Cordileone: «Había más unidad en la Iglesia bajo Summorum Pontificum»
Screenshot TY /Tribune Chrétienne

Reivindica la «reconciliación interna» de Benedicto XVI

Cordileone: «Había más unidad en la Iglesia bajo Summorum Pontificum»

Advertencia a los jóvenes, a quienes pidió no despreciar la experiencia de quienes atravesaron las «revoluciones» y la «agitación» del posconcilio. «Si miran a sus mayores en la fe que siguen siendo católicos practicantes y comprometidos, verán que resistieron aquellos tiempos de revolución y de agitación y conservaron intacta su fe», señaló. «No la abandonaron».

(InfoCatólica) «Para mí está muy claro que había más unidad en la Iglesia cuando vivíamos bajo Summorum Pontificum que ahora bajo Traditionis Custodes». Así resume el Arzobispo de San Francisco, Salvatore Cordileone, los efectos de las restricciones impuestas a la liturgia tradicional, que a su juicio amenazan con reabrir las heridas causadas por los cambios litúrgicos acelerados que siguieron al Concilio Vaticano II.

El prelado estadounidense hizo estas declaraciones en una entrevista concedida el pasado 8 de octubre al diario católico francés Tribune Chrétienne, en la que comparó el clima eclesial creado por el motu proprio del Papa Benedicto XVI con el que ha seguido a la norma promulgada por el Papa Francisco en julio de 2021.

De las «guerras litúrgicas» a la convivencia

El Arzobispo recordó las «guerras litúrgicas» del posconcilio, cuando los católicos eran juzgados y estereotipados según sus preferencias litúrgicas. Según explicó, aquellas tensiones se prolongaron hasta la década de 1990, y la situación comenzó a «suavizarse» gracias al indulto concedido bajo San Juan Pablo II y, más tarde, con la publicación de Summorum Pontificum.

Con el planteamiento de Benedicto XVI, sostuvo Cordileone, los católicos vinculados al culto tradicional y quienes preferían formas más contemporáneas podían convivir en paz, sin juicios severos entre ellos. El Pontífice alemán, añadió, era consciente de que la Iglesia había sufrido una «herida profunda» con la ruptura vivida tras el Concilio.

«Él comprendía la ruptura que se había producido», afirmó el Arzobispo. «La vivió. Vio cómo la fe de los católicos fue puesta seriamente a prueba, dañada. He sabido de casos en que incluso quedó destruida por cambios muy rápidos y radicales en la forma de celebrar la liturgia».

Una reconciliación que no se fabrica en una comisión

Cordileone explicó que la propuesta de Benedicto XVI de reconocer una forma ordinaria y otra extraordinaria del rito romano buscaba favorecer lo que el propio Papa llamó una «reconciliación interna» en el culto de la Iglesia. Benedicto XVI, según el Arzobispo, sabía que esa reconciliación no podía diseñarse en una comisión de expertos que redactara una nueva liturgia, porque tendría que madurar de forma natural a lo largo de generaciones de católicos que rezaran con ambas formas.

«Tiene que suceder de forma orgánica», señaló. «El Papa Benedicto entendía que esto llevaría mucho tiempo, generaciones, quizá incluso siglos, con fieles que rindieran culto con ambas formas de la Misa hasta llegar a un culto unificado en la Iglesia». Por eso, añadió, la ruptura posconciliar no podía resolverse imponiendo desde arriba otra reforma.

El Arzobispo advirtió de que los católicos apegados a la forma tradicional han sido «estigmatizados y marginados» dentro de la Iglesia, un trato que, a su juicio, puede reabrir las heridas que Benedicto XVI quiso sanar. «Creo que eso fomenta la división», dijo. «Algunas personas se sintieron alejadas de la Iglesia. Temo que eso pueda empezar a ocurrir de nuevo».

Lo que a los jóvenes no les parece nuevo

Buena parte de la entrevista se centró en la brecha generacional que hoy se percibe en torno al culto y la tradición. Según Cordileone, los católicos jóvenes muestran un interés creciente por recuperar tradiciones que sus mayores consideraron superadas tras el Concilio.

«Lo que a mi generación le pareció nuevo, y todavía nos parece nuevo, no les parece nuevo a los jóvenes», explicó. «Les parece algo más propio del pasado».

Para ilustrarlo, propuso un ejercicio a los mayores. El Concilio se celebró hace más de sesenta años, recordó, y para alguien que estudiaba en la universidad después de la Segunda Guerra Mundial, mirar sesenta años atrás suponía remontarse a comienzos del siglo XX. «Así de antiguo les parece hoy el Concilio Vaticano II a los jóvenes», afirmó. «A nosotros todavía nos parece reciente, pero para ellos es una época histórica ya pasada».

De ahí que, en su opinión, la generación mayor deba tomarse en serio el anhelo de los jóvenes por algo más duradero que las ideas de un periodo concreto. «Tenemos que tenerlo presente y comprender su deseo de algo que tenga un valor eterno, intemporal, y no de algo que pertenece solo a una o dos generaciones y luego se desvanece y queda pasado de moda», dijo.

El Arzobispo dirigió también una advertencia a los jóvenes, a quienes pidió no despreciar la experiencia de quienes atravesaron las «revoluciones» y la «agitación» del posconcilio. «Si miran a sus mayores en la fe que siguen siendo católicos practicantes y comprometidos, verán que resistieron aquellos tiempos de revolución y de agitación y conservaron intacta su fe», señaló. «No la abandonaron».

Una mejor comprensión entre generaciones, concluyó, permitiría recuperar la tradición auténtica sin tratarla como algo exclusivo del pasado. «Creo que si buscamos un mejor entendimiento entre las generaciones, podemos aprovechar lo que cada una tiene que aportar», afirmó. «Podemos recuperar nuestra tradición auténtica de un modo que hable a las personas de nuestro tiempo, y podemos aprender unos de otros por el bien de la misión de la Iglesia».

La visión de Ratzinger en 1969

Cordileone vinculó esta renovación generacional con la previsión que formuló en 1969 el entonces profesor Joseph Ratzinger. «Lo que creo que estamos viendo ante nuestros ojos es la visión que tuvo entonces el profesor Joseph Ratzinger, hace ya casi sesenta años, a finales de los sesenta, en 1969», dijo.

Ratzinger, recordó el Arzobispo, previó que «la Iglesia perdería su influencia social en el mundo, perdería incluso sus instituciones, perdería miembros, sería una Iglesia más pequeña pero más ferviente y devota y, diría yo, más consciente de su elección». «Lo vemos suceder ahora», añadió. «Lo vemos, desde luego, aquí en Estados Unidos».

A su juicio, esto exige releer el Concilio en continuidad con la tradición que lo precedió, y no como una ruptura con el pasado de la Iglesia. En particular, se refirió a la constitución Sacrosanctum Concilium y a lo que enseña sobre el latín y el canto gregoriano. «Necesitamos la participación activa, pero también necesitamos... la buscamos para centrarnos en Cristo», explicó, recordando que el oriente ha simbolizado tradicionalmente a Cristo como sol naciente, luz del mundo y meta del camino del cristiano hacia el cielo.

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