InfoCatólica / Sapientia christiana / Archivos para: Marzo 2025

17.03.25

LXXVI. Integridad del cuerpo glorioso de Cristo

La integridad

En su obra Compendio de teología, afirma Santo Tomás que todos los cuerpos resucitados poseerán íntegras todas sus partes y, además, que quedarán restaurados todos los fallos de la naturaleza corporal humana. No tendrán, por tanto, ni enfermedad, ni sus secuelas, ni ningún deterioro, porque «por el mérito de Cristo se quitará en la resurrección lo defectuoso de la naturaleza que es común a todos»[1].

En su vida terrena el hombre usa de los alimentos y de los actos generadores, pero: «cesará el uso de todas estas cosas, los hombres tendrán, sin embargo, los órganos destinados para todas estas cosas, porque sin ellos el cuerpo del hombre resucitado no permanecería íntegro, y es conveniente que la naturaleza sea reparada íntegramente en la restauración del hombre resucitado, restauración que procederá inmediatamente de Dios, cuyas obras son perfectas. Así, los hombres, después de la resurrección, poseerán dichos órganos por causa de la conservación de la naturaleza íntegra y no para ejercer los actos a que estaban destinados»[2].

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3.03.25

LXXV. El cuerpo glorioso de Cristo

Gloria y claridad[1]

San Pablo, en el texto de la enumeración de los cuatro dotes o cualidades de los cuerpos resucitados, nombra, en segundo lugar a la «gloria»[2], en el sentido de claridad, tal como se ha interpretado siempre . Explica Santo Tomás que «habla del dote de claridad diciendo «sembrado en ignominia» (1 Cor 14, 43) esto es un cuerpo que antes de la muerte y en la muerte está sujeto a muchas fealdades y miserias «el hombre nacido de mujer, viviendo breve tiempo, está cercado de muchas miserias» (Job, 14, 1) pero «resucitará en gloria» (1 Cor 14, 41) la cual significa claridad como dice San Agustín que los cuerpos de los santos serán claros y luminosos, como se dice en la Escritura: «los justos resplandecerán como el sol» (Mateo 13, 43)»[3].

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