Jaime Ortega: “La Hermandad Sacerdotal Española fue un dique contra el progresismo”

Jaime Ortega Lázaro (Madrid, España, 1998) es jurista, politólogo y doctor en Historia Contemporánea por la Universidad CEU San Pablo (2025). Actualmente es profesor en la Universidad Francisco de Vitoria y colaborador en la sección de historia de El Debate.
En esta entrevista analiza su libro Hermandad Sacerdotal Española. Fidelidad hasta el Final, Madrid, Homolegens, 2025.
¿Cómo nace la Hermandad Sacerdotal Española y con qué fines?
La Hermandad Sacerdotal Española nació públicamente para el clero español en julio de 1969. Surgió a raíz de las conversaciones entre el P. Miguel Oltra, franciscano, y el P. Jaime Piulachs, jesuita, que había fundado en 1965 la Asociación de Sacerdotes y Religiosos San Antonio María Claret en Barcelona. A la larga, esta asociación funcionaría como la sección catalana de la nacional.
La Hermandad tuvo como fin primordial ayudar a los sacerdotes a vivir su ministerio en unos momentos en que muchos de sus hermanos pedían la baja al estado laical. Además, lucharían por defender la sana doctrina y la unidad católica de España, para evitar así la descristianización de la Nación.
¿Por qué decidió hacer una tesis doctoral sobre ello, germen de este libro?
Tras leer un libro sobre Historia de la Iglesia en España, la Hermandad suscitó en mí un profundo interés, ya que me era totalmente desconocida. Desde que comencé a investigar sobre aquellos sacerdotes quedé fascinado por su gran amor a Cristo y a su Iglesia. Desde ese momento, contraje una deuda con aquellos buenos sacerdotes y me creí en la obligación de escribir un libro tras defender mi tesis, para así dar a conocer su historia.
¿Qué nos puede decir del P. Miguel Oltra y de las circunstancias de su tiempo?
El P. Miguel Oltra era franciscano y un gran estudioso, que había defendido su tesis en Alemania durante la II República. Oltra tenía un gran celo apostólico que le llevó a reunir a 7.000 sacerdotes, tanto religiosos como seculares, para ayudarlos a vivir su fe y defender la sana doctrina en unos momentos especialmente convulsos para la Iglesia y para España.
¿Por qué fue necesaria la labor de la Hermandad en defensa de la sana doctrina y como freno al progresismo?
La Hermandad, según el cardenal Antonio Innocenti, prefecto de la Congregación del Clero, cumplió una “misión importantísima” en la defensa de la fe y como dique contra el progresismo en España. Sin la Hermandad y la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, el posconcilio en España hubiera sido muy distinto.
La Hermandad nunca se posicionó frontalmente contra el Concilio Vaticano II y se mostró siempre fiel a la Santa Sede. En un principio, se mostró reacia hacia algunos postulados conciliares, como la reforma litúrgica o la libertad religiosa, pero acabaron aceptándolos, aunque siempre sostuvieron la confesionalidad católica del Estado, algo que también sostiene la declaración Dignitatis Humanae (1965).
Para recalcar su fidelidad hacia Roma se fueron alejando de posturas tradicionalistas y de los exponentes de estas, como Mons. Marcel Lefebvre. Ellos creían que tenía razón en muchos puntos, pero no compartían la postura de enfrentamiento.
¿Por qué era importante defender la Unidad Católica de España?
La unidad católica de España, para ellos, era muy importante. Esto no solo era una postura personal, sino que se basaban en lo que habían dicho los pontífices. El mismo Pablo VI hizo una loa a la catolicidad de España, algo que los impulsó a trabajar por ello. Que el Estado fuese confesional les permitiría realizar un mejor apostolado. Además, ellos recordaban la doctrina pontificia sobre la confesionalidad del Estado. Por ello, los sacerdotes se opusieron rotundamente a la Constitución de 1978, llegándose a integrar en la Asociación Pro España Católica, haciendo campaña en su contra. Su fin, aunque político, no lo era en el fondo; ellos tan solo querían que Cristo reinase en España en el modo que establecía el papa Pío XI en la Quas Primas.
Los miembros de la Hermandad siempre sintieron gran admiración hacia el Generalísimo Francisco Franco por haber establecido un Estado católico y haber colmado a la Iglesia de innumerables beneficios. Sin embargo, sobre todo, estaban agradecidos a su figura por haberles librado de la persecución socialista y comunista.
