"L'Osservatore" y la Virgen
A riesgo de exagerar con aquello de “de María nunquam satis“, pero exigidos en cierta forma por los acontecimientos, transcribimos en primer lugar el texto de un artículo publicado recientemente en “L’Osservatore Romano” (traducción del italiano de ChatGPT) Los resaltados en negrita son míos.
“A propósito de la Nota Doctrinal “Mater Populi Fidelis”.
El icono de la disimilitud
11 de noviembre de 2025
Por Antonio Staglianò, Obispo Presidente de la Academia Pontificia de Teología
La cuestión del título «Corredentora», planteada y aclarada en la Nota Doctrinal Mater Populi fidelis, no es una simple disputa terminológica. Es síntoma de una falla en la analogía. El lenguaje humano, al intentar hablar de Dios y su obra, se ve obligado a recurrir a la analogía. Pero la analogía auténtica, especialmente en teología, no es una mera semejanza; es un camino al borde del abismo, donde la disimilitud siempre supera la semejanza.
El instinto que lleva a la creación del término «Corredentora» es el mismo que, aplicado ingenuamente, construye una analogía por semejanza: María se asemeja a Cristo en la obra de la salvación, por lo que podemos llamarla «corredentora». Es una analogía que busca domesticar el misterio, hacerlo comprensible y controlable mediante un paralelismo. Pero es precisamente aquí donde la analogía tradicional, si no se «subvierte», se delata a sí misma y genera monstruos teológicos.
La analogía por semejanza conduce instintivamente (es decir, sin análisis crítico) al nacimiento del «paralelismo salvífico». El documento, con precisión quirúrgica, desmantela el título no porque María sea poco colaboradora, sino porque el término construye una imagen engañosa. La analogía por semejanza funciona así: a) aísla un punto de contacto (tanto Cristo como María sufrieron por nuestra salvación. Ambos estuvieron asociados al evento redentor); b) extiende la semejanza (si Cristo es el Redentor y María es similar a Él en esta obra, entonces puede ser llamada «Corredentora»); c) minimiza la disimilitud (en este proceso, la abismal diferencia —Cristo actúa como Dios y Hombre, la fuente primaria y autónoma de la gracia; María actúa como criatura, redimida y transformada, un canal derivado y subordinado— se atenúa. La disimilitud se convierte en un apéndice, una nota al pie).
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Así, casi instintivamente, se establece una «vía paralela a la salvación». El documento advierte precisamente contra esto: «El peligro de oscurecer el papel exclusivo de Jesucristo […] no sería un verdadero honor para la Madre» (n. 22). La analogía por semejanza, al fracasar en su tarea primordial de preservar el misterio, termina creando una diarquía en la que María ya no es simplemente la primera de las redimidas, sino casi una fuente complementaria de redención.
La “Corredentora” se convierte en el término medio de una analogía mal aplicada.
La analogía inversa no niega la similitud, sino que la somete a una transformación radical. No parte de la similitud para luego añadir diferencias, sino que parte de la disimilitud constitutiva para interpretar, a su luz, la única similitud posible. Se trata de un cambio de perspectiva trascendental.
Aplicada al papel de María en la salvación, la Analogía Invertida nos plantea las siguientes preguntas: a. ¿Cuál es la disimilitud absoluta e irrevocable? La unicidad de Cristo como Redentor. Solo Él es «el único Mediador entre Dios y los hombres» (1 Timoteo 2:5). Su mediación es causal, basada en la fuente , hipostática (en el sentido de la unión hipostática). No se trata de una diferencia de grado, sino de naturaleza. Es lo primario, lo innegociable; b. A la luz de esta disimilitud, ¿qué tipo de similitud es posible? La similitud solo puede ser participativa, derivada , subordinada y, sobre todo, receptiva . María no «hace» algo similar a lo que Cristo hace desde una posición de igualdad o complementariedad. Recibe la obra de Cristo de una manera única y perfecta y, en virtud de esta plenitud recibida, puede asociarse a su difusión.
El documento es fundamental en esta aplicación. No afirma: «María es semejante a Cristo en la redención, pero de forma subordinada». Más bien, declara: «La singular mediación del Redentor no excluye, sino que inspira en las criaturas una cooperación diversa compartida por una sola fuente» (n. 28). La semejanza (cooperación) es consecuencia y efecto de la disimilitud (mediación singular). Es una acción que Cristo, en su gloria, «inspira». La semejanza de María no reside en «redimir con» Él, sino en ser la criatura moldeada por la Redención de forma tan completa que se convierte en el signo más transparente de su eficacia.
