Historia de la Reforma Litúrgica (VII): Ottaviani tenía razón

PABLO VI LE DIO LA RAZÓN AL CARDENAL OTTAVIANI EN SUS CRÍTICAS A LA PRIMERA EDICIÓN DEL “NOVUS ORDO”

No vale la pena recoger las piedras que se lanzaron contra el cardenal Ottaviani cuando se le ocurrió dirigirse por escrito al Papa en 1969, a raíz de la promulgación del Nuevo Misal, para pedirle con amor filial una reconsideración del mismo, sobre todo de algunos números concernientes a la “Ordenación general del Misal romano". Los medios de comunicación y no pocos eclesiásticos trataron a dicho cardenal como si se tratara del más encarnizado enemigo de la Santa Iglesia católica. Pero en realidad todo se explica sabiendo la ojeriza que le guardaban los que estaban siempre prontos a acoger cualquier novedad y a darla por buena, o mejor, por la sola razón de ser nueva.

Es un acto de justicia recordar los titulares de protesta y de rechifla contra el gran cardenal, aparecidos en uno de los rotativos de Madrid, a cuenta de uno de estos clérigos “progresistas” que acusaba a Ottaviani de haber dado al Papa el mayor disgusto de su vida. Y hasta revista tan oficiosa como nuestra Ecclesia dio cabida en sus páginas a una crónica de Roma que rezumaba ira y casi desprecio para el cardenal. Su toma de posición acerca del Nuevo Misal se presentaba como exponente máximo de la corriente mas “ultra” del grupo tradicionalista, en un intento de bloquear, “aunque con ninguna posibilidad de éxito, el lento y gradual impulso de reforma en la Iglesia", patrocinado por Pablo VI. Y se recogían juicios y apreciaciones acerca de la postura del cardenal que no miraban a otra cosa sino a dejarle en mal lugar frente al Papa, tachándole, cuando menos, de indiscreto y reaccionario.

No faltaron otros que a cara descubierta le dijeron “soberbio y desobediente". Tampoco faltaron los que señalaron su distinto comportamiento cuando se trató de intervenciones pontificias en otra línea más tradicional, v. gr., la de la Mysterium fidei, Sacerdotalis coelibatus, Catecismo Holandés y Humanae vitae, como si no pudiera estar justificada la distinta toma de posición de una misma persona sobre problemas diversos y hasta sobre distintas decisiones de una misma autoridad, cuando lo que se discute no es la autoridad, sino la oportunidad o el acierto de lo que se ordena, que por lo demás se esta dispuesto a acatar.

Sin embargo, Ottaviani no estaba solo: Aparte que su carta al Pontífice iba apoyada también por el cardenal Bacci, y un escrito adjunto de gran numero de teólogos de valía, otras muchas personalidades, de una forma u otra, expresaron también reservas o reparos. Sin ir más lejos, el mismo arzobispo de Madrid-Alcalá hizo, en una entrevista periodística, algunas puntualizaciones en este sentido. Y monseñor Guerra Campos, secretario del Episcopado español, en unas declaraciones concedidas al diario Ya, de Madrid, a raíz de la publicación en L’Osservatore Romano del comunicado de la Comisión de la Santa Sede, en que se apuntaba la posibilidad o conveniencia de corregir algunas redacciones del Nuevo Misal, vistos los reparos puestos por algunos, dijo entre otras cosas: La Ordenación o “Institución del Misal", no debe confundirse con el texto del Misal. Aquella son la instrucción y norma reguladora del uso de este. Generalmente no es doctrinal. De hecho, el mismo secretario de la Congregación, Bugnini, reafirmo que tal Ordenación no es un texto dogmático, sino mera y simple exposición de normas o ritos.

Pero lo que importa es saber ahora que, sin embargo, Ottaviani tenía razón, y no la tenían en absoluto los que arremetieron contra su escrito al Pontífice, metiéndose no solo con lo que en el se decía, sino también con quién lo decía y la intención con que lo decía. Sí, tenía razón y el Papa Pablo VI se dio cuenta: acogió la sustancia de las reservas de Ottaviani sobre el Nuevo Misal y exigió que en la nueva edición se hicieran los cambios necesarios.