¿Qué frutos ha dado todos estos años hasta la actualidad?
La Hermandad dio muchos frutos, ya que permitió a los sacerdotes vivir una verdadera fraternidad sacerdotal y un verdadero asociacionismo, como había recordado la declaración conciliar Presbyterorum Ordinis. La gran mayoría fueron sacerdotes santos y ejemplares, movidos únicamente por un ardiente celo apostólico. Se hicieron, parafraseando a San Pablo, todo para todos, para ganar, fuese como fuese, a algunos. ¿Qué hubiera sido de ellos si no hubiese existido la Hermandad?
¿Qué importancia tuvieron las jornadas sacerdotales y las uniones seglares?
Las Jornadas Sacerdotales de Zaragoza (1972) y Cuenca (1974) tuvieron un gran eco en los medios de comunicación y llegaron a reunir a unos dos mil sacerdotes, un porcentaje de ellos extranjeros, principalmente franceses. Poco a poco, la importancia de estas Jornadas fue decreciendo y su asistencia fue menguando en la medida en que los sacerdotes se iban haciendo mayores.
Con respecto a las uniones seglares, la primera fue la de San Antonio María Claret de Barcelona, que nació en 1969 gracias al P. Piulachs. A imitación de esta surgieron, gracias al aliento del P. José María Alba Cereceda S. J., otras uniones seglares en Madrid, Navarra, San Sebastián o Mallorca. Así, estas se convirtieron en el brazo laical de la Hermandad.
¿Por qué tuvieron tantas incomprensiones y persecuciones de la misma Iglesia?
Las persecuciones de la jerarquía de carácter más progresista contra la Hermandad nacieron con motivo de la Asamblea Conjunta de Obispos y Sacerdotes (1971). Los sacerdotes se posicionaron duramente contra el carácter progresista que se estaba dando a aquella reunión, que estaba destinada a solucionar la profunda crisis del sacerdocio que atravesaba España. Su defensa de la ortodoxia los llevó a hacer llegar a Roma esta cuestión.
Meses después, la Congregación del Clero condenó la Asamblea. El cardenal D. Vicente Enrique y Tarancón y otros obispos afines a su línea eclesial nunca les perdonaron aquello, y cuando la Hermandad se fue a reunir en Zaragoza en 1972 fueron con intrigas a la Santa Sede para que esta descalificase el encuentro, algo que sucedió a las pocas semanas de celebrarse.
Desde entonces, la presidencia de la CEE y los obispos afines a esta tacharon a estos sacerdotes de franquistas y retrógrados, negándoles por tres veces el reconocimiento canónico de sus Estatutos. La primera negativa tuvo lugar durante la presidencia del cardenal, y las otras dos durante el mandato de D. Gabino Díaz-Merchán, arzobispo de Oviedo.
Sin embargo, hubo prelados que la apoyaron…
Sí, hubo algunos obispos que siempre apoyaron a la Hermandad, sobre todo D. José Guerra Campos, que llegó a pertenecer a ella y los acogió calurosamente en Cuenca en 1974. También contaron, en un principio, con el apoyo del cardenal primado de España D. Marcelo González Martín y del obispo de Vitoria, D. Francisco Peralta Ballabriga, que terminó uniéndose a la asociación.
Por Javier Navascués
15 comentarios
Cierto, la Hermandad Sacerdotal reunió en España a miles de sacerdotes tradicionales, de buena doctrina, amantes del rito romano y de las costumbres y devociones clásicas de la España católica. Y fieles a Franco y el Estado católico; muchos de ellos habían sido capellanes o combatientes en la Cruzada.
Al introducirse el Novus Ordo enviaron una carta a Pablo VI, suplicándole que les permitiera seguir celebrando la Misa de su ordenación, en latín y en el inmemorial rito romano. Pablo VI no contestó. Lo hizo el infame Bugnini, conminándoles a someterse y obedecer.
Lo cual hicieron ¿qué otra cosa sabían sino obedecer al Papa .... y a Franco?
Otra muy distinta habría sido la historia de la Iglesia española si aquellos miles de sacerdotes beneméritos hubiesen reaccionado con otro espíritu. Hoy tendrían muchos sucesores, para la gloria de Dios y bien de las almas, en lugar de haberse olvidado su memoria.
