Andrés García-Carro publica un libro recopilatorio de su poesía religiosa

Andrés García-Carro (La Coruña, 1968) publica Poesía religiosa, libro en el que recoge ciento cincuenta poemas que escribió a raíz de un hecho capital en su vida: su descubrimiento, en mayo de 2012, de la Misa Tradicional. De su consiguiente andadura espiritual, así como de múltiples cuestiones teológicas, de pasajes del Evangelio y de grandes santos, nos habla en sus versos con sencillez, hondura y claridad, haciendo profesión de fe católica. El libro, editado en tapa dura, lo publica la editorial Círculo Rojo, a través de la cual pueden adquirirse ejemplares del mismo, como también a través del propio autor: [email protected]
A continuación reproducimos quince de los poemas incluidos en el libro:
TE QUEDE EL TIEMPO QUE TE QUEDE
Te quede el tiempo que te quede
–pueden ser cien años, puede ser un instante–,
te queda muy poco tiempo.
No lo malgastes, aprovecha tu vida,
ponte en orden con Dios
mejor ya mismo que mañana.
Te quede el tiempo que te quede
–pueden ser cien años, puede ser un instante–,
te queda muy poco tiempo.
No seas frívolo, el aplauso del mundo no te importe,
pues todo aquí, ya se sabe,
es vanidad de vanidades.
Eleva tu alma, ensancha tu corazón, mira hacia lo alto,
llénate de amor a quien loco de amor
por ti murió en la Cruz crucificado.
Te quede el tiempo que te quede,
sabrás que era muy poco, sabrás que no era nada
cuando tu suerte en el más allá
para siempre esté echada.
SAN ANDRÉS
Fuiste de Jesucristo el elegido
para ser su discípulo, el primero.
Tu hermano era Simón, más conocido
por San Pedro en la tierra y en el cielo.
Al Maestro seguiste en su camino
junto a los once más que lo siguieron
y recibiste de Él el pan y el vino
la noche que en el huerto lo prendieron.
Por dar prueba de Fe fuiste afligido,
martirizado y muerto en un madero
en forma de aspa y siempre bendecido.
Apóstol San Andrés, apóstol mío,
que intercedas por mí allá en el Cielo
en este día nuestro te lo pido.
SAN JOSÉ
De todos los santos que en el mundo han sido
y que en el Cielo son
San José es mi preferido.
Padre terrenal de Cristo-Dios
y esposo de la Virgen María,
ningún santo como él tan cercano
a la divinidad.
Ejemplo de humildad,
de fortaleza y de hombría,
abnegadamente cumplió,
desde un segundo plano,
en la tierra su difícil
y altísimo destino.
San José callado y laborioso,
San José casto y generoso,
confiable, atento, glorioso,
que en el quicio de lo humano y lo divino
nos tiende su firme mano
para llevarnos por el buen camino.
CRISTO EN LA CRUZ
Cristo en la cruz es el ejemplo
de todas las virtudes que nos salvan.
Ejemplo de caridad, pues dio su vida
por la tuya y por la mía.
Ejemplo de paciencia, pues sin queja
llevado fue como oveja al matadero
y el tormento aguantó clavado en el madero.
Ejemplo de humildad, pues siendo Dios encarnado
rebajóse a ser juzgado
por hombres y como hombre
murió crucificado.
Ejemplo de obediencia, pues su sino
de redentor cumplió por designio divino.
Ejemplo de desprecio a lo terreno,
pues a los honores de este mundo hizo de menos
y a cambio permitió ser coronado
con una corona de espinas.
Míralo y tómalo como modelo.
Él es la luz que ilumina
la estrecha senda que lleva al cielo.
VIERNES SANTO
El crimen más atroz se ha consumado.
Después de ser con saña perseguido,
flagelado, injuriado, escarnecido,
ya inerte está Jesús crucificado.
El cielo con estruendo ha retumbado
y la tierra de pronto ha ensombrecido.
