Autocrítica
Hay datos incuestionables. Por ejemplo, que el número de católicos y de católicos practicantes va en franca decaída. No me hace falta acudir a los datos estadísticos oficiales. Basta hablar con cualquier compañero para constatar que viene menos gente a misa, que los bautizos son pocos y las bodas escasísimas. Incluso en los pueblos lo vemos. El dato es el dato, y puede perfectamente extrapolarse a otras realidades, sin excluir la plaza de san Pedro.
Tras el dato, surgen las reflexiones. Evidentemente la sociedad secularizada, los medios de comunicación hostiles, campañas de desprestigio hacia la Iglesia. Seguimos por familias que no colaboran, por colegios cerrados, por profesores de religión más que dudosos. De acuerdo. Nada que objetar.

Son pocas, y que mis lectores me disculpen por volver al asunto.
Lo del absolutismo era malo porque lo ejercía Luis XIV. Pero se convierte en buenísimo si soy yo o si es mi grupo quien lo ejerce.
Lo de dar de comer al hambriento, posada al peregrino y acogida al inmigrante esta más visto que lo del 23-F y Tejero. Por eso no voy a hablar más de ello ni falta que hace. Ilustres teólogos, próceres insignes y famosos de todo tipo ya se encargan de hacerlo y exhibirlo.
Cosas que he dicho en mi homilía de hoy. Si es que esto es el ABC. Hemos echado a Cristo de la vida, entró el pecado, y con el pecado la violencia, el dolor y la muerte. Hoy no hay más solución, si queremos paz, justicia, libertad y dignidad para todos, y además la vida eterna, que volver a Cristo, dejar que sea Él quien llene el corazón y disponernos a vivir según el código tan viejo y tan actual de los diez mandamientos.