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Desde esta perspectiva, muchos pasajes del documento revelan una nueva profundidad:
La maternidad espiritual como símil «invertido» : el título «Madre» no es una analogía débil, sino el único símil posible tras afirmar la disimilitud. Cristo es el Hijo Unigénito. María es madre por gracia adoptiva («hija de tu Hijo», como recuerda Dante). Su maternidad hacia los creyentes no es un paralelo a la generación eterna del Verbo, sino el fruto supremo de esa generación en el tiempo. Es un símil que existe únicamente dentro y a causa de la disimilitud trinitaria.
La intercesión no es una mediación paralela: el documento distingue cuidadosamente la intercesión maternal de María de la mediación única de Cristo. La analogía inversa nos ayuda a comprender esto: la intercesión de los santos (y especialmente la de María) es una similitud posible solo porque existe una disimilitud radical. Cristo intercede como Sumo Sacerdote desde la Trinidad, en virtud de su sacrificio. María intercede como criatura redimida, cuya oración es eficaz no por su propio poder, sino porque «Cristo mismo manifiesta su gloria en nuestra humildad» (n. 90). La similitud (orar por los demás) se hace posible y poderosa solo por la disimilitud (Él es el Sacerdote, nosotros somos el templo).
La «mediación participativa» es un oxímoron que confirma la regla: la misma expresión «mediación participativa», utilizada en el documento (n.º 28), es un oxímoron que preserva el misterio. Si la mediación es, por definición, exclusiva de Cristo, hablar de «mediación participativa» equivale a decir: «Existe una similitud tan profunda en ser un canal de gracia que podemos usar la misma palabra, pero solo si recordamos que aquí la disimilitud es tan enorme que distorsiona el significado del término». Este es el punto culminante de la analogía inversa: se usa la palabra «mediación», pero su significado se invierte y se purifica por la disimilitud que la precede y la fundamenta.
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De esto surgen las consecuencias necesarias para una devoción purificada. Abandonar a la «Corredentora» no es una pérdida, sino una ganancia en profundidad. A la luz de la Analogía Invertida, María deja de ser una «cuasi-Cristo» en un peligroso paralelismo salvífico. En cambio, se convierte en el Icono de la disimilitud de la criatura ante Dios.
Su grandeza no reside en «hacer» algo similar a lo que hizo Dios, sino en ser la criatura que, más que ninguna otra, consintió en ser creada, redimida y plena. Su «Fiat» no es un pacto de colaboración entre iguales, sino el «sí» total de la criatura que se convierte en tierra fértil para que el divino Sembrador pueda realizar su obra única. Su presencia al pie de la Cruz no es una «coinmolación», sino el acto de fe más profundo de una madre que, traspasada, acoge el insondable misterio de la Redención, obrada únicamente por el Hijo.
La verdadera devoción mariana, por lo tanto, no consiste en multiplicar títulos para acercarse a Cristo, sino en contemplar su incomparable belleza, para sentirse aún más atraída por la absoluta singularidad del Salvador. Como recuerda el documento, María es la Hodegetria , la que muestra el Camino. Y el Camino es uno solo: Jesucristo.
Mater Populi fidelis, leída con la clave de la Analogía Invertida, no es un documento restrictivo, sino liberador. Nos libera de un lenguaje aprisionado en peligrosas semejanzas y nos invita a un salto cualitativo: de la búsqueda de paralelismos a la contemplación silenciosa de un misterio asimétrico. Dios no es un ser superior en una línea de continuidad con nosotros. Él es el Otro absoluto, la Fuente de todo ser, cuya acción nos alcanza no por semejanza, sino por don gratuito. María, «llena de gracia», es la obra maestra de este don. Honrarla no significa elevarla a un trono junto al de Cristo con títulos ambiguos, sino reconocer en ella la perfecta realización de la vocación de toda criatura: ser un vaso, transparente y lleno, de la única, insondable y diversa Misericordia de Dios.
La próxima vez que sintamos la tentación de buscar en María un reflejo de Cristo basado en la semejanza, recordemos la Analogía Invertida. Y, en lugar de forzar nuestras palabras, guardemos silencio ante esta Mujer, cuya grandeza reside precisamente en no ser el Redentor, sino su Discípula más perfecta, su obra maestra, y la Madre que, al mostrarnos su glorificada pequeñez, nos señala el abismo infinito del Amor que es su Hijo.”
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Comentamos a continuación.
