XLI. Necesidad de la pasión de Cristo
Necesidad extrínseca por el fin[1]
Después de estudiar todos los misterios de la entrada de Cristo en el mundo, en trece cuestiones, y en seis los del curso de su vida pública, Santo Tomás lo hace de los que ocurrieron en su salida del mundo. Le ocupa siete largas cuestiones. La primera está dedicada al hecho de la pasión de Cristo. El primer artículo trata de la necesidad de este impresionante sufrimiento en sí mismo.
Comienza precisando el sentido de esta necesidad. Explica que, según Aristóteles (Metafísica, V, .2): «lo «necesario» se entiende de varias maneras. Primera, es necesario aquello que, según su naturaleza, no puede ser de otro modo». y, por tanto, con una necesidad intrínseca. Segunda, «se dice una cosa necesaria por razón de una causa exterior a su propia naturaleza».

Después de preguntarse Santo tomás sobre la conveniencia de la transfiguración de Cristo y sobre la claridad de su cuerpo transfigurado, en los primeros artículos de la cuestión que dedica a la transfiguración, se ocupa en el siguiente artículo de los que fueron testigos de la misma. Su tesis es que fue muy conveniente que fuesen los tres apóstoles Pedro, Santiago y Juan.
Para finalizar su teología de los milagros de Cristo, Santo Tomás dedica un artículo a la transfiguración, el único milagro que Cristo realizó sobre sí mismo en su vida en la tierra. El relato, que aparece en los tres evangelios sinópticos, que sigue a los de la confesión de San Pedro y del primer anuncio de la Pasión, va unido a ambos, como ha notado Benedicto XVI






