Cincuenta años de timo conciliar
No se me confundan que ya me conozco la película. Estoy de acuerdo en que tenemos un gravísimo problema que consiste en la no aceptación del concilio Vaticano II por una buena parte de la Iglesia. Lo que hay que ver ahora es, exactamente, qué parte de la Iglesia es la que no acepta el concilio. Y a eso vamos.
Timo conciliar. Perfectamente consciente de lo que digo, porque tenemos en esta Iglesia nuestra un fuerte contingente de laicos, religiosos y pastores de todo rango que llevan años reinterpretando el concilio sin más argumento de autoridad que un supuesto espíritu conciliar según el cual todo es admisible, todo es posible, todo es viable, porque se sustenta en el espíritu del concilio, con el dato curioso de que el espíritu en demasiadas ocasiones va literalmente en contra de la letra, pero aquí hay algunos que nacieron profetas.

La gente se me queda a cuadros cuando les digo que desde la pandemia dedico bastante tiempo al teletrabajo. Comprendo que pueda resultar extraño, pero es lo que hay. Hablo de esto para que seamos conscientes de las posibilidades que las redes sociales ofrecen para el trabajo pastoral.
Si es que te provoca Rafaela para escribir y ya va todo seguido…
Ya ven mis amigos lectores que llevo tiempo sin escribir. Parte por unos días de vacaciones, parte, mayor en este caso, de cansancio eclesial, con mezcla de autocensura, comodidad y hartazgo. Pero Rafaela es mi debilidad, y si la encuentro, no digo cabreada, que eso significa que no pierde vitalidad ni ganas de vivir, sino abatida, me preocupa más, y lleva varios días muy tocada.
No pasa nada. Simplemente que me voy a tomar un descanso en el blog y las redes sociales.