¿María hace algo o no hace nada en lo relativo a la Redención? Los Papas han dicho que sí hace algo.
Por ejemplo, Pio XI:
“La benignísima Virgen Madre de Dios… habiendo dado y criado a Jesús Redentor y ofreciéndole junto a la cruz como hostia, fue también y es piadosamente llamada Redentora (Corredentora) por la misteriosa unión con Jesucristo y por su gracia absolutamente singular.” (Misserentissimus Redemptor, Doc. mar. 608.)
Y es que obviamente, al menos hay que admitir el libre consentimiento de la Virgen al pie de la Cruz en la obra de la Redención, pero ese consentimiento libre es por su misma naturaleza algo activo, no algo pasivo ni algo que se pueda mera y únicamente recibir.
De hecho lo reconoce el autor del artículo: “Su grandeza no reside en «hacer» algo similar a lo que hizo Dios, sino en ser la criatura que, más que ninguna otra, consintió en ser creada (essere fatta)…”
Eso sí, en forma algo contradictoria, porque la negación del “hacer” sugiere la ausencia de toda actividad, lo cual contradice al consentimiento, que es obviamente algún tipo de actividad de la Virgen.
En cuanto a “consentir en ser creada o hecha“, a lo sumo se podrá entender en el sentido de aceptar el hecho de haber sido creada, pero no da pie para ninguna “coooperación” en la creación, obviamente.
El autor dice que María “Recibe la obra de Cristo de una manera única y perfecta y, en virtud de esta plenitud recibida, puede asociarse a su difusión.”
Según esto, la Virgen no hace nada en lo relativo a la Redención misma o Redención objetiva, sino solamente hace algo (¿ahora sí?) en lo relativo a la difusión de la gracia, o sea, la Redención subjetiva.
Pero los Papas no presentan a la Virgen asociada solamente a la difusión de la Redención o de las gracias de la Redención, sino como asociada a la Redención misma, es decir, a la Redención objetiva, y ése además es el significado natural de “cooperadora con la Redención”.
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“Cooperar”, en efecto, tiene que ver con “operar”. Como dice San Juan Pablo II haciendo referencia la Constitución “Lumen Gentium”:
“Además, el texto conciliar pone de relieve que el consentimiento que da a la inmolación de Jesús no constituye una aceptación pasiva, sino un auténtico acto de amor, con el que ofrece a su Hijo como ‘víctima’ de expiación por los pecados de toda la humanidad. Por último, la Lumen gentium pone a la Virgen en relación con Cristo, protagonista del acontecimiento redentor.”(L’Osservatore Romano, del 4 de abril de 1997, nº 14, ed. en lengua española, pg. 3, en la catequesis del Papa durante la audiencia general del miércoles 2 de abril, con el título: María, al pie de la Cruz, partícipe del drama de la Redención.)”
¿Hace algo o no hace nada la Virgen en lo relativo a la Mediación? Este mismo artículo parece decir que sí. ¿Y en lo relativo a la intercesión?
¿La Maternidad de la Virgen consiste en no hacer nada? ¿Se puede ser Madre sin hacer nada?
¿La Madre es solamente un “signo” de la vida que trasmite o es también causa de esa vida?
¿El problema entonces es la palabra “Corredentora” o la doctrina que los Papas han expresado con ella? O sea, ¿lo malo es el “co” o es el pensar que la Virgen hace algo en lo que tiene que ver con nuestra Redención?
Recordar que el artículo comienza diciendo que no se trata de una mera disputa terminológica.
¿El título de “Corredentora” se aplica la Virgen solamente porque su actividad se asemeja a la de Cristo? ¿Es eso lo que han dicho los Papas?
Es este artículo el que crea un paralelismo que no existe. La Virgen ofrece a Cristo en el Calvario, no se ofrece a sí misma, como parece sugerir el artículo con eso de la “coinmolación”. Hay una sola Redención, que es la que realiza Cristo al ofrecerse al Padre en la Cruz, y la Virgen se asocia a esa Redención ofreciendo ella también, obviamente a que su modo subordinado, a Cristo. No es una semejanza de paralelos ni es un tema de sola semejanza, es un tema de causalidad subordinada en una misma obra, en un mismo ofrecimiento, que implica, sin duda, uina semejanza analógica, no entre dos redenciones, sino entre dos formas de intervenir en la única Redención. No ese que la Virgen haga una Redención semejante a la de Cristo, sino que María participa precisamente en esa misma Redención que hace Cristo.