Por otra parte, pretender salvar Dignitatis humanae no hay por donde cogerlo.
No fueron dique contra nada, porque al fin Monseñor Guerra Campos, más que los Obispos González y Peralta por su nivel de compromiso y eclesiástico, no los capitaneó como era su obligación, faltándole los arrestos que sí tuvo Mons. Lefebvre -verdadero adalid de la Religión- y convirtiéndose el Opus Dei -Deo gratias San Josemaría- en el verdadero dique de contención de la Iglesia en España y disolviéndose como un azucarillo la HSE.
Al fin, hasta Pablo VI les negó su bendición en la famosa asamblea zaragozana, la cual, bendición, que sí impartía a dos manos a la democracia cristiana en Italia y al PCE en España...lo de Tarancón y Cía y los Setienes de después, amparados por la Roma ya de Juan Pablo II, que negaban las exequias a las víctimas de ETA y amparaban y sermoneaban el terrorismo más abyecto, cobarde y cruel, en fin, haga como yo: no se meta en política (Franco dixit).
Lo de que "para recalcar su fidelidad hacia Roma se fueron alejando de posturas tradicionalistas y de los exponentes de estas, como Mons. Marcel Lefebvre." no es cierto, alejarse de las posturas tradicionalistas sería alejarse de la doctrina de la Iglesia, cosa que nunca hicieron. Los únicos que necesitan hacer esa "separación" son los mojigatos que se creen que la fidelidad a Roma y la santa Sede está en decir a todo que sí, hasta las herejías más monstruosas. Es más, sacerdotes como el Padre Mariné, QEPD, siguieron celebrando la Misa de siempre, en la calle Laforja y San Félix Africano, sin ir más lejos. Qué tiempos...
"No fueron dique contra nada" cierto
" convirtiéndose el Opus Dei -Deo gratias San Josemaría- en el verdadero dique de contención de la Iglesia en España" Exactamente lo contrario. El Opus has sido para la Iglesia como el pp en politica: sirvio para neutralizar la tradicion, en todos los aspectos incluido el liturgico, bajo un barniz de conservadurismo. Y ya desde tiempos Franco con sus tecnocratas. La HS defendia el reinado de Cristo y la confesionalidad del Estado, la raiz del Opus es precisamente contraria a estos dos principios.
Con muchos menos mimbres se armó la resistencia católica tradicional en otros países como Francia y los Estados Unidos, y hoy los viejos soldados de la Tradición tienen sucesores y han dado mucho fruto: clero, religiosos y religiosas, iglesias donde sigue celebrándose la Misa en el rito romano tradicional y donde sigue la vida parroquial tradicional, escuelas, familias numerosas, revistas y editoriales etc. Todo el entramado católico tradicional que falta en España.
No, el fracaso de la Hermandad Sacerdotal Española no fue inevitable. Faltaron agallas y sobró obediencia servil. Y faltó sobre todo un obispo valiente.
"Obispos" "tradis" en USA y otros sitios: "iglesias" sin papa (independientes de Roma, "a su aire").
Engaños que se sostienen manteniendo a los fieles en la ignorancia de las reglas básicas de funcionamiento de la Iglesia. Por cierto, apoyar a un cismático conlleva excomunión "ipso facto", creo.
Urbel:
Ud. usa la ambigüedad como Bergoglio, Ratzinger,... y así habla de "de buena doctrina". La ambigüedad es irrebatible. En cuanto Ud. defina exactamente qué es "la buena doctrina", entonces se podrá demostrar su error evidente e inmediatamente.
Además tb suscribo q Les faltaron Agallas a ellos y a Guerra Campos y a Don Marcelo. Lefebvre el verdadero adalid, q salvo la Tradición
Son nociones indeterminadas .... de buen sentido.
El tema de fondo siempre es el mismo. La Misa nueva es válida si se celebra válidamente, aunque no agrade a Dios, pero no tiene sabor sobrenatural, da un vacío, como decía M. Lefebvre y poco a poco conduce a la pérdida de la fe.
Yo lo he visto personalmente y así se lo digo a los que conozco. Cómo es posible que hoy no deis la importancia debida a comulgar de rodillas, en la boca y con Bandeja de Comunión. Yo eso lo aprendí en el Opus Dei
Lo único que falta como dice M. Schneider es el reconocimiento canónico.
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