Notaba nuestro obispo secretario que en la Ordenación había una veintena de números que innegablemente contenían materia doctrinal acerca de la Misa. Sobre todo los números 7 y 8. Y lo que ellos decían sería tornado por más de uno como síntesis doctrinal del misterio eucarístico. Y aunque era verdad que, bien leída, toda la Ordenación contenía recogida y dispersa a la vez toda la doctrina tradicional sobre la Misa, no obstante, había que reconocer que, si estos números (los 7 y 8 especialmente) se leían desligados de los demás, resultaban defectuosos, tanto por lo que tocaba al sentido de la memoria y presencia, como al carácter sacrificial de la santa Misa.

Si el equivoco hubiese sido buscado a propósito, no podría formularse mejor: era todo un monumento de ambigüedad. Y en aquella situación de la Iglesia era de temer la utilización parcial de estos textos, de buena o de mala fe; por ello la ocasión ofrecida a la ambigüedad era lamentable y no fácil de explicar. Palabras estas bien graves y significativas las del secretario de los obispos españoles, y que, desgraciadamente tuvieron, muy luego, comprobación práctica, pues protestantes hubo que dijeron poder hacer ya suya la doctrina católica sobre la Misa, y hasta decir “nuestra Misa", como un rito que valía para unos y otros.

Sobre dos puntos fundamentalmente recayeron las objeciones contra la Ordenación del Nuevo Misal: el de la doctrina acerca de la significación de la Misa, cuya definición o descripción, dada por el Nuevo Misal, no parecía fiel a la tradicional doctrina católica ni a lo definido por Trento; y el de lo que es y supone el sacerdote celebrante en orden a la celebración eucarística, tanto respecto a Cristo como respecto a la asamblea o pueblo. Quien conoce la fidelidad insobornable del cardenal Ottaviani a la tradición católica y sabe de la virtud personal que le adornaba (a la cual dedicaremos otro artículo), así como de la lealtad a toda prueba que tenía al Vicario de Cristo, en quien veía, como él mismo dijo, “la estrella salvadora que nos alumbra en esta noche que atraviesa la Iglesia”, comprenderá sin dificultad lo amargo que seria para él tener que dirigirse al Santo Padre para pedirle una reconsideración de la Ordenación del Nuevo Misal.

Este, sin decir herejías, parecía preferir el lenguaje de que gusta a la herejía al otro que se había elegido cuidadosa e intencionadamente a la hora del Concilio de Trento para cerrar de modo definitivo el paso a una inteligencia herética de la Misa. Las palabras textuales de la famosa carta dirigida a Pablo VI por Ottaviani decía textualmente: “… el nuevo Ordo Missae, si uno considera los elementos nuevos, susceptibles de muy diversas apreciaciones, que en él aparecen sobreentendidos o implicados, se aleja de manera impresionante, en el conjunto y en el detalle, de la teología católica de la santa Misa, tal como fue formulada en la sesión XX del Concilio de Trento, que fijó definitivamente los ‘cánones’ del rito, levantando una barrera infranqueable contra toda herejía que pudiera poner en peligro la integridad del Misterio.”

Y como prueba se referían al examen crítico que acompañaban, preparado por un grupo escogido de teólogos, los que comenzaban, en efecto, diciendo que el Nuevo Misal venia redactado de manera que “puede, en muchos puntos, contentar a los protestantes más modernistas". Y, puestos a señalar estos puntos, censuraban, en primer lugar, la definición de la Misa contenida en el n. 7 del Ordo, donde la palabra “Cena” jugaba con un exclusivismo o preponderancia sospechosos, sin que la presencia real, la realidad del sacrificio, la sacramentalidad del sacerdote (que mas que como presidente de la asamblea hay que ver como actuando en la persona y con la representación de Cristo mismo) y la identidad del sacrificio del altar con el sacrificio del Calvario que no venían debidamente expresados.

