¿Qué arriesgamos los cristianos al ser prudentes? (Mt. 2, 12)

Oímos en el Evangelio del domingo de Epifanía que los Reyes Magos: “habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.” (Mt. 2, 12) Nos dan un maravilloso ejemplo de la virtud cristiana de la prudencia puesta en práctica, que nada tiene que ver con lo que el mundo considera ser prudente.


¡Cuánto le gustaría al mundo que los cristianos no nos arriesgárramos a lo siguiente al practicar la virtud de la prudencia!:


1) Tener que humillarnos ante Dios

“El primer paso de la prudencia es el reconocimiento de la propia limitación: la virtud de la humildad. Admitir, en determinadas cuestiones, que no llegamos a todo[…]” (S. Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 86) Es que “La virtud no es solamente propia de nuestro deseo, sino también de una gracia superior.” (S. Cipriano). Los Reyes Magos fueron humildes buscando a Dios por la ciencia. Estaban dispuestos a recibir las virtudes teologales de fe, esperanza y caridad que impulsaron su viaje a Belén.

2) Tener que humillarnos ante los hombres

Los Reyes Magos consultaron con otros cuando perdieron a la estrella de vista en Jerusalén porque “para conocer algo con certeza, [hay que] tener en cuenta muchas condiciones y circunstancias, difícilmente observables por uno solo.” (Sto. Tomás de Aquino)

3) Tener que nadar contra corriente
Los Reyes Magos podrían haber pensado que sería prudente volver a Jerusalén por si Herodes no les engañaba y les premiaba. Pero, “no es prudente, como se pretende con frecuencia, el que sabe situarse en la vida y sacar de ella el mayor provecho, sino el que sabe construir su vida según la voz de la recta conciencia y según las exigencias de la justa moral.”(Papa Juan Pablo II, Sobre la prudencia, 25-X-l 978). Tampoco temían por sus propias vidas tras haber estado ya ante Herodes.

“[Las virtudes no] significan mediocridad: algo así como la mitad de lo que es posible realizar. […] Por la prudencia el hombre es audaz, sin insensatez; no excusa, por ocultas razones de comodidad, el esfuerzo necesario para vivir plenamente según los designios de Dios. La templanza del prudente no es insensibilidad ni misantropia; su justicia no es dureza; su paciencia no es servilismo. […]las últimas metas de la prudencia no son la concordia social o la tranquilidad de no provocar fricciones. El motivo fundamental es el cumplimiento de la Voluntad de Dios, que nos quiere sencillos, pero no pueriles; amigos de la verdad, pero nunca aturdidos o ligeros.” (S. Josemaría Escrivá, Amigos de Dios,83, 87, 88).

4) No podernos quedar con los brazos cruzados
Como dice S. Gregorio de Nisa: “¿De qué vale una nave muy bien construida si el piloto va borracho?” La prudencia debe guiar las acciones humanas. Además, “la prudencia exige ordinariamente una determinación pronta, oportuna. Si a veces es prudente retrasar la decisión hasta que se completen todos los elementos de juicio, en otras ocasiones seria gran imprudencia no comenzar a poner por obra, cuanto antes, lo que vemos que se debe hacer; especialmente cuando está en juego el bien de los demás.” (S. Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 86).

5) Tener sólo miedo de perder la fe

Los Reyes Magos entregaron todo a Jesús porque: “El corazón del que ama ya no es suyo, lo dió al Amado” (S. Juan de la Cruz) El mundo no consideraría eso “prudente". Nos dice S. Juan Crisóstomo: “Veamos cuál es la prudencia que exige el Señor. Como serpientes -dice-. Así como a la serpiente no le importa perderlo todo, aunque sea seccionando su cuerpo, con tal de conservar la cabeza, así también tú -dice- debes estar dispuesto a perderlo todo, tu dinero, tu cuerpo y aun la misma vida, con tal que conserves la fe.“ “Prudencia es el amor que sabe distinguir bien entre lo que es ventajoso en su camino hacia Dios y lo que puede ser un obstáculo.” (S. Agustín) ¿No hicieron esto los Reyes Magos al no volver a Herodes?

Cuando los hipócritas planteen a vuestro alrededor la duda de si el Señor tiene derecho a pediros tanto, no os dejéis engañar. Al contrario, os pondréis en presencia de Dios sin condiciones, dóciles, como la arcilla en manos del alfarero, y le confesaréis rendidamente: Deus meus et omnia!, Tú eres mi Dios y mi todo.” (S. Josemaría Escrivá, Amigos de Dios,167).

