12.06.21

Carta del P. Antonio Turú Rofes a la Hermandad Sacerdotal tras las muerte de Mons.Guerra Campos

Queridos hermanos de la Hermandad Sacerdotal:

Al comunicarme con todos, con motivo de la muerte de nuestro entrañable Sr. Obispo D. José Guerra Campos, no quiero solamente daros la condolencia por su fallecimiento, sino que quiero también consolar vuestra pesadumbre.

Dejó con pena su amada diócesis de Cuenca. Se vio después aislado, en gran medida, de cuanto le rodeaba y comenzó en precario su traslado a Madrid, al piso que tenía alquilado en la calle Arrieta. Fue entonces, con el traslado, trabajos y soledad, cuando empezaron a manifestarse los males de su corazón. Al aceptar el pregón de la Semana Santa Conquense el mal se le declaró preocupantemente. Le costó lo indecible la subida hacia la vieja ciudad. La hinchazón de las piernas fue enorme.

Diagnosticada la enfermedad cardíaca, un buen amigo lo llevó a Pamplona, donde se le puso un marcapasos en la clínica universitaria. Tuvo una ligera mejoría, pero siguió perdiendo peso y fuerzas de forma alarmante.

En varias ocasiones me trasladé a Madrid para ver su situación. Entonces fue cuando me decidí a proponerle que viniera a vivir con nosotros, dado que su recuperación en Madrid se hacía imposible, teniendo además en cuenta, la irrecuperable enfermedad de la prima Pilar, que le atendía y a la que hubimos de internar. Quedaba sin atención alguna.

Vino feliz, como nos decía, a mejorar entre sacerdotes de la Hermandad y seminaristas nuestros. Una vez llegados al Colegio me dijo: “Vengo como un perriño enfermo que solo busca un rincón para descansar, soledad, silencio y un poco de calor familiar. Bien sabes que la familia espiritual es más para el alma que toda otra familia de la sangre".

Vivió días felices, pero su corazón estaba ya demasiado roto. De nuevo tuvimos que internarlo en una clínica, durante dos semanas. Fue una ligera detención del mal. Volvió a casa, con el ventrículo izquierdo prácticamente paralizado. Fueron tres semanas más de sufrir en silencio la pérdida de energía. Hasta que la víspera de la Virgen del Carmen, al ver que se retrasaba para la Santa Misa, subí a su cámara y lo encontré plácidamente muerto. Recibió la extremaunción aún caliente. Le amortajamos con sus vestiduras episcopales, y ya comprendéis que empezó el movimiento de llamadas a la familia, a la Conferencia Episcopal y al nuevo Sr. Obispo de Cuenca, que determinó que se le llevara allá para ser enterrado en la Catedral.

Os confortará y edificará lo que voy a deciros. Jamás escuchamos de sus labios una queja. Siempre su espíritu de conformidad con la voluntad de Dios y de amor a la Hermandad Nacional, que le había acogido con tanto cariño. Decía afectuosamente: “vine a los míos, y los míos sí me recibieron". Siempre una actitud de piedad, de grandeza, de caridad, de caballerosidad, de elegancia, que hacía más amable aún su virtud, su ejemplaridad de vida. En el altar parecía un ángel. En la Comunión, los días que no pudo celebrar, su recogimiento hacía sentir la presencia de Dios.

Creo queridos hermanos que hemos de dar muchas gracias a Dios, por la predilección que nos ha manifestado, entregando a nuestra Hermandad el tesoro de su persona para que le acogiera los últimos meses de su vida, y muriera en su seno, dejándonos llenos a todos de su suave olor a Cristo.

Una de sus ilusiones para con la Hermandad, fue que pudiéramos tener Casa de Formación o Escuela Apostólica, a la manera de los colegios mayores que él había conocido durante su vida universitaria y su docencia en la Universidad de Santiago. Un colegio mayor para la formación preparatoria de los aspirantes al sacerdocio.

