P. Jorge López Teulón: “Satanás quiso que la Iglesia desapareciese de España y encontró muchos aliados”

En una época donde el laicismo agresivo intenta reescribir el pasado de nuestra patria, el Congreso de Luz de Trento, que tendrá lugar el 3 de octubre en Madrid, se alza como un faro de verdad histórica y teológica bajo el lema “Mártires de Cristo, Héroes de la Fe”.

Entre sus ponentes más destacados se encuentra el historiador y sacerdote Jorge López Teulón, quien en esta entrevista exclusiva nos desvela las claves de su impactante libro, Inspirados por Satanás

¿Qué supone para usted participar en el Congreso de Luz de Trento Mártires de Cristo, Héroes de la Fe?

Agradezco mucho las oportunidades para poder hablar de la gran persecución religiosa que tuvo lugar en España de 1931 a 1939 en los distintos foros a los que se me convoca e intento atenderlas todas. Siempre es un enriquecimiento personal.

Luz de Trento, como ellos mismos se definen, son una asociación cultural que trabaja para restaurar la civilización cristiana, promover la virtud y dar el combate al servicio de las verdades eternas que surgen del reconocimiento de la ley de Dios.

El congreso Mártires de Cristo, Héroes de la Fe, en el cual participo con verdaderos primeros espadas (monseñor Reig Pla, el padre Ángel David Rubio o Bárcena, Barraycoa o Blas Piñar) va a contribuir a estas premisas.

¿Cómo ayudan estos eventos a mantener vivo el espíritu martirial y el recuerdo de los mártires?

A veces, tenemos la sensación de llegar a poca gente, pero yo ceo que es necesario hacer este tipo de jornadas para que no dejemos de hablar de los mártires españoles. Mi experiencia personal -sobre todo por el goteo de beatificaciones durante los últimos pontificados o por lo vivido en mi propia diócesis- es que es un tema que se conoce, del que se habla y, sobre todo, del que no se duda… pero siempre se debe hacer más por su difusión.

No debemos dejar de escribir sobre ellos, proponer sus ejemplos, vidas y martirios en la predicación. Realizar peregrinaciones a lugares martiriales, recorridos, viacrucis… la celebración de la santa misa junto a sus reliquias o en los lugares martiriales. Eso está ayudando mucho a su difusión y a la gente le hace mucho bien, espiritualmente hablando.

Destaca la calidad de los ponentes y el interés y variedad de los temas tratados…

Verdaderamente el programa ha sido muy bien trazado tocando los temas principales. Monseñor Juan Antonio Reig Pla, obispo emérito de Alcalá de Henares, trata en su ponencia el tema del congreso: los mártires de Cristo son héroes de la fe. Nuestros héroes no son de un cómic, pertenecen a la historia viva de la Iglesia… van desde san Esteban y san Lorenzo hasta el último sacerdote asesinado en Nigeria hace unos meses. Los mártires de la persecución en España están vivos porque están en el cielo, desde allí nos cuidan e interpelan a ser testigos valientes como auténticos católicos en esta hora.

Una vez más, se nos explicará cómo los mártires vivieron su vida de fe durante un período tan complejo y de persecución como fueron los años de la Segunda República. Ese pasado a veces está mucho más presente de lo que creemos. Y nos tiene que llevar a que, sin dudarlo, Cristo reine y sea nuestro grito como fue el de ellos…

Finalmente, el testimonio de un joven de 20 años, el siervo de Dios Antonio Rivera, nuestro querido Ángel del Alcázar, en proceso de canonización, que aunque no es mártir es un ejemplo heroico de apóstol, será un estupendo colofón para el congreso.

Su conferencia se titula Inspirados por Satanás, que es el título de su libro… ¿Qué aporta este matiz del odio preternatural al congreso?

Estos días se cumplían los 90 años de la primera intervención pontificia reconociendo la persecución religiosa. Un 14 de septiembre de 1936, en la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, el pontífice conmovió a la cristiandad al calificar de «verdaderos martirios» las pruebas por las que estaba pasando el clero español. Se trataba de Pío XI y tuvo lugar durante una audiencia en la que recibió a 500 españoles, encabezando el grupo los obispos de Cartagena, Vic, Solsona y Seo de Urgel, que habían logrado salir de España. Por lo que sucedió en sus territorios diocesanos aquellos cuatro obispos seguro que se habrían sumado a los 10 ya asesinados entre el 27 de julio y el 30 de agosto.