Canción “El Alfarero” por Manuel López

Señor mío Jesucristo, yo te entrego mi entera libertad, mi memoria, mi entendimiento y mi voluntad. Tú me has dado todo lo que tengo y todo lo que amo y yo lo pongo todo a disposición de tu voluntad. Tu gracia y tu amor son toda la riqueza para mí. Concédemelos, Señor, pues nada más deseo.” (Oración que solía rezar S. Ignacio de Loyola)

Fuente de citas sobre la prudencia: Antología de Textos para hacer oración y para la meditación por Francisco Fernández Carvajal

Preguntas del día [Puede dejar su respuesta en los comentarios]: ¿Qué otros ejemplos hay en la Biblia o en la vida de los santos de cómo se debe vivir la prudencia cristiana?

Mañana: San Severino - “cayendo de rodillas lo adoraron” (Mt. 2, 11)

11 comentarios

  
María Lourdes
Reproduzco aquí un comentario que dejó Camino en otro artículo reciente:

María Lourdes y Noby, también en estos días he estado meditando sobre "gracia y libertad", al hilo o con ocasión de varias circunstancias en que se manifiesta cuánto daño hace el voluntarismo o semipelagianismo en nuestros días. No termino de comprenderlo, aunque confío en que por misericordia de Dios lo entenderé. Me parece fundamental, vital, poder entender y explicar este misterio, para quienes de uno u otro modo estamos encargados de apostolados varios en nuestra Iglesia.
Lo digo aquí porque tanto para esa renovación de los votos religiosos a que alude Sta Edith como para el ofrecimiento de su vida, como para la entrega como confesores o mártires, antes, por medio y después, está la gracia de Dios, que le concede, que nos concede pensar, desear y dar libremente nuestra vida. La gracia gratis data, que no es "proporcional" a nuestra entrega, nos lleva a admirar en los santos la enormidad de los dones de la gracia de Dios, que nos llega por el misterio de la muerte y resurrección de Cristo renovado en la Eucaristía, por mediación de la Virgen María, por el ejemplo y la intercesión de los santos.
Hb 12,1-2 "Por tanto, también nosotros, teniendo en torno nuestro tan gran nube de testigos, sacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia, y corramos con constancia la carrera que se nos propone, fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma la fe..."
¡Es un mundo nuevo el de la Iglesia en que vivimos! En fin, no sé si he dado el matiz que deseaba poner.
07/01/09 11:48 PM
  
María Lourdes
Camino, creo que la prudencia y la entrega que mostraron los Reyes Magos tienen algo que ver con los temas de voluntarismo y semipelagianismo que menciona. Elaboraré un poco más tarde, cuando se duerman mis hijos. Saludos desde los EE.UU.
07/01/09 11:56 PM
  
María Lourdes
Camino, sin saber a qué circunstancias específicas se refiere, me atrevo a escribirle un poco sobre mi opinión del voluntarismo y del pelagianismo. El primero, a mi entender, hace pensar que la voluntad propia humano lo puede todo y el segundo que uno no necesita de la gracia de Dios porque no existe el pecado original, por ejemplo.

No soy teóloga, pero me parece que una respuesta a su comentario se puede encontrar en la reflexión de las virtudes, concedidas por Dios pero que tenemos que practicar para no perderlas. “ Las virtudes humanas [. . .] son el fundamento de las sobrenaturales; y éstas proporcionan siempre un nuevo empuje para desenvolverse con hombría de bien. Pero, en cualquier caso, no basta el afán de poseer esas virtudes: es preciso aprender a practicarlas.” (S. Josemaría Escrivá, Amigos de Dios,91).

¿Y por qué elegí la prudencia en particular? Leí lo siguiente en la Antología que cito en el artículo: “La prudencia constituye la llave para la realización de la fundamental tarea que cada uno de nosotros ha recibido de Dios.” (Juan Pablo II, Sobre la prudencia, 25.10.78). Además:
“Entre los pecados, ni uno solo hay que no conspire contra esta virtud. La injusticia, la cobardía y la intemperancia se oponen primero, en electo, a las virtudes de justicia, fortaleza y templanza; pero, en definitiva, a través de ellas se oponen a la prudencia. Todo pecador es imprudente.

La prudencia es, por tanto, causa, raíz, "madre", medida, ejemplo, guía y razón formal de las virtudes morales; en todas esas virtudes influye, sin excepción, suministrando a cada una el complemento que le permite el logro de su propia esencia; y todas participan de ella, alcanzando, merced a tal participación, el rango de virtud” (J. Pieper, Las virtudes fundamentales, p. 39).


Tanto el pelagianismo como el voluntarismo me recuerdan el individualismo, que es muy patente en la literatura o historia americana. Pienso, por ejemplo en figuras como Ralph Waldo Emerson, que empezó el transcendentalismo americano y resumía su obra como “la infinitud del hombre privado” y sus amigos Henry David Thoreau y Walt Whitman que creían que el individuo podía él mismo encontrar lo “divino” en la naturaleza, sin necesidad de la revelación divina a los hombres. Todavía se estudian sus obras con admiración en este país.