Como ya hemos dicho, Pablo VI prestó buena atención a las palabras de Ottaviani y las oportunas correcciones fueron hechas en la segunda edición típica vaticana del Novus Ordo, destacándose debidamente todos esos elementos antes en baja en la definición de la Misa. Así, por ejemplo, donde antes ponía:

“La Cena del Señor, o Misa, es la asamblea sagrada o congregación del pueblo de Dios, reunido bajo la presidencia del sacerdote para celebrar el memorial del Señor. De ahí que sea eminentemente valida, cuando se habla de la asamblea local de la Santa Iglesia, aquella promesa de Cristo: ‘Donde están reunidos dos o tres en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos” (Mt. 18,20).’”

Después de la carta de Ottaviani y la revisión que mandó hacer Pablo VI, se cambió el tono y las expresiones y se puso:

“El pueblo de Dios, bajo la presidencia del sacerdote que representa la persona de Cristo, es convocado y reunido en la Misa o Cena del Señor, para celebrar el memorial del Señor o sacrificio eucarístico. En consecuencia vale de un modo eminente para esta reunión local de la Iglesia santa la promesa de Cristo: “Cuando dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos” (Mt. 18,20). En la celebración de la Misa, en efecto, en la que se perpetúa el sacrificio de la Cruz, Cristo esta realmente presente en la misma asamblea reunida en su nombre, en la persona del ministro, en su palabra, y de modo sustancial y continuo bajo las especies eucarísticas.”

Y podríamos poner otros ejemplos similares. Dijeran, pues, lo que dijeran algunos hipercríticos del cardenal Ottaviani, que se atrevieron a tildarle de ignaro de la teología viéndole poner peros a la redacción del Novus Ordo, tenía toda la razon su examen critico y Pablo VI quiso insistir en la audiencia del 19 de noviembre de 1969, que aunque cambien gestos y expresiones en la Misa, la significación y realidad de esta no cambia: “La Misa del nuevo Ordo es, pues, y seguirá siendo, incluso con mayor evidencia en alguno de sus aspectos, la misma de siempre. La unidad entre la Cena del Señor, el sacrificio de la Cruz y la renovación representativa de ambos acontecimientos en la Misa es inviolablemente afirmada y celebrada en el nuevo orden, al igual que lo era en el precedente. La Misa es y seguirá siendo el memorial de la ultima Cena de Cristo, en la cual el Señor, convirtiendo el pan y el vino en su Cuerpo y su Sangre, instituyó el sacrificio del Nuevo Testamento, y quiso, que en virtud de su sacerdocio, conferido a los Apóstoles, fuera repetido en su identidad, aunque ofrecido en modo diverso; es decir, en modo incruento y sacramental, en memoria perenne de El hasta el día de su venida final” (L’Osservatore Romano, 20-11-69).

18 comentarios

  
JMMCBXVI
Bueno, sorprende mucho la afirmación de L'Osservatore Romano: teológicamente, la Misa NO ES memorial de la Última Cena, nunca lo fue ni puede serlo, ni es, incluso con el "Novus Ordo." La Misa, en todo caso, es memorial del sacrificio pascual del Señor. Qué cosas...
22/01/10 8:13 AM
La Santa Misa como memorial se basa en un mandato del Señor: "Haced esto en memoria mía". "Esto" significa lo que Jesús hizo en la Última Cena, la primera Misa, la única Misa celebrada temporalmente antes de la Pascua de Cristo. Todas las demás Misas de la historia son temporalmente posteriores a esa Pascua; y todas constituyen en sustancia una única Misa, el mismo sacrificio de la cruz que se renueva una y otra vez, "desde donde sale el sol hasta el ocaso", en unidad sustancial también con la Última Cena, en la que Jesús instituyó la Eucaristía y celebró anticipadamente su mismo sacrificio.
22/01/10 10:52 AM
  
Javier López
Pero por desgracia no se atendió la petición final de la carta de los cardenales Ottaviani y Bacci, que no era que que se retocara el "Novus Ordo" como se hizo, sino ésta:

"Por todo esto, suplicamos insistentemente a Vuestra Santidad no querer que nos sea quitada,- en un momento en que la pureza de la Fe y la unidad de la Iglesia sufren tan crueles laceraciones y peligros cada vez mayores, - la posibilidad de seguir utilizando el íntegro y fecundo Missale Romanum de San Pío V, tan altamente alabado por Vuestra Santidad y tan profundamente venerado y amado por el mundo católico entero."

