(InfoCatólica) Aunque, a sus 73 años, ya no es presidente de la Conferencia Episcopal germana, el cardenal arzobispo de Múnich, Reinhard Marx, sigue siendo uno de los principales impulsores del camino sinodal alemán y una de las caras más reconocibles de la Iglesia en Alemania.
Por ello, resultan interesantes unas declaraciones en las que diagnostica el estado de la Iglesia, con ocasión del anuncio de la asamblea diocesana de Múnich, que se celebrará el año que viene. En dicha asamblea, el cardenal presentará un informe de rendición de cuentas: «explicaré mis prioridades, que aún quiero establecer y por las que quiero ser medido», explicó el purpurado
El cardenal adelantó algunas de sus conclusiones sobre la situación de la Iglesia y explicó que observaba «una nueva confianza y una voluntad de ser Iglesia incluso en estas difíciles circunstancias».
Esas difíciles circunstancias resultan evidentes. En Múnich, el número de sacerdotes se ha reducido a menos de la mitad desde los años cincuenta del siglo pasado y las cifras continúan bajando de forma imparable. En las últimas décadas, las parroquias se han reducido a la mitad, fusionándolas en «agrupaciones parroquiales». Algo similar está sucediendo con los fieles. En su discurso, el cardenal reconoció que, desde 2008, cuando se convirtió en arzobispo en Múnich, el número de católicos ha caído en más de 300.000.
Su único remedio para la crisis, sin embargo, parece ser avanzar en la sinodalidad y codeterminación en la archidiócesis y acelerar las innovaciones para crear una nueva Iglesia a imagen de lo que quiere el mundo moderno. «Sería malo que yo fuera un obispo de liquidación. La iglesia no es un barco que se hunde, simplemente está siendo reconstruida». Se entiende que esa reconstrucción es la que está llevando a cabo el camino sinodal alemán, cuyo objetivo reconocido es deshacer la moral (sobre todo la sexual) y la teología de la Iglesia para adaptarlas a los gustos e ideologías contemporáneos.
Como, obviamente, los resultados no son buenos, el cardenal Marx pidió comprensión y paciencia, explicando que la sinodalidad no era fácil de poner en práctica y que todavía existía una resistencia considerable en la Iglesia mundial.
En cualquier caso, el cardenal está convencido de que «vamos por buen camino» y de que «estamos de vuelta», porque la gente presta más atención a lo que la Iglesia tiene que decir y rechaza los «extremos radicales» (una nada velada alusión al partido Alternativa para Alemania (AfD)). A la luz de las recientes victorias electorales de la AfD, sin embargo, parece que los alemanes no han prestado suficiente atención a las durísimas críticas de los obispos germanos contra ese partido. Quizá sea porque aún no hemos avanzado lo bastante en la sinodalidad.