La práctica de esas ideas no están guiadas por la prudencia cristiana al que me refiero en el artículo
y el amor que se muestra es uno limitado a sí mismo. El mismo Jesucristo es el que dijo a sus apóstoles una y otra vez que no tuvieran miedo porque Él estaba con ellos. ¿Qué pasa cuando se vive el individualismo y se deja al lado al Señor? En mi opinión, un miedo que resulta en grandes injusticias como el racismo, que ataca a los que son diferentes.

De allí que el individualismo, a mi parecer, no responde adecuadamente a grandes injusticias en la historia de los EE.UU. como la esclavitud y el uso de campos de concentración (con condiciones deplorables) en este país durante la Segunda Guerra Mundial para las personas de descendencia japonesa (aunque fueran americanos sin contacto con Japón o niños pequeños), deprivándoles de practicamente todas sus posesiones en el proceso. Ni hablemos de los abortos que se permiten porque las mujeres, como individuos, tienen "derecho a elegir qué hacer con sus cuerpos" (en otras palabras, sus hijos no nacidos). Se arriesga mucho cuando se practica la prudencia cristiana, pero más aún cuando no se practica.

En cambio, Sto. Tomás de Aquino dijo que “En la cruz hallamos el ejemplo de todas las virtudes”. Es sobre la Cruz donde el Señor nos muestra la gravedad del pecado, la necesidad de la gracia de Dios y una entrega completa dictada por la prudencia de seguir la Voluntad de Dios y no la de uno mismo. Cristo se entregó libremente por nosotros, demostrando prudencia al redimirnos en el momento oportuno según la Voluntad de Dios y no la suya propia como hombre (a pesar de ser un hombre perfecto). Eso nos mostró un Amor y una entrega sin igual en la historia humana.

Jesucristo, siendo Dios, mejor que nadie podría haber prescindido de la ayuda de los demás, pero recurrió a medios naturales hasta para salvar su vida de Herodes por la prudencia de los Reyes Magos y de S. José y la Virgen María. Se les concedió gracia, pero Dios esperaba de ellos que correspondieran, dirigiendo en libertad sus acciones con prudencia cristiana.

No soy teóloga ni tengo un conocimiento tan extenso como los otros bloggers de este portal (de quienes he aprendido y sigo aprendiendo mucho), pero espero que algo de esta respuesta tan larga de alguien que también busca respuestas le pueda ser útil.

08/01/09 9:06 AM
  
Noby
María Lourdes
Por partes:
1)La prudencia,en tanto que virtud cardinal,para el mundo estoico y para el cristiano,ocupa un lugar eminente en la vida cristiana:el Señor la cita,"sed sencillos como palomas pero prudentes como serpientes";S.Pablo habla de quienes pudiendo con casi todo no pueden dominar la lengua. Sin embargo cuando tratamos de vivir en el Espíritu,la prudencia,humana,puede ser un obstáculo a la santidad,que es un estadio superior al de la virtud.Por ejemplo,¿fue prudente o imprudente C. de Foucauld abandonando el convento de las Clarisas de Nazareth para ir al desierto,y,morir asesinado?.¿Y qué pensar de Edith Stein, por qué no se trasladó a EEUU como tantos judíos donde,por su reputación intelectual,allí conocido,hubiera sido acogida y salvado la vida?.¿Fue prudente Pablo VI al aprobar y publicar la Humanae Vitae,rechazando los prudentes consejos sobre el contenido?.¿Fue Jesus prudente o imprudente al ir a Jerusalén¿Y Teresa de Calcuta,y...?.Creo que me explico, si no es así me lo dices.
08/01/09 5:53 PM
  
Noby
Camino
2)Sobre "gracia y libertad",como primera providencia debo recordar que los santos no tenían ese dilema:procuraban poner todo de su parte para vivir en gracia,que era lo que les producía una gran libertad.Los santos eran, y son, librérrimos,actuaban y vivían pendientes de no perder la gracia recibida,y,cuando la perdían,(eran pecadores, ¡claro está!),iniciaban una etapa penitencial de conversión, con una total confianza en la ilimitada misericordia de Dios y a seguir viviendo en el Espíritu. Solo cuando pensamos que,por causa de trabajar por el Señor,podemos perder la libertad caemos en una de las trampas más frecuentes,que se oponen a la acción del Espíritu.Por no alargarme, es la de aquél que enterró los talentos por no perderlos.Dice el Señor "...el que quiera salvar su vida (libertad sí,libertad no) la perderá,pero el que pierda su vida..."
Santo Año Nuevo.
08/01/09 6:08 PM
  
