25.10.13

De formas, fondo y la cantidad justa de picante en un escrito

Soy visceral e incapaz de escribir sin un punto de ironía. Estos dos factores juntos pueden hacer que en ocasiones me salgan escritos tal vez pelín duros e incluso hirientes. Es el problema que tiene el picante: difícil encontrar el punto justo que alegre pero que no queme el paladar. Más difícil aún dar en el gusto a todos: desde aquel que pide su plato con picante nulo hasta el amante de comer entre lágrimas de satisfacción.

Lectores me dicen que aunque sea cierto lo que digo, y la valoración de las cosas o las ideas que expongo irreprochable con la doctrina de la Iglesia en la mano, en ocasiones me pierden las formas: duras, irónicas, fuertes, con su punto de autosuficiencia. Pues no digo que no, ni me voy a disculpar con el sabido “el celo de tu casa me consume” que me autorice a empuñar el látigo de la dialéctica.

Aún sabiendo que forma y fondo son parte de un matrimonio indisoluble, más me preocuparían los errores en el fondo, porque eso querría decir que en dogma, moral, liturgia o vida pastoral uno anda patinando, y eso sí que tiene su peligro: confundir al personal, y eso sí que es algo que no podría perdonarme. Pero parece que problemas de fondo no hay. Bendito sea Dios. ¿Y las formas? Pues siempre opinables, mientras nos mantengamos dentro de los límites de la caridad cristiana, cosa que tal vez no siempre consiga.

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24.10.13

Cumpleaños solidarios

De vez en cuando se van haciendo en el entorno de la parroquia. Llega el cumpleaños del niño y la familia, hablando con el muchachito, le cuentan que hay niños que no tienen para comer y familias en serias dificultades, y que por qué en lugar de pedir regalos para él no piden comida para Cáritas. La acogida de los niños es extraordinaria.

Hace apenas unos días se han presentado en el banco de alimentos de la parroquia unos niños acompañados por el papá de uno de ellos. Algunos cumpleaños en la última semana y una furgoneta llena de alimentos.

Son pequeños gestos que tal vez al niño no se le ocurran a la primera, pero que si alguien se lo sugiere lo acoge desde su sencillez y generosidad. Son gestos fáciles, que pueden hacerse en cualquier lugar y momento. No dejar al niño sin regalo de cumpleaños, pero sí convertirlo si acaso en un detalle pequeñísimo y acompañarlo por esa bolsa de alimentos que permitirá que su fiesta sea también la de una familia en necesidad.

Pues aquí lo dejo como una pequeña sugerencia. Ya me contarán.

22.10.13

La cofradía de los santos amenazantes

Hay momentos en los que la vida pastoral no es en absoluto sencilla. Tienes que estar atento al anuncio fuel del evangelio, a la administración da los sacramentos, al ministerio de la caridad… y todo eso tratando de compatibilizar –vano esfuerzo- el atender a cada cual como necesita, y a la vez intentar tratar a todos por igual. Porque claro, cada uno es cada uno, pero a la vez por qué Fulanito sí y yo no. Y ahí tienes al señor cura haciendo encaje de bolillos.

No suele haber problemas en estas cosas. La inmensa mayoría de la gente, aunque no siempre comprenda, se da cuenta de las dificultades, y acaba aceptando las cosas con una cierta deportividad. Pero… también existe la cofradía de los santos amenazantes… ¿No los conocen? Pero bueno…

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21.10.13

Josep María Soler, abad de Montserrat: ¿por qué no te callas?

¿De dónde habremos sacado y mamado los católicos ese complejo de culpabilidad que parece que arrastramos desde siempre, y especialmente en el último siglo? Es como si la humanidad, desde Sumer a la Unión Europea, pasando por Egipto, Grecia, Roma, las civilizaciones precolombinas, el islam y el estalinismo hubiera vivido siempre en un estado de bonhomía, paz y fraternidad universal que se rompió hace dos mil años con la llegada del cristianismo al mundo, y especialmente del catolicismo.

El caso es que ahí andamos los católicos cabizbajos, escondidos, huraños, temerosos y agitando la campanilla que dice: cuidado, soy católico, y por tanto destructor de la humanidad, mala persona, avieso, violento, asesino, totalitario y estafador. Tan en la cabeza nos lo han metido que hasta cuando somos golpeados, torturados y asesinados llegamos a la conclusión de que si eso nos pasa es que algo habremos hecho.

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19.10.13

Rafaela y la catequista enamorada

Tres o cuatro catequistas en el pueblo, y bien que a duras penas. Mérito del buen, a pesar de todo, párroco que se hizo con cuatro mozas de buena voluntad y no del todo despistadas en las cosas de la fe, para que le ayudaran a desasnar por lo religioso a una panda de chiquillos (y chiquillas) deseosos de hacer la primera comunión e incluso de seguir un poco más.

Pobres catequistas. Café en tarde tormentosa en casa de Rafaela, que además de tener buena conversación y claridad de ideas, hace las mejores rosquillas de la comarca, que todo hay que decirlo. Y ya se sabe: reunión de vecinas, alguien en boca.

Esa tarde tocó a las catequistas. Porque claro, bien sabía la Joaquina (que ha vuelto a misa alguna vez) que una de ellas tiene novio y que se los ve por la calle no todo lo decentes que cabría esperar de una moza que enseña el catecismo y vaya ejemplo para los niños… Hay otra que tampoco parece trigo limpio, porque estando casada se la ha visto en el bar sin su marido y hablando con hombres. Eso no es ejemplo, como se puede comprender. Y en el vestir… qué cosas en el vestir, sobre todo en verano.

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