Me contaba su hermano D. Manuel Guerra, al decirle él que para qué pensaba en un nuevo Seminario, cuando ahora se cierran tantos, le respondía: “no se trata de seminarios diocesanos. sino de un buen colegio mayor donde se formen los sacerdotes de la Hermandad. Eso quiero".

Sería del agrado de todos que dediquemos un número de nuestro Boletín, a exaltar y evocar su figura excepcional. Con ese motivo pido la colaboración de todos para que, en una simple cuartilla, a los más un folio, expreséis vivencias, recuerdos, consideraciones, alrededor de su ministerio y persona. Podríamos reunir una miscelánea sobre D. José Guerra, que sirviera de recuerdo permanente a los actuales miembros y a los que han de venir por su intercesión. Podríais mandarlo por fax.

Que D. José Guerra Campos nos alcance una parte de su espíritu y un aumento del fervor y la bondad de su corazón que se consumió por amor a la Iglesia y a España.

¡Vuestro en Cristo!

Antonio Turú Rofes, Pbro.

Presidente

11.06.21

Cambio climático y calentamiento global, la nueva religión del Nuevo Orden Mundial

José Luis Barceló es escritor y periodista. En 1978 fue Premio Príncipe de Asturias para Jóvenes Investigadores por un trabajo sobre fauna ibérica protegida y ha sido un reconocido activista ambiental en nuestro país. En esta entrevista analiza su libro “Cambio climático sin complejos” de la editorial Sekotia.

¿Por qué un libro sobre el polémico tema del llamado cambio climático?

Nunca hay un motivo cierto para escribir un libro o dejar de escribirlo, el caso es que me parecía que hay muchos libros autorizados sobre la realidad y amenazas del cambio climático, pero pocos que supusieran un contrapunto al problema: siempre se echa la culpa al Ser Humano, se le victimiza y se cuestiona su papel en la Creación.

Ha habido otros Cambios Climáticos incluso en Eras en las que el Ser Humano no era ni siquiera un proyecto. No estábamos los humanos y ya había cambios climáticos.

Me pareció bien ofrecer una visión crítica y actual desde una persona que ha vivido la lucha ambiental y de protección desde dentro, como es mi caso.

Con relación al llamado cambio climático, ¿Qué hay de mito y qué de realidad?

Han existido muchos cambios climáticos, la Tierra no es estática ni espera que el Hombre le resuelva sus problemas. La vida se abre paso sola, con Humanos o sin Humanos. Se habló mucho de los miles de años que costaría recuperar la región ucraniana de Chernobyl tras la catástrofe nuclear de abril de 1986, sin embargo, aunque los humanos no debemos adentrarnos en aquellos parajes, la vida se ha abierto paso y los parajes antaño urbanos han sido reocupados hoy por todo tipo de especies animales y vegetales.

Que el Planeta cambia, eso es indudable, que se deba a la mano humana, podemos ponerlo en duda. Los humanos tenemos una visión muy reducida del entorno ambiental: solo nos fijamos en nuestro entorno más inmediato que, por desgracia, son los ámbitos urbanos. El Planeta lo cubren extensiones gigantescas de territorio inhabitado por humanos que, el las que, sin embargo, lo pueblan otras numerosísimas especies.

Por ejemplo, muy cerca de nuestras grandes capitales, los ecosistemas de dehesa han sido desalojados por el monte bajo o el matorral. El ecosistema de dehesa es eminentemente humano y necesario: desde que no hay ovejas, cabras o ganado vacuno pastando en explotaciones extensivas, han proliferado los incendios.

Las fotos de 1900 o 1905 del entorno de San Lorenzo de El Escorial muestran montañas peladas sin bosques, igual que en entorno del Río Guadarrama. Todo estaba consumido por el consumo de leña y el pastoreo. Hoy nos parecería imposible una Sierra del Guadarrama sin la repoblación o los arbolados de los chalets, por eso afirmo que nuestra visión es muy corta y reducida. Hay hoy más vigilancia ambiental preservación que nunca antes en la Historia humana.