Vacío se ha quedado de sentido
este mundo por Dios abandonado.
A los pies de la cruz, con desolado
llanto inefablemente dolorido
la Virgen Madre llora a Su Hijo Amado.
Hecho está, ya lo hemos conseguido:
matar con nuestra vida de pecado
a Aquel que en nuestro auxilio había venido.
LA MUERTE
No temas a la muerte si has vivido
como Cristo a vivir nos enseñó.
Ten por cierto que aquel que lo ha seguido
tendrá el premio que Él nos prometió.
No temas a la muerte si has caído
y tu amor a Jesús te levantó.
A todo corazón arrepentido
sabemos que al final lo perdonó.
Mas si estás alejado del camino
que el mandato divino nos marcó,
provóquete la muerte escalofríos.
Pues no puede sino darnos terror
tan sólo imaginarnos el destino
del réprobo que réprobo murió.
INVOCACIÓN A SANTIAGO APÓSTOL
Santiago, patrón de España,
vuelve a montar tu caballo
blanco y blandiendo tu espada
ayúdanos a librar
por la patria la batalla.
Santiago que hijo del trueno
por Cristo fuiste llamado,
fulmina a nuestro enemigo
con tu rayo justiciero.
Sal de tu campo de estrellas,
lidéranos en la guerra
contra los hijos del Mal.
Así como tú a la Virgen
auxilio y fe le pediste
cuando estabas decaído,
nosotros hoy te pedimos
lo mismo que Ella te dio.
Santiago, patrón de España,
recuerda a los caballeros
que en esta tierra cristiana
por Dios su sangre vertieron
e intercede para que
seamos dignos de ellos.
CUANDO YA EN ESTE MUNDO NO ESTEMOS
Cuando ya en este mundo no estemos,
cuando seamos para los vivos
nosotros los muertos,
seguirán fluyendo los ríos
y los barcos en el mar
navegando hacia los puertos.
Recuerdo, acaso, seremos
para unos pocos
y para los más, olvido.
Apenas un suspiro habrá sido
el tiempo que aquí estuvimos
de paso a la eternidad.
Cuando ya en este mundo no estemos,
las olas indiferentes
seguirán rompiendo en la orilla
y las noches evanescentes
muriendo en el día.
Los empeños y los desempeños
en que hoy nuestro afán ponemos
iguales serán a la nada.
Allá donde estemos
con mirada sobrenatural veremos
lo que de verdad importaba.
EL SANTO ROSARIO
Yo ya siempre quiero estar
asido al Santo Rosario,
el cordón umbilical
que me ata a la Virgen,
que es mi Madre celestial.
Que no le falte nunca
a mi mano ese collar
de plegarias que son rosas
de un sagrado rosal.
En el día o en la noche
a Ella le he de rezar
pidiéndole que me aleje
de todo pecado mortal.
Y que llegado de mi tiempo
en este mundo la hora final
pueda yo con mis dedos
un rosario acariciar.
Pues no hay arma más poderosa
para hacerle frente al mal
que esta arma con que la Virgen
María nos quiso obsequiar.
CRISTO RESUCITADO
¡Cólmense nuestras almas de alegría,
exultemos de gozo los cristianos,
pues ha Nuestro Señor resucitado,
como Él mismo nos dijo, al tercer día!
Su muerte que el final nos parecía
el día en el que fue crucificado
sabemos con certeza no fue en vano:
murió para volvernos a la vida.
Jesús, Hijo de Dios y de María,
que hubo por nosotros soportado
como hombre el tormento y la agonía,
en su gloria divina hoy se ha mostrado
y es ya para siempre Quien nos guía.
¿Qué más prueba de amor necesitamos?
LA ASCENSIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
¡Qué alegría tan inmensa,
qué gozo ya celestial
ver a Cristo ascender,
ascender a los Cielos
sabiendo que ha de volver
con su corona de Rey!
Nosotros no lo hemos visto,
mas lo vieron los Apóstoles
cuyos ojos fidedignos
ojos son de nuestra Fe.
