(InfoCatólica) Una joven liberada tras dos años y medio de posesión el mismo día en que la Iglesia celebraba a San Pío de Pietrelcina, una piedra de consagración que se partió en un templo sudamericano mientras en Italia se rezaban los exorcismos, y el canto gregoriano como aliado del ministerio. Son algunos de los casos y reflexiones del XV Congreso Nacional Italiano de la Asociación Internacional de Exorcistas (AIE), celebrado del 21 al 25 de septiembre en la casa de congresos «Fraterna Domus» de Sacrofano, cerca de Roma.
El encuentro, que tiene lugar cada dos años y se alterna con el congreso internacional, reunió a unos 120 participantes entre sacerdotes exorcistas y auxiliares de exorcistas. Según el comunicado de prensa difundido por la asociación, esta edición dedicó una atención particular a la experiencia pastoral de los sacerdotes.
Abrió los trabajos Mons. Karel Orlita, presidente de la AIE, que recordó que la asociación existe y trabaja al servicio de la Iglesia. Su labor consiste en sostener a los exorcistas en su formación inicial y permanente, en el discernimiento, en el uso del ritual vigente y en el acompañamiento de quienes sufren una acción particular del maligno, para que recuperen «libertad, dignidad, esperanza y plena pertenencia a la comunidad cristiana, en cuyo centro está Cristo, el Señor que libera».
Tres casos de liberación
Fray Benigno Palilla, exorcista de la archidiócesis de Palermo, presentó el caso de una joven poseída que fue liberada después de dos años y medio. El comunicado describe su sufrimiento como frecuente entre las generaciones jóvenes y lo atribuye a menudo al alejamiento de los sacramentos, al ateísmo, a las sesiones espiritistas y a las prácticas ocultistas. Sus tribulaciones habían alimentado una profunda agresividad en el trato con los demás y un odio a sí misma que llegó a los pensamientos suicidas. La liberación definitiva se produjo en la memoria litúrgica de San Pío de Pietrelcina, y su corazón quedó envuelto en una gran paz interior después de hacer «don total de su vida a Dios».
Don Angelo Barra, exorcista ad actum de la diócesis de Salerno, relató la historia de una joven víctima de abusos en el ámbito familiar. Al volver de un viaje empezó a sufrir fuertes dolores físicos, que se agudizaban durante la Misa. La simple lectura por parte del sacerdote de pasajes del capítulo 16 de los Hechos de los Apóstoles «manifestó la acción extraordinaria del demonio, desencadenando en ella un terremoto interior». Las bendiciones y el apoyo orante de dos comunidades católicas de África llevaron a su liberación, y salió a la luz que una secta la había sometido a una consagración ritual en el lugar que había visitado.
El P. Michele Tenzon, que fue exorcista de la diócesis de Sanremo-Ventimiglia, expuso el caso de una mujer sudamericana ofrecida a los espíritus por sus familiares. Cuando se trasladó a Italia abandonó el culto espiritista, y de inmediato sufrió un hundimiento económico, fracasos personales y fuertes vejaciones físicas. Su consagración se renovaba sobre una piedra guardada en un templo de Sudamérica, que, según el comunicado, se partió al otro lado del océano en el curso de los exorcismos y después de la orden dada por el sacerdote. Tenzon subrayó la importancia de una vida cristiana auténtica, de la formación continua y de la implicación orante de la Virgen en la práctica exorcista.
Un oficio eclesiástico
El P. Piermario Burgo, coordinador de la secretaría de lengua italiana de la AIE, explicó que el exorcistado nunca es un encargo informal, sino un oficio eclesiástico y una función pastoral específica en la vida de la diócesis, en virtud de una licencia del obispo. Por eso son imprescindibles tanto el consentimiento de la autoridad eclesiástica como el de la persona que sufre. Burgo añadió que el exorcismo es expresión tangible de la misión salvífica de Jesús y una forma en que la Iglesia manifiesta su caridad hacia los atormentados por el demonio.
En la Misa que cerró la primera jornada, el Cardenal Baldo Reina, vicario del Papa León XIV para la diócesis de Roma, habló del exorcistado como un ministerio que envuelve tanto la vida del sacerdote como la de quien es atribulado por el maligno, de modo que el exorcista se convierte para los que sufren en instrumento de la misericordia liberadora de Dios que él mismo ha recibido. Días después, Mons. Andrea Bruno Mazzoccato, arzobispo emérito de Udine, recordó a partir del Qohélet que la criatura humana es frágil, pero que Dios y el demonio se interesan por ella, porque el primero la ha hecho su templo santo y el segundo quiere destruirla.
Música sacra y la Virgen María
Don Giuseppe Grassi, exorcista y director de la Oficina de Música Sacra de la archidiócesis de Brindisi-Ostuni, sostuvo que la música y el canto sacros están profundamente ligados a las alturas del ministerio angélico y por eso pueden emplearse con provecho en el exorcismo. «Cuanto más sagrada es la música, tanto más estará unida a la acción litúrgica, en cuanto prefiguración de la liturgia en la Jerusalén celeste», desde los salmos y el gregoriano hasta los cantos populares en honor de la Virgen.
El mariólogo P. Salvatore Perrella, de los Siervos de María y antiguo decano de la Pontificia Facultad Teológica «Marianum», examinó la figura de la Virgen según los Evangelios y el Magisterio. Recordó las palabras de San Pablo VI, «la Iglesia es mariana», y la invocación de San Francisco de Asís, Virgo Ecclesia facta. María, concluyó, es frente al diablo «la mujer agónica por excelencia, aliada y escudo para los exorcistas y para cuantos sufren tribulación».
Diez años sin el P. Amorth
El congreso recordó al P. Gabriele Amorth, fundador de la AIE, en el décimo aniversario de su muerte. El P. Francesco Bamonte, vicepresidente de la asociación, evocó su colaboración con el Siervo de Dios P. Candido Amantini, exorcista de la Scala Santa, junto al cual Amorth comprendió que al nuevo exorcista no le bastaban el nombramiento del obispo y la entrega del Ritual, porque seguía siendo «como un cirujano sin experiencia». De ahí nacieron los congresos, cursos y encuentros de formación de la asociación.
Don Aldo Buonaiuto, exorcista de la diócesis de Roma y responsable del Servicio Antisectas de la Comunidad Papa Juan XXIII, repasó las advertencias de Amorth sobre las conductas que exponen a la acción extraordinaria del maligno, desde la fascinación por lo preternatural hasta la ambición personal. Don Marcello Lanza, de la diócesis de Acerra, destacó el componente místico de su vida, entendido como conformación con Cristo, porque «si el ministerio está unido místicamente al Libertador que es Cristo, el diablo sale aún más derrotado».
Cerraron los trabajos el jesuita P. Mario Imperatori, que analizó desde una perspectiva teológica la finalidad ocultista de los abusos denunciados en el documental Les survivantes, y la criminóloga Beatrice Ugolini, del GRIS, que abordó las razones rituales de la violencia en el ocultismo y advirtió de que el mundo juvenil se ve con frecuencia atraído por él.








