Los milagros de Jesús no son parábolas de solidaridad: cuando la teología naturalista vacía el Evangelio
Milagro de la multiplicación de los panes y los peces / San Apolinar | © FUE

Los milagros de Jesús como metáforas morales conduce a negar la Resurrección

Los milagros de Jesús no son parábolas de solidaridad: cuando la teología naturalista vacía el Evangelio

¿Qué queda de la fe si los milagros de Jesús se reducen a parábolas de solidaridad? Rüdiger Plantiko examina la pendiente que lleva del naturalismo en el púlpito a un Cristo fabricado a medida.

(InfoCatólica) El domingo pasado tocaba el evangelio del milagro de la multiplicación de los panes y los peces. Como todos los años se va convirtiendo en costumbre la desnaturalización, o mejor dicho, naturalización del relato de los Evangelios, convirtiéndose en un campo de batalla teológico.

No por lo que dice, sino por lo que ciertos predicadores se empeñan en que no diga. Donde los cuatro evangelistas narran un milagro, un prodigio, una corriente tenaz de la predicación contemporánea prefiere ver una lección de convivencia: el verdadero milagro, aseguran, fue que la multitud compartió sus provisiones. El problema es que esa lectura exige ignorar lo que el texto afirma.

Rüdiger Plantiko, doctor y articulista del medio alemán Corrigenda, examina en un extenso artículo las consecuencias de esta reinterpretación naturalista de los milagros de Jesús, y advierte de que quien los elimina del Evangelio acaba, por coherencia, eliminando también la Resurrección, fundamento mismo de la fe cristiana.

Eisegesis: leer en el texto lo que no está

Plantiko señala que la tendencia a rebajar los milagros de Cristo a anécdotas morales no es nueva, pero sigue viva en los púlpitos. Cuando el leccionario propone los relatos de la multiplicación de los panes (la alimentación de los cinco mil, recogida en Mt 14,13-21, Mc 6,30-44, Lc 9,10-17 y Jn 6,1-15, y la de los cuatro mil, en Mt 15,29-16,12 y Mc 8,1-10), no faltan homilías que sustituyen el prodigio por un «milagro del compartir».

El autor subraya que esta lectura contradice frontalmente el texto: en los relatos evangélicos, Jesús mismo hace indagar a los discípulos qué alimentos hay disponibles, toma la escasa cantidad de panes y peces, los distribuye personalmente y sacia a toda la multitud, sobrando aún cestos de comida. Presentar el episodio como un acto colectivo de generosidad espontánea supone, sostiene Plantiko, practicar Eisegese (lectura proyectiva) en lugar de exégesis: se proyectan sobre el texto convicciones previas, como el prejuicio naturalista de que los milagros son imposibles, y se obliga a los evangelistas a decir lo contrario de lo que escribieron.

La tentación de la mundanidad pastoral

¿Por qué predicadores ordenados recurren a estas reinterpretaciones? Plantiko lo atribuye a un impulso pastoral mal orientado: el deseo de «ir a buscar a la gente donde está» y presentar un mensaje que coincida con los valores del público. Sacerdotes formados en el clima cultural del 68, argumenta, siguen dirigiéndose a un interlocutor que ya no existe: el joven idealista, marxista y racionalista para quien la religión era «opio del pueblo» y de la fe solo cabía rescatar la exhortación a «ser buenos los unos con los otros».

El análisis conecta esta actitud con una deriva del aggiornamento tan popular en los 70. La intención conciliar de hacer comprensible la fe en un mundo transformado, explica Plantiko, degeneró en algunos casos en pura adaptación mundana. Sacerdotes que predican en formato rap o entran al templo en monopatín son, a su juicio, «figuras lamentables en un triste intento de congraciarse» con personas de las que tienen una imagen equivocada. Si el mensaje se reduce a «soy como vosotros», la respuesta lógica es: «Si eres como nosotros, no te necesitamos».

Plantiko recuerda la advertencia de san Pablo: «Nolite conformari huic saeculo» (Rm 12,2). Cuando la sal se vuelve sosa, ya no sirve para nada.

El milagro apunta más allá del mundo

Frente al optimismo progresista que daba por superada la religión, el autor constata que la experiencia histórica ha revelado constantes antropológicas que ningún proyecto social puede abolir. La visión puramente inmanente de la existencia, sostiene, conduce a lo que describe como «la cruz de la cotidianidad»: un horizonte donde todo resulta indiferente y, en última instancia, carente de sentido.

