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19.02.26

Cortázar y Santo Tomás

 Cortázar

 Aquino

El conocimiento es “hacerse lo otro en tanto que otro”. Para que esta definición pueda incluir al conocimiento divino, en el cual no hay cambio, sino Eternidad, podemos decir que el conocimiento es ser lo otro en tanto que otro.

Esto es así al menos para el conocimiento que Dios tiene de las creaturas. El autoconocimiento divino plantea el problema de que Dios no es “otro” para sí mismo en modo alguno. En Dios ser y conocerse son lo mismo, si bien hay una distinción de razón entre ambas cosas, según nuestro modo de conocer. O sea que en el autoconocimiento divino, la identidad entre el cognoscente y el conocido implicada en la expresión “hacerse o ser lo otro en tanto que otro” llega al punto de que no hay “otro” como tal. 

¿Qué quiere decir todo esto?

El misterio del conocimiento consiste en que mediante un acto interno nuestro conocemos lo externo, lo que está fuera de nosotros. ¿Cómo es eso posible? ¿Cómo una perfección de lo que no somos nosotros puede ser de algún modo una perfección nuestra, sin dejar de ser una perfección de la otra cosa y sin que nosotros dejemos de ser distintos de esa otra cosa, o sea, sin diluirse en nuestro ser y sin que nosotros nos diluyamos en ella?

Como dice Julio Cortázar en su novela “El perseguidor”:

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9.01.26

28.09.25

14.09.24

¿Todas las religiones llevan a Dios?

Politeísmo

Todos los resaltados en negrita son nuestros. 

El Papa Francisco ha afirmado en un encuentro religioso con jóvenes en Singapur:

«Esto es muy importante porque si empiezan a discutir: “Mi religión es más importante que la tuya…” “La mía es verdadera, la tuya no es verdadera…”, ¿a dónde lleva esto? Todas las religiones son un camino para llegar a Dios (…) Y como Dios es Dios para todos, todos somos hijos de Dios».

La frase que hemos resaltado en negrita se presenta como muy amplia y abarcadora en verdad, pero eso mismo hace que sea importante saber qué es lo que exactamente significa.

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26.04.24

Realismo, idealismo, modernismo y progresismo

Modernismo

El excelente “post” de Bruno sobre el modernismo ha hecho revivir una idea que tenía hace tiempo de escribir algo sobre ese tema. A lo mejor repito algo que ya escribí antes, pero tampoco es que venga tan mal. Todos los resaltados en negrita son míos. 

En Filosofía hay dos tesis posibles, opuestas entre sí: el realismo y el idealismo. El primero dice que el objeto de conocimiento es independiente del sujeto cognoscente, el segundo dice que no lo es.

Tratándose de dos proposiciones contradictorias entre sí, se aplican los principios de no contradicción y tercero excluido: no pueden ser las dos verdaderas ni las dos falsas, una es verdadera y la otra falsa. Esto supone el principio de bivalencia (toda proposición es verdadera o falsa), que a su vez depende del principio de tercero excluido, porque una proposición cualquiera, o se adecua a la realidad, y es verdadera, o no lo hace, y es falsa.

El objeto conocido, o depende o no depende del sujeto cognoscente, no hay otra posibilidad. No sirve decir que en parte depende y en parte no depende. Sin duda, hay en nuestro conocimiento algo que procede de nosotros y no de las cosas, concretamente, el modo abstracto y universal que los conceptos tienen en nuestra mente. En la realidad no existe el “animal”, sino los animales, que además son distintos entre sí: perros, gatos, caballos, etc.

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