Sobre la laicidad positiva y el laicismo negativo
En mi anterior comentario me dirigía a los profesores de religión, y también a otros educadores de nuestros niños y jóvenes. El Papa ha hablado de nuevo en Francia, sobre la libertad religiosa y los principios de una justa laicidad en los países europeos:
“Las raíces de Francia, como las de Europa, son cristianas… la Iglesia ha jugado un papel civilizador … transmisión de la cultura antigua a través de monjes, profesores y amanuenses, formación del corazón y del espíritu en el amor al pobre, ayuda a los más desamparados mediante la fundación de numerosas congregaciones religiosas, la contribución de los cristianos a la organización de instituciones de las Galias, posteriormente de Francia … millares de capillas, iglesias, abadías y catedrales que adornan el corazón de vuestras ciudades o la soledad de vuestras tierras son signo elocuente de cómo vuestros padres en la fe quisieron honrar a Aquel que les había dado la vida y que nos mantiene en la existencia”
“… en torno a las relaciones entre campo político y campo religioso, Cristo ya ofreció el criterio para encontrar una justa solución a este problema al responder a una pregunta que le hicieron afirmando: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mc 12,17). La Iglesia en Francia goza actualmente de un régimen de libertad… usted, señor Presidente, utilizó la expresión “laicidad positiva” para designar esta comprensión más abierta.
“… estoy profundamente convencido de que una nueva reflexión sobre el significado auténtico y sobre la importancia de la laicidad es cada vez más necesaria. En efecto, es fundamental, por una parte, insistir en la distinción entre el ámbito político y el religioso para tutelar tanto la libertad religiosa de los ciudadanos, como la responsabilidad del Estado hacia ellos y, por otra parte, adquirir una más clara conciencia de las funciones insustituibles de la religión para la formación de las conciencias y de la contribución que puede aportar, junto a otras instancias, para la creación de un consenso ético de fondo en la sociedad”

Hace tiempo que dí una conferencia para los profesores de religión de Castilla y León. La parte que aquí os dejo pienso que puede ser útil para otras personas interesadas también en las dificultades y exigencias de la educación religiosa de los jóvenes. Otro día recordaré las claves históricas y actuales del laicismo en que tenemos que realizar esta educación religiosa.
Desde el gobierno nos dicen que quieren promulgar “la mejor ley de aborto posible”. Es un escarnio. A estas horas toda persona medianamente culta sabe que un aborto voluntario es un homicidio premeditado y alevoso. Abortar no es, como se dice hipócritamente “interrumpir un embarazo”. Abortar voluntariamente es destruir violentamente una vida humana en el seno materno. Y eso es lo que ahora quieren facilitar nuestros gobernantes a las mujeres españolas. Quieren darles facilidades para que maten o hagan matar a sus hijos.