Es precisamente en ese contexto, argumenta Plantiko, donde el milagro recupera su fuerza. Por definición, el milagro rompe la regularidad observable del mundo. Citando al filósofo de la religión Daniel von Wachter, el autor recuerda que el avance del conocimiento científico no cierra la puerta a lo milagroso: los milagros no pueden excluirse categóricamente. Su valor, sin embargo, no reside en la ruptura del orden natural en sí misma, sino en aquello a lo que apunta: Dios, creador del universo, que está por encima de las leyes que ha impreso en su creación.

Sin Resurrección, la fe es vana

Los relatos de milagros de los sinópticos, subraya Plantiko, muestran la divinidad de Jesús y su señorío sobre los elementos, la enfermedad y la muerte. El crescendo culmina en la resurrección de Lázaro, tras la cual Jesús permite voluntariamente su pasión y muerte, superadas finalmente por el mayor de todos los prodigios: su Resurrección corporal.

El autor recoge la argumentación de san Pablo a los corintios (1 Cor 15,14-19): si Cristo no ha resucitado, la predicación apostólica es vacía, la fe carece de sentido, el Nuevo Testamento difundiría enseñanzas falsas sobre Dios, los creyentes seguirían bajo el dominio del pecado, los muertos en Cristo estarían perdidos y los cristianos serían «los más dignos de lástima entre todos los hombres».

La conclusión es directa: quien elimina los milagros del Evangelio terminará, por coherencia lógica, eliminando también la Resurrección. Y sin ella, advierte Plantiko, el camino queda libre para fabricar un Cristo a medida de las propias preferencias ideológicas.

Un Cristo a la carta

Como ejemplo histórico de esa domesticación, el análisis cita al escritor Heinrich Heine, que elogió a Jesús como «aquel bello joven» que «abrazó al mundo con amor infinito» para predicar «el evangelio de la libertad, la igualdad y la fraternidad». Plantiko observa dos operaciones en esta descripción: la omisión deliberada de la Resurrección (Jesús es solo «un dios moribundo») y la identificación total del Evangelio con los ideales de la Revolución Francesa. El resultado es un Jesús puramente humano que, por feliz coincidencia, defiende exactamente los valores que su admirador ya profesaba.

Frente a esta reducción, Plantiko concluye que en el centro de la fe cristiana no hay un principio moral más o menos evidente, sino Cristo, el Dios hecho hombre, alfa y omega, Señor del mundo y de todos los tiempos, que «hace nuevas todas las cosas» (Ap 21,5) y cuya nueva creación ha comenzado ya con la formación de su cuerpo resucitado. Leer los milagros del Evangelio a la luz de este misterio es, sostiene, lo que convierte la Palabra de Dios en auténtico alimento del alma «en un mundo donde los desiertos espirituales crecen por todas partes».

16 comentarios

Margarita
El Señor acreciente nuestra fe, esperanza y caridad, para la misión que nos corresponde
6/08/26 8:05 PM
Anónimo
Negar la realidad de los milagros es no dejar a Dios ser Dios.

Básicamente es reducir a Dios a nuestras limitaciones. Si yo no puedo multiplicar los panes y los peces Dios tampoco
6/08/26 8:15 PM
JSP
1. Al modernista no le gusta la sobrenaturalidad del milagro, prefiere el naturalismo que controla con la teología del pueblo, de liberación, rahneriana, sinodal.
2. Como la Gracia, un don sobrenatural real de Dios, concedido por Él al alma, que queda agraciada. Es una acción divina por la que el Espíritu Santo transforma al hombre, lo justifica, lo santifica y lo mueve a obrar el bien.
3. Para el Modernismo, condenado por San Pío X en Pascendi Dominici Gregis (1907), interpreta la religión como algo que nace principalmente de la experiencia religiosa subjetiva. De la reducción a una vivencia interior o a una toma de conciencia de lo divino. De ahí que, el Modernismo niegue el milagro, porque tiene que ser experimentado/vivido por los 4 ó 5 mil: compartir.
4. Pero, el Milagro y la Gracia es una intervención sobrenatural objetiva de Dios que interviene en la historia humana. Y en la Autorevelación, en la Entrada en la historia humana, Encarnación, el Milagro es la forma de demostrar que Jesús es el Hijo de Dios vivo, y es Testimonio objetivo y Prueba racional de nuestra fe católica para que creamos porque si.
6/08/26 9:15 PM
Jose Luis
Quedarse bajo la cruz de una Iglesia que parece crucificada como su Señor por los mismos elegidos es quizás la prueba más amarga y vertiginosa de la vida fe. Ver que el golpe no viene de los perseguidores de fuera, sino de las manos consagradas para alimentar la vida divina y que ahora administran su muerte inmanente, coloca al creyente en el mismo desconcierto del Calvario. Es la paradoja suprema: los guardianes del templo entregando el Cuerpo a la desacralización, repitiendo en los miembros de la Iglesia la misma pasión que sufrió la Cabeza a manos del Sanedrín.

