
El 25 y 26 de Abril se representará en el colegio San Agustín de Madrid
Alicia María Rubio García. Pozuelo de Alarcón (Madrid). Casada, madre de 5 hijos. Abogado.
Durante su vida siempre le ha motivado ayudar a los demás y servir. Ha sido voluntaria en visitas a enfermos en el Hospital Gómez Ulla de Madrid y ha colaborado con discapacitados en la Fundación Caná de Pozuelo de Alarcón. Participa en los actos de reparación al Santísimo Sacramento que convoca la Asociación “Amistad en Cristo con María- Un nuevo amanecer” en la Cripta de la Almudena y en un grupo de Acción Católica en la Parroquia Santa Maria de Caná.
Va a promover 2 representaciones en Madrid, en el Auditorio del Colegio San Agustín, con capacidad para casi 600 personas. La primera será el sábado 25 de abril, a las 18h. Las entradas “volaron” en apenas seis días. La segunda sesión será el domingo 26 de abril, también a las 18h.
¿Cómo se encuentra con la representación del Cristo Roto?
Un domingo de verano, cuando entrábamos en familia a Misa en la Iglesia del Monasterio de las Clarisas de Chinchón, nos llamó la atención el cartel que anunciaba una representación benéfica: “Mi Cristo Roto”. 27/ 28 de septiembre y 4/5 de octubre en el Teatro Lope de Vega, a beneficio de las Hermanas Clarisas. Tenemos mucho cariño a esta comunidad y todo lo que sea colaborar con ellas, de la manera que sea, nos encanta. Además, el título de la obra que se representaba nos resultó muy atractivo. Es muy difícil encontrar una representación teatral de temática religiosa porque prácticamente no hay oferta de este tipo. En el cine sí que, poco a poco, van apareciendo películas y documentales de contenido religioso, pero en el teatro la verdad es que hay poco por no decir casi nada. Así que nos apeteció mucho la idea de ir a ver la obra y saber que así podríamos ayudar a las monjas.
¿Conocía este clásico de espiritualidad?
Si te soy sincera, era la primera vez que escuchaba el título “Mi Cristo Roto”. Con mucha curiosidad, “investigué” y descubrí que era el título de un libro escrito por el Sacerdote Jesuita Ramón Cué Romano allá por 1.963. La historia me sedujo desde el principio: un Sacerdote que se encuentra con una imagen de un Cristo mutilado y sin cruz y se empeña en restaurarlo, cuando, poco a poco, se va dando cuenta de que el que necesita ser restaurado por Cristo es él.
Comentando el contenido del libro con amigos nuestros, sobre todo los que comparten la espiritualidad ignaciana, nos han dicho que conocían los escritos del Padre Ramón Cué. Una amiga nos ha dicho que le ha servido para preparar la catequesis a sus alumnos. El mensaje de esta obra, como el Evangelio, no pasa de moda.
¿Qué le impactó al verlo representado?
Fueron muchas cosas las que me impactaron, de hecho, es una obra que cuantas más veces la veas, más detalles aprecias y más te sorprende. Todo lo que pueda decir aquí, se queda muy corto para expresar lo mucho que me ha impresionado. La representación del actor, que encarna al Padre Ramón, es absolutamente espectacular. Posee una fuerza y una emoción que contagian al espectador, transmitiendo un mensaje que no puede dejarte indiferente y que puede transformar tu vida, siempre y cuando tú quieras dejarte transformar, claro está.
Reconozco que, antes de ver la representación por primera vez en Chinchón, tenía una gran expectativa y, en lugar de sentirme decepcionada, ocurrió justo lo contrario: salí emocionada, con el corazón “tocado” y con más sed de Dios.
¿Por qué decidió con su esposo ayudar al autor a representar la obra en más sitios?
En realidad, creo que aquí, como en todos los casos, es el Espíritu Santo el que está “soplando” y nosotros somos instrumentos al servicio del Señor que es Quien realmente quiere que esta obra la puedan ver muchas personas y queden transformadas, como nos ha pasado a nosotros.
Una parte importante de nuestro impulso tiene también que ver con el actor -de profesión, vigilante de seguridad- y con quienes le ayudaron a que una idea suya se acabara convirtiendo, después de varios años de esfuerzo, en una representación en Chinchón. Gente normal y extraordinaria, algo que suele ir de la mano. Su talento, su esfuerzo, su ilusión… no podían terminar en Chinchón.
Nuestro objetivo, como el de todos los que participamos en esta maravillosa aventura, es que esta representación sea un medio de evangelización, un instrumento de conversión o de reconversión (pues en el camino de la Fe y del Amor siempre se puede seguir avanzando). Si además de eso, se puede ayudar económicamente a comunidades de religiosos, o a proyectos educativos o sociales, bendito sea Dios.