María Lourdes
Noby, esos ejemplos tan buenos que deja en su comentario demuestran que lo que el mundo llama "prudencia" no es lo mismo que la prudencia cristiana dictada por la Voluntad de Dios, como creo que indica el artículo. (Vea #5, por ejemplo). Hablo sobre el ejemplo de Jesús en el comentario que dejé para Camino [el que parece otro artículo por lo largo que es - disculpa a todos por eso]. La santidad de los santos canonizados creo que se define en cómo demuestran las virtudes de modo heróico, por el grado, la constancia y la prontitud de su práctica de las virtudes cristianas (incluyendo la prudencia), aunque en cada santo se puede admirar alguna virtud más que otros en particular.
08/01/09 7:05 PM
  
Camino Iriarte
Bueno, como siempre, ocurre que nosotros hemos de ser de los del et-et o sea que cualquier afirmación admite matizaciones. A lo que me refiero cuando hablo de la difícil comprensión y práctica de la correcta relación entre gracia y libertad entre los católicos es precisamente a se predica y propone como santidad tantas -demasiadas- veces. La frase "Cuando los hipócritas planteen a vuestro alrededor la duda de si el Señor tiene derecho a pediros tanto, no os dejéis engañar. Al contrario, os pondréis en presencia de Dios sin condiciones, dóciles, como la arcilla en manos del alfarero, y le confesaréis rendidamente: Deus meus et omnia!, Tú eres mi Dios y mi todo" puede tomarse desde el final o desde el principio. Pero entre los católicos más "comprometidos", entre los formadores, entre los pertenecientes a grupos parroquiales o asociaciones antiguas o nuevas ¡es tan frecuente el daño causado por entenderlo y aplicarlo mal! Lo de que "si Dios te pide", "no le niegues nada a Dios", "si otros han ido, han hecho, han dejado... tú también puedes". Luego viene, sí, el que "Dios te ayudará", "Dios te dará mucho más", "vas a tener muchos a tu lado..." Como dices, Noby, los santos no se planteaban mucho estas cosas, seguramente no, pero en nuestro ambiente tan secularizado, tan falsificado, creo que no podemos eludir el pensar un poco más sobre esto del voluntarismo y rechazar como imprudentes, como no de Dios, algunos deseos, palabras y obras, que no tengan en principio, en final y en compañía que Dios nos da, Dios nos regala, Dios nos concede, cuando, como, donde Él quiera, sólo así podremos ejercer nuestra libertad de criaturas de Dios.
Bueno, como comencé: no pongo en duda ni las palabras ni la intención vuestra, ni de los santos citados, claro que no. Sólo deseo llamar la atención a que reflexionemos sobre el tema. Y desde luego que la prudencia, Maria Lourdes, ha sido un excelentísimo tema. Ay, Sta. Edith tiene también uno sobre la santa discretio ¿la recordáis? Que el Señor nos la conceda. Saludos
08/01/09 11:29 PM
  
María Lourdes
Camino, es verdad que hace falta prudencia para usar esas palabras de ánimo oportúnamente. Supongo que cuando uno las usa, podría añadir algo según la situación, por ejemplo: "tú también puedes, si Dios quiere" y "Dios te ayudará, si correspondes a Su gracia", por ejemplo. Supongo que cada uno sabrá mejor a quién habla y cómo habla en diversas situaciones. Pero no por eso dejemos de consolar a los afligidos, por ejemplo, ya que la caridad está sobre todo y es mi experiencia que es verdad lo que dice S. Pablo: "sabemos que Dios hace concurrir todas las cosas para el bien de los que le aman[...]" (Rom. 8, 28).

Lo que dice me recuerda una obra de S. Claudio de la Colombiere: El abandono confiado a la Divina Providencia

También recomiendo: Conformidad con la Voluntad de Dios, por S. Alfonso María de Ligorio [No lo encuentro en línea en español, pero sí en inglés: Uniformity with God's Will]

Jean-Pierre de Caussade escribió otra buena obra: El abandono en la divina Providencia

¿Las ha leído alguna vez? A mí me han gustado mucho. En cambio, no recuerdo la obra de Sta. Edith Stein que menciona. No he leído mucho de ella, pero pienso hacerlo en mi "tiempo libre" uno de estos días.
10/01/09 6:12 AM
  
luisa
me parese muy bueno que algunas pajinas como estas hablen un poquito de Dios.
28/04/10 12:43 AM
  
María Lourdes
Luisa, muchas gracias por su apoyo del blog. Un saludo.
28/04/10 12:46 AM
  
ALFONSO
yA NO TENGO COMENTARIO, ESPERABA ORACIONES, AHORA ME DUELE MUCHO EL TUMOR DEL ABDOMEN

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Alfonso, le tengo presente en mis oraciones. Un saludo, y que el Senor sea su consuelo en su sufrimiento.
12/09/10 7:44 PM

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