Santa Rita y las abejas

Las abejas son unos insectos muy singulares, productores de cera y de miel. En sentido figurado, se le llama “abeja” a una persona laboriosa y previsora. El gran poeta romano Virgilio (70-19 a.C.), de origen campesino, crecido entre los bosques y los árboles, formado entre trabajadores, en una Lombardía húmeda y brumosa, mantiene a lo largo de su vida el apego a la vida sencilla, a los pequeños placeres y a los animales, cultivando una simpatía que extiende a toda la naturaleza. Desde el año 54 estudió elocuencia en Roma y se interesó por la filosofía y por la poesía. A partir de un determinado momento, vivirá asiduamente en la Campania, donde compone, entre el 37 y el 30, un poema acerca del cultivo de la tierra, las “Geórgicas”, antes de dedicarse durante unos 10 años a escribir la “Eneida”. El cuarto canto de las “Geórgicas” versa sobre la apicultura, tema de enorme importancia, pues la miel – “rocío del aire y don del cielo” – se usaba, sobre todo, para endulzar.

En otra región de lo que hoy es Italia, en la Umbría, en la pequeña aldea de Roccaporena, nació hacia 1371 – es imposible precisar con exactitud las fechas de su biografía, que son todas aproximativas - Margarita Lotti, llamada en diminutivo “Rita”, en una familia de campesinos y ganaderos. Sus padres procuran para ella una buena educación en la vecina Casia, donde la instrucción está a cargo de los religiosos agustinos. En ese contexto, madura la devoción de Rita por san Agustín, san Juan Bautista y san Nicolás de Tolentino, a quienes venera como santos protectores. En torno a 1385, se casa con Paolo di Ferdinando di Mancino, con quien tiene dos hijos: Giangiacomo y Paolo María. Es una época de enfrentamientos entre facciones y familias. A consecuencia de ello, su esposo es asesinado y, algo después, también mueren, de enfermedad, sus dos hijos. A los 36 años, más o menos, Rita solicita el ingreso en el monasterio de las monjas agustinas de Casia y, finalmente, es admitida. Entre los símbolos que están presentes en la iconografía de santa Rita, destacan tres: la espina o estigma en la frente, las rosas y las abejas.

El estigma, la herida de la corona de espinas, lo recibe hacia 1432 y persiste durante unos 15 años, hasta su muerte. Se trata de la respuesta divina a la petición de Rita, inmersa en la contemplación de Cristo, de participar más plenamente en el misterio de su Pasión. Las flores son otra señal que la acompaña. En el invierno que precede a su muerte, le pide a una prima suya que ha venido a visitarla desde Roccaporena que le traiga dos higos y una rosa del huerto de la casa paterna. La mujer cree que es un delirio provocado por la enfermedad, pero, cuando vuelve a su casa, encuentra, estupefacta, los higos y la rosa y los lleva a Casia. Rita ve en esos signos la confirmación de que su esposo y sus hijos habían sido acogidos por la misericordia de Dios. La santa expira en la noche del 21 al 22 de mayo alrededor de 1447. Su cuerpo incorrupto, nunca sepultado, es custodiado por una urna de cristal. A pesar de las dificultades que atravesó a lo largo de su vida, Rita supo florecer como las rosas.

Y nos quedan las abejas. Se cuenta que cuando Rita era una bebé, mientras dormía en una cesta, abejas blancas se agrupaban sobre su boca, depositando en ella la miel sin hacerle daño y sin que la niña llorase para alertar a sus padres. Uno de los campesinos, viendo lo que ocurría, trató de dispersar las abejas con su brazo herido. Su brazo se curó inmediatamente. Después de casi 200 años de la muerte de santa Rita, las abejas blancas surgían de las paredes del monasterio de Casia durante la Semana Santa de cada año y permanecían hasta la fiesta de santa Rita, el 22 de mayo, cuando retornaban a la inactividad hasta el año siguiente. El papa Urbano VIII (1568-1644), nacido con el nombre de Maffeo Barberini, en cuyo escudo de armas figuran tres abejas de oro, como se puede ver en el baldaquino de Bernini en la basílica de san Pedro del Vaticano, al oír lo de las famosas abejas de Casia, pidió que le llevaran una de ellas a Roma. La examinó cuidadosamente, le ató un hilo de seda y la dejó libre. Esta se descubrió más tarde, en su nido del monasterio de Casia, a 138 kilómetros de distancia. Urbano VIII beatificó a Rita el 16 de julio de 1627. Fue canonizada el 24 de mayo de 1900.

Así son las abejas, que fascinaron a Virgilio y que simpatizaron con santa Rita. Aseguran que los huecos en la pared del monasterio de Casia, donde las abejas permanecen ocultas casi todo el año, pueden ser vistos por los peregrinos que allí se acercan. Si Virgilio hubiese nacido un par de siglos después de santa Rita, quizá hubiera añadido algunos versos al cuarto canto de las “Geórgicas”.

 

Guillermo Juan-Morado.

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