Y así nos ha ido.
23/01/10 1:42 AM
  
Qvo Primum
El concepto protestante de "cena del Señor", ganó muchos adeptos dentro del catolicismo. Pero la misa no es una cena. Es el SANTO SACRIFICIO INCRUENTO DEL CALVARIO. Eso es lo que los protestantes no han aceptado. Si lo aceptaran, se harían católicos. La nueva misa la formó msr. Bugnini y SS Paulo VI la firmó. Despúes, la misa Gregoriana o Tridentina estuvo prácticamente proscrita. Milagrosamente, la SANTA MISA, CANONIZADA por Pío V se preservó y ahora SS Benedicto XVI ha tenido a bien liberarla, para edificación de los católicos de todo el mundo y escarnio de muchos obispos, que la han bloqueado en todas las formas posibles, inclusive el de mi diócesis, que sólo permitió UNA MISA AL AÑO. Y ningún sacerdote diocesano asiste, quizás bajo amenaza. Muy raro...
23/01/10 1:44 AM
  
alexis
Con toda sinceridad y no menos respeto: su artículo dista de demosrar lo que afirma rotundamente en el titular. Tras su lectura, uno no sabe bien qué razón asistía a Ottaviani, y, lo que es más triste, se obtiene la impresión de que también el autor aborrece la reforma del Vaticano II y considera que todo un concilio con el Papa a la cabeza cedió, nada menos que en materia de teología eucarística, a la visión herético-protestante (¡¡!!), aunque in extremis, gracias a la clarividencia del injustamente denostado Ottaviani, Pablo VI entró en razón y mandó que se introdujeran matices redaccionales en OGMR. Nimis probat...y se le ve el plumero. Un saludo.
23/01/10 10:19 AM
  
Alberto Royo Mejía
Estimado Alexis: El hecho que, como se explica en el artículo, en la segunda edición típica del Novus Ordo se cambiasen expresiones que Ottaviani había denunciado como poco ortodoxas, demuestra que "Ottaviani tenía razón". Creo que no hace falta muchas luces para entenderlo. He citado un par de ellas nada más, pero las que fueron cambiadas fueron muchas y hablar de todo ello con detalle es tema de liturgistas, por lo que excede el propósito del artículo y del blog.

Por otro lado, el confundir los errores de la primera edición del Novus Ordo con el Concilio Vaticano II como tal me parece un disparate. Le recomiendo que lea los demás artículos de la serie y verá el gran aprecio que el autor tiene al Vaticano II y a su reforma litúrgica, y el poco aprecio a los abusos que se produjeron.
23/01/10 10:38 AM
  
alexis
Yo también deploro los abusos cometidos, casi siempre por curas ignorantes o exaltados, en materia litúrgica, igual que deploro los abusos que cometían antes del Concilio muchos curas que se despachaban la santa misa en quince minutos y cosas por el estilo de las que, por cierto, hoy casi nadie de los que se escandalizan por los abusos postconciliares suele hablar. Pero de ahí a cuestionar -o insinuar- una complicidad de Pablo VI con errores de bulto en teología eucarística, va un abismo; y pretender reivindicar a estas alturas la fugura de Ottaviani como un eclesiástico clarividente gracias al cual Pablo VI abrió por fin los ojos a los desmanes de los progresistas, perdóneme que le diga que, además de inútil, se me antoja algo grotesco. Gracias por su hospitalidad. Un saludo.
23/01/10 1:30 PM
  
Hermenegildo
P. Alberto: yo creo que fueron muy pocas, aunque algunas ciertamente sustanciales, las observaciones del Cardenal Ottaviani que Pablo VI tuvo en cuenta al promulgar la segunda edición de la Ordenación general del Misal Romano. Basta ojear el Breve examen crítico.
23/01/10 7:29 PM
  
Hermenegildo
Quo Primum: la Misa es también la Cena del Señor, además del sacrificio de Cristo en la cruz.
23/01/10 7:30 PM
  
