Lo que no podemos perder (III)
Sugerencias a la luz de la esperanza
A partir de estas reflexiones sobre la esperanza cristiana, podemos hacer algunas observaciones sobre nuestra situación actual. Los españoles hemos sido un pueblo unificado por la fe y la esperanza cristiana. Gracias a la fuerza de la esperanza, hemos sido capaces de vivir dignamente en la pobreza, de afrontar grandes dificultades y hemos llevado a cabo grandes empresas.
Junto con otros elementos de diferentes órdenes, es indudable que la fe y la esperanza cristiana han contribuido decisivamente a crear una unidad de conciencia y de proyectos vitales a todos los pueblos de la península ibérica. Esta esperanza fue capaz de movilizar las energías y coordinar los esfuerzos durante siglos para mantener un proyecto de vida iluminado por la fe cristiana. La esperanza ha sido la fuerza interior de nuestras familias, en el trabajo, en el cuidado y la educación de los hijos, en el amor y la generosidad para enfrentarse juntos con las muchas dificultades que rodeaban la vida cotidiana. La esperanza cristiana sostenía el temple de nuestros navegantes y empujaba el ánimo de nuestros misioneros, la empuja todavía ahora por todos los caminos del mundo.