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¡Es que no hay analogía sin semejanza! Lo que el autor llama “analogía invertida” en realidad es equivocidad: Jesús hace, María no hace, sino que recibe. Se parece más a la dialéctica de Karl Barth que la analogía católica.
Una cosa es recordar que en la analogía la diferencia siempre es mayor que la semejanza, y otra querer hacer una “analogía” a base de diferencias. La “analogía invertida” es la analogía no analógica.
Dice Santo Tomás en Ia., q. 13, a. 5:
“Es imposible que algo se pueda decir unívocamente de Dios y de las criaturas. Porque todo efecto no proporcionado a la capacidad causal del agente, recibe la semejanza del agente no en la misma proporción, sino deficientemente. Así, lo que es diviso y múltiple en los efectos, en la causa es simple y único, por ejemplo, el sol, siendo una sola energía, produce, en los seres de aquí abajo, múltiples y variadas formas. Igualmente, como ya se dijo, todas las perfecciones de las cosas, que en la realidad creada se encuentran en forma divisa y múltiple, en Dios preexisten en forma única.
Así, pues, cuando algún nombre que se refiera a la perfección es dado a la criatura, expresa aquella perfección como distinta por definición de las demás cosas, por ejemplo, cuando damos al hombre el nombre de sabio, estamos expresando una perfección distinta de la esencia del hombre, de su capacidad, de su mismo ser y de todo lo demás. Pero cuando este nombre lo damos a Dios, no pretendemos expresar algo distinto de su esencia, de su capacidad o de su ser. Y así, cuando al hombre se le da el nombre de sabio, en cierto modo determina y comprehende la realidad expresada. No así cuando se lo damos a Dios, pues la realidad expresada queda como incomprehendida y más allá de lo expresado con el nombre. Por todo lo cual se ve que el nombre sabio no se da con el mismo sentido a Dios y al hombre. Lo mismo cabe decir de otros nombres. De donde se concluye que ningún nombre es dado a Dios y a las criaturas unívocamente.
Pero tampoco equívocamente, como dijeron algunos. Pues, de ser así, partiendo de las criaturas nada de Dios podría ser conocido ni demostrado, sino que siempre se caería en la falacia de la equivocidad. Y esto va tanto contra los filósofos que demuestran muchas cosas de Dios, como contra el Apóstol cuando dice en Rom 1,20: Lo invisible de Dios se hace comprensible y visible por lo creado.
Así, pues, hay que decir que estos nombres son dados a Dios y a las criaturas por analogía, esto es, proporcionalmente. Lo cual, en los nombres se presenta de doble manera. 1) O porque muchos guardan proporción al uno, como sano se dice tanto de la medicina como de la orina, ya que ambos guardan relación y proporción a la salud del animal, la orina como signo y la medicina como causa. 2) O porque uno guarda proporción con otro, como sano se dice de la medicina y del animal, en cuanto que la medicina es causa de la salud que hay en el animal. De este modo, algunos nombres son dados a Dios y a las criaturas analógicamente, y no simplemente de forma equívoca ni unívoca. Pues no podemos nombrar a Dios a no ser partiendo de las criaturas, como ya se dijo. Y así, todo lo que se dice de Dios y de las criaturas se dice por la relación que la criatura tiene con Dios como principio y causa, en quien preexisten de modo sublime todas las perfecciones de las cosas. Este modo de interrelación es el punto medio entre la pura equivocidad y la simple univocidad. Pues en la relación analógica no hay un solo sentido, como sucede con los nombres unívocos, ni sentidos totalmente distintos, como sucede con los equívocos; porque el nombre que analógicamente se da a muchas cosas expresa distintas proporciones a algún determinado uno, como el nombre sano, dicho de la orina, expresa el signo de salud del animal; y dicho de la medicina, en cambio, expresa la causa de la misma salud.”
O sea, “Redentor” no se aplica a Cristo y a la Virgen en el mismo sentido, es decir, unívocamente, ni tampoco en sentidos totalmente diferentes, es decir, equívocamente, sino analógicamente, o sea, en un sentido que es en parte igual y en parte diferente, primando, sí, la diferencia, pero sin eliminar la semejanza en algún aspecto.
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En cambio, si seguimos lo que el autor de este artículo dice sobre la “analogía invertida”, habría que concluir que “sano” significa “analógicamente”, “enfermo”, y viceversa.