¿Por qué relaciona los castigos del Antiguo Testamento con los cambios climáticos?

Los humanos siempre hemos tendido a responsabilizar a alguien de nuestros fallos y errores y los castigos divinos entran en esta quiniela. Hoy queremos culpabilizarnos del desastre terráqueo echándonos la culpa. Los Humanos siempre requerimos explicaciones y tener la seguridad de que nuestro siguiente paso no será nuevamente un fracaso.

Muchos de esos castigos fueron además “cambios climáticos”, como los “castigos” de las erupciones volcánicas, las plagas o el propio Diluvio Universal, que está comprobado que, no solamente fue un hecho histórico, sino que hubo además varios “diluvios” de esa magnitud. La Historia de la Humanidad nos corrobora que ha habido muchos cambios climáticos en los que ni siquiera el Ser Humano ha tenido nada que ver.

¿Cómo valora la figura de la activista Greta y por qué su movimiento lo compara con la famosa Cruzada de los Niños?

En mi libro “Cambio Climático” sin complejos establecí un paralelismo entre la niña Greta Thunberg y la famosa Cruzada de los Niños, ocurrida en tiempos difíciles en que la peste masacraba Europa. El mensaje de Greta de que “no quiero que tengas esperanza, quiero que entres en pánico”, es muy elocuente acerca de los objetivos que perseguía ella, sus padres o los lobbies quegiraban en torno a Gustav Stenbeck, Daniel Doner, jefe de prensa de la niña, el magnate Kentzog, Bo Thoren o el mismo Al Gore.

Los niños y sus palabras siempre nos infunden ternura y compasión, nos parece que siempre dicen la verdad que no mienten. Se valoraron más las palabras de la niña Thunberg que las de los dignatarios de los países de Naciones Unidas. Pero si una niña pequeña que ha dejado los estudios tiene algo que decir en los Foros Internacionales imagínese los millones de personas adultas y con familias que viven sin trabajo y sin esperanza en todo el planeta.

Mi conclusión es que en los países avanzados tenemos medidas muy diferentes a las que tienen en los países en desarrollo. No podemos poner más interés en defender un geranio o un perrito que en la defensa de la vida de un Humano.

Esto resulta incongruente. Nuestra especie tiene que estar primero. Y además le digo que no es posible que el Ser Humano avance y progrese si no es incrementando el consumo de energía.

La defensa ambiental se ha politizado erróneamente. La opción de limitar el crecimiento y desarrollo humano en un supuesto beneficio del Medio Ambiente no es realmente una opción, los humanos tenemos la obligación de progresar, no de estancarnos.

Es falso que pueda acudirse a modelos de sostenibilidad, ahorro y reciclaje para mantener nuestro nivel de desarrollo, que, además, no ha alcanzado sus máximos ni siquiera en los países ultradesarrollados. Es falaz intentar imponer a los países pobres modelos de los que se llaman “sostenibles” porque el único modelo rápido de desarrollo que existe es el modelo devastador que se impusieron durante los sistemas de los Imperios coloniales coincidiendo con la Revolución Industrial.

¿Por qué el llamando cambio climático y el calentamiento global es una nueva religión?

Bueno, se ha pasado del deshielo de los polos y del agujero de la capa de ozono al calentamiento global, y de ahí al cambio climático. El nuevo “mantra” es la emergencia climática, que muchos ayuntamientos y gobiernos locales o regionales adoptan para estar a la moda. Es una moda mediática y política. Cuando pase todo esto estaremos en otro momento planetario y todo se habrá olvidado, como ocurrió con la “emergencia nuclear” que tanta angustia provocó durante los años 70 y 80, en tiempos de la llamad Guerra Fría.

