28.01.26

El P. Linares nos cuenta cómo consoló a las familias rotas por el dolor tras el accidente de Adamuz

Fueron varios los sacerdotes que estuvieron atendiendo a las familias de las víctimas del accidente de Adamuz en el Centro Cívico de Poniente en Córdoba. Al P. Jesús Linares, le tocó estar una tarde, una tarde intensa que nunca se le olvidará. Comparte con nosotros su experiencia y reflexiona sobre el gran misterio del dolor y la labor del sacerdote para llevar el auxilio y el consuelo de Dios.

¿Por qué no dudó en ir al Centro Cívico de Córdoba a dar atención espiritual a los familiares y pasajeros del accidente de Adamuz?

Me llamó un hermano sacerdote para que lo acompañara la tarde del martes al Centro Cívico de Poniente, donde se encontraban las familias de las víctimas del accidente. No me lo pensé, me dije para mí: Dios me llama a acercarme a estas personas que están sufriendo. Con esta disposición fui, también con cierto temor de no saber cómo iba a ser recibido. Recuerdo ir rezando el Rosario yendo de camino.

¿Cómo les pudo dar esperanza católica en medio del dolor?

La situación era, ciertamente dolorosa, se adivinaba en los rostros de las personas (algunas aún no sabían el paradero de sus familiares). Lo primero que hice fue darme una vuelta por el recinto y saludar a cuántos me iba encontrando: preguntar cómo estaban, bendecirles, escucharles e incluso rezar con y por ellos. A algunos, incluso, pude abrazarlos (querían que sintieran la cercanía del Señor).

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27.01.26

P. Rafael Prados: “Mis feligreses de Adamuz supieron ver en los heridos el rostro de Cristo sufriente”

En medio de la tragedia ferroviaria de Adamuz todo el pueblo se volcó en ayudar todo lo que se pudiese, entre ellos muchos católicos. Providencialmente entre el lugar del accidente y el pueblo se ubica la parroquia de San Andrés Apóstol. Su párroco, el P. Rafael Prados Godoy, no dudó un instante en abrir la parroquia y ponerla a disposición de los viajeros accidentados y sus familiares. Reunió urgentemente a feligreses y colaboradores de Cáritas y consiguió todo el apoyo necesario, tanto a nivel material, como espiritual. Le agradecemos que nos haya atendido y nos cuente su experiencia.

¿Cuál fue su primera reacción al enterarse del accidente?

Cuando un vecino me contó que había habido un descarrilamiento, lo primero que me salió del corazón fue elevar una oración sincera pidiendo a Dios que no hubiese sido grave y que todos estuviesen bien. Seguidamente fui a poner las noticias para saber que es lo que había ocurrido y comprobar que efectivamente fue un accidente muy grave.

¿Por qué no dudó en poner la parroquia a disposición de todo el mundo?

Al ver que el accidente fue muy cerca de Adamuz y que la carretera entre el pueblo y ese tramo de vía pasa justamente por mi parroquia no lo dudé. Abrimos la parroquia, colocamos los bancos y pusimos las estufas para que la gente se pudiera calentar porque era una noche muy fría. Me vinieron a la mente esas palabras del Señor de que el sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado. Aunque la función de la Iglesia es el culto al Señor, en esos momentos de máxima necesidad había que atender a los accidentados y sus familiares.

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26.01.26

Riky Maiky Fernández, vicepresidente del Hogar Nazaret: una fe que transforma vidas

Riky Maiky Fernández Chávez, nacido el 29 de septiembre de 2000 en Naranjos-Región San Martín (Selva del Amazonas-Perú). Es psicólogo y neuropsicólogo. Actualmente ejerce como vicepresidente del Hogar Nazaret y psicólogo en los colegios del Hogar Nazaret: Corazón Inmaculado de María y Nuestra Señora del Rocío. Su labor profesional está orientada al acompañamiento psicológico y neuropsicológico de personas en situación de especial vulnerabilidad.

¿Cómo conociste al padre Ignacio María Doñoro?

Tenía quince años y estaba interno en el colegio de Sisa, en la región de San Martín, en plena selva amazónica del Perú. Vivía completamente perdido, marcado por una situación familiar difícil y una tristeza profunda. No tenía rumbo, ni ilusión, ni ganas de vivir.

Al padre Ignacio María le hablaron de mí. En varias ocasiones me invitó al Hogar Nazaret, pero yo siempre me negaba. La vergüenza y el miedo me cerraban por dentro; no quería mostrar mi herida ni aceptar ayuda. El día de mi cumpleaños todo cambió. El padre Ignacio María apareció con dos tartas. Aquel gesto tan sencillo me desarmó por completo. Sentí que alguien había pensado en mí, que realmente yo era importante. A partir de ese momento ya no pude decir que no. En Nazaret encontré algo con lo que cualquier adolescente sueña: que lo traten con cariño, respeto y dignidad. Allí comprendí que yo era importante, que era único y que merecía ser querido. Desde entonces, mi vida cambió para siempre.

El padre Ignacio no solo me ayudó: se convirtió en mi verdadero padre. Así lo llamo hoy, sin dudar: mi papá. Porque me enseñó a vivir y a amar cuando yo ya había perdido toda esperanza.

Mi familia era disfuncional; sin embargo, gracias al trabajo que realicé junto al Hogar Nazaret, hoy mi familia es un espacio de amor, refugio y trato digno. Mis padres mantienen una buena relación y una comunicación constante, y junto a ellos comparto responsabilidades en la educación y formación de mis hermanos pequeños. Todo ello lo agradezco infinitamente a Dios y al padre Ignacio.

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25.01.26

La gravísima crisis de la conciencia moral en el mismo seno de la Iglesia

La crisis de la conciencia moral, o la crisis de la moralidad, se da cuando empieza a cuestionarse la FORMA CONCRETA DE LA VIDA SEGÚN CRISTO, y tal como la moral católica tradicionalmente nos ha enseñado. Tiene lugar la ruptura entre el don de la gracia recibido en el bautismo y la vida del católico alejado de la recta moral, es decir, seducido por la inmoralidad, por el pecado. Y entonces ocurre que el pecado ya no provoca vergüenza, la propia conciencia se adormece, y la moral se relativiza según conveniencia, ya sea del momento, de la novedad o de la complacencia con el mundo. La inmoralidad reviste especial gravedad en el ambiente clerical. Pues, estamos ante una profanación del ministerio sacerdotal, una traición a su ministerio y una violación del signo sagrado que representa el sacerdocio. Es un pecado contra la configuración con Cristo que implica una ruptura existencial entre lo que es el ministro sacramentalmente y lo que vive moralmente. Es un pecado contra la caridad pastoral, porque la inmoralidad del clero no queda encerrada en la conciencia del pecador, sino que se difunde eclesialmente.

24.01.26