(LifeNews/InfoCatólica) El Tribunal Supremo de Estados Unidos se negó el martes a intervenir en el caso de McKenna West, la madre de alquiler de Alaska que rehusó abortar al niño que llevaba en su seno cuando se le diagnosticó una grave malformación cardíaca, y que después luchó por tener voz en los cuidados médicos del pequeño.
La jueza Elena Kagan denegó sin explicación alguna la petición urgente presentada por West.
La orden deja en pie una sentencia de California que reconoce como padres legales a Nausheen Gilkar y Omar Ahmed, la pareja que encargó la gestación, del niño que West dio a luz en Dallas el 12 de agosto.
El Supremo de Texas autoriza el traslado a California
Un día antes, el lunes, el Tribunal Supremo de Texas había rechazado la petición de McKenna West de conservar la custodia del niño que alumbró en ese estado, y permitió que los padres biológicos del bebé Gabriel lo trasladaran a California para continuar el tratamiento cardíaco.
El niño, de un mes de vida, al que sus padres biológicos llaman Rumi, nació el 12 de agosto en Dallas gestado en un vientre de alquiler. Los médicos le diagnosticaron en abril, cuando aún estaba en el seno materno, un corazón subdesarrollado que impide la circulación normal de la sangre.
El pequeño ha sido atendido en el Hospital Infantil de Dallas, donde ya ha sido operado una vez, y se espera que necesite nuevas intervenciones.
West, que reside en Alaska, viajó a Texas después del parto y solicitó la tutela exclusiva del niño para poder decidir sobre sus tratamientos médicos. Acusó a los padres comitentes de haberla presionado para que matara a Gabriel mediante un aborto una vez descubierta la cardiopatía.
Según las crónicas del litigio, la pareja llegó a plantearse pedir a West que abortara al niño tras el diagnóstico, pero ahora asegura estar comprometida con el cuidado del niño. Sus abogados afirmaron que los cuidados paliativos terminales no forman parte del plan médico del bebé.
«Mantener con vida al niño, médicamente frágil, es la preocupación primordial en este asunto urgente», señaló el Supremo texano. El tribunal se apoyó en el testimonio del médico del niño en Texas, según el cual un traslado de UCI a UCI a un hospital de Los Ángeles era lo mejor para el pequeño con el fin de preservar su vida el mayor tiempo posible. El facultativo advirtió de que retrasar el traslado daría lugar a un «tratamiento mucho más complicado».
La tutora procesal del menor, Susan Duesler, recomendó trasladar al bebé a Los Ángeles para las operaciones pendientes. Según los abogados de los padres, Duesler declaró que estos «han seguido al pie de la letra las recomendaciones de los médicos» y que los facultativos no tienen, «de forma inequívoca, ninguna» preocupación sobre sus decisiones médicas.
Gilkar y Ahmed, que viven en la zona de Los Ángeles, recurrieron a un vientre de alquiler después de que Gilkar se sometiera sin éxito a ocho ciclos de fecundación in vitro y a una histerectomía. La pareja ha ganado los litigios de custodia relacionados en California, Alaska y Texas. El procedimiento ante el tribunal de primera instancia de Dallas es secreto.
El abogado de los padres, Lee Budner, declaró: «Mientras McKenna West ha estado haciendo una gira de publicidad, los padres de Rumi han estado cuidando discretamente de su hijo y siguiendo las recomendaciones de su equipo médico».
Amenazada por negarse a abortar
Según el escrito presentado ante el Tribunal Supremo, West comunicó a la agencia de vientres de alquiler que no podía abortar a «este precioso bebé» después de haberle sentido moverse y de saber que existía tratamiento. Se ofreció a criar ella misma al niño o a buscarle una familia adoptiva si la pareja ya no lo quería, y a liberar a los padres comitentes de cualquier obligación económica posterior.
Sus abogados sostienen que entonces le advirtieron de que no matar al niño podía exponerla a penalizaciones superiores a los 250.000 dólares. Cuando se negó, la pareja dejó de pagarle y más tarde la demandó por más de 100.000 dólares por haber dado a luz al bebé en lugar de abortarlo.
«Las amenazas acabaron haciéndose realidad», escribió West. «Pero ninguna amenaza ni ninguna cantidad de dinero pudo quebrar mi convicción de que este bebé tenía una oportunidad real de vivir una vida plena, y no podía participar en matarlo y privarlo de esa oportunidad».
Una inyección para detener su corazón
En una sala de un tribunal de Dallas, en agosto, West describió el aborto al que se negó a someterse. «Habría sido un procedimiento de dos días... le habrían inyectado en el corazón una solución para detenerlo», explicó entre lágrimas. Contó que el cuerpo del niño habría sido extraído dos días después. «Era aterrador».
«Sabía que quería protegerlo y sabía que merecía ser protegido», declaró. «Sabía que merecía ser protegido y que merecía una oportunidad».
West, madre de dos hijos, ha afirmado que el bebé «tenía muchas posibilidades de sobrevivir si se le daba la oportunidad de recibir el tratamiento necesario». Como enfermera cardiológica, ha explicado que la reparación habitual consiste en tres cirugías escalonadas, comenzando por la intervención de Norwood, un tratamiento que, según dijo, «da a los niños grandes posibilidades de llegar a vivir una vida plena».
«Ninguna mujer debería ser obligada a matar al bebé que lleva dentro. Y lo más importante, todo niño merece una oportunidad de vivir», escribió.
El fiscal general de Texas, Ken Paxton, obtuvo antes del parto una orden de emergencia que obligaba al hospital a prestar al bebé los cuidados necesarios para salvarle la vida y prohibía sacarlo del estado. El niño fue sometido el 17 de agosto a la intervención de Norwood, la primera de las tres operaciones a corazón abierto previstas. Su estado empeoró después y tuvo que ser intubado de nuevo.