Ante esta crucifixión interior, la tentación de la deserción es constante y adopta múltiples formas para salvar la cordura. Se puede caer en el repliegue esenio, huyendo hacia el desierto de los puros para constituirse en árbitro solitario de la fe sobre las ruinas de la institución visible. Cabe también la tentación del desencanto que vivieron los discípulos de Emaús, alejándose mientras se repite con tristeza aquello de «nosotros esperábamos que...», hasta terminar regresando al escepticismo profano. O bien aparece la tentación de la pesca en Galilea, pretendiendo que nada ha ocurrido y ahogando la memoria del misterio en la rutina del trabajo de siempre.

Sin embargo, permanecer junto al lecho de esta crucifixión exige una disposición interior que la mentalidad moderna, volcada en la gestión y en la resolución de problemas, difícilmente puede comprender. Significa asumir que hay momentos en la histor
6/08/26 9:52 PM
Norberto
Así, dejan,quienes predican lo que señala Plantiko, el camino preparado a las sectas que proponen "lo verdaderamente sagrado": neognósticos, antroposóficos,y otros de peor calaña. Véase Aleister Crowley y demás promotores del "fracaso de la religión oficial ". Lo peor es que quienes predican lo que se refuta en el artículo se lo creen, no es "vana palabrería ", lo creen, y, por desgracia, no tardarán en sumergirse en las profundas aguas de las crisis de fe con las consecuencias ya conocidas.
6/08/26 10:34 PM
Carmen L
Qué se puede esperar si el último y el actual papá, han caído en ello?
7/08/26 1:29 AM
Abi
Justamente este domingo fuimos a Misa a otro lugar del que acostumbramos. El sacerdote dijo que "leyó en algún lado" que EN REALIDAD lo que sucedió fue que la gente no salía sin provisiones, y cuando vieron que los discípulos ponían lo poco que tenían para compartir, todos comenzaron a ofrecer lo que tenían, y por eso sobró tanto. Así, ocurrió un milagro más grande, que fue abrir el corazón y ser generosos con los que tenían al lado.

Tal cual lo que leo en esta noticia, una tristeza que se esté enseñando semejantes cosas a nuestra gente. Y, como dijo mi esposo, disfrazado de cosas buenas como "compartir" y la "generosidad"
7/08/26 3:45 AM
Juanjo
Hubo un obispo que negaba “la multiplicación” con el peregrino argumento de que en los textos evangélicos no aparece literalmente la palabra “multiplicación”…
7/08/26 7:40 AM
Seletotsira
Paradógicamente, este relato modernista, también se a multiplicado.
7/08/26 9:11 AM
Francisco Javier
El milagro es que dónde esten esos quienes niegan los milagros se quedan dia a dia sin seguidores mas que cabezas canosas que asisten por constumbre, sin fe, sin vocaciones camino a desaparecer.
7/08/26 10:30 AM
FernandoXXV
El artículo se queda bastante corto.

No solo se acaba negando la resurrección (más bien resurrección corporal, dado que los teologos de la liberación la siguen necesitando para preservar su ideal de justicia) sino que se niega cualquier intervencionismo directo que rompa las leyes naturales del cosmos y por eso se niega también la oración de petición, la encarnación (siguen llamando a Jesucristo Dios, pero es porque para ellos todos somos Dios, pues son panteistas o panenteistas), la eucaristía (Dios no está más en ella que en la colilla de un cigarrillo como diría Leonardo Boff).

También se niegan los dogmas marianos vistos como una proyección del ideal de la Madre, atributos arrancados de un Dios patriarcal que deben devolverse a este. La confesión es una sala de tortura del superyo freudiano y el bautismo es inutil dado que Dios ya está dándose y actuando siempre y este no borra el pecado original dado que no existe al igual que el pecado personal (excepto el social, que es lo único que importa). El matrimonio también debería reinterpretarse a la luz de los dogmas feministas.