El papa Pío XI dijo exactamente en su breve intervención:

«Diríase que una satánica preparación ha vuelto a encender más viva aún, en la vecina España, aquella llama de odio y de ferocísima persecución manifiestamente reservada a la Iglesia y a la religión católica, como el único verdadero obstáculo para el desencadenamiento de unas fuerzas que han dado ya razón y medida de sí mismas, en su conato de subversión en todos los órdenes, desde Rusia hasta China, desde Méjico a Sudamérica».

La intervención, pues, que me piden trata verdaderamente de algo que debe hacer el historiador teólogo. No es un concepto de hechos sucedidos. En su momento incluso, por ejemplo, tras la quema de conventos de 1931 se cifró y aparecieron listados publicados en la prensa del momento de todos los edificios quemados, iglesias, conventos, imágenes antiquísimas con la intención de arrancar la fe devocional de los católicos… pero eso era una enumeración de hechos piromaníacos históricos.

Yo quiero hacer entender que Satanás quiso que la Iglesia católica desapareciera, como lo sigue pretendiendo, en España: en las personas (obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, monjes, monjas… seglares de toda condición y edad) y en todo lo que hiciera referencia a ellos… se conservan fotos (y declaraciones) de piras de imágenes de santos y objetos religiosos o iglesias calcinadas…

Satanás usó instituciones: al comunismo con órdenes llegadas de la URSS de Stalin, a la masonería, al PSOE, a la CNT, a la UGT, al POUM… Y a personas individuales: al miliciano que martirizó, asesinó y destrozó.

¿Por qué quiso profundizar en la inspiración satánica que tuvieron los verdugos?

Se trata de una cita de José Campos Giles en la mejor biografía sobre san Manuel González: El Obispo del Sagrario Abandonado. Un obispo que murió en un hospital de Madrid el 5 de enero de 1940 pero que fue el primer obispo perseguido y desterrado en España: se le quiso quemar el palacio episcopal de Málaga -diócesis de la que era el obispo diocesano- en diciembre de 1930, se lo quemaron el 11 de mayo de 1931, obligado salió desterrado a Gibraltar, intentó gobernar la diócesis desde Ronda y Madrid y finalmente fue nombrado obispo de Palencia.

La expresión Inspirados por Satanás es usada por el autor cuando narra que don Manuel tiene que ser trasladado a Palencia por la dificultad, que duró años (1931-1935), de poder gobernar su diócesis de Málaga, y que sucede en octubre de 1935.

Yendo en el vagón del tren que le llevaba a su nueva diócesis, a toda velocidad, entró una piedra por la ventana que justo le golpeó en el pectoral. Además, nada más llegar, se sucedieron varios robos sacrílegos perpetrados en distintos pueblos de su diócesis de forma continuada. Giles afirma: algún tiempo después, relacionaba él este hecho con otros que parecían inspirados por Satanás. Me pareció acertadísima la expresión para servirme de esta frase como título a la hora de exponer lo sucedido con las cosas materiales.

No podemos olvidar que por eso, «la Iglesia enseña que Satanás primero fue un ángel bueno, creado por Dios. El diablo y los otros demonios fueron creados por Dios con una naturaleza buena, pero ellos se hicieron a sí mismos malos» (CIC 391). Como recordamos muchas veces, Hitler estaba bautizado en la Iglesia católica. Los milicianos que actuaron contra la Iglesia católica estaban en su inmensa mayoría bautizados… ¿qué es lo que sucedió?

Podemos decir que en la lucha espiritual que se desarrolla desde el Génesis hasta el Apocalipsis, se encuentra implicado el demonio como un auténtico adversario. Cuando hablamos del demonio nos encontramos ante el misterio del mal y de la perdición eterna. De nuevo, el Catecismo nos lo dice enfáticamente: «Satán o el diablo y los otros demonios son ángeles caídos por haber rechazado libremente servir a Dios y su designio. Su opción contra Dios es definitiva. Intentan asociar al hombre en su rebelión contra Dios» CIC 538.

En la España de la gran persecución 1931-1939 Satanás encontró muchos aliados.

¿Cuál fue el caso o la fotografía de profanación que más le impactó documentar mientras preparaba este libro?

Especialmente dos: el famoso fusilamiento y voladura con dinamita del Corazón de Jesús del Cerro de los Ángeles (Madrid) y cómo su corazón quedó intacto. Y, por ejemplo, una foto de la plaza mayor de Vic con una pira inmensa de cuadros, imágenes, objetos sagrados donde una niña mayor lleva a su hermanita en brazos esperando que todo aquello arda.

