Gordos
Me lo contaron atribuyendo la frase al marqués de Santo Floro. Hay dos cosas por las que no se debe preguntar nunca: el peso y los hijos. Decía el marqués, y si no era él la cosa sigue siendo acertada, que engordar o adelgazar puede ser por régimen, enfermedad, llevarse bien o suponer un trauma para el sujeto. Por eso, mejor callarse. La otra cosa, lo de los hijos. Cuántas veces no hemos abordado a una pareja con este tema: ¿y vosotros para cuándo? cuando tal vez llevan tiempo llorando porque quieren los hijos y no vienen.
Esto es un blog católico, y podría parecer que la cosa de los kilos estaría mucho más cómoda en un blog de salud, nutrición o estética. Sin embargo, creo que algo puede tener que ver.

No es fácil decirnos cualquier cosa a los curas, y no digo ya a vicarios y obispos. Los curas, el gremio que mejor me conozco, somos muy nuestros y bastante remisos a que se nos lleve la contraria y nos pidan explicaciones. De hecho, hay gente que es que ni se atreve a preguntar temerosa de la reacción de su señor párroco. Si la cosa fuera de negociado superior (vicaría, diócesis) es que ya ni lo intentan, convencidos de que no merece la pena.
Sí. Hoy son dos cosas. Las dos cosas.
Es que todavía no lo tengo claro.
Me han llorado los ojos del susto. Esta mañana, antes de acercarme a Braojos para uno de los actos litúrgicos de la fiesta en honor de la Virgen del Buen Suceso, he dado una vueltecita por algunos portales de información religiosa por la cosa esa de estar al día. La verdad es que la información religiosa es algo así como “La aurora” de Pedro Infante, que te pesca dormido en brazos de la ilusión y te despierta si estás dormida, morena sí, a la realidad de un plumazo.