Alberto Royo Mejía
Estimado Hermenegildo: Qué alegría volver a leer sus comentarios, ya le echaba de menos. Por cierto, que el otro día dejó ud. un comentario en otro artículo en Religión en Libertad, también me dio alegría. Cierto que los cambios no fueron tantos, sin duda no como para descalificar el Novus Ordo, como hacen algunos. Pero quizás esos cambios eran significativos de una cierta teología erronea que amenzaba la liturgia y que gracias a Dios no prevaleció, aunque algunos teólogos continuaron con ella en sus escritos.
23/01/10 10:14 PM
  
Qvo primum
Gracias, Hermenegildo, es verdad su aseveración. Lo malo es que algunos tratan de suprimir totalmente lo del sacrificio y dejarlo en cena. Los kikos inclusive se sientan alrededor de una mesa y toman la "comuniòn" con las dos especies y cómodamente sentados. La novusordo missae no está terminada. Es más, yo creo que nunca la van a terminar, porque los cambios van a seguir para añadir más oraciones inculturizadas, quizá versos del Corán. Un saludo afectuoso. Gusto en leerle de nuevo.
25/01/10 3:36 AM
  
Vicente
el Misal actual con su Ordo es impecable. La Eucaristía debe celebrarse siempre tal y como lo manda la santa madre Iglesia católica.
25/01/10 9:11 PM
  
Vicente
para formarse sobre la Eucaristía, vayamos al Catecismo de la Iglesia Católica en los números referentes a este sacramento. Allí se compendia todo lo que la Iglesia cree y celebra de este Sacramento.
27/01/10 2:24 PM
  
Diácono David
Felicitaciones al blog y a los artículos. Gracias a Dios encuentro un blog con artículos y comentarios que no son extremistas. Me interesa el tema para mi tesis "Historia y teologúa de la Reforma Litúrgica". Si me pueden ayudar en eso se los agradecería.
01/05/10 12:25 AM
  
Semper FIDELIS
Cuando el Otro Cristo sube al Altar, ya está rezando el Judica Me, en la SantaMisa Tradicional. En la Nueva Misa Novus Ordo, "Buenos Días" y el que preside la misa se voltea al Pópulo. Ya desde allí se ven notables diferencias. Bendito sea Dios que la SantaMisa nunca fué prohibida. Ojalá que no la prohiban o la adulteren en el futuro.
31/07/12 5:09 AM
  
Magnus pecator
El texto termina con una simple revisión¡¡¡ Si leemos la "Intervención Ottaviani" nos damos cuenta de que sus palabras eran proféticas. Hoy sufrimos la desacralización con la abusiva imposición de un rito maltrecho, que evoluciona y que deja perplejos a los católicos latinos.
31/07/12 7:24 AM
  
Rafael
Y digo yo..., una cosa muy simple: si el misal de San Pío V (¡un santo!), estaba bien y era doctrinalmente correcto, ¿por qué cambiarlo?
A veces a los hombres nos entra una manía de cambiar por cambiar, como si lo tradicional fuera malo en si mismo por ser tradicional
Jamás he asistid a una misa tradicional, pues por mi edad (48 años), no he conocido más misa que la conciliar (y he presenciado algún que otro abuso, y más de un cura "creativo".
En Sevilla sé ya do de se dice la misa de San Pío V... Y me muero de ganas por asistir
07/07/14 2:10 PM
  
Hermenegildo
San Pío V
Siervo entre los Siervos de Dios
Para perpetua memoria

Desde el primer instante de nuestra elevación a la cima de la jerarquía Eclesiástica NOS hemos dirigido con agrado todo nuestro ánimo hacia aquellas cosas que por su naturaleza tienden a conservar la pureza del culto de la Iglesia, y con la ayuda de DIOS Nos hemos esforzado en realizarlas en plenitud, poniendo en ello todo nuestro cuidado. Como entre otras decisiones del Santo Concilio de Trento, Nos incumbe decidir la edición y reforma de los libros sagrados, el Catecismo, el Breviario y el Misal, después de haber ya, gracias a DIOS, editado el Catecismo, para la instrucción del pueblo y para que sean rendidas a DIOS las alabanzas que le son debidas; corregido completamente el Breviario, para que el Misal corresponda al Breviario (lo que es normal y natural, ya que es sumamente conveniente que no haya en la Iglesia de DIOS más que una sola manera de salmodiar, un solo rito para la Misa).

