Silencio tenso y preocupado
Contenido y tenso. Porque aquí nadie dice nada, pero hay mucho murmullo entre dientes. No se dice nada en alta voz porque el papa es el papa y un católico medianamente formado no se pone a despotricar contra el santo padre y menos en público. Un católico formado calla, acepta la providencia, reza por el sumo pontífice y si tiene algo que comentar lo dice a su director espiritual o a alguna persona de toda confianza.
Lo que está pasando es que uno va captando una cierta preocupación por la actual situación eclesial en sitios diversos. Gente, y en ocasiones muy bien formada y de intensa vida espiritual que se siente un tanto descolocada con este pontificado.
Ojo, que otros están felices como nunca.

Hace un par de días supimos, a través de los medios, el nombramiento del cardenal español Ricardo Blázquez como miembro de la Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos. En principio nada que aportar, si acaso sus anteriores nombramientos para otras tres congregaciones y además en la administración de patrimonio de la Santa Sede. Afortunadamente tiene un obispo auxiliar.
Pobres cuatro viejas. Nada hay más denostado y despreciado en la vida pastoral que las cuatro viejas. Ya saben eso de “no merece la pena, total, para cuatro viejas que vienen”. El rosario, la adoración, vida ascendente, una charla. Bah, si solo acuden cuatro viejas.
Muchas iniciativas pastorales de posible buen resultado no llegan siquiera a plantearse en serio abortadas bajo un contundente “es que es un lío”. Todos podemos poner mil ejemplos.
Lo de la formación es de esas cosas que todo el mundo reclama a la vez que no se tiene tiempo para acudir. No falla. Da igual una asamblea parroquial, un grupo de Cáritas, catequistas, liturgia o lo que nos haya podido ocurrir. Lo primero que dice la gente es que necesitan formación. Perfecto. Organizas unos cursos de formación, invitas a cursos que se estén impartiendo en la vicaría, en la diócesis. Nadie tiene tiempo para acudir. Pues vaya…