Y justamente, Barth expresa como nadie la actitud anti-analógica del protestantismo (para el mismo Barth la “analogía entis” era la “invención del Anticristo”), y su comentario a la Carta a los Romanos hizo furor precisamente sobre la base de ver en la creatura, en el ser humano, lo opuesto a Dios.
A eso mismo suena el decir que la “mediación participativa” es un oxímoron, es decir, un término que reúne nociones contradictorias entre sí. Pero no hay contradicción alguna entre una Causa Principal y una causa secundaria o instrumental.
Además ¿en tanto que Mediadora, María es solamente un “signo” de la comunicación de la gracia o juega efectivamente un papel causal en esa comunicación?
Y a eso mismo, es decir, al barthismo, o sea, al protestantismo, suena el llamar a María “ícono de la disimilitud de la creatura ante Dios”. Si es por eso, hay muchas más cosas que serían con mucha mayor eficacia “ícono de la disimilitud de la creatura ante Dios” que la Madre de Dios. Por ejemplo, un boleto usado de tren o el contenido de una cesta de desperdicios, etc.
En esa misma línea, no podía faltar el “Otro absoluto” como forma de referirse a Dios, una de las expresiones favoritas de Barth con la cual confirmaba oficialmente que no había entendido nada de la “analogia entis”. En efecto, el “otro absoluto” de cualquier cosa es la nada, porque quiere decir que no tiene en común con esa cosa, ni siquiera desde algún punto de vista al menos, tampoco el ser.
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La filosofía del ser, cuyo máximo expositor es Santo Tomás de Aquino, ve de modo muy diferente la relación entre la acción de Dios y la acción de las creaturas. En la “Suma Contra Gentiles”, libro III, cap. 67, dice Santo Tomás:
“De aquí tomaron algunos ocasión de errar, pensando que ninguna criatura tiene acción alguna en la producción de los efectos naturales, o sea, de modo que el fuego no calentaría, sino que Dios producirla el calor a presencia del fuego; y esto mismo sucedería con los demás efectos naturales. (…) Es contra el concepto de sabiduría que haya algo en vano en las obras del sabio. Pero si las cosas creadas no obraran para producir de alguna manera sus efectos, sino que físicamente Dios lo realizara todo inmediatamente, en vano habría El destinado a las otras cosas para producir efectos. Tal opinión es, pues, contra la sabiduría divina. Quien da a un ser lo principal le da, en consecuencia, todo lo que de él se deriva; por ejemplo, la causa que da la gravedad al cuerpo elemental le da también el movimiento hacia abajo. Ahora bien, el dar actualidad a alguna cosa se deriva del estar en acto, como vemos en Dios; pues Él es acto puro y es también la causa primera de la existencia de todos, como se demostró (1. 2, c. 15). Si, pues, comunicó a los otros su semejanza en cuanto al ser, al dar existencia a las cosas, resulta que habría de comunicarles su semejanza en cuanto al obrar, de modo que las cosas creadas tuvieran también sus propias operaciones. La perfección del efecto demuestra la de su causa, pues una virtud más grande produce un efecto más perfecto. Dios es agente perfectísimo. Luego es preciso que las cosas que creó reciban de Él su perfección. Rebajar la perfección de la criatura es rebajar a la vez la perfección de la virtud divina. Mas, si ninguna criatura tiene acción alguna para producir un efecto, se rebaja en demasía su perfección, pues es característico que de la abundancia de su perfección pueda uno comunicársela a otro. Por lo tanto, tal opinión rebaja la virtud divina. (…) Luego, aunque todos los efectos de las cosas creadas los atribuyamos a Dios como que opera en todas ellas, no por eso les quitamos sus propias acciones.”
Temer que las acciones de la Virgen puedan empañar el primado de Cristo muestra una forma de entender la relación entre la acción de Dios y la acción de las creaturas que en el fondo no es católica. Como viene a decir aquí Santo Tomás, la grandeza del Creador se manifiesta en la grandeza, no en la pequeñez, de sus obras.
Barth tenía razón en ver al Anticristo mezclado en este asunto de la “analogia entis”, sólo se equivocó en situarlo del lado de los que la afirman, cuando en realidad está del lado de los que, como el mismo Barth, la niegan.
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El autor dice que la “Corredentora” se convierte en el término medio de una analogía mal aplicada. En realidad, en todo caso y desde su mismo punto de vista, la “Corredentora” debería ser, lógicamente, la conclusión del razonamiento, pero el término medio no aparece en la conclusión.
