Confesor-go. No me convence
Algunos feligreses, tanto reales como virtuales, me hablan de una nueva aplicación para confesar y confesarse, que se llama “confesor-go”, e incluso me preguntan si me he dado de alta en ella o tengo intención de hacerlo.
Vaya por delante que servidor es amigo de las nuevas tecnologías. Ya saben: blog, Facebook, twitter, móvil, WhatsApp… En fin, esas cosas ya tan corrientitas. Es más, me parece todo un invento la cantidad de aplicaciones que se pueden encontrar para móvil y que nos pueden ayudar a vivir la fe. Por ejemplo, el breviario. Para un servidor, utilísimo. Sin embargo, esta aplicación para confesar y encontrar el confesor disponible más cercano he de decir que no acaba de convencerme.

Apenas me sonaba de vista, y muy poco. Hace unos momentos ha pasado por el despacho digamos que María, qué importa el nombre. Es africana y tiene dificultades con el idioma. No pasa nada, la buena voluntad todo lo suple. Me ha entregado una ficha de inscripción para los turnos de la capilla de adoración perpetua. Va a velar ante el Santísimo desde las 23 h. del día 24 de diciembre hasta las 5 de la mañana del día de Navidad.
Tener que negar la absolución es de las cosas más terribles que le pueden pasar a un sacerdote. Pero hay veces que no queda más remedio que hacerlo, Y POR PURA MISERICORDIA. No es que sea algo de todos los días, pero si el ministro de la reconciliación observa que faltan elementos esenciales en la confesión, especialmente el arrepentimiento y un firme propósito de la enmienda, es su obligación. Insisto: POR PURA MISERICORDIA.
Hace poco me han pasado la noticia de unos gravísimos desmanes en un templo cristiano nada menos que en la localidad sueca de Kristianstad. Según el diario local
La Iglesia en general, y Cáritas en particular, tenemos un serio problema de marketing que nos hace incapaces de hacer llegar a la gente las cosas buenas que se hacen cada día, mientras saltan a la opinión pública todo tipo de desastres.