También las imágenes de profanaciones de tumbas. Una en concreto de Toledo. Uno de los capítulos del libro se titula: Profanadores profesionales de tumbas.

¿Cuál es la diferencia entre combatir en defensa propia y defendiendo una buena causa a hacerlo con odio satánico contra las cosas sagradas?

El punto 2.309 del Catecismo de la Iglesia católica habla sobre la «guerra justa» como aquella que se da en circunstancias de legítima defensa mediante la fuerza militar. Para esta deben cumplirse condiciones estrictas: el daño del agresor debe ser duradero, grave y cierto; otros medios deben ser ineficaces; debe haber serias posibilidades de éxito; y el uso de armas no debe causar males peores. La doctrina de la «guerra justa» establece estos principios y su evaluación corresponde a los responsables del bien común. Todo esto queda para los historiadores: desentrañar el fracaso de la Segunda República, profundamente anticatólica y las intenciones de los militares que se alzan el 17-18 de julio de 1936.

Todavía está por escribir (bueno, muchos libros de los años 40 y 50 recogieron esas historias) el relato de tantos católicos que acudieron a la guerra e incluso a la División Azul con el ánimo de la sola defensa de la Iglesia Católica. Fueron a combatir en defensa propia y defendiendo una buena causa lógicamente. Se trata de acciones bélicas y ahí sí, de nuevo, los historiadores deben aclarar lo que sucedió en las batallas, las estrategias y las victorias y derrotas.

En la Carta colectiva de los obispos españoles a los obispos de todo el mundo con motivo de la guerra en España (1937) los obispos recordaban que la guerra de España es producto de la pugna de ideologías irreconciliables; en sus mismos orígenes se hallan envueltas gravísimas cuestiones de orden moral y jurídico, religioso e histórico.

Pero frente a todo esto, con hechos descritos e incluso fotografiados, se puede mostrar el odio satánico contra lo sagrado: la exposición de monjas momificadas en las calles de Barcelona; profanando sus cuerpos poniendo cigarrillos en sus partes en un monasterio de Toledo; como verdaderos pirómanos incendiando con el fin de que desaparecieran los templos; burdos actos sacrílegos con cálices o vestiduras sagradas; profanando sagrarios; con la destrucción de cuerpos de santos de décadas y siglos, conocidos y localizados por ser destino de peregrinaciones, por ejemplo…

Aunque sin razón completa en el argumento: se puede tener algo contra una persona y asesinarla (aunque hay episodios de locuras psiquiátricas, como el caso de la beata Apolonia Lizárraga serrar su cuerpo y darlo en alimento a los cerdos, para luego hacer “chorizos de monja”; casos que se repitieron quemando los cuerpos, cortándoles sus partes, arrancándoles partes de su cuerpo ¡¡¡si eso no es obra del demonio!!!) … pero si cabe, repito la comparación: arrancar los ojos de las imágenes de un santo o cortar la cabeza de un cristo o de una patrona… ¡o fusilar al Corazón de Jesús!, es algo demencial.

Por lo tanto, su libro demuestra que ante tantas y tan graves profanaciones era necesaria una Cruzada en defensa de lo sagrado y de la integridad de los propios católicos…

Efectivamente, porque de eso se venía… no, a eso se fue. La quema de conventos del 11 de mayo de 1931, ¡no hace un mes del establecimiento de la Segunda República!, fue una declaración de intenciones de lo que se avecinaba. Luego llegaron los mártires del octubre de 1934, también en el primer semestre de 1936 y frente al relato de siempre, falso y pernicioso: los católicos sabían de sobra lo que les esperaba porque ya llevaba años sucediendo. Se publicaron las fotos de las iglesias quemadas; se dio noticias de constantes profanaciones de todo tipo y se supo del asesinato de frailes y sacerdotes en las primeras horas de la persecución.

Volviendo a retomar el tema de la Carta colectiva de los obispos españoles a los obispos de todo el mundo con motivo de la guerra en España (1937) fueron muy listos los obispos españoles enviando la carta a todos los obispos del mundo. Había una guerra en España pero había una cruel y satánica persecución religiosa que en seis meses (julio-diciembre de 1936) provocará la mayor persecución, en menos tiempo, de la historia de la Iglesia católica.

Por Javier Navascués

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