Además, si el autor ve como correcto que “se usa la palabra «mediación», pero su significado se invierte y se purifica por la disimilitud que la precede y la fundamenta.”, más allá de que esa comprensión de la “analogía invertida”, como vimos, no es la analogía católica, ¿por qué no hacer lo mismo, entonces, con el término “corredención”? ¿Es más única la Redención de Cristo que su Mediación?
En definitiva, a este artículo se le puede aplicar aquello de “no aclarar, que oscurece”, porque revela el trasfondo de un pensamiento contrario a la clásica filosofía del ser que ha sido siempre señalada por los Papas como la guía segura de los estudios teológicos.
9 comentarios
Cuando Antonio Staglianò dice esto: "guardemos silencio ante esta Mujer, cuya grandeza reside precisamente en no ser el Redentor, sino su Discípula más perfecta, su obra maestra, y la Madre que, al mostrarnos su glorificada pequeñez, nos señala el abismo infinito del Amor que es su Hijo” lo que entiendo, seguramente porque soy muy bruta, es que no rece el Ángelus, ni el Magnificat, ni las antífonas marianas siguiendo el año litúrgico, ni el Santo Rosario, ni la Salve, ni el Avemaría ya que, explícitamente, me llama a callar.
Sin embargo yo no sé cómo morirá este señor, lo que sé es que los cristeros que llevaban el estandarte de la Virgen de Guadalupe junto con la Cruz morían gritando "¡Viva Cristo Rey!" y no sé por qué no lo veo a él tan claramente dando ese grito que, con tanto como le horroriza que confundamos a Nuestro Señor Jesucristo con su Santísima Madre, en su caso debería salir con toda naturalidad de su boca. A no ser que piense que la Realeza de Jesucristo es otra analogía invertida.
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Eso del silencio me hace acordar a la película "Silencio" de Scorsese, de análogo espíritu. Hay un gran interés en hacer callar a la Iglesia.
Saludos cordiales.
También parece que se le aplicaría a ese enrevesado y descarriado artículo lo de "¡No me defiendas, compadre!", como se dice en México.
Pero al menos indica quizá algo positivo: la justa indignación de los fieles ante MPF no ha pasado desapercibida en las esferas vaticanas. De allí, parece, ese intento apresurado de hacer una apología, que por errada e infeliz viene a confirmar lo infeliz de la misma Nota MPF.
Pero se suma otro punto preocupante, aunque, da pena decirlo, no sorprenda: además del prefecto del DDF tenemos otro, al frente de la Academia Pontificia de Teología, que no parece tenga mucho que envidiarle al primero...
Que la Virgen mediadora y corredentora nos ayude.
P. S. Se viene el documento sobre la monogamia... A estos pasos, no quiero ni pensar qué nuevas traerá... O tempora!
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La monogamia es sin duda monógama.
Gracias y saludos cordiales.
La negación de que la Encarnación ha asumido todas las cosas y las ha elevado, respetando sus naturalezas y haciéndolas operativamente salvíficas, por participación.
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En efecto, son las dos formas de entender la relación entre Dios y las creaturas, de oposición (protestantismo) o de no oposición (catolicismo).
Saludos cordiales.
Eso es todo.
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Cierto, a veces uno se polariza un poco :)
Saludos cordiales.
¿Qué sentirá aquel sacerdote que hasta ayer juraba una verdad y hoy tiene que afirmarla como falsa?
¿Cómo quedan los Legionarios de María, los "Guadalupeños, "Coromoteños" etc, con su María degradada?
Y, por favor, no salgan con que es cuestión de mera semántica. Se trata de una verdad, de una creencia, de una afirmación de fe de cinco siglos, que hoy es falseada. Es decir, la Virgen no es como, literalmente, la pintaba, Murillo...
¿Qué falta? ¿Qué esperar? Será que mañana dirán: Disculpen el gazapo doctrinal, pero hemos concluido que Arrio tenía la razón...
Tántas cosas perversas que ocurren en mundo, tantos peligros que hoy azotan a la humanidad, y tantos recursos que dispone la IC para actuar en cumplimiento de su deber; pero no se les ocurre sino degradar a uno de los sustentos más sólidos del catolicismo: la fe en la Virgen María...
//brujulacotidiana.com/es/masoneria-el-doble-lenguaje-de-stagliano
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Cómo todo concuerda.
Gracias y saludos cordiales.
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Le agradezco mucho. En efecto, hace tiempo que estoy pensando escribir sobre la Eucaristía y la transustanciación, pero para eso debo emerger, Dios mediante, de entre la masa de cosas pendientes que me rodean :)
Saludos cordiales.
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