Jesucristo, Salvador universal (y 2)
Unidad y pluralidad
La tendencia a reconocer el pluralismo religioso como un valor por sí mismo, tiene su raíz en el relativismo y en el subjetivismo. Se piensa que Jesús no pudo decir ni hacer todo lo que la humanidad necesita oír y recibir, por eso hay que conceder a las demás religiones el valor y la categoría de realidades complementarias, que aportan algo nuevo sobre el cristianismo, y que pueden incluso resultar más aptas que el cristianismo para llevar la salvación a determinadas personas o en determinadas culturas, según los lugares y los momentos.
Esta afirmación, que parece tan respetuosa y tan comedida, no puede ser aceptada porque no es compatible con la afirmación fundamental de la encarnación del Verbo de Dios y el carácter divino de Jesucristo. En nuestra visión de las cosas, el valor universal del ser humano de Jesucristo no atenta contra la valoración real y justa de las demás realidades humanas (religiones, filosofía, técnica), sino que es de Cristo y por influencia real de Cristo de quien reciben el valor salvífico que puedan tener. Sólo la obra de Jesucristo introduce en nuestra historia una verdad absoluta, universal y última, que ilumina y santifica todo el ser de la humanidad, llegando a ser causa de verdad y de vida para todos los que vivan en comunión con El.






