9.02.22

Humberto Pérez-Tomé: "Un libro trasciende en la gente que lo lee y por lo tanto orienta a la sociedad"

Humberto Pérez-Tomé es editor, empresario, escritor y periodista, con varios años de experiencia y buen hacer. En esta ocasión le entrevistamos sobre su labor como editor en la editorial Sekotia y aprovechamos para reflexionar con él sobre la responsabilidad de los editores en general. Humberto tiene muy claro que un libro promueve ideas, trasciende en las personas que lo leen y por lo tanto orienta de alguna forma a la sociedad. La responsabilidad del editor está en la dirección del sentido que decide tomar.

¿Cómo nace la idea de ser editor?

Ser editor es una vocación que se inicia desde mucho antes de enterarte de que lo eres. Hay pasos previos, como la lectura e incluso la escritura personal. Es una llamada que surge dentro de uno mismo a raíz del amor por la lectura, que te lleva a amar al libro y a querer hacer lo mismo que han hecho otros antes para que tú leyeras libros.

La labor es inmensa, apasionante, con una carga emocional por lo que publicas y afectiva por el producto final. Siempre digo que el autor es el “padre de la criatura” pero el editor es el “padrino” necesario.

¿Cómo se fue gestando la editorial Sekotia?

Sekotia en 2002 se fundó como editorial. Más bien como un proyecto personal y un fin concreto: publicar obras que a nuestro juicio eran necesarias y de las que se echaban en falta en las librerías. Publicar libros donde la dignidad del ser humano fuese especialmente el eje principal. Pero desde hace dos años estamos felizmente integrados en Almuzara Libros, un gran proyecto editorial dirigido magistralmente por Manuel Pimentel, que goza en estos momentos de pleno crecimiento y expansión.

¿Cuál es el balance que hace de estos años?

El balance es desigual, sobre todo si tenemos en cuenta las dos crisis económicas por las que hemos pasado. Pero si hablamos de balance como editor y dejamos a parte los resultados económicos, puedo decir que es muy bueno. De un sello que nace con un nombre raro y sin ningún tipo de apoyo institucional, ni financiero, la labor que hicimos hasta el año 2020 fue impresionante. Colocamos libros buenos en contenidos, que el mercado en parte rechazaba por no ser políticamente correctos, y por lo tanto con el prurito de ser un sello que publicaba cosas “demasiado a las claras”, como decían algunos bien pensantes que, sin embargo, admiraban nuestra labor.

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8.02.22

Romper con su marco mental (Observaciones críticas sobre los “Derechos Humanos”)

Comparto con ustedes, por su interés, un brillante texto de Ioannes Capistranus, publicado en ECDE, que me ha impactado y creo que puede dar mucha luz para desenmascarar lo que realmente se esconde bajo el cacareado e idolatrado concepto de Derechos Humanos.

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Una cuestión candente y de primer orden es la conveniencia o no de lo que se ha venido a denominar como “Derechos Humanos". Existen decenas de tratados decentes donde se aborda con objetividad la cuestión, pero nuestra voluntad es sintetizar sencillamente este problema para facilitar la mejor difusión y conciencia de un lector medio que no esté dispuesto a adentrarse en lecturas farragosas o de lenguaje técnico. Para ello procederemos a facilitar una serie de notas breves que nos ayuden a poner el cascabel al gato.

Para empezar, el propio vocablo ‘’Derechos Humanos’’ es tautológico, pues por definición el único titular posible de derechos es el ser humano (único dotado por tanto de obligaciones, que no son más que el reflejo de tales derechos). Lo que en realidad quiere implicar esta locución innovadora es la fundación de una nueva terminología dónde la Humanidad se entroniza a sí misma como el centro de la creación (sustituyendo por tanto al Dios creador). Esta concepción antropocéntrica va a suponer la subjetivización del derecho y por tanto una ruptura irremediable con la tradición jurídica de occidente.

