Breve meditación de un Domingo
Lo que sigue es es una de esas verdades cristianas que tienen como una de sus marcas de autenticidad lo grandes que nos quedan y cómo nos da hasta cierto pudor enunciarlas si contemplamos la serie de tropezones que parece por momentos nuestra vida.
La vida cristiana es una serie de oportunidades que Dios nos da para irnos ganando el Cielo con la gracia de Dios. El contenido de esas oportunidades, en el fondo, es indiferente. Salud o enfermedad, riqueza o pobreza, situaciones favorables o situaciones adversas, son simplemente diversas formas en que se nos hace posible aceptar la Voluntad de Dios, cargar con nuestra Cruz y, por la gracia de Dios, hacer méritos para la Vida Eterna.
En ese sentido, el cristiano es invencible. Cambiarle las circunstancias es simplemente cambiarle el patrón o el diseño de una situación que en el fondo es siempre la misma: la oportunidad de seguir a Cristo y ganar el Cielo.
El único que puede vencer al cristiano es el cristiano mismo, mediante su propio pecado. Por eso pedimos en el Padre Nuestro: “Hágase tu voluntad...no nos dejes caer en la tentación", y en casi todas las oraciones litúrgicas de petición le pedimos a Dios que nos haga cumplir su voluntad.
No se trata de la resignación estoica, aunque tiene en común con ella, en parte al menos, lo que San Ignacio de Loyola llamaría la “indiferencia” ante los bienes creados. Para el estoico, el bien supremo es su propia voluntad, para el cristiano, el Bien Supremo es Dios, y todo se relativiza en función de Dios, como dice San Ignacio, las cosas creadas debemos quererlas “tanto cuanto” nos permitan alcanzar a Dios: si mucho, mucho, si poco, poco, si nada, nada.
La oposición irreductible entre el cristiano y el estoico está en que el estoico confía en última instancia en su propia voluntad, el cristiano confía en última instancia en la gracia de Dios y sabe que no hay locura más grande en esta vida que la confianza en sí mismo.
¡De cuántas cavilaciones y sufrimientos internos nos libraríamos si realmente pusiésemos esto en práctica! ¡Cuántos dramas famosos de la literatura universal quedarían totalmente “desinflados” si sus protagonistas aplicasen en serio este principio! En definitiva, para el cristiano los grandes acontecimientos de la vida tienen en última instancia un valor instrumental, y el fin es siempre el mismo: la Vida Eterna.
Por eso la esperanza de los santos es inconmovible y su serenidad es proverbial. No es que no les importe nada, es que sólo Dios les importa absolutamente, y todo lo demás, sólo en función de Dios. La consecuencia es que nada importa tanto en esta vida como estar unidos a Dios, estar en gracia de Dios, y para eso son fundamentales la oración, los Sacramentos, y la práctica de las virtudes cristianas.
Por supuesto, hablamos de los santos en el sentido de aquellos a los que la gracia de Dios ha unido en forma especialmente notable a Jesucristo. Nuestra naturaleza humana, en sí misma considerada y más aun teniendo en cuenta las consecuencias del pecado original, no entra fácilmente en esta forma de ver las cosas. Nos asustamos, angustiamos, indignamos, sobresaltamos, preocupamos, etc., o nos encantamos a veces también demasiado, por esto y por aquello.
Por eso nuestra lucha espiritual, con la ayuda de la gracia de Dios y no sin ella, consiste también en ir adquiriendo esta forma de ver las cosas que es la real, la verdadera.
Por lo dicho, muchas de nuestras lamentaciones simplemente no tienen sentido alguno. Que no logré esto, que perdí aquello, que no tuve lo de más allá, y que me pasó aquello otro. La única pregunta importante es si en esas circunstancias hice o no hice la Voluntad de Dios, y si la respuesta es negativa, tenemos el Sacramento de la Reconciliación, y a seguir adelante.
