Algunas cosas de los curas de mi arciprestazgo
Ante todo, que no tiemble vuestro corazón, amigos y hermanos curas del arciprestazgo, porque con la fama que tengo, algunos se habrán puesto de los nervios al descubrir que hoy escribo de los curas de mi zona.
Que no tiemble el corazón. Tranquilos. Creo que nunca he sacado en el blog el nombre de un solo sacerdote de Madrid. Otros sí, pero curas con nombre y apellido de Madrid me parece que nunca. Hablo, más que de curas, de algunas “curadas” que me parecen impresentables. Madrileñas o foráneas. “Curadas” o incluso “obispadas”, rozando alguna “papada” (de papa, que no de papo). Creo que nunca de “vicariadas”, ni intención que tengo.

Estoy convencido de que la capilla de adoración perpetua de la parroquia es lo mejor que tenemos, con mucha diferencia, y lo que está dando y dará grandes frutos.
Me decía Rafaela que hay gente que vive haciendo lo que le da la gana gracias a la educación y la prudencia de los demás. Por eso me llaman deslenguada, me decía, por no callarme como el resto, que encima nos toman por tontos.
Sé que voy a rozar lo prohibido y tocar el ultimo tótem, porque en este mundo eclesial nuestro hay cosas y personajes que han adquirido el estatus de la intangibilidad, la infalibilidad, la altura de la santidad ya en este mundo y la garantía de que nadie cuestione su vida y su obra. A ver quién tiene las narices, por ejemplo, no de decir una palabra, sino de hacer siquiera un levísimo gesto de desagrado ante el P. Ángel. No digamos si encima está de visita a don Pedro Casaldáliga. No digamos si además todo esto lo hace acompañado por José Manuel Vidal. Los intocables.
Estábamos en cierta ocasión un grupo de sacerdotes reflexionando sobre la parábola del sembrador que leeremos en la liturgia de este domingo. La conclusión era que tenemos que sembrar, sembrar y sembrar, hartarnos de esparcir la semilla, y que luego ya sabemos que los frutos serán más bien escasos, o incluso, muchas veces, aparentemente estériles. Quién sabe, repetía una vez un buen sacerdote, si los frutos los recogerán otros dentro de mucho tiempo. Como ven, nada original.