Respecto a los precedentes, como es sabido, el origen de la ‘Declaración Universal de los Derechos Humanos’ se halla en la ‘Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano’ (1789). Esta es la primera constitución revolucionaria, cuyo modelo luego será importado a Cádiz en 1812. Suplanta al derecho natural clásico y al realismo jurídico por una nueva acepción del iusnaturalismo, de carácter moderno-subjetivista. Inviste a la nación como soberana, que puede determinar el bien y el mal, en detrimento de Dios y del ser de las cosas. Otro antecedente a tener en cuenta lo encontramos en la orden masónica mixta ‘Le droit human’ creada a finales del siglo XIX, que nos revela la constante afición de las logias por el uso de este concepto innovador de ‘derecho humano’.

En cuanto a su redacción, la ‘Declaración Universal de los Derechos Humanos’ adoptada por la ONU en 1948 comienza reivindicando abiertamente el trilema revolucionario francés ‘Libertad, Igualdad, Fraternidad’. En su preámbulo propone el ‘’advenimiento de un mundo’’ donde los seres humanos sean ‘’librados’’ del ‘’temor y de la miseria’’ y ‘’disfruten de la libertad de palabra y de creencia’’. Es evidente la voluntad de sustituir la idea cristiana de redención por un nuevo cielo en la tierra cuyo garante y redentor sea el poder político. Además esta concepción de derechos consagra la libertad negativa, que básicamente consiste en hacer “todo lo que no perjudique a los demás”. Para esta nueva cosmovisión, no existen ya el bien, la verdad, la belleza ni la justicia objetiva.

Se imponen por tanto las tesis protestantes del nominalismo y voluntarismo. El derecho deja de ser el objeto de la Justicia, se desvincula totalmente de esta virtud. Ahora los bienes jurídicos a proteger son la voluntad general (plasmada en las leyes positivas que aprueba el poder político) y el supuesto interés del individuo. Los llamados “derechos humanos” como tales son sólo principios generales abstractos, sin contenido real.

Sabemos, y es necesario repetir, que esta declaración fue cocinada por un mínimo de tres masones reconocidos, entre los que destaca el francés de origen judío René Cassin. Este personaje más tarde sería aupado a presidente del Tribunal Europeo de Derechos Humanos y recompensado con el Premio Nobel de la Paz.

Es fundamental señalar a los organismos satélite de la criptocracia reinante, que obran este plan de auto-demolición de la civilización, (Intermon Oxfam, la Agencia de Derechos Fundamentales y muchas otras organizaciones pantalla) velando continuamente por la aplicación de los llamados “derechos humanos” en occidente. Por ejemplo, acusando a Europa de “ser todavía demasiado intolerante, racista y xenófoba [sic]” e instando a nuestras sociedades a aceptar de buen grado su propia sustitución demográfica, consistente en la invasión de inmigrantes africanos mientras se fomentan el aborto y la sodomía en la población autóctona, entre otras aberraciones.

La Declaración se constituye así como el nuevo dogma fundacional desde el que se van a ir catapultando las sucesivas vueltas de tuerca del proceso revolucionario. Es especialmente decepcionante comprobar como tantos hombres justos siguen apelando a estos falsos “derechos” y refiriéndose a esta declaración como una fuente de autoridad, una suerte de decálogo laico. Sospechamos que esto se debe a una mezcla del analfabetismo doctrinal y complejo de inferioridad intelectual que acostumbra a padecer la derecha política.

Confiamos en que estos comentarios ayuden a disipar la falsa idea de que existen unos “derechos humanos” en origen respetables a los que es recomendable recurrir. No. Acogerse a ellos comporta la legitimación de esta suerte de constitución mundial anticristiana. Quienes aspiramos a defender el derecho natural, la filosofía perenne y la cultura cristiana debemos dejar de lamentarnos de las consecuencias de este sistema mientras entronizamos sus causas y nos mimetizamos con su falso lenguaje. Es necesario volver a la estructura mental tradicional, rompiendo radicalmente con el patrón de “pensamiento” moderno.