Por ejemplo, la situación actual de la Iglesia, que posiblemente sea la peor en toda su historia. Por nuestra fe sabemos que la Iglesia es indefectible, o sea, que puede agonizar todo lo que quiera y por el tiempo que quiera, pero no puede morir. En ese sentido, es curioso cuánto poder y cuán poco poder tiene un jerarca de la Iglesia infiel a su misión. Pero aquí también se aplica lo anterior: es una circunstancia más en la que tenemos la oportunidad de seguir a Jesucristo, como lo sería también, igualmente, si los asuntos eclesiales fuesen viento en popa y realmente estuviésemos viviendo la “primavera” que han alucinado algunos.
Y seguir a Jesucristo nunca puede significar salirnos de su Iglesia. La Iglesia es el Cuerpo de Cristo. Y por lo general la Cruz no se elige, sólo se acepta o se rechaza. A lo mejor alguien pensaba llegar al Cielo siendo mártir bajo las órdenes de una Jerarquía de santos. Por eso el refrán: cuando quieras hacer reír a Dios cuéntale tus planes.
Como dice San Pablo: porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él la gloria por los siglos. Amén. Y que María Corredentora y Mediadora de todas las gracias ruegue por nosotros.
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Y sin embargo, qué lejos queda todo esto de cierta especulación filosófica que oscurece la inmensa bondad de Dios y su amor a todas las criaturas, ignorando la realidad de que Dios nunca las abandona si ellas no se empeñan en alejarse de Él primero.
Ninguna lotería arbitraria y caprichosa ha elegido el destino de nadie antes de nacer.
Saludos cordiales.
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En efecto, ninguna lotería arbitraria ni caprichosa. Solamente el hecho de que para que la creatura abandone a Dios es necesario que Dios permita que lo abandone, cosa que siempre puede impedir con su gracia, porque Dios es Omnipotente y en sus manos está hasta el libre querer de nuestros corazones, por su buena Voluntad, como dice la Escritura.
Es evidente por eso que es Dios el que decide para cada caso permitir o no permitir el pecado. Y eso no es lotería caprichosa, es el libre don de la gracia divina, que porque es gracia, no es debida ni está Dios bajo la obligación de darla a nadie.
Y por supuesto, que en un sentido, todo lo que Dios hace lo hace "antes de que nazcamos", porque lo hace desde su inmutable Eternidad. Para Dios no hay antes y después, no hay novedades. Las novedades se dan solamente en el término creado de las Voluntades divinas, no en esas mismas Voluntades que se identifican con el Dios Eterno e Inmutable.
Saludos cordiales.
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Sugerencia de redacción teológica más precisa:
Ninguna acción de Dios es arbitraria ni caprichosa. Que la creatura se aparte de Dios solo ocurre porque Dios, en su respeto a la libertad, lo permite.
Usted dice: “cosa que siempre puede impedir con su gracia”
La gracia de Dios sana y fortalece la voluntad, permitiendo que nadie se pierda si realmente coopera. Sin embargo, la frase podría interpretarse como que Dios obliga a la criatura a permanecer en Él, lo cual no es exacto; Dios no fuerza la libertad, sino que ofrece la gracia suficiente para evitar el mal.
Usted dice: "Es evidente por eso que es Dios el que decide para cada caso permitir o no permitir el pecado."
¿ Quiere decir con esto que hay casos en los que la persona estaría decidida a pecar libre y conscientemente según circunstancias concretas de tiempo y espacio pero Dios lo evita ? No sería mejor decir, que Dios en la sucesión del tiempo coloca donde y cómo quiere las acciones pecaminosas que Él sabe de antemano se van a dar en virtud de la libertad humana? Como dijo (creo que San Agustín o Sto Tomas): " sabe el pintor donde colocar el color negro para que surja una obra de arte beññísimo, no va a saber Dios donde colocar al pecador para que haya orden en el mundo ?"
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Es que la misma decisión de pecar ya es un pecado y ya tiene que ser previamente permitida por Dios. Como digo en otra respuesta, Dios no actúa desde fuera sobre la libertad creada, sino desde dentro, porque una libertad creada, por definición, no puede ser una libertad independiente de Dios.
