InfoCatólica / Sapientia christiana / Archivos para: Abril 2025

17.04.25

LXXVIII. Manifestaciones de la Resurrección de Cristo

Las obscuridades[1]

Santo Tomás, en la cuestión siguiente, examina las manifestaciones de la resurrección de Cristo. La primera cuestión la dedica al problema de su limitación, puesto que tal como se indica: «en los Hechos de los apóstoles : «A quien Dios resucitó al tercer día, manifestándolo, no a todo el pueblo, sino a los testigos de antemano elegidos por Dios « (Hch 10, 40-4)»[2].

Dios había designado solo a unos hombres, a los que había predestinado, y no a todos los hombres para que Cristo resucitado se manifestase. Se puede comprender que su manifestación no fuese publica desde la siguiente explicación que da Santo Tomás: «De las cosas conocidas, unas lo son por una ley común de la naturaleza», que hace que el hombre con su entendimiento puede conocer una serie de verdades accesibles a las características de su razón. Pueden denominarse, por tanto, verdades naturales.

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1.04.25

LXXVII. Las cicatrices de la pasión de Cristo

Las cicatrices del cuerpo de Cristo [1]

En el cuarto y último artículo de la cuestión sobre las cualidades de Cristo resucitado, que se encuentra en el postrer tercio del tratado de la «Vida de Cristo» de la Suma Teológica, Santo Tomás examina si debe tener las cicatrices de su pasión. Para ello, recuerda que en el Evangelio: «dice el Señor a Tomás: «Mete aquí tu dedo, y mira mis manos; alarga tu mano y métela en mi costado» (Jn 20, 27)»[2].

A continuación, indica que: «fue conveniente que en la resurrección el alma de Cristo tomase el cuerpo con las cicatrices». Los motivos son los siguientes: «Primero, por la gloria del mismo Cristo. Dice San Beda que no por la impotencia de curar conservó las cicatrices, «sino para llevar siempre consigo las señales de su triunfo» (Exp. Evang. S. Lucas, Lc 24, 40, l. 6).

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