Desearíamos haber podido dedicar más espacio a profundizar en cada uno de los aspectos técnicos antes señalados, pero hacerlo nos situaría en otra clase de publicación que queremos evitar, confiando así en poder acceder a una capacidad de difusión mayor. En definitiva, rubricamos estas notas sentenciando que el fenómeno de los “derechos humanos” no es más que un artificio ideado desde el principio por los enemigos del género humano para disolver el pensamiento jurídico clásico y fomentar la cosmovisión subjetivista y antropocéntrica que padecemos en la actualidad.

7.02.22

La cristofobia es la manifestación del poder limitado de Satanás sobre las masas de la ciudad del mundo

Cristofobia, la gran conjuración anticatólica. Prólogo al nuevo el libro de José Antonio Bielsa

Celebro que mi amigo José Antonio Bielsa continúe porfiando en su obra literaria, ya notable y que dada la juventud y talento del autor, intuyo y deseo que vaya mejorando con los años como el buen vino. Él viendo la situación actual de la Iglesia y del mundo es bastante pesimista y no le falta razón. Humanamente hablando todo es un drama y solo la esperanza católica nos hace sobrevivir en el nauseabundo desierto de la postmodernidad, que es una cloaca de inmundicia y buscar pequeños vergeles de agua cristalina y aire puro.

Una vez contaba un misionero que al encontrarse con un joven en el avión, como es costumbre, le dio a besar el crucifijo y él joven le respondió, tras negar con la cabeza, mirando al crucifijo: te odio.

Ese joven ya había decidido que partido tomar en esta vida. No puede haber pecado mayor que el odio a Dios porque Dios en esencia es amor. Es ciertamente el pecado de los condenados que libremente han decidido rechazar el amor de Dios y vivir toda la eternidad maldiciendo.

Considero que el tema del libro es clave porque una de las características esenciales de la postmodernidad es la animadversión hacia Dios en sus múltiples manifestaciones, ya sea de manera fría con la indiferencia o de la manera caliente, que es propiamente el odio.

El objetivo de la Sinagoga de Satanás no es otro que dinamitar la cristiandad, esto es cuando el buen olor de Cristo impregna todo el orden temporal. Primero se echa a Cristo de la vida pública, relegándolo a las sacristías y luego de toda la sociedad prohibiendo su presencia y haciendo desaparecer todo signo católico.

Por eso es más oportuno que nunca este libro porque la cristofobia es el signo de los tiempos. A veces no nos damos cuenta, pero continuamente se derriban cruces, se profanan templos y hay manifestaciones “artísticas” blasfemas. La mayoría de ellas pasan desapercibidas y solo cuando tienen cierta relevancia en los medios nos enteramos de ellas.

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4.02.22

El ciudadano de la Ilustración y de la Revolución francesa será exterminado por el sujeto digital

Entrevistamos al escritor José Sierra sobre su libro Sobre la pandemia y la política. El presente libro es una continuidad de las tesis del anterior trabajo: Orden cultural versus Orden digital…pero adaptadas y concretadas a la situación derivada de la declaración mundial de pandemia y a la aceleración de algunos de los procesos que allí ya se describían. (Parte 2)

¿Vivimos un cambio de paradigma como nunca hubo antes?

No. Creo que se trata del advenimiento del orden digital que está desplazando al orden analógico.

La digitalización, la automatización, la conjunción hombre-máquina, la robotización… todo esos fenómenos no son teorías. Como tampoco son teorías el impacto que está provocando el despliegue de esos fenómenos en el sujeto. Tampoco es teoría todas aquellas consecuencias que están produciendo su implementación, en el ámbito de los sentidos y de las percepciones, en el plano de los procesos de pensamiento, en las formas en que se generan nuevas dependencias tecnológicas o sanitarias, en la eliminación del factor trabajo ante máquinas automáticas, en la licuación de la familia sustituida por una exterminación de la finalidad del sexo convertido en puro placer…otra cosa es que se quiera ignorar.

No se trata, pues, de un nuevo paradigma. Es una hecatombe civilizatoria de sustitución total y absoluta de un modo de existencia basado en la razón y sus derivados (sea la teología, sea la política o sea la economía) por otro orden de existencia que se fundamenta en la información pura.

