo escuece este acontecimiento a algunos llamados católicos. Por eso lo de rasgarse las vestiduras. Los argumentos son viejísimos: fascistas contra el gobierno legítimo de la República ¡legítimo, ja!, curas delatores de rojos, iglesia franquista e ¡impulsora de la guerra civil!, beatificaciones que impiden que se cierren las viejas heridas… Una iglesia que lo que tiene que hacer es pedir perdón por su desastrosa actuación en la guerra civil. No hace falta seguir, me temo.

Bolsas de ropa. Así me las he encontrado esta mañana cuando sacaba a pasear al perro. No es la primera vez. Ropa y cualquier otra cosa. Para la parroquia, todo vale.
Vaya la que lió Rafaela el otro día con su llamada de teléfono. La pobre no comprendía algunas cosas y simplemente intentaba aclarar sus dudas. La ingente cantidad de lecturas del post y los 135 comentarios a estas horas, dan prueba de ello.
“Es una vergüenza”. Así se expresaba el papa Francisco I ante la tragedia de Lampedusa. Es lo menos que puede decirse cuando los muertos se cuentan por centenares y además existen testimonios de náufragos según los cuales hubo barcos que, viendo la tragedia, parece que no ayudaron. Cada día ocurren cosas parecidas en Lampedusa, Ceuta, Melilla o la salida de Cuba. Personas que mueren en el intento de alcanzar la libertad y un porvenir donde les sea permitido alimentarse cada día. Mala cosa que acabemos acostumbrándonos.
Tiempo sin saber de Rafaela. Hasta que hace un rato, el teléfono. Un torbellino esta mujer, te saluda y rápido comienza a soltar todo lo que tiene dentro.