Desde finales de los años 90 hasta en torno a 2005 se impuso la llamada “Agenda 21” que muchos gobiernos de todas las administraciones territoriales adoptaron. Nada cambió.

Los entornos urbanos traen comportamientos gregarios de las personas, todas unidas en los mismos pensamientos globalistas, muy imbuidos por los medios de comunicación y las redes sociales, las nuevas tendencias y las modas urbanas que pronto se propagan.

Da igual que uno viva en San Petesburgo, Nueva York, Tarragona o Canberra, el caso es que el pensamiento urbano es único y trae tendencias políticas muy comunes y alejadas de la vida rural o del campo. La gente vota diferente. Si en el campo la explotación animal o la caza forman parte de nuestra convivencia con el entorno, en la ciudad se piensa que es una salvajada. Hay un alejamiento total entre la ciudad y el campo. Muchos ecologistas son urbanitas que deambulan en bicicleta por nuestras ciudades, pero que serían incapaces de matar un conejo para comérselo. Nuestra realidad avanzada es triste en términos de lo que se supone que es un himno de verdad.

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9.06.21

"Madre, Ven", la imperiosa necesidad de recordar la venida de la Virgen a Zaragoza desde Éfeso

Una peregrinación a la española

Entrevistamos al padre Jaime Bertodano, coordinador general del proyecto “Madre, Ven”, que nos cuenta todo lo relativo al mismo desde sus orígenes.

¿Cómo nace la iniciativa Madre, Ven y con qué objetivo?

Madre, ven” es un deseo del corazón que pide a ayuda a la Madre. Vemos claramente que estamos en una situación difícil y que necesitamos ayuda. No podemos pensar que podemos prescindir de Dios en la vida como el mundo moderno nos ha hecho creer. Ese es el objetivo de esta peregrinación: pedirle a nuestra Madre que venga con sus gracias en nuestra ayuda, como lo hizo con el apóstol Santiago. Y Ella está deseando acudir a estar con sus hijos. Por eso, también es un deseo de la Virgen. Cada vez estoy más convencido. 

¿De quién parte la iniciativa?

A varios laicos y sacerdotes nos llegó por separado la iniciativa “M de Marie” que un grupo de laicos franceses habían puesto en marcha como una respuesta a la Virgen después del incendio de Notre Dame de Paris. Todos nos acordamos de aquellas imágenes. Así es como nos pusimos a hablar para ver si también en España sería posible responder a la Virgen con fe ante la situación que vivimos.

¿Cómo fue el proceso para elaborar el recorrido y darle forma al proyecto?

Teníamos claro que no podíamos copiar todo lo que hicieron en Francia en el proyecto “M de Marie”. Ellos trazaron una “M” en el territorio francés uniendo los lugares de apariciones marianas del s. XIX (Lourdes, La Salette, La Rue du Bac de París, Pontmain y Pellevoisin). Y sale una “M”, es sorprendente.

Pero la historia de la espiritualidad mariana en España es distinta a Francia, tiene otros acentos. Por eso quisimos “españolizar” el proyecto. La historia de la Virgen en esta tierra comienza en Zaragoza con la visita en el Pilar. Y la devoción a la Madre de Dios está aquí presente en sus ermitas, en sus pueblos y tradiciones, y está ligadísima a la historia del dogma de la Inmaculada. Además, se daba la providencia de que este 2021 es año Jacobeo, así que decidimos que queríamos recordar la visita a Santiago en el Pilar cuando éste estaba decaído y abatido en su primer intento evangelizador. Somos herederos de la fe de Santiago, pero nos sentimos como él, necesitados de fortaleza, consuelo y esperanza. Por eso quisimos recorrer el camino entre Zaragoza y Compostela, como una visita de María a Santiago y sus sucesores en la fe.

¿Por qué es tan importante el viaje de Éfeso al Pilar de Zaragoza?

