InfoCatólica / Sapientia christiana / Archivos para: Noviembre 2024

15.11.24

LVIII. El limbo de los niños

El limbo

La fe en la propiciación de Cristo

En el séptimo artículo de esta cuestión de la bajada de Cristo a los infiernos, se pregunta Santo Tomás si los niños que habían muerto con el pecado original, que se encontraban en el correspondiente infierno o limbo de los niños, fueron liberados con su descenso. Su respuesta es negativa.

Por una parte, porque: «está lo que dice el Apóstol: «Dios ofreció a Cristo como propiciación mediante la fe en su sangre» (Rom 3, 25). Pero los niños que habían muerto con sólo el pecado original, en ningún modo habían participado de la fe de Cristo. Luego tampoco recibieron el fruto de la propiciación de Cristo, de modo que fueran librados por Él del infierno»[1].

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4.11.24

LXVII. La acción de Cristo en el infierno de los condenados

El infierno[1]

Santo Tomás, después del articulo dedicado a la acción de Cristo en el infierno de los santos padres, en el siguiente, lo destina a averiguar cuál fue su actuación en el infierno de los condenados. Su conclusión es que a los condenados: «el descenso de Cristo a los infiernos no les trajo la liberación del reato de la pena infernal»[2]. No libró a ninguno de ellos de la pena de daño ni de la de sentido, que habían recibido.

Los ángeles rebeldes o demonios habían sido arrojados al infierno y allí son también sumergidas las almas reprobadas. Al igual que a las otras estancias ultraterrenales, que en distintos lugares o estados viven los espíritus, y que, como explica Royo Marín: «no hay sobre este punto ninguna declaración dogmática de la Iglesia. No pertenece, por lo mismo, al depósito dogmático de la Iglesia. Fundamentalmente, los datos de la fe pueden salvarse diciendo que lo que afecta a las almas separadas es un nuevo estado (de salvación, condenación, purificación…), pero no un lugar determinado. Sin embargo, la opinión que asigna un determinado lugar a las almas separadas, aun antes de volverse a reunir con sus cuerpos resucitados, es la más probable, y, desde luego, la más común entre los teólogos»[3].

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