Nos pareció necesario pensar lo más pronto posible en lo que faltaba por hacer en este campo, a saber, editar el mismo Misal. Es por esto que Nos hemos estimado deber confiar este cargo a sabios escogidos; y de hecho son ellos, quienes, después de haber reunido cuidadosamente todos los manuscritos, no solamente los antiguos de nuestra Biblioteca Vaticana, sino también otros buscados en todas partes, corregidos y EXENTOS de alteración, así como las decisiones de los Antiguos y los escritos de autores estimados que no nos han dejado documentos relativos a la organización de estos mismos ritos, han restablecido el mismo Misal conforme a la regla y a los ritos de los Santos Padres.

Una vez éste revisado y corregido, después de madura reflexión, para que todos se aprovechen de esta disposición y del trabajo que hemos emprendido, Nos hemos ordenado que fuese impreso en Roma, lo más pronto posible, y que una vez impreso, fuese publicado, a fin de que los sacerdotes sepan con certeza qué oraciones deben utilizar, cuáles son los ritos y cuáles las ceremonias que deben, bajo OBLIGACIÓN, conservar en adelante en la celebración de las Misas: para que todos acojan por todas partes y observen lo que les ha sido transmitido por la Iglesia Romana, Madre y Maestra de todas las otras Iglesias y para que en adelante y para el tiempo futuro perpetuamente, en todas las iglesias, patriarcales, catedrales, colegiatas, y parroquiales, de todas las provincias de la cristiandad, seculares o de no importa qué Ordenes Monásticas, tanto de hombres como de mujeres, aún Ordenes Militares regulares y en las iglesias y capillas sin cargo de almas, en las cuales la celebración de la Misa conventual en voz alta con el coro, o en voz baja siguiendo el rito de la Iglesia Romana es costumbre u obligación, no se canten o no se reciten otras fórmulas que aquellas conformes al Misal que Nos hemos publicado, aún si estas mismas iglesias han obtenido una dispensa cualquiera por un indulto de la Sede Apostólica, por el hecho de una costumbre, de un privilegio o de un juramento mismo, o por una confirmación apostólica, o están dotados de otros permisos cualesquiera; a menos que después de que se hubiere establecido la costumbre, esta última o la institución misma hayan sido observadas sin interrupción en estas mismas iglesias por la celebración de Misas durante más de doscientos años. En este caso Nos no suprimimos a ninguna de estas iglesias su institución o costumbre de celebrar la Misa; pero si este Misal que Nos hemos hecho publicar les agrada más, con la aprobación y consejo del Obispo o del Prelado, o del conjunto del Capítulo, Nos permitimos que, no obstando nada en contrario, ellas puedan celebrar la Misa siguiendo éste.