Porque recuerda la idea de la visita. Y necesitamos pedir que venga como lo hizo en Zaragoza. La Virgen se apareció en un Pilar a orillas del Ebro entorno al año 40, d.C. Se trata de la primera aparición de María y la única que conocemos durante su vida. Más que una aparición podríamos hablar de un fenómeno de bilocación.

Según nos cuenta la tradición, tras la persecución de Jerusalén contra los primeros cristianos, María vivió en Éfeso con san Juan siguiendo las palabras de su evangelio “y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa” (Jn 19, 27).

Ella se encontraba con San Juan, hermano de Santiago y vino a visitar a Santiago y fortalecerle. La idea de traer a la Virgen de fuera era para nosotros la manera de expresar que la Virgen verdaderamente nos visita con sus gracias, que viene de una forma real en ayuda de sus hijos.

Por otro lado, la Inmaculada es la patrona de España y al ser una advocación doctrinal aúna todas las demás. Además, la imagen que hay actualmente en la casita de Éfeso es una Inmaculada. Por eso, decidimos que fuera una Inmaculada la que peregrinase.

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8.06.21

¿Por qué muchos consideran que El Señor de los Anillos es la mejor obra literaria del siglo XX?

El Señor de los Anillos: mito, fantasía y realidad.

Entrevistamos a Emilio Domínguez Díaz, Doctor Europeus en Humanidades y uno de los grandes estudiosos de la figura de Tolkien, que analiza la obra más influyente de su autor bajo las tres perspectivas mencionadas.

¿Por qué se interesó por la figura de Tolkien?

Por varias razones, aunque la principal tuvo que ver con la conexión con Roy Campbell, otro escritor sudafricano, sobre el que hice mi tesis doctoral, y esos encuentros que tuvieron en el entorno de los Inklings, el círculo literario del pub “The Eagle and Child” de Oxford, donde ambos autores coincidieron a mediados de la década de 1940 tras el regreso de Campbell de su destino en África durante la II Guerra Mundial.

Por otro lado, y como en el caso de Campbell, Tolkien también participó en una guerra, en la Primera Guerra Mundial, y ese hecho también despertó mi admiración al ser ambos hombres que conjugaron las Armas y las Letras en sus respectivas vanguardias de milicia y literatura, respectivamente.

Finalmente, el trasfondo católico de Tolkien, esas vivencias con el padre Morgan tras quedar huérfano de padre y madre, también suscitaron mi interés por el progreso de su carrera académica y el desarrollo de su personalidad antes de ir al frente francés como reflejé en el capítulo J.R.R. Tolkien: memorias del campo de batalla, que recogió CEU Ediciones en J.R.R. Tolkien. El árbol de las historias.

Por último, los dos escritores, en etapas y circunstancias distintas, se convirtieron al catolicismo y dieron fe de su compromiso, de ese abrazo incondicional, contra viento y marea, a la fe católica durante el resto de sus días.

Un autor que tiene que ver con España y más concretamente con un sacerdote español…

Sí, el padre Francis Xavier Morgan Osborne, nacido en el Puerto de Santa María, se convertiría en el tutor legal de Tolkien y su hermano Hilary por decisión de Mabel, la madre de los dos niños, antes de fallecer por un coma diabético en noviembre de 1904. Además del cuidado y atención prestados a los hermanos Tolkien tras quedar huérfanos, el padre Morgan se volcó en la orientación personal, espiritual y académica de los chicos que, tras el desconcierto inicial por su situación familiar, salieron adelante con la imprescindible ayuda moral y económica del sacerdote español y los consejos que, durante aquella etapa tan difícil, supo hacer efectivos en un entorno tan complejo como el que les tocó vivir a principios del siglo XX.

La influencia católica está muy presente en su obra…

No cabe duda. El Señor de los Anillos es una obra con una sólida base cristiana como el propio autor admitió a pesar de que, en ocasiones, se pase de puntillas por esta circunstancia. De hecho, así ocurrió en la reciente película biográfica que se hizo sobre Tolkien. Tristemente, es un matiz en el que no se incide y es evidente que este hecho marcaría su vida en lo sucesivo.

