(NCRegister/InfoCatólica) La Conferencia Episcopal de Estados Unidos ha condenado el anuncio del secretario de Defensa, Pete Hegseth, de que la ejecución militar de Nidal Hasan, autor de la matanza de Fort Hood, se retransmitirá en directo para que el público pueda verla. La decisión ha recibido también duras críticas del Arzobispado para los Servicios Militares de Estados Unidos.
«Con conmoción y gran tristeza me he enterado de la decisión del Departamento de Guerra de retransmitir públicamente en directo la ejecución de Nidal Hasan», afirmó el arzobispo Paul Coakley, presidente de la Conferencia Episcopal, en un comunicado del 9 de octubre.
«Nuestro Dios es el Dios de la vida», añadió. «Las acciones de Hasan no pueden justificarse en modo alguno, pero esta decisión es una promoción bárbara de la cultura de la muerte y debe reconsiderarse».
Mons. Coakley citó la Carta a los Romanos, capítulo 12, versículo 17, que manda: «No devolváis a nadie mal por mal».
«La ejecución pública, incluso de alguien que ha causado un daño grave, solo servirá para socavar aún más el tejido moral de nuestra nación y será una mancha en la conciencia de su pueblo», advirtió el arzobispo. «Pido la intercesión de Nuestra Señora del Buen Consejo para que, como nación, elijamos siempre la vida, incluso en los tiempos y las circunstancias más difíciles».
La matanza de Fort Hood
Hasan, natural de Arlington (Virginia), fue condenado por asesinar a trece personas y herir a otras treinta y dos en un tiroteo masivo en Fort Hood, en Killeen (Texas), el 5 de noviembre de 2009, cuando trabajaba como psiquiatra del Ejército. Según los testigos, gritó «Allahu Akbar» justo antes de abrir fuego. Había mantenido comunicaciones por correo electrónico con Anwar al-Awlaki, un reclutador de Al Qaeda nacido en Estados Unidos.
El 2 de octubre, el presidente Donald Trump aprobó la ejecución militar de Hasan por fusilamiento, prevista para el 3 de diciembre a la una de la tarde en Fort Hood. El 8 de octubre, Hegseth dijo en una entrevista con un medio de comunicación que la ejecución se retransmitiría en directo, y después reafirmó ese plan en las redes sociales.
El arzobispo castrense: la Iglesia pide clemencia
Tanto el anuncio de la ejecución como el de su retransmisión fueron criticados también por el Arzobispado para los Servicios Militares. En unas declaraciones a EWTN News, el arzobispo Timothy Broglio reafirmó la oposición de la Iglesia católica a la pena de muerte.
«La enseñanza católica sobre la pena de muerte es clara», afirmó Mons. Broglio. «Ya el Catecismo de la Iglesia Católica, incluso antes de su revisión por el difunto Papa Francisco, indicaba que en un país como Estados Unidos, donde existen medios para proteger a la sociedad de esos criminales, la pena de muerte era inadmisible».
El arzobispo añadió que ahora «la enseñanza es aún más clara y más universal», y citó el número 2267 del Catecismo: «Por tanto la Iglesia enseña, a la luz del Evangelio, que la pena de muerte es inadmisible, porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona, y se compromete con determinación a su abolición en todo el mundo».
«Incluso en el caso de los crímenes más atroces, la Iglesia suplica clemencia», concluyó Mons. Broglio.
Un grotesco despliegue de odio
La Catholic Mobilizing Network, que colabora estrechamente con la Conferencia Episcopal en la lucha contra la pena de muerte, condenó tanto la decisión de ejecutar a Hasan como la de retransmitir su muerte.
«Más allá del hecho de que las ejecuciones no disuaden del delito ni aumentan la seguridad, es indignante que un cargo público intente presentarla como una sala de juegos retransmitida en directo», afirmó en un comunicado Krisanne Vaillancourt Murphy, directora ejecutiva de la organización.
«Ha pasado casi un siglo desde la última ejecución pública en nuestro país, y no debemos caer en el abismo de una práctica tan vengativa», añadió. «Socavamos nuestra propia humanidad cuando tratamos la muerte de otra persona como algo para mirar, celebrar o usar como entretenimiento. Recuerda a los horrores de los linchamientos del pasado de nuestra nación, y sería un grotesco despliegue de odio como el que se ve hoy en las ejecuciones públicas de algunos países autoritarios».
Murphy citó un discurso del Papa León XIV del 28 de septiembre, en el que afirmó que «la grandeza de una civilización no se mide por sus logros materiales, sino por el modo en que cuida, protege y sostiene a la persona humana».
La directora advirtió de que con cada ejecución «violamos la dignidad humana», «porque toda persona está creada a imagen de Dios». Y señaló que «la Iglesia nos enseña a no buscar una retribución cruel, sino una justicia que pida cuentas a las personas sin perpetuar el ciclo de la muerte».
«Lo que el señor Hasan hizo en Fort Hood en 2009 no debe justificarse en modo alguno», dijo. «Infligió un dolor horrible y causó un trauma aterrador. Pero no debemos dejarnos cegar por la sed de sangre. El espectáculo macabro que propone el secretario Hegseth no es lo que nuestro Señor nos pide: ni honrará a las víctimas ni traerá sanación».








