InfoCatólica / De profesión, cura / Archivos para: Junio 2019

19.06.19

No tengo edad ni ganas de que me quieran hacer bailar la yenka

Es que eso de aquellos saltitos de “izquierda, izquierda, derecha, derecha, delante, detrás, un dos, tres…” es para gente joven.

Cuando se tienen dos mil años, nuestra santa iglesia católica, no estamos ahora para ponernos a bailar la yenka. Bastante se hizo en los primeros siglos y bastante se ordenaron los pasos de baile en los distintos concilios ecuménicos hasta que Trento los fijó con claridad. Dos mil años son dos mil años y andamos con las articulaciones un tanto anquilosadas. Estamos para un sereno vals o un rigodón sin más complicaciones que alguna pequeña licencia.

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17.06.19

De párrocas y párrocas

El título oficial de párroca de momento no existe, que yo sepa, aunque ya no me atrevo a afirmar nada. Yo se lo he dado siempre a esas mujeres, porque en amplísima mayoría son mujeres, que están metidas en sus parroquias colaborando con o sin comillas.

He conocido párrocas excelentes. Aún me emociono recordando a Charo, mi sacristana, mi párroca de Navalafuente, a la que dediqué un emocionado artículo cuando falleció hace ahora cuatro años. Charo era silencio, disponibilidad, entrega, confianza en la Iglesia, en su párroco, en el vicario. Una mujer que jamás hacía nada, ni cambiar un mantel o unas flores, sin preguntar. Callada y generosa. Jamás supe de muchos gastos que pagaba directamente de su bolsillo. Su casa, la casa de todos los curas de su pueblo y el entorno. En casa de Charo cualquier sacerdote sabía que podía comer, descansar, ir al baño, pedir lo que fuera.  

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14.06.19

Cuando llega un aguafiestas y te suelta una en tos los morros

No es que sean malos, es que hay gente que, cuando menos te lo piensas, en lugar de ser prudente y callar por no liarla, te suelta exactamente lo que piensa que, además, y curiosamente, es lo que piensan muchos que se callan por timidez, miedo, vergüenza, prudencia evangélica o acongoje gonadal.

Recuerdo aquella reunión en una parroquia hablando de los pobres. Una señora muy señorada, embutida en un magnífico abrigo de pieles, diciendo que ella no podía ayudar porque andaba mal de dinero. Uno de esos desvergonzados le espetó: “pues con ese abrigo comían más de cuatro”.

O en aquella ocasión hablando unos cuantos curas de eso del coltán, imprescindible para los móviles y cuya extracción por lo visto provoca no sé cuántas muertes. Pues tuvo que salir el cura aguafiestas para decir al más concienciado con el tema que aquí mucho hablar del coltán, pero vaya peazo móvil que gastas.

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11.06.19

Cuál será ese regalo especial que he recibido esta mañana

Llego de Gascones ahora mismo. Los martes suelo celebrar por la mañana para poder disponer de un día algo más tranquilo a lo largo de la semana. Siempre hay alguien, aunque no crean que muchos: dos, tres, quizá cinco el día que acuden las religiosas catequistas con alguna voluntaria de Cáritas. Siempre… o casi siempre.

Hoy he celebrado no solo, sino, mejor dicho, sin pueblo. Llegué a la parroquia con suficiente antelación para preparar y prepararme sin prisas. Toque de campana y… nadie.

Estos días raros en que celebro sin pueblo he decidido tomármelos como un regalo especial que me hace Dios que me permite celebrar sin prisas, sin preocupaciones, sin tener que estar pendiente del pueblo, de la gente. El primer capricho que me doy es el de celebrar en el altar mayor, exento, pero “ad orientem”. Tan fácil como dar media vuelta y oficiar vuelto a Cristo.

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7.06.19

Vaticano III o Trento II

No sé los años que algunos llevan pidiendo un Vaticano III. Tampoco sé muy bien para qué. Si de lo que se trata es de libertad para que cada uno haga lo que quiera y se organice como le parezca, eso ya lo tenemos. Estamos instalados en la Iglesia del “depende” en la que lo único fijo son los horarios de misas y casi que tampoco.

A mi modo de ver la Iglesia hoy padece dos gravísimos problemas, posiblemente más relacionados entre sí de lo que nos parezca.  

Uno de ellos es el del acomodamiento al mundo. Nos hemos dejado comer la moral, vivimos pidiendo perdón por nuestras maldades y avergonzados de nuestra fe y nuestra historia. Basta que dos inútiles nos mienten las cruzadas o la evangelización de América y corremos a esconder las supuestas vergüenzas. Nos han soltado a la cara no sé cuántas veces que somos malos, muy malos, y nos lo tragamos sin anestesia.

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