Entre el hematoma costal y la lupa cenital
Hace años, un amigo, hablando de un cardenal de cuyo nombre no quiero acordarme, decía: “eso no es un cardenal, es un hematoma". Pero no quiero hablar de esos hematomas, sino de los habituales, es decir, de los que podemos considerar contusiones o magulladuras.
Servidor escribe entre la magulladura costal y la lupa cenital.
Contusiones costales casi me llegan a diario en forma de llamadas, correos, guasapes y corrillos clericales. Oye, ¿has visto la carta el P. James Martin? Podías escribir algo… Claro que he visto la carta de James Martin, la audiencia a la Caram, lo de los seminarios de Badajoz y Almería, las ordenaciones de Cartagena, las cosas de los obispos catalanes, la rueda de prensa de Argüello, el aniversario de la ordenación sacerdotal de Benedicto XVI, las bodas de plata episcopales de Fidel Herráez y César Franco, el aniversario de la JMJ de Madrid… Precisamente información es lo que más hay.

Es que uno va de susto en susto y tiro porque me toca.
Un buen amigo me acaba de hacer llegar la
Sé que no es fácil reconocer un fracaso de años y años, pero es lo que hay. Estrepitoso el de las misas de niños, con niños, de familias, con familias, de catequesis o de lo que quieran. Pobre parroquia la que no tuviera algo así como expresión de la pastoral de infancia más adecuada. Desde los años setenta, es decir, desde hace cincuenta años, andamos en estas. Cualquier españolito medianamente corriente entre los treinta y los sesenta años anduvo en catequesis y en esas misas. Hoy la práctica religiosa en esas edades está bajo mínimos. Ni misa, ni boda, ni nada de nada. Cincuenta años.
Me temo que los señores obispos de la autodenominada Conferencia Episcopal Tarraconense -no reconocida como tal por la Santa Sede-, acaban de pegar un doble salto mortal de funestas consecuencias. Por más que nos quieran hacer tragar que