¡Qué alegría tan inmensa,
qué gozo ya celestial
ver a Cristo ascender,
ascender a los Cielos
sabiendo que allí va
a preparar nuestra eterna morada!
Un coro de ángeles lo corteja
en su Ascensión hacia el Paraíso
donde lo espera su asiento
a la derecha del Padre.
Tan sólo nos separa
un poco de tiempo de Él
(un poco, sí, pues el tiempo
un suspiro es en la eternidad).
Orar y obrar debemos
como Él nos enseñó
sabiendo que si lo hacemos
su amor que todo lo alcanza
al Cielo nos llevará.
¡Qué alegría tan inmensa,
qué gozo ya celestial:
Nuestro Señor que a la tierra
a redimirnos bajó
asciende ahora a los Cielos
dejándonos la promesa
de que un día sobre las nubes
triunfante volverá!
CRISTO REY
Para que Cristo reine
en nuestras naciones
primero debe reinar
en nuestros corazones.
Abrámosle pues nuestras puertas
de par en par,
dejemos que se haga
en nosotros su voluntad.
Abrámosle las puertas
de nuestro hogar,
pongámoslo en el centro
de nuestra vida familiar.
Con honores recordemos
a los mártires que su sangre
derramaron por Él
gritando en su martirio
«¡Viva Cristo Rey!»
y que sea cada gota
de esa sangre derramada
semilla de la que brota
renovada nuestra Fe.
Cerremos por el contrario
nuestras puertas a cal y canto
a los hijos de Lucifer
que niegan o dan de lado
a Quien vino para ser Rey
y abrámonos camino
por la senda del bien
guiados por el divino
faro de su Ley.
¡Adelante, hermanos!
Valerosos soldados seamos
de Cristo Nuestro Rey,
sabiendo que si luchamos
con gallardía y con fe
la victoria tarde o temprano
Él nos habrá de obtener.
LA VIRGEN MARÍA AL PIE DE LA CRUZ
María al pie de la cruz
con ojos sufrientes mira
a su amado hijo Jesús
que se desangra ahí arriba.
Una espada de dolor
el alma le ha traspasado
como el viejo Simeón
tiempo atrás le había anunciado.
Porque es madre llora y llora,
pero aguanta su dolor
porque sabe que es la hora
en que Cristo Redentor
la quiere Corredentora.
Acompañándola están
María la Magdalena
y María de Cleofás
y sólo de la docena
el dilecto apóstol Juan.
Jesús muriente en la cruz
a Ella y a él se dirige
y son para todos luz
las palabras que les dice:
«Mujer, he ahí a tu hijo.
Hijo, he ahí a tu Madre».
SANTA MARÍA MAGDALENA
¡Ay María Magdalena,
que todo creías tener
por ser rica y por ser bella!
Tu alma por un terraplén
de lujurias en cadena
ibas echando a perder
llevándola a su condena.
Tuviste que conocer
a Cristo para saber
que sólo la vida es plena
cuando estamos junto a Él.
Tus lágrimas en sus pies
enjugaste con gran pena
y empezaste a recorrer
la única senda buena,
la senda que al Cielo lleva.
A Jesús pudiste ver
clavado en cruz de madera
y resurrecto después
en gloria imperecedera.
¡Ay María Magdalena,
a Dios le ruego obtener
la gracia que a ti te diera!
AÑO NUEVO
Qué mejor que empezar el nuevo año
tirando a la basura lo sobrante,
todo aquello que lastra lo importante,
todo aquello que al alma le hace daño.
En cambio conservar como oro en paño
aquello que nos lleva hacia adelante
por la senda del bien, donde constante
vigila el Buen Pastor a su rebaño.
Ligero sea pues nuestro equipaje,
que nada nos perturbe ni distraiga
de la meta que tiene nuestro viaje.
Solamente la Cruz en nuestra espalda
carguemos con amor y con coraje
sabiendo que es la Cruz la que nos salva.
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