InfoCatólica / Liturgia, fuente y culmen / Archivos para: Septiembre 2019

26.09.19

Gloria al Padre (y II - Respuestas XLVIII)

3. Al parecer, ya en el siglo IV se había extendido por todas partes la costumbre de terminar el canto de cada salmo con el «Gloria al Padre», costumbre ininterrumpida.

La Introducción General a la Liturgia de las Horas determina el uso del «Gloria al Padre». Esta doxología concluye la invocación inicial «Dios mío, ven en mi auxilio» (IGLH 41). Cada salmo y cada cántico concluye también con esta doxología (a no ser que expresamente se diga lo contrario, como ocurre con el Cántico de las criaturas de Dn 3): «al final de cada salmo se mantiene en vigor el concluir con el «Gloria al Padre» y «como era». Pues el Gloria es la conclusión adecuada que recomienda la tradición que da a la oración del Antiguo Testamento un sentido laudatorio, cristológico y trinitario» (IGLH 123).

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19.09.19

Gloria al Padre (I - Respuestas XLVII)

1. Muy especialmente en la Liturgia de las Horas, y en devociones tales como el rosario, una de las plegarias por las que participamos en la liturgia es el «Gloria». Se le llama «doxología menor» para diferenciarla de la «doxología mayor» que es el himno «Gloria a Dios en el cielo».

Ya desde muy antiguo, la Iglesia alabó así, brevemente, a la santísima Trinidad, nombrando a las Tres Personas y confesando que sólo a Dios se le debe la gloria, la alabanza, el honor y el poder. Así esta doxología es una alabanza y una confesión de fe al mismo tiempo: «Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo».

Las doxologías o alabanzas[1], que la Iglesia canta en su liturgia dependen de las del NT, y éstas, a su vez, guardan relación con las doxologías del Antiguo Testamento. En el NT hay una serie de doxologías dirigidas sólo al Padre; otras dirigidas al Padre por Cristo y algunas solamente a Jesucristo. Se entonan estas doxologías considerando los atributos de Dios, o las obras de su creación y sobre todo sus maravillas en la historia de la salvación y de la redención de los hombres.

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12.09.19

Nunc dimittis (Respuestas XLVI)

1. Ha llegado la noche, es el tiempo del descanso nocturno. Una jornada más ha transcurrido, ofrecida a la gloria de Dios, santificada. Ahora, brevemente, la Iglesia reza las Completas para encomendar a Dios el descanso de la noche: «Las Completas son la última oración del día, que se ha de hacer antes del descanso nocturno, aunque haya pasado ya la media noche» (IGLH 84).

2. Su breve estructura –examen de conciencia, himno, salmo, lectura breve y responsorio– realza más si cabe el cántico evangélico «Nunc dimittis», el cántico de Simeón al ver a Cristo en su Presentación en el Templo de Jerusalén. «Con el cántico podemos decir que culmina esta Hora» (IGLH 89).

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5.09.19

¿Alergia al incienso?

Es una nueva enfermedad muy difundida. Un brote que llegó a convertirse en epidemia, una patología que no salió en los medios de comunicación ni en revistas eclesiásticas: el incienso estorbaba en la liturgia y se fue reduciendo su uso hasta hacerlo casi desaparecer en muchas parroquias. No provocaba síntomas cutáneos ni se requerían mascarillas porque dificultara la respiración de los fieles y hubiera falta de ventilación en los templos católicos.

  La sintomatología era otra: molestaba en el alma. Creaba repulsión desde el momento en que se iba secularizando todo y la liturgia también. Generaba irritación a aquellos que concebían la liturgia en términos humanos, muy humanos, de “fiesta”, “comida”, “encuentro de hermanos”, etc., y toda esa cantinela. La sacralidad de la liturgia se la borraba de un plumazo. Y es que un incensario humeante en la iglesia es creador de un clima sagrado, ofreciendo a Dios todo honor y gloria.

  ¿No parece hora ya de superar esa secularización de la liturgia? ¿No es momento, por fin, de recuperar lo que crea devoción y sentido de lo sagrado en aquello que es sagrado por naturaleza, como lo es la liturgia? Pues un paso sencillo es recuperar el incienso.

    El incienso debería ser usado, con normalidad, en las solemnidades del año litúrgico y en las fiestas del titular (de la parroquia o del convento); pero, creo yo, se debería extender su uso a más domingos del año, comenzando por los domingos de la Santa Pascua hasta Pentecostés, en la Misa mayor de la parroquia (con canto y órgano) y/o en la Misa conventual. Se enriquecería sobremanera la vivencia espiritual de la liturgia siendo conscientes de que la liturgia glorifica a Dios y ése es su fin, junto al de la santificación de las almas.

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