Un saludo en la Apertura del Curso del Centro Teológico de Vigo
El filósofo alemán Robert Spaemann (1927-2018) publicó, ya jubilado como profesor de Filosofía, un interesante comentario a los Salmos, titulado “Meditaciones de un cristiano”. “El Salterio – escribe en la introducción a esta obra- es el libro clásico de oración de la sinagoga y de la iglesia. Constituye la mayor parte del Libro de las Horas de los monjes cristianos de Oriente y Occidente, así como del Breviario cotidiano de los sacerdotes. Los salmos pertenecen – con independencia de la fe del lector o del cantor – al patrimonio cultural fundamental de Europa”.
A propósito del salmo 8, que canta la gloria del Creador y la dignidad del hombre, se pregunta Spaemann: “¿Qué tiene primacía, el cosmos luminoso o el hombre? El salmista se asombra aquí de la paradoja. El hombre es lo más alto de la creación, pero esto no es una obviedad ni se desprende de una mera observación de la realidad”. El cosmos, las lumbreras del cielo, son más imponentes que el hombre. Frente a ellas, el hombre es una combinación pasajera de elementos cósmicos. De ahí la interrogación de asombro: “¿qué es el hombre para que te acuerdes de él?”
¿De dónde deriva esta grandeza del hombre? “La posición del hombre en el cosmos – sigue comentando Spaemann – no es un ‘factum’ fundamentado ni susceptible de fundamentación cósmico-natural. Es, por así decirlo, un ‘factum’ teológico. Tiene su fundamento en que ‘Dios se ha acordado de él’. La espiritualidad del hombre no es mera consecuencia de combinaciones químicas”. “Solo el espíritu puede originar espíritu, solo la vida puede originar vida”, añade.
Dios conoce al hombre porque lo recuerda. En la liturgia católica, cuando se reza por los difuntos, se apela a la “memoria” de Dios: “Recuerda a tu hijo, a quien llamaste de este mundo a tu presencia”. San Agustín sostiene que el alma humana es imagen de la Trinidad y establece una correlación entre las potencias del alma y las personas divinas: La memoria se corresponde con la persona del Padre, la inteligencia con el Hijo y la voluntad con el Espíritu Santo. El hombre es un espíritu finito que se abre a la totalidad de lo existente y que tiene, asimismo, la capacidad de acordarse de Dios y, de este modo, de tomar conciencia de la propia dignidad y valor.
En el presente curso académico 2026-2027 nuestro Centro Teológico quiere compartir el asombro y la interrogación del Salmista. La encíclica de León XIV, “Magnifica humanitas”, se pregunta sobre “la custodia de la persona humana en el tiempo de la Inteligencia Artificial” y apunta, ya en el primer número, a Cristo como respuesta: “Allí donde la humanidad corre el peligro de perder su rostro, nosotros, los cristianos, alzamos los ojos hacia el Dios que se hizo carne, sabiendo que «el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado». En Jesucristo, esta magnífica humanidad encuentra el camino, la verdad y la vida, abriendo a cada uno de nosotros la vía para crecer hacia la plenitud”. “Alzad la mirada” fue también el lema de la visita apostólica del Papa a España del 6 al 12 de junio.
Abordaremos, de un modo o de otro, esta temática en los diferentes cursos que nuestro Centro ofrece: Ágora, Formación Permanente y el Aula de Teología, sin olvidar los actos académicos de la apertura de curso, de la fiesta de Santa Catalina de Alejandría y de la de Santo Tomás de Aquino. Del 4 al 6 de mayo de 2027, con el título “¿Qué es el hombre?”, se desarrollarán, Dios mediante, las VI Jornadas de Teología.
Con modestia, pero con dedicación y esfuerzo, esperamos contribuir a la formación teológica de los miembros de nuestra Diócesis, apostando también por este edificio – el Seminario Mayor de Vigo – para que sea una casa viva y el motor de la tarea pastoral de esta iglesia particular. Ojalá que no se escatimen recursos humanos y económicos para que este deseo se convierta en realidad.
Agradecemos mucho su presencia aquí esta mañana. La Iglesia la construye Dios, pero cuenta con nuestra colaboración. Y la primera de las formas de colaborar es hacerse presentes. ¡Muchas gracias!
Guillermo Juan-Morado.
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