Pero, ciertamente, al retirar a todas las iglesias antes mencionadas el uso de sus misales propios y dejarlos totalmente, determinamos que a este Misal justamente ahora publicado por Nos, nada se le añada, quite o cambie en ningún momento y en esta forma Nos lo decretamos y Nos lo ordenamos a PERPETUIDAD, bajo pena de nuestra indignación, en virtud de nuestra constitución, Nos hemos decidido para el conjunto y para cada una de las iglesias enumeradas arriba,… que ellos deberán, en virtud de la santa obediencia, abandonar en el futuro y enteramente todos los otros principios y ritos, por antiguos que sean, provenientes de otros misales, los cuales han tenido el hábito de usar, y cantar o decir la Misa según el rito, la manera y la regla que Nos enseñemos por este Misal y que ellos no podrán permitirse añadir, en la celebración de la Misa, otras ceremonias ni recitar otras oraciones que las contenidas en el Misal.
Y aún, por las, disposiciones de la presente y en nombre de nuestra Autoridad Apostólica, Nos concedemos y acordamos que este mismo Misal podrá ser seguido en la totalidad en la Misa cantada o leída en todas las iglesias, sin ningún escrúpulo de conciencia y sin incurrir en ningún castigo, condenación o censura y que podrá válidamente usarse, libre y lícitamente y ESTO A PERPETUIDAD (etiam perpetuo). Y de una manera análoga, Nos hemos decidido y declaramos que los Superiores, Administradores, Canónigos, Capellanes y otros Sacerdotes o religiosos de una Orden cualquiera, no pueden ser obligados a celebrar la Misa de otra manera diferente a como Nos la hemos fijado y que JAMÁS NADIE, quienquiera que sea podrá contradecirles o FORZARLES A CAMBIAR DE MISAL o anular la presente instrucción o a modificarla, sino que ella estará siempre en vigor y válida con toda fuerza, no obstante las decisiones anteriores y las Constituciones Generales o Especiales emanadas de Concilios Provinciales o Generales, ni tampoco el uso de las iglesias antes mencionadas, confirmadas por una regla muy antigua e inmemorial, ni las decisiones ni las costumbres contrarias cualesquiera que sean.

Nos queremos, al contrario, y Nos lo decretamos con la misma autoridad, que después de la publicación de la presente constitución así como del Misal, TODOS LOS SACERDOTES que estén presentes en la Curia Romana están obligados a cantar o a decir Misa según este Misal, dentro de un mes…

…QUE ABSOLUTAMENTE NADIE, POR CONSIGUIENTE, PUEDA ANULAR ESTA PÁGINA QUE EXPRESA NUESTRO PERMISO, NUESTRA DECISIÓN, NUESTRA ORDEN, NUESTRO MANDAMIENTO, NUESTRO PRECEPTO, NUESTRA CONCESIÓN, NUESTRO INDULTO, NUESTRA DECLARACIÓN, NUESTRO DECRETO, NUESTRA PROHIBICIÓN, NI OSE TEMERARIAMENTE IR EN CONTRA DE ESTAS DISPOSICIONES. SI, A PESAR DE ELLO, ALGUIEN SE PERMITIESE UNA TAL ALTERACIÓN, SEPA QUE INCURRE EN LA INDIGNACIÓN DE DIOS TODOPODEROSO Y SUS BIENAVENTURADOS APÓSTOLES PEDRO Y PABLO.

Dado en Roma, año 1570, quinto de nuestro pontificado.

NOVUS ORDO..
Pablo VI eliminó lo que era demasiado católico en la Misa con el fin de hacer de la Misa un servicio protestante.
Un estudio de las características y las oraciones de la Misa tradicional versus la Nueva Misa revela una masacre de la fe tradicional. La Misa tradicional contiene 1182 oraciones. Cerca de 760 de ellas fueron retiradas completamente de la Nueva Misa. Aproximadamente el 36% de lo que se mantuvo, los revisores alteraron más de la mitad antes de introducirlas en el nuevo Misal. Por lo tanto, solo el 17% de las oraciones de la Misa tradicional se mantuvieron intactas en la Nueva Misa. Lo que también llama la atención es el contenido de las modificaciones que se hicieron a las oraciones. Las oraciones tradicionales que describen los siguientes conceptos fueron específicamente abolidos con el nuevo Misal: la depravación del pecado; los lazos de la maldad; la grave ofensa del pecado; el camino a la perdición; el terror ante la furia del rostro de Dios; la indignación de Dios; los golpes de su ira; la carga del mal; las tentaciones; los malos pensamientos; los peligros para el alma; los enemigos del alma y del cuerpo. También se eliminaron las oraciones que describen: la hora de la muerte; la pérdida del cielo; la muerte eterna; el castigo eterno; las penas y el fuego del infierno. Se hizo especial énfasis en suprimir en la Nueva Misa las oraciones que describen el desapego del mundo; las oraciones por los difuntos; la verdadera fe y la existencia de la herejía; las referencias a la Iglesia militante, los méritos de los santos, los milagros y el infierno]. Se pueden ver los resultados de esta masacre en la fe tradicional de lo que caracteriza la Nueva Misa.
13/10/15 5:55 PM

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