¿Dónde están nuestros socialistas?
El Partido Socialista ha celebrado su Congreso. Parece que lo más novedoso ha sido la decisión de fomentar en España el aborto libre, la eutanasia y el laicismo. Ante semejantes previsiones, uno no tiene más remedio que preguntarse ¿qué tienen que ver estos objetivos con el verdadero socialismo? Históricamente el socialismo tenía el atractivo de mantener una dura lucha contra la injusticia. ¿Dónde quedan ahora el carácter público de los medios de producción, la distribución de los bienes de la tierra, la sociedad sin clases? La conclusión es inevitable. Nuestros socialistas no son ya socialistas. Utilizan lo que queda de mayo del 68 para ofrecernos una sociedad nueva. Pocos argumentos. Estamos en el mundo de los sentimientos y de los resentimientos.
El socialismo se ha convertido en progresismo y el progresismo consiste en ampliar las libertades y los derechos de los ciudadanos. La justificación teórica de sus mesianismos transformadores se apoya en las ideologías más radicales surgidas en Europa en la segunda mitad del siglo pasado. Hasta ahí llega su progresismo. Para ellos, como para los adolescentes del 68, libertad es la capacidad de afirmar y de hacer cada uno lo que en cada momento le venga mejor, sin ninguna referencia a la verdad de las cosas, que no podemos conocer, ni a la verdad de nuestra condición humana, que es absolutamente mudable, ni a ninguna valoración de bien o de mal, que depende en cada momento de las conveniencias de cada uno. Estamos en pleno relativismo subjetivista.

