(kath.net/InfoCatólica) Cinco décadas después de su muerte, el cardenal Štěpán Trochta (1905-1974), perseguido por el régimen comunista de Checoslovaquia, ha sido rehabilitado por completo por la justicia. El tribunal de distrito de Litoměřice, la diócesis de la que fue obispo desde 1947 hasta 1974, estableció el pasado jueves, en una resolución que ya es firme, que Trochta fue privado ilegalmente de su libertad desde el 19 de julio de 1950 hasta el 16 de enero de 1953. Durante todo ese tiempo, el obispo no pudo abandonar su residencia y permaneció sometido a una vigilancia permanente.
La condena dictada en el juicio político-espectáculo que vino después, y que llevó a Trochta a prisión durante siete años, ya había sido anulada durante la Primavera de Praga, en 1968. Sin embargo, aquella anulación no se extendió a los dos años y medio de internamiento que Trochta había sufrido antes del proceso, de modo que esa parte de la injusticia seguía sin reparar ante la ley.
Un mártir para los fieles
El arzobispo de Praga y administrador de la diócesis de Litoměřice, Stanislav Přibyl, se mostró satisfecho de que también la justicia del Estado haya reconocido por fin la injusticia, tras conocerse la sentencia. Entre los fieles, Trochta es considerado desde hace mucho tiempo un mártir, que posiblemente merezca también ser elevado a los altares, declaró Přibyl, según el portal eclesial Cirkev.cz.
El abogado al que el tribunal encomendó la representación de Trochta, Lubomír Müller, calificó la decisión de «satisfacción moral que pasará a la historia de la justicia checa». El procedimiento lo había promovido Jan Kratochvíl, director del Museo del Exilio Checo, Eslovaco y Rutenio de Brno. La documentación aportada al proceso prueba hasta qué punto llegaba el control del régimen: la vigilancia alcanzaba incluso el dormitorio del obispo, y durante algún tiempo un miembro de la Seguridad del Estado llegó a dormir allí mismo.
Perseguido por los nazis y por los comunistas
Trochta, miembro de la Congregación Salesiana, ya había sufrido una durísima persecución durante la ocupación nazi. Por sus contactos con la resistencia checa, la Gestapo lo detuvo en 1942 y lo deportó a los campos de concentración de Theresienstadt, Mauthausen y Dachau. Sobrevivió a duras penas a los campos, y salió de ellos con la salud gravemente quebrantada. En 1947, el Papa Pío XII lo nombró obispo de Litoměřice.
Tras la toma del poder por los comunistas en 1948, Trochta volvió a estar en el punto de mira de un régimen totalitario. Los historiadores lo cuentan entre el pequeño grupo de obispos checoslovacos que rechazaron con firmeza cualquier sometimiento de la Iglesia al Estado comunista. Incluso después de salir de la cárcel gracias a una amnistía en 1960, el régimen siguió sin permitirle ejercer su ministerio episcopal, y durante un tiempo el obispo tuvo que ganarse la vida trabajando como peón.
Cardenal in pectore
Solo la Primavera de Praga hizo posible que Trochta volviera a su sede episcopal. En 1968, el Tribunal Supremo anuló la sentencia política dictada contra él. Al año siguiente, el Papa Pablo VI (1963-1978) lo creó cardenal, primero en secreto, in pectore. En 1973 el Papa hizo pública también su incorporación al Colegio Cardenalicio.
Trochta estuvo hasta su muerte bajo la vigilancia y el acoso constantes de la Seguridad del Estado. Murió el 6 de abril de 1974, a los 69 años, poco después de una operación, como consecuencia de un derrame cerebral. Según distintos testimonios, la víspera de su muerte un funcionario de la oficina estatal comunista para asuntos eclesiásticos todavía lo interrogó durante horas.
Nada menos que el arzobispo de Cracovia, Karol Wojtyła, el futuro Papa San Juan Pablo II, le rindió el último homenaje en su funeral, junto al arzobispo de Viena, el cardenal Franz König (1905-2004), el cardenal Alfred Bengsch de Berlín (1921-1979) y varios miles de personas. Las autoridades, sin embargo, prohibieron a los cardenales concelebrar la Misa de Resurrección.








