Desafectos al régimen
Es muy viejo. Los que mandan, en cualquier organización, sea civil o eclesiástica, a lo que más temen es a la prensa libre, porque la gente, por lo civil, lo militar o lo canónico es dada a preguntar, o al menos preguntarse, lo que no entiende, y si no recibe respuesta o respuesta que no le resulte convincente, insiste, se cabrea y molesta.
La información religiosa en papel hoy es prácticamente irrelevante. L’Osservatore Romano apenas llega a los 5.000 ejemplares, y Alfa y Omega porque se regala con ABC. No sé la tirada de Ecclesia o Vida Nueva, por ejemplo. Las diócesis, en papel, apenas nada.

Es lo que se lleva ahora en la Iglesia. Ya saben, frente a los tiempos de oscurantismo, censura, miedo y supuestas vendettas de san Juan Pablo II y Benedicto XVI en Roma y el “malvado” Rouco en Madrid, por fin entramos en una época de libertad, transparencia, sinodalidad y misericordia de la mano de Francisco en Roma y Omella y Osoro en Madrid.
No se crean, que servidor explicando aprende y mucho. Entre lo que aprendo, me explican, me señalan, comentan y preguntan, casi casi un doctorado.
Cada mañana suelo echar un vistazo a diferentes medios de información religiosa consciente de que eso supone desayunarme con dos sapos, tres indigestiones y cuatro soponcios. Uno es de espíritu penitente, y más en cuaresma, y, además, por mi costumbre de escribir en los medios, me siento en la obligación de hacerlo, sabiendo que antes he de tomar un par de cápsulas de Tradicionalina.
Nos colocamos rápido en la altura de quienes todo lo saben y se relacionan con los que consideran inferiores con una suficiencia que se mueve entre la conmiseración y el desprecio. Los curas tenemos una gran tendencia.