Hay multitud de alusiones a la fe católica extraídas de sus experiencias vitales y ese proceso de conversión que vivió desde los ocho años. Con toda seguridad, el reflejo de su madre y su conversión años antes de su repentina muerte supusieron un fuerte espaldarazo en las convicciones de un niño cuyas inquietudes y desarrollo académico y personal iban a estar marcados por esa trágica pérdida y las consecuencias sobrevenidas. Mabel, de hecho, sufrió mucho por una decisión que le creó tantos disgustos y pérdidas en su entorno familiar.

Volviendo a su obra, por ejemplo, podemos hablar de una fecha: el 25 de marzo. Ese día, por ejemplo, los capitanes del Oeste derrotan a Sauron y destruyen el Anillo Único según el calendario de La Comarca.

La elección de esta fecha no es casual al coincidir con la Anunciación y la Encarnación del Señor en el calendario de la Iglesia Católica. Y la destrucción de ese anillo simboliza el fin del pecado, de ese mal que, portado por Frodo, recorre su particular crucifixión como Cristo había hecho con su cruz.

Además de Frodo, Gandalf es la figura de Jesucristo en su muerte, resurrección y transfiguración. El mago resurrecto se convierte en guía de esos valientes amigos en el camino hacia la victoria del hombre contra el mal que les asola.

Un último ejemplo: Aragorn. Es una tercera representación de Cristo, es el rey auténtico y genuino, capaz de descender a la tierra de los muertos y ejercer su poder sobre ellos al mismo tiempo que les libera de su maldición aprovechando su servicio en la lucha contra Sauron. Como es sabido, Cristo baja a los infiernos tras ser crucificado para liberar las almas de los muertos. Los paralelismos, pues, son evidentes.

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7.06.21

El P. Santiago Cantera reflexiona sobre su libro La crisis de Occidente: Orígenes, actualidad y futuro

Entrevista al Prior del Valle de los Caídos

El P. Santiago Cantera Montenegro (Madrid, 1972) es monje benedictino y sacerdote en la Abadía Santa Cruz del Valle de los Caídos, de la que actualmente es prior administrador. Es Doctor en Geografía e Historia por la Universidad Complutense de Madrid y fue profesor de Historia en la Universidad San Pablo-CEU de Madrid. Ha participado en diversos proyectos de investigación y labores docentes. Tiene 20 libros publicados en España y en el extranjero sobre Historia de la Iglesia, de la vida monástica y de España, y sobre Teología y pensamiento. Entre ellos resaltan su tesis doctoral “Los cartujos en la religiosidad y la sociedad españolas (1390-1563)” y varios que ya han conocido dos y tres ediciones como “La crisis de Occidente” (Madrid, 2008, 2011 y 2021), “Hispania-Spania. El nacimiento de España” (Madrid, 2014, 2016 y 2021) o “Ángeles y demonios. Criaturas espirituales” (Madrid, 2015 y 2017).

¿Por qué un libro sobre la crisis de Occidente?

Después de los años de estudios de la licenciatura y el doctorado de Geografía e Historia en la Universidad Complutense de Madrid, durante dos años y medio impartí como profesor en la Universidad San Pablo-CEU de Madrid una asignatura de “Historia de las Civilizaciones”. Esto me hizo adentrarme más en las características fundamentales que definen una cultura y una civilización, sobre todo al ahondar en las reflexiones de algunos pensadores como Christopher Dawson, y ello me permitió percibir con mayor claridad por qué el Occidente se encuentra en una fase de descomposición interna al haber ido renegando de los principios que lo sustentaban.

