Kristianstad, Rita Maestre y el candelabro de bronce
Hace poco me han pasado la noticia de unos gravísimos desmanes en un templo cristiano nada menos que en la localidad sueca de Kristianstad. Según el diario local Krinstianstadsbladet, hay gente que entra en la iglesia, se orina, defeca, comete impurezas, beben, roban. Ha llegado a tal extremo la cosa que ha sido necesario colocar guardianes de seguridad. Parece ser que el problema está en las personas sin hogar que, ante la presencia policial en otros lugares, han decidido asaltar el templo, una preciosa iglesia del siglo XVII. A un servidor ya no le extraña nada, y mucho me temo que tendremos que prepararnos para esto y cosas peores en España.

La Iglesia en general, y Cáritas en particular, tenemos un serio problema de marketing que nos hace incapaces de hacer llegar a la gente las cosas buenas que se hacen cada día, mientras saltan a la opinión pública todo tipo de desastres.
Uno de los favores que podrían hacernos los obispos al pueblo de Dios sería el de ponerse de acuerdo entre ellos en cosas que al pueblo de Dios le importan, y en caso contrario que se molesten en consultar donde sea necesario para evitar el penoso espectáculo de que cada cual diga lo que le dé la gana y nos manden mensajes del todo contradictorios. Tanta conferencia episcopal, tanta sinodalidad, tanta reunión para que cada uno acabe diciendo lo que se le ponga en su particular solideo.
A Socio, mi perro, el sábado pasado le tocó peluquería, y quedó tan guapete que no me resistí y coloqué una foto suya en Facebook. La verdad es que se originaron unos cuantos comentarios divertidos, amables, incluyendo por cierto fotos de otras mascotas. La única discrepancia fue un mensaje donde se me reprochaba gastarme dinero en una peluquería para perros cuando hay tantos pobres muriéndose de hambre por el mundo y que menos perros y más caridad. Claro, y menos ordenador, menos Facebook y más dedicar tiempo y dinero los pobres. Pero hombre, ¿cómo alguien me va a reprochar que tenga un perro a mi lado cuando conocemos a tantos santos que han tenido perro?
La libertad de expresión es la capacidad que tiene uno de hablar a favor del poder establecido, sea por lo civil, sea por lo eclesiástico. Más aún, cuanto más se oye hablar de libertad de expresión, cuanto más se exalta y se promociona la necesidad de expresarse libremente, más cuidado hay que tener con lo que se dice (axioma de Logos).





