Los negritos se nos han puesto en jarras
La Fiducia no se para. Parece mentira que una declaración de Doctrina de la Fe lleve tres semanas en el “candelabro”. Día tras día reacciones, a favor, en contra, en ya veremos, en depende… Dicen que ahí por Santa Marta no saben muy bien cómo gestionar el asunto, y más tras comprobar como el libro del sacerdote, hoy cardenal prefecto de Doctrna de la Fe, Víctor Manuel Fernández, Tucho Fernández para los amigos, titulado “La pasión mística” se ha convertido en best seller eclesial esta semana.
Muchos obispos han decidido ponerse de perfil, conscientes de que tal y como están las cosas, y con un pontificado que está dando los últimos coletazos por una cuestión puramente biológica, lo mejor que pueden hacer es no significarse y esperar otros tiempos, sean mejores, peores o iuxta modum. Unos pocos se han apuntado a “agradadores” del pontífice y se han lanzado, mucho corren, a proclamar que solo faltaba, y que si hay que bendecir se bendice, que el que manda manda y el peloteo que no falte. Mucho corren, que nunca se sabe por dónde van las cosas, y cualquiera con dos dedos de frente se queda quieto esperando por dónde irán los tiros o las posibles cuchilladas.

Hace tiempo que he decidido dar la razón a todo el mundo. No me cuesta trabajo, quedo estupendamente y los demás tan felices. Además, seamos claro, es que hay gente con la que no merece la pena discutir. Ganas de perder el tiempo.
El papel lo aguanta todo. Las cámaras casi. La propaganda, mucho menos que antes, porque tenemos unas redes sociales que todo lo cacarean y nos dan la posibilidad diaria de confrontar las buenas ideas con la realidad.
No es bueno para nadie despertarse cada mañana con un susto nuevo. Desde que se publicó “Fiducia supplicans” el pasado 18 de diciembre, vamos de susto en susto. El último, ayer mismo, cuando a medio día saltó la noticia en todos los medios de que el cardenal prefecto de Doctrina de la Fe, Víctor Manuel Fernández, había publicado hace años un libro con el título de “La pasión mística” de altísimo contenido sexual.