Por eso, cuando Dios mueve infaliblemente a una creatura a realizar un acto libre, no la está obligando a nada, porque es un acto libre. Esa infalibilidad es justamente la garantía de que no hay obligación ni "falta de respeto a la libertad", porque es la infalibilidad de que se produzca un acto libre.
Repito, Dios no cambia, no toma nota de lo que va haciendo la creatura, lo sabe todo y lo quiere y decide todo desde una Eternidad inmutable que es anterior a todo lo que sucede en la creación.
Saludos cordiales.
Es evidente por eso que es Dios el que decide para cada caso permitir o no permitir el pecado.
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Dios no se dedica a correr detrás de cada pecador decidido a pecar como un vigilante celestial con silbato en mano. No detiene a alguien que ya ha decidido traicionar, mentir o cometer injusticias graves como si fuera un guardia que impide cada mal paso. Su acción es mucho más sutil y grandiosa: coloca al pecador donde su providencia lo dicta, como un director de orquesta que sabe exactamente cuándo cada instrumento debe entrar, incluso si algunos músicos desafinan. Si una persona se deja arrastrar por la avaricia, la violencia o la traición, Dios no anula su libertad; más bien, dispone el tiempo y el espacio de tal forma que esa elección se integre en un tejido mayor, que puede abrir caminos de reparación, despertar conciencia en otros o incluso, a la postre, conducir a la propia conversión.
Es como un pintor que coloca con precisión cada sombra, cada tono oscuro, sabiendo que esos matices son necesarios para que la obra sea completa y armoniosa. Del mismo modo, Dios sabe dónde “colocar” al pecador para que, incluso en medio del pecado, el mundo conserve un orden oculto y una belleza que solo Él ve en su totalidad. No se trata de justificar el mal ni de minimizar la gravedad del pecado; se trata de comprender que la libertad humana no es anulada, sino integrada en la providencia divina.
Así que, incluso ante los errores más graves, podemos confiar en que nada se pierde y nada ocurre fuera del gran plan. Y sí, eso incluye los pecados que nos parecen inexplicables o que nos llenan de ira y desesperación: incluso ellos, misteriosamente, están bajo la sabia disposición de Dios. Si Dios fuese un jefe irritado intentando detener cada metedura de pata, la humanidad sería un caos total; pero como gran Artista del tiempo y la historia, Dios sabe dónde poner cada sombra, cada contradicción, para que el cuadro final sea infinitamente más bello de lo que podemos imaginar. Y mientras nosotros nos preocupamos por el desorden, Él ya está viendo el patrón completo, sonriendo con esa paciencia divina que nos supera y, a veces, hasta nos divierte.
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Todo ese discurso ignora continuamente que efectivamente Dios puede, si quiere, impedir cada pecado, sin anular para nada la libertad de las creaturas racionales.
Es falsa la alternativa entre Dios que interviene desde fuera tratando de obstaculizar las acciones humanas y Dios que prevé simplemente cómo reaccionarán las personas en tales y tales circunstancias. Falta justamente la alternativa verdadera: Dios que mueve infaliblemente a las voluntades creadas a la realización de actos libres, no como una intervención externa y "a posteriori", sino porque esa es la única forma en que puede funcionar una libertad creada.
Lo que pasa es que la mentalidad secularizada, aún si es creyente, piensa a las creaturas como si fuesen dioses, es decir, como si fuesen realidades absolutamente independientes en su ser y en su obrar, y ve a Dios como una especie de visitante ocasional, cuando en realidad, Dios es el presupuesto necesario de la existencia del mundo y el Primer Motor de todos los cambios mundanos, incluidos los de las voluntades creadas.
Es decir, nos hemos acostumbrado a pensar en las creaturas en forma inconscientemente atea. En realidad, pensar a la creatura implica pensar a Dios, sin el cual la creatura no es ni siquiera posible.
Saludos cordiales.