La sagrada escritura tampoco es sagrada desde que llegó la exégesis bíblica, que como muy bien explica el artículo, solo ha servido para que cada uno se haga su propia interpretación y teología a lo protestante. La Iglesia debe desmantelarse y convertirse en una democracia, pero una democracia de consagrados, a los laicos que les den, excepto los que sean de la misma cuerda y sir
7/08/26 10:33 AM
Stultorum numerus...
Es probable que la estupidez de negar el milagro de la multiplicación de los panes se haya generalizado con la infiltración del marxismo en el clero en el '68 y que aún persevere gracias a los vetustos progresaurios y a los neomodernistas, pero el autor no seniala al autor de esa "hermeneutica", que es anterior a la crisis modernista y que lleva ya dos siglos de propagación en Alemania gracias al protestantismo liberal: David Fredich Strauss (1808-1874), el padre del racionalismo bíblico y el "papito espiritual" de R. Bultmann y de los "adolfitos sinodales alemanes". Fue él quien inventó la "desmitologización" de los milagros: cada milagro sería un "mito", una doctrina filosófica a descubrir, en este caso el "compartir". Contra ello no deja ser significativo el "milagro de la multiplicación del arroz" durante horas, obrado con un puniado de arroz para los pobres por la intercesión de san Juan Macías, que fue aprobado para su canonización por san Juan XXIII y por san Pablo VI, y que merecería un artículo bien documentado de Infocatólica!
7/08/26 11:30 AM
Jose Luis
Llevamos décadas constatando cómo la deriva se profundiza hace que cambie el sentido del propio dolor, lo cual permite pasar de la pretensión de una reforma humana hacia el ejercicio de la más pura fidelidad. Dado que la corriente supera las fuerzas individuales, la resistencia pasa a ser una ofrenda interior, deja de esperar un cambio externo para centrarse en sostener la verdad, asegurando así que la Verdad conserve su testimonio en el lugar preciso donde Dios te ha situado.
Esta actitud exige permanecer al modo de san Juan y las mujeres al pie de la Cruz, quienes, mientras acompañaban el cuerpo doliente de Cristo sin pretender discutir con el Sanedrín ni evitar la ejecución, ofrecían una presencia abnegada. Al asumir la vocación del «Resto» bíblico, que custodia el ascua sagrada a lo largo de la noche en que la acomodación mundana prevalece, el creyente permanece fiel a los sacramentos y ama el misterio por encima de la fragilidad del instrumento.
De este modo, la indignación pasa a una constante oración de reparación, la respuesta frente a un sacerdocio que olvida su origen consiste en sostener una fidelidad crucificada, convirtiéndose en el espacio donde el Evangelio continúa siendo acogido en su integridad y en su escándalo milagroso mientras se asiste a la agonía de la Iglesia.
7/08/26 12:29 PM
Archie
Muy oportuno el tema del hilo: Abominable este naturalismo antidiós que deja a Jesús a la altura de un telepredicador al uso. Él es Dios y punto final y las leyes de la Física son tan creación Suya como los objetos sobre los que recaen y el negar esto es tan absurdo como negar a Dios. El argumento supremo sobre sus milagros lo dio el mismo Jesús (Juan, 15): "Si yo no hubiese hecho entre ellos obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; pero ahora han visto y han aborrecido a mí y a mi Padre." Pretender el absurdo de que 5.000 tíos de la época llevaban encima provisiones para repartir (¿en taper???), sólo para negar un milagro de Cristo es satánico, lo diga uno con simple estola, con capelo o incluso con tiara, aparte de un insulto a la lógica más elemental.
7/08/26 12:38 PM
Carmen
La progresía es tan disparatada y novedosamente chillona, que inventó un nuevo uso del verbo 'compartir', que usado como sustantivo queda ridículo.
Para eso el español tiene otras palabras, almuerzo, merienda, fiesta.
7/08/26 1:25 PM
Miguel Á. Parra
Así es, José Luis. Gracias por expresarlo tan bien:
...Permanecer al modo de san Juan y las mujeres al pie de la Cruz, sin pretender discutir con el Sanedrín ni evitar la ejecución....Transformar la indignación en una constante oración de reparación... Sostener una fidelidad crucificada, convirtiéndose en el espacio donde el Evangelio continúa siendo acogido en su integridad y en su escándalo milagroso mientras se asiste a la agonía de la Iglesia.
7/08/26 3:51 PM

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