3.04.13

Rafaela: la mudanza, la matanza y el parto de Micaelita

En el pueblo de Rafaela nunca pasaba nada. Lo más novedoso algún veraneante despistado entre semana, una ocurrencia del señor alcalde, el sermón del párroco la semana pasada que duró algún minuto más de lo habitual en el pueblo y la María que anda pintando la casa. Todo igual. Las mujeres a la compra, algún hombre en el bar, los chiquillos en el colegio y un coche de una empresa qué vendrá a arreglar algo.

Pero hay días en que todo se junta. Raros momentos en que, como dice Rafaela, parece que se juntan la mudanza, la matanza y el parto de Micaelita. Aquel lunes fue uno de esos días.

Comenzó con un gran trasiego de máquinas hacia la mitad de la calle principal. Un camión había producido un socavón de los gordos y rotura de la tubería principal del agua, con la consecuencia lógica de la población completamente desabastecida y sin poder calcular por cuanto tiempo.

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2.04.13

La discriminación del incienso

Hace no mucho me dejaron el comentario en Wordpress. Una persona se quejaba de discriminación porque es alérgica al incienso y eso supone que no puede participar en algunas celebraciones litúrgicas de la iglesia católica. La solución que sugería era la que dejásemos de utilizar el incienso en la liturgia católica para que nadie se pudiera sentir apartado de la comunidad.

A un servidor le parece que andamos todos perdiendo la olla, porque lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. Con más de mil millones de católicos en el mundo es claro que cualquier cosa que se haga puede ser motivo de alergia, discriminación o malestar por parte de alguno. Por otra parte, reto a cualquiera a pensar en una liturgia que a todos nos deje satisfechos por igual, cuando además hay derechos que necesariamente entran en confrontación con otros.

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1.04.13

La lucecita del confesionario

Lo acaba de decir el papa Francisco: iglesias abiertas y lucecita en el confesionario indicando la presencia del sacerdote. Nos cuesta mucho. Andamos siempre con tantas cosas que meternos en el confesionario simplemente a esperar parece una pérdida de tiempo. Lo más que hacemos es atender a esa persona que se dirige a nosotros o un ratito justo antes de la misa que no siempre es posible mantener.

El confesor tiene que aprender del pescador. Cobrar una buena pieza jamás se logra con prisas. Hay que dedicar horas, no moverse, dejar la caña echada y esperar. A base de tiempo y serenidad acaba picando un pez, y de vez en cuando un pez que merezca la pena.

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30.03.13

La trastienda de las celebraciones y el ruego de que nos disculpen

Días de locura. Dejadme que os cuente hoy esa “trastienda” que uno maneja cuando llegan los días de la semana santa. Porque claro, uno va a los “oficios” a la iglesia que sea y se lo encuentra todo hecho. Y no sabéis lo que es poner todo a punto.

La cosa comienza semanas antes: ¿te encargas de pedir el cirio? ¿Nos quedan velitas del año pasado? ¿Cómo andamos de incienso y carbones? Porque estas cosas no se pueden comprar a última hora.

Llega jueves santo. Y con él las prisas. ¿Dónde pusimos la jarra y la jofaina del lavatorio? ¿Y el paño humeral para trasladar el Santísimo? ¿Tú has visto la semanilla –librito con todas las celebraciones de semana santa-? Y claro, acuérdate de que las campanas toquen cuando deben y no cuando quieran, y de encontrar los libros, de encargar las flores, de ensayos con monaguillos y preparar lectores y monitores. La fotocopiadora es fácil que decida que justo el jueves santo no funciona. Y las velas tienen una extraña tendencia a declararse en huelga justo en los peores días. Los mismos micrófonos no es extraño que se rebelen ante el “espontáneo” que ha decidido jugar con los mandos. Pero bueno, ¿aún sin poner el monumento? ¿No ha traído todavía Juana los manteles? Siempre, siempre, se olvida algo…

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29.03.13

Anécdotas de la semana santa

Sucedidos reales. Algunos propios, otros, de varios compañeros. Pero cosas que te saltan en estas especialísimas celebraciones del triduo pascual:

- Mañana de jueves santo. Repaso total en la iglesia a todos los detalles de la celebración. Delante del monumento un enorme centro de flores que hace inútil toda posibilidad de poder dejar el Santísimo en su lugar. Lo cojo y lo coloco a un lado. Marcho al pueblo vecino a celebrar el jueves santo y al volver a la siguiente celebración, de nuevo el enorme centro tapando el paso. Lo digo: no puede estar ahí, mejor al lado, y lo vuelvo a colocar en un lateral. Y según acabo la misa y me dispongo a dirigirme al monumento ¡el centro en el medio y además con dos macetas al lado! Imposible dejar el Santísimo. Así que salté por encima de las flores, me tropecé, no se cayó el Santísimo de casualidad y conseguí dejarlo en su sitio sin más bajas que las flores por el suelo, la casulla manchada, una maceta caída y servidor que no acababa de reponerse del susto. Aún me dijeron al acabar: pero qué bruto, pero no respondí porque era jueves santo.

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