Más adelante, como monje benedictino, al profundizar en la visión trascendente de la Historia (en la que ya me venía afianzando desde la lectura de La Ciudad de Dios de San Agustín a los 18 años y posteriormente con la del Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo comparados en sus principios fundamentales de Juan Donoso Cortés), y ahora con una mayor intensidad en la oración y nuevas lecturas, pude ir conociendo mejor las raíces del Occidente, el papel de los monjes en su configuración y los motivos de la crisis que amenaza con su hundimiento absoluto como civilización. Oswald Spengler escribió en su día un famoso ensayo titulado La decadencia de Occidente, pero mi ensayo se distancia por completo de su visión, propia de un biologismo histórico determinista que conlleva un notable pesimismo. Me puedo encontrar mucho más cerca de Arnold J. Toynbee que de Spengler, pero mi referente fundamental del siglo XX en el campo de la Historia y Filosofía de la Cultura y de la Civilización es Dawson.

¿Es 100% evidente que hay una crisis o no lo es para todos?

Para mí y para muchos resulta evidente al 100%, pero no para todos, y además no todos lo quieren ver ni desean afirmarlo aunque lo vean con cierta nitidez. El desarrollo material y tecnológico, la sociedad del bienestar y del ocio, el predominio de lo superfluo y lo provisional, etc., con frecuencia causan una ceguera moral que impide percibir el auténtico trasfondo de la situación en la que uno mismo y la sociedad en su conjunto realmente viven y se mueven. Esto ha sucedido en las crisis más hondas de todas las civilizaciones cuando han alcanzado un grado muy elevado de desarrollo y de comodidad. Las visiones buenistas, hoy muy en boga incluso dentro de los ámbitos católicos, sólo permiten una actitud de absoluta ingenuidad que trata de ocultar la realidad y de suscitar un autoconvencimiento de que las cosas no van tan mal como otros las pintan. Incluso sorprende observar que un golpe tan severo a este tipo de sociedad como ha supuesto todo el fenómeno del covid, no ha dado origen a una reflexión profunda acerca de la debilidad de los principios que hoy sustentan tal modelo cultural y social y que son precisamente los opuestos a los que verdaderamente crearon nuestra civilización.

¿Por qué antes de abordar propiamente la crisis comienza apuntalando los cimientos sobre el ser y la identidad de Europa?

Una crisis de civilización se produce cuando los fundamentos sobre los que ésta se sustentaba comienzan a tambalearse y a ser demolidos consciente o inconscientemente desde el propio interior de la misma, a lo cual se suma la labor de zapa de agentes externos cuya capacidad de acción desestabilizadora aumenta ante la debilidad interna. Europa se construyó sobre la herencia clásica de Grecia y Roma, sobre el aporte de los pueblos germánicos y eslavos y de algunos otros (magiares, etc.) y, fundamentalmente, sobre el aliento vital que insufló el cristianismo a todo este conjunto cultural y social. Y los principales valores y fundamentos que, a partir de todos estos elementos configuradores, han sustentado el mensaje de la Cristiandad europea al mundo, creo que se pueden sintetizar en el puesto central de Dios Creador y Redentor, la visión trascendente de la realidad, el valor del hombre y el origen y la composición natural de la sociedad.

Las raíces son evidentemente católicas. ¿Por qué compara la fe del viejo continente con la estructura de una catedral?

Son raíces en gran medida de Ley Natural, a las que la fe cristiana ha dotado de pleno sentido y trascendencia. La Cristiandad medieval, identificada básicamente con el mundo europeo (Europa vel Christianitas), tuvo una de sus más elocuentes manifestaciones artísticas en las catedrales románicas y góticas. De ahí que me haya servido de sus más destacados elementos constructivos y decorativos para ofrecer una imagen didáctica que nos permita acercarnos al conocimiento de esta civilización. Una catedral medieval se asienta sobre unos cimientos y se alza hasta unos arcos y bóvedas que le dan plenitud y elevación hacia el cielo, a la par que transmite un mensaje teológico a modo de catequesis a través de los capiteles de las columnas y de los tímpanos en las portadas.

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