El sentido interior (intrínseco) de la sexualidad
Mañana, Dios mediante, espero escribir la recensión que me han pedido sobre el libro del Papa, “Luz del mundo”, un texto que he leído, íntegro, con admiración y con asentimiento intelectual.
Si algo podemos decir del Papa, de Joseph Ratzinger, ya que el libro-entrevista no es (al menos formalmente) un acto magisterial, es que es un pensador coherente. No afirma en un lugar una cosa y, cuatro páginas más adelante, lo contrario y, menos aun, lo contradictorio.
Como se ha levantado tanto revuelo con el asunto de los preservativos – ¡ya es desagradable tener que hablar de estos temas! – quiero, en este post, citar algunos extractos del libro, mostrando que hay una secuencia lógica que los conecta entre sí. Sólo teniendo en cuenta esa unidad de pensamiento se podrá entender de modo correcto lo que el Papa, sobre ese particular, dice.
1º) El Papa recuerda que la sexualidad tiene un sentido interno, y que ese sentido interno – que vale para todo hombre, sea cristiano o no - tiene relevancia teológica. Podríamos decirlo de otro modo: hay una continuidad entre creación y salvación, entre ley moral natural y ley evangélica. Pero voy al texto:
“Si se lo quiere expresar de este modo, podría decirse que la evolución ha suscitado la sexualidad con el fin de la reproducción de la especie. Eso vale también desde la perspectiva teológica. El sentido de la sexualidad es llevar al hombre y a la mujer uno hacia el otro y, de ese modo, dar a la humanidad descendencia, hijos, futuro. Es una determinación interior que está en su esencia. Todo lo demás va contra el sentido interior de la sexualidad. Tenemos que sostener esto aun cuando no le guste a la época” (p.160).
2º) El Papa recuerda que hay acciones malas en sí mismas – diríamos, “intrínsecamente malas” – y que el olvido de ese dato ha propiciado enormes errores. Y, con claridad, critica el consecuencialismo. Refiriéndose a los años 70 escribe:
“Sobre todo se sostuvo la tesis - que se introdujo también en la teología moral católica – de que no hay algo que sea malo en sí mismo, sino sólo cosas ‘relativamente’ malas. Lo malo y lo bueno dependen, se decía, de las consecuencias” (p. 50).
3º) El Papa recuerda que “bajar el listón”; es decir, ceder en asuntos morales no ayuda a la sociedad:
“Mantener lo difícil como parámetro con el que los hombres tienen que medirse una y otra vez es una misión necesaria para que no se produzcan más caídas” (p. 153). “La estadística no puede ser ya el parámetro de la moral” (p. 154). “… no deberíamos tomar como instancia contra la verdad el que esa elevada moral [se refiere a la sexualidad humana no separada de la fecundidad] no se viva” (p. 156).

Santa Catalina de Alejandría (25 de Noviembre)
Lo he recibido esta tarde y he leído 72 de un total de 227 páginas. Una lectura que proporciona una enorme satisfacción. Por la hondura intelectual, moral y espiritual de Benedicto XVI, el Papa.
Hay días en los que el mundo se nos presenta al revés y este cambio de perspectiva provoca sorpresa y hasta mareo. Sucede algo similar a cuando uno, tras un largo viaje, se despierta en mitad de la noche e, influido por la somnolencia, tarda unos segundos en recordar donde está: ¿es la habitación de mi casa?, ¿es la habitación de un hotel?, ¿me encuentro donde me hallaba ayer o en otro sitio?