El molinismo trató de esquivar esto apelando a la ciencia divina de los “futuribles”, pero entonces trasladó el problema precisamente al mundo futurible contemplado por la “ciencia media” divina: un mundo en el cual, o no hay Dios, o hay un Dios que va tomando nota de lo que hacen las creaturas. Todo eso, como dijimos, contemplado por la “ciencia media” de un Dios Inmutable que no toma nota de nada: una gran contradicción.
Dios no cambia. Las decisiones divinas no cambian. No comienzan a existir, son eternas como Dios mismo, y en ese sentido, son obviamente anteriores a toda la historia del cosmos, aunque no se trate de una anterioridad temporal.
La única posibilidad de albergar una libertad creada en ese contexto es justamente, si esa libertad creada es, en todo lo que tiene de ser y bien, y por tanto, también de libertad, fruto de las libres, eternas e inmutables decisiones divinas, y si en lo que tienen de malo esas decisiones libres de las creaturas tienen como presupuesto y condición necesaria las libres, eternas e inmutables permisiones divinas.
Bajo una Voluntad divina Omnipotente, eterna e inmutable que se extiende a todo lo que sucede fuera de Dios, las decisiones libres correctas de las creaturas sólo pueden ser efecto de esa Voluntad divina, y por eso mismo, si Dios permite el pecado, el pecado ocurre, porque la creatura peca o no peca, y que no peque es efecto de una libre Voluntad divina que falta justamente cuando Dios permite el pecado.
Así, la Omnipotencia divina, lejos de ser un obstáculo para nuestra libertad, como pensaba Lutero en “De Servo Arbitrio”, es lo único que la hace posible, porque esa Voluntad divina inmutable que se extiende a todo lo que sucede fuera de Dios sólo puede tener bajo sí actos libres de las creaturas racionales porque también es una Voluntad Omnipotente, ya que sólo la Omnipotencia puede causar en otro ser un acto libre.
Saludos cordiales.
Es evidente por eso que es Dios el que decide para cada caso permitir o no permitir el pecado.
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Podemos afirmar con certeza, porque lo revela el Catecismo de la Iglesia Católica, que Dios permite los pecados y no anula la libertad humana (CIC 302-306, 1730-1732). Esto significa que los actos humanos libres, incluso los pecaminosos, se integran en la providencia divina: Dios sabe de antemano quién pecará, dónde y cuándo, y coloca esos actos dentro de su plan sin coartar la libertad de la creatura.
Por tanto, es absolutamente legítimo afirmar que Dios integra los pecados libres dentro de su providencia. Esta afirmación se basa en datos revelados, es decir, hechos de fe: la Escritura y el Magisterio lo enseñan con claridad. Dios puede permitir el pecado para que, incluso en medio del mal, se cumpla un bien mayor que Él ha previsto. Esto no disminuye la responsabilidad del pecador; al contrario, su libertad sigue siendo plena y operativa.
Lo que no se puede demostrar, y aquí radica el error del argumento contrario, es que Dios haya intervenido activamente para impedir que un pecador decidido a pecar cometa el pecado. Aunque Dios es todopoderoso, y ciertamente podría hacerlo, la revelación nos asegura que Él no anula la libertad humana, ni actúa como un policía celestial que detiene cada mal acción. Pretender lo contrario sería contradecir el Magisterio y la doctrina católica sobre la libertad y la providencia.
En resumen: la teología católica no deja lugar a dudas. Dios integra los actos libres —incluso los pecaminosos— en su plan providencial, los permite según su sabiduría, y respeta la libertad humana hasta el último instante.
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Ningún policía celestial, y si hablamos de teología católica, hablemos de Santo Tomás de Aquino y de lo que él dice sobre la relación entre la Providencia y la libertad de las creaturas racionales. Como digo en otra respuesta, la misma decisión de pecar tiene que ser permitida por Dios. Nada sucede en lo creado al margen de la Voluntad del Omnipotente. Eso no es anular la libertad creada, es hacerla posible, porque no es posible sino en dependencia del Creador.
