(El Debate/InfoCatólica) La costumbre anglosajona de Halloween vuelve a imponerse un año más, y millones de niños y jóvenes se disponen a disfrazarse para festejar la noche del 31 de octubre. Frente a la imagen festiva y comercial con que se presenta esta celebración, el P. Javier Luzón Peña, conocido sacerdote exorcista español nacido en 1952, alerta del trasfondo que se oculta tras esta fecha: «Halloween es la fiesta del satanismo».
En una entrevista concedida al pódcast «A la de tres», el sacerdote sostiene que detrás de lo que muchos consideran un simple juego infantil se esconde una contaminación espiritual de la que millones de familias no son conscientes.
Una puerta abierta a futuros ataques espirituales
El exorcista recuerda que las raíces de esta costumbre se remontan, según explica, a los antiguos druidas, que recorrían las casas exigiendo alimentos o sacrificios humanos, como una virgen o un niño, para sus ritos. A quienes se negaban a entregarles lo que pedían, los druidas les lanzaban un maleficio. Advierte asimismo de la gravedad de las prácticas que las sectas satánicas llevan a cabo esa misma noche, en la que realizan sacrificios.
Uno de los puntos centrales de su explicación es el modo en que la sociedad ha asimilado símbolos y costumbres sin advertir su trascendencia espiritual. A juicio del P. Luzón, acciones en apariencia inofensivas, como disfrazarse, colocar calabazas o pedir dulces al grito de «truco o trato», constituyen una participación real en el ocultismo.
«A través de ese sencillo gesto de pedir truco o trato o dulces, la persona está contaminándose y participando en esa super macro celebración satanista», asegura el exorcista.
El riesgo de fondo, explica, es que muchos padres permiten que sus hijos participen por pura ignorancia y dejan así expuesta su alma. Aunque las consecuencias no se perciban de inmediato, el sacerdote advierte de que el menor queda «contaminado» y con una «puerta abierta» que lo hace vulnerable de cara al futuro.
«Si no tienes puertas abiertas, los hechizos no te hacen efecto», precisa. Y señala que cualquier daño o ataque espiritual posterior puede destruir a una persona años más tarde a causa de esa rendija que quedó abierta en el pasado.
No existe una magia buena
En la misma línea, el P. Luzón alude a otras vías más sutiles por las que el ocultismo se introduce en la cultura popular, y cita expresamente la saga literaria de Harry Potter. Aunque reconoce su valor como obra escrita, advierte de que induce al grave error de creer que existe una «magia buena» y una «magia mala», cuando en realidad «toda magia es invocación de los espíritus caídos».
Con las lámparas encendidas
Ante la propagación del ocultismo, el exorcista exhorta a los creyentes a «estar con las lámparas encendidas» y a custodiar la vida de la gracia. A quienes hayan participado en estas celebraciones o hayan tenido algún contacto con lo oculto, les indica que abjuren de todo vínculo con el ocultismo y cierren con decisión cualquier puerta abierta al enemigo.
Entre los medios de protección y sanación espiritual que propone figuran llevar una vida cristiana coherente, centrada en la oración y en el perdón constante; sanar las heridas afectivas para alcanzar un verdadero renacimiento interior; sellarse con la sangre de Cristo en los ambientes en los que se perciba maldad, maldiciones o mal de ojo, y rezar por los antepasados, ofreciendo además indulgencias plenarias por los difuntos.
El P. Luzón concluye recordando la presencia constante del ángel custodio, que nunca abandona a la persona en su protección espiritual, e invita a los fieles a rezar para ser guías de luz para quienes se encuentran desorientados.








