Javier Martínez-Pinna analiza su nuevo libro sobre las órdenes monacales y religiosas

Javier Martínez-Pinna (Alicante, 1974) es profesor de Historia, escritor y colaborador en las principales revistas de divulgación histórica. Sus artículos han sido publicados en Muy Historia, National Geographic, Clío Historia y Vive la Historia. Es uno de los miembros fundadores de Laus Hispaniae, revista de historia de España, y ha colaborado activamente en distintos medios de comunicación y en programas de radio como Luces en la Oscuridad, el mítico Espacio en Blanco, La Rosa de los Vientos y Es la Mañana de EsRadio. Es autor de Lo que hicimos por el mundo y Muerte y religión en el mundo antiguo. Con Almuzara ha publicado Eso no estaba en mi libro de historia de la Edad Media; Eso no estaba en mi libro de historia de la piratería; Iberismo, hacia la unión de España y Portugal; Eso no estaba en mi libro de historia de las guerras púnicas; Eso no estaba en mi libro de historia de la Iglesia católica y El libro de las órdenes monacales y religiosas.
¿Por qué decidió escribir un libro sobre las órdenes monacales y religiosas?
En muy buena medida porque creo que hoy es más necesario que nunca recuperar el recuerdo de esos monjes y de esos monasterios que en su día fueron espacios de silencio. En este siglo XXI, el ser humano se siente fatigado por ser incapaz de seguir el ritmo de la vida moderna, por eso hemos empezado a mirar hacia atrás para tratar de reencontrarnos con unos valores que nos permitan escapar de una realidad asfixiante. Esto nos ha llevado a redescubrir a estos personajes que, siglos atrás, sintieron la necesidad de alejarse del ruido y buscar aquello que daba sentido a la existencia en el interior de un monasterio.
Indudablemente algo está cambiando. Curiosamente, y según el Ministerio de Cultura, el documental Libres se convirtió en el 2023 en uno de los más vistos del año. Asimismo, están apareciendo nuevos ensayos dedicados a la historia del monacato cristiano. Además, en uno de mis viajes al monasterio de san Pedro de la Cardeña, uno de los monjes trapenses me aseguró que habían detectado un aumento muy significativo de personas que se acercaban hasta el cenobio interesándose por la vida de estos monjes dedicados a la oración.