La expresión "Dios respeta la libertad" es una expresión típica de la forma secularizada de pensar para la cual Dios es un extraño, visitante ocasional del mundo, en vez de ser la condición de posibilidad del mundo mismo y de todo lo que sucede en él. La forma en que Dios respeta la libertad creada es moviéndola a realizar sus actos libres, porque no hay otra libertad creada posible que ésa.
Saludos cordiales.
San Agustín, gran teólogo de la providencia divina, dice que «así como los hombres malos usan mal de las criaturas buenas, así el Creador bueno usa bien de los hombres malos. El Creador de todos los hombres sabe lo que debe hacer con ellos. El pintor sabe dónde poner el color negro para que salga un hermoso cuadro, y ¿no sabrá Dios dónde poner al pecador para que haya orden en el mundo?» (ML 38,1382).
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Sí, pero San Agustín no era molinista, al contrario, Molina escribe explícitamente contra San Agustín.
Saludos cordiales.
y realmente estuviésemos viviendo la “primavera” que han alucinado algunos.
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Néstor, afirmar que San Juan Pablo II “alucinaba” al profetizar una gran primavera eclesial no solo es impreciso, sino también ofensivo para la memoria y autoridad de un santo pontífice. Durante todo su pontificado, Juan Pablo II trabajó incansablemente para renovar la vida de la Iglesia, promover la santidad, el apostolado y la evangelización, cumpliendo en gran medida la “primavera” que vislumbró, aunque sus frutos se desplieguen en el tiempo según la Providencia de Dios.
Históricamente, recordemos que grandes primaveras eclesiales han ocurrido incluso en contextos mucho más hostiles y decadentes que los actuales: por ejemplo, tres siglos después de los milagros de Jesús, en medio de un Imperio romano cruel y pagano, la conversión del imperio marcó un resurgir espiritual extraordinario. Decir que la visión de Juan Pablo II es ilusoria, cuando apenas han pasado 30 años desde su pontificado, demuestra una visión corta y superficial de la historia de la Iglesia.
Además, desde la perspectiva de la fe, la profecía y la labor de los santos no se mide por la rapidez de su cumplimiento, sino por su fidelidad a la voluntad de Dios. Es probable que, cuando llegue esa primavera eclesial completa, aquellos que la negaron o insultaron la contemplen desde el purgatorio, reconociendo con humildad que la sabiduría y la visión de los santos trascienden nuestro juicio limitado y nuestras críticas inmediatas.
En suma: desacreditar la profecía de San Juan Pablo II es no comprender ni la historia ni la fe, y subestimar la obra de Dios en la Iglesia. La verdadera primavera eclesial no depende de nuestras expectativas inmediatas, sino del plan providencial de Dios, que se cumple con paciencia y fidelidad.
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No se alucina cuando se desea una primavera eclesial para el futuro, se alucina cuando se dice, sugiere, insinúa o piensa que lo que vivimos actualmente es una primavera eclesial. Contra facta non valet argumenta. Y no me vengan con épocas anteriores que supuestamente fueron peores, porque nada es peor que la anarquía doctrinal en que actualmente estamos de hecho sumergidos.
Saludos cordiales.
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Néstor, parece que no has comprendido bien la cuestión. No se trata de presentar una falsa alternativa entre, por un lado, un Dios que interviene desde fuera tratando de obstaculizar cada acción humana y, por otro, un Dios que simplemente prevé cómo reaccionarán las personas en ciertas circunstancias.
Lo que sabemos con certeza, y esto es lo que nos enseña la fe, es que aunque Dios puede hacer lo que quiera, lo que sabemos con certeza es que Él no anula la libertad humana. Más aún, Dios integra los actos libres de cada creatura en su plan providencial, concebido incluso antes de nuestra existencia. Esto está expresamente afirmado en el Punto 600 del Catecismo Mayor: la libertad no se destruye ni se suprime, sino que cada acción humana libre se incluye dentro del orden providencial de Dios.
Por lo tanto, hablar de lo que