Este nuevo poder solo podemos entenderlo desde la materia de la que está constituido: información (bits y dentro de poco de qubits). Y tenemos que comprenderlo abarcando también tanto aquellas aplicaciones que procesan la información como a través de las infraestructuras en red que permiten su circulación.

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3.02.22

El sujeto digital está completamente desarraigado de la trascendencia, de los valores y de la familia

Entrevistamos al escritor José Sierra sobre su libro Sobre la pandemia y la política. El presente libro es una continuidad de las tesis del anterior trabajo: Orden cultural versus Orden digital…pero adaptadas y concretadas a la situación derivada de la declaración mundial de pandemia y a la aceleración de algunos de los procesos que allí ya se describían. (Parte 1)

Un libro sobre la pandemia y la política… no podía haber un tema más actual.

En estos momentos la pandemia parece competir con otro acontecimiento mundial: la expectativa de conflicto o no entre Rusia y Ucrania.

La pandemia nos trae la muerte y la guerra también. Pero ambos acontecimientos parecen estar afectados por el mismo síntoma: su descafeinización conceptual. Estamos ante una pandemia (casi) sin muertes y ante una guerra anunciada pero que no tiene lugar.

En ese sentido, creo, no sería muy correcto hablar ni de pandemia ni de guerra (hasta que llegue el momento en que se desate la muerte en proporciones bíblicas).

Se habla mucho de pandemia, por ejemplo, cuando en realidad detrás o al margen del fenómeno vírico solo te encuentras con una inmensa simulación técnica que determina el comportamiento de la población (el miedo), que moviliza a los colectivos de la salud (la vacunación) y que hace actuar a los Estados (imponiendo medidas restrictivas económicas y limitando derechos fundamentales).

No podemos sostener que todo sea una gran mentira, porque hay algunos muertos, la vacunación de la población ha alcanzado niveles asombrosos y las medidas limitativas económicas y jurídicas han campado a sus anchas durante estos casi dos últimos años.

Sin duda, no se trata de los efectos provocados por un virus que haya aparecido de pronto y que irrumpe en nuestras vidas y que parece tener una extraordinaria capacidad de adaptación taumatúrgicas a situaciones adversas. El virus es prácticamente innocuo. Lo que estamos viviendo no es más que el resultado, asombroso, de una simulación técnica, de una ficción virtual a nivel global que está arrasando y determinándolo todo.

No es un problema sanitario sino de otro orden, es decir, del advenimiento acelerado de un orden digital que ya estaba en ciernes.

De hecho han conseguido que no se hable de otra cosa.

La pandemia ha generado su propia narrativa, que es como su misma justificación, convertida en relato mítico y ha invocado a sus creyentes.

Es evidente que la fuente de formación del mito ya no es únicamente atributo del Estado a través del correspondiente ministerio o consejerías de sanidad.

Puede señalarse, directamente, a los medios de comunicación; también a los supuestos expertos y demás profesionales de la salud que han dado credibilidad al relato y lo han fomentado (aunque eso supusiera contradicciones permanentes); y, en medida decisiva, a la mayor parte de la población que ha asumido y actualizado, con su indolencia miedosa, el discurso endiosado del virus.

En ese sentido, estamos en presencia del virus de la información. Todos lo querían desde los mass media hasta cualquier individuo y cada uno ha hecho del fenómeno lo que ha creído oportuno: unos se lo creen y lo fomenta, otros no se lo creen y lo estigmatiza.

Lo que debe de constatarse en esta situación, la de la pandemia, es las ansias de la población de satisfacer su íntima e interna necesidad de creer impulsada por el miedo, el pánico y el terror de perder la vida. Hay mucho de comportamiento religioso en eso del virus, con sus prácticas patéticas (como la de llevar mascarilla en medio del campo o la de inocularse una pócima de eficacia incierta de forma regular… y ya van cuatro), seguramente porque desde que Dios ya no rige nuestra existencia no se ha sabido asimilar la orfandad trascendental.

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