(Katholisch.de/InfoCatólica) El cardenal Gerhard Ludwig Müller, ex prefecto del dicasterio vaticano encargado de la doctrina de la fe, ha explicado por qué el reciente consistorio extraordinario celebrado en Roma con el Papa León XIV no abordó la liturgia anterior al Concilio, a pesar de que en los días previos se había hablado mucho de esa posibilidad.
Según relató Müller, el tema de la liturgia figuraba entre las opciones que podían proponerse para el encuentro, pero finalmente no fue el elegido por los cardenales. En una entrevista concedida al canal EWTN, el purpurado afirmó que el motivo principal fue la limitación de tiempo y la decisión de concentrarse en lo que consideraron cuestiones más apremiantes para la Iglesia.
En ese sentido, Müller resumió la razón de fondo con estas palabras: «Dado que el tiempo era limitado, los cardenales prefirieron hablar de los grandes desafíos para la Iglesia y no tanto de aspectos internos». En su opinión, el debate litúrgico no fue considerado la cuestión más urgente del momento, precisamente por el contexto cultural y político en el que la Iglesia se ve obligada a anunciar a Cristo.
El cardenal describió ese contexto con una afirmación directa: «No es la cuestión central para la Iglesia hoy, porque vivimos en tiempos de secularización, de ateísmo y de algunos grandes sistemas políticos anticristianos». Con ese marco, justificó que el encuentro se orientara hacia asuntos de mayor alcance pastoral y eclesial.
Müller participó en las sesiones junto a alrededor de 170 cardenales, reunidos con el Papa León XIV durante el miércoles y el jueves para dialogar sobre los temas de misión y sinodalidad. Esos dos asuntos fueron, de acuerdo con la información ofrecida, los que se escogieron al inicio del encuentro por decisión de los propios cardenales. Otras propuestas —como tratar la relación entre la Curia romana y las Iglesias locales o debatir la forma tradicional de la Misa— no alcanzaron la mayoría necesaria para imponerse.
Aun así, el cardenal alemán manifestó su confianza en que el Pontífice podrá encauzar el asunto litúrgico con equilibrio. En concreto, expresó su convicción de que León XIV hallará una «buena solución para todos» cuando llegue el momento de afrontar las discusiones sobre la liturgia preconciliar.
En la entrevista, Müller también se detuvo en el tema de la sinodalidad, que sí fue central en el consistorio. Al respecto, subrayó que el Papa Francisco había rechazado repetidamente la idea de “democratizar” la Iglesia. A juicio del ex prefecto, una de las dificultades recientes ha sido la confusión entre realidades distintas dentro de la vida eclesial: «El problema fue la mezcla del Sínodo de los Obispos y la llamada “sinodalidad”».
Para Müller, es necesario distinguir con claridad entre el Sínodo de los Obispos y otras estructuras sinodales que puedan existir en diferentes niveles de la Iglesia. Al mismo tiempo, señaló que es evidente que cardenales y obispos deben colaborar con fieles no ordenados en el trabajo eclesial, sin que ello signifique alterar la naturaleza de la Iglesia ni su constitución jerárquica.
El purpurado insistió especialmente en que la sinodalidad no puede entenderse con categorías políticas propias de los Estados modernos. Lo expresó con una formulación tajante: «La sinodalidad no tiene nada que ver con un parlamento en un Estado democrático. La Iglesia no es un Estado, sino una asamblea de los fieles, un sacramento para la salvación del mundo en Jesucristo». Con esa afirmación, quiso subrayar que la comunión eclesial y el gobierno de la Iglesia no pueden reducirse a lógicas de votación o de disputa de poder, ajenas a la misión recibida de Cristo.
Müller criticó asimismo el modo de trabajo en pequeños grupos de mesa, formato que —según explicó— habría sido tomado de las dos fases de reuniones del Sínodo de los Obispos sobre la sinodalidad. Frente a ello, recordó la práctica clásica de los consistorios: tradicionalmente, los cardenales acuden con intervenciones preparadas para responder a una cuestión específica planteada por el Papa y las exponen ante todos.
En esta línea, el cardenal afirmó: «Creo que una gran parte de los cardenales desea volver a esta forma clásica». En su caso personal, añadió que también prefiere un intercambio inicial en sesión plenaria, con todos los participantes, y que solo al final se formen grupos pequeños para elaborar conclusiones.
Con estas declaraciones, Müller presentó el consistorio extraordinario como un momento de deliberación sobre asuntos amplios —misión y sinodalidad— en un tiempo que calificó como marcado por la secularización y el avance del ateísmo, y defendió que, ante esos retos, los cardenales optaron por posponer debates litúrgicos que, aun presentes en el horizonte, no obtuvieron prioridad en esta ocasión.