¿Qué supone llevarla de Chinchón a Madrid?
Pues más que un desafío, que lo es, te diría que una enorme ilusión. Es mucho el trabajo que exige algo así. En la parte artística (siempre desde la inspiración de la versión teatral que en su día hizo el actor mexicano Alberto Mayagoitia, referente para todos) estamos trabajando en algunas modificaciones escenográficas y mejoras técnicas: de manera muy especial, con la introducción de música en directo gracias a la colaboración y al talento de un grupo de jóvenes extraordinarios. Y fuera en sí del escenario y de la producción, en todo lo que tiene que ver con la organización de un evento de esta naturaleza: la promoción, la comunicación, el recinto, el ticketing, la relación con medios y aliados…
Afortunadamente mi marido tiene una gran experiencia en todo lo que tiene que ver con la organización de eventos, una actividad que ocupa una parte importante de su labor profesional. Beneficiarnos de esa experiencia es un gran valor para todos.
¿Por qué es algo benéfico y lo hacen por apostolado?
El Capítulo 10 del Evangelio de San Mateo, cuando Jesucristo envía a sus discípulos en misión, termina diciendo en el versículo 8: “gratis habéis recibido, dad gratis”. Al ver la representación, uno vuelve a comprobar la gratuidad del Amor y la Gracia de Dios. El mensaje del Evangelio, recogido en esencia en Mi Cristo Roto, pide ser transmitido por todo el mundo. ¿Cómo es posible que una llamada tan directa al corazón no sea compartida con los demás? Guardarla para uno mismo sería muy triste. Desde que vimos la obra, comprendimos que no podía quedarse solamente en Chinchón y por eso el esfuerzo de muchos es que se pueda compartir y no sea ya Mi Cristo Roto, sino el Nuestro…
Precisamente por eso, el importe que se recaude con la venta de las entradas de las próximas representaciones en Madrid va a destinarse a la fundación Red Agustiniana para la Educación y el Desarrollo (REDA), al igual que en las primeras representaciones lo recaudado se entregó a las Clarisas de Chinchón.
¿Cuándo y dónde es la función?
Por suerte, ya no hablamos de una función, sino al menos de dos. La primera será el sábado 25 de abril, a las 18h. Pero las entradas “volaron” en apenas seis días. Increíble; ni en nuestras mejores expectativas habríamos pensado en esta acogida. Así que estamos ya en plena venta de una segunda sesión, el domingo 26 de abril, también a las 18h.
Será en el Auditorio del Colegio San Agustín, con capacidad para casi 600 personas. Es un recinto maravilloso. Pero más allá de ello, no puedo dejar de destacar el cariño con el que el Colegio San Agustín y la Orden de los Agustinos nos han acogido. Todo han sido y están siendo facilidades. Para nosotros son un compañero de viaje más en esta aventura.
¿Por qué merece la pena ir a verla?
Por muchos motivos y no sabría por cual empezar. Por un lado, el contenido de la obra es una belleza: la relación entre Cristo y el Sacerdote es de una ternura inmensa. La interpretación del actor es brutal, imposible no emocionarse y no sentirse representado (aunque no seas cura) por las sensaciones, dudas y cansancio que tan bien expresa. El camino de la Fe no es fácil, la vida no lo es a veces y todos nos hemos podido sentir solos y sobrepasados en algunos momentos, especialmente cuando llega el sufrimiento. Mi Cristo Roto viene para dar sentido a la Cruz, en la triple vertiente que ésta tiene: en primer lugar, la Cruz con Cristo hace que el sufrimiento humano tenga sentido, en segundo lugar, la Cruz es la revolución del Amor y del Perdón y, por último, la Cruz es el símbolo de la esperanza humana por excelencia. Todo ello contado con mucha emoción, con momentos en los que el humor hace acto de presencia y acompañado por música en vivo. Un lenguaje que va directo al corazón.
¿Tienen previsto llevarla a más parroquias y más ciudades?
Es algo que desde el principio está en nuestra mirada. Pero sabíamos que cualquier desarrollo posterior estaba ligado al éxito de este primer paso en Madrid, por lo que en todo momento hemos querido concentrarnos en este objetivo. Pero, visto lo visto, parece que ese siguiente paso puede ser “inevitable”, pues estamos ya recibiendo peticiones de otras comunidades y ciudades, interesadas en acoger la obra. En fin, ya sabemos lo que pasa cuando uno echa las redes al mar con una fe inquebrantable…
Por Javier Navascués