Garantizar la eucaristía
Han sido, me dicen, nada menos que cincuenta y dos semanas dedicadas a desgranar el compendio del catecismo de la Iglesia católica. Bastante gente, y muchas descargas posteriores de los videos, que en ocasiones han sobrepasado abundantemente las mil cien. Este pasado jueves hemos terminado la tarea y, de momento, unas semanas de vacaciones. Las charlas, por cierto, están colgadas en la web de la parroquia virtual de san José de la Sierra.

Madrid, las ciudades, los pueblos grandes, quizá sean otra cosa, que tampoco es para tanto. El caso es que la pastoral ya se sabe cómo es: unos niños de primera comunión de los que perseveran en su catequesis una mínima parte, los de confirmación, unos cuantos jóvenes, algo de pastoral familiar, quizá catequesis de adultos, Cáritas, despacho… Junto a esto misas y confesiones y alguna celebración especial. Esto lo hemos tenido todos con mejor o peor fortuna.
Se me han pasado los días sin darme cuenta. Si no hubiera sido por mis amabilísimos lectores, ni ser consciente de que llevaba un par de semanas sin escribir en el blog. El caso es que de repente me empiezan a llegar mensajes, correos, llamadas de seguidores del blog muy preocupados por un servidor, y que, en resumen, me hacen dos preguntas.
La situación eclesial es extremadamente compleja. Hoy es un día trágico para la iglesia universal. El desafío alemán no es cualquier cosa. La situación de la Iglesia en general es más que preocupante. Está claro que números cantan. Las órdenes y congregaciones religiosas envejecidas y cerrando casas por días. Los seminarios tan en baja que ya no conocemos ni el número de seminaristas en cada diócesis. La práctica religiosa en caída libre. Económicamente en números más que rojos. Doctrinalmente no hay más base que el relativismo, ni más idea matriz que cuatro generalidades que de nada sirven y a nada conducen.
El asunto es claro.