Jesucristo, Salvador universal (y 2)
Unidad y pluralidad
La tendencia a reconocer el pluralismo religioso como un valor por sí mismo, tiene su raíz en el relativismo y en el subjetivismo. Se piensa que Jesús no pudo decir ni hacer todo lo que la humanidad necesita oír y recibir, por eso hay que conceder a las demás religiones el valor y la categoría de realidades complementarias, que aportan algo nuevo sobre el cristianismo, y que pueden incluso resultar más aptas que el cristianismo para llevar la salvación a determinadas personas o en determinadas culturas, según los lugares y los momentos.
Esta afirmación, que parece tan respetuosa y tan comedida, no puede ser aceptada porque no es compatible con la afirmación fundamental de la encarnación del Verbo de Dios y el carácter divino de Jesucristo. En nuestra visión de las cosas, el valor universal del ser humano de Jesucristo no atenta contra la valoración real y justa de las demás realidades humanas (religiones, filosofía, técnica), sino que es de Cristo y por influencia real de Cristo de quien reciben el valor salvífico que puedan tener. Sólo la obra de Jesucristo introduce en nuestra historia una verdad absoluta, universal y última, que ilumina y santifica todo el ser de la humanidad, llegando a ser causa de verdad y de vida para todos los que vivan en comunión con El.

“No hay otro nombre en el que tengamos el perdón de los pecados”
El mes pasado fui entrevistado por el P. Ángel Sanz Arribas, CMF, para la revista Iris de Paz, con ocasión del Bicentenario de San Antonio María Claret, fundador de los Misioneros Claretianos, Cordis Mariae Filius. Comparto con vosotros estas preguntas y respuestas, confiando en que puedan servir para continuar nuestro diálogo sobre los temas que tanto nos interesan.
Sugerencias a la luz de la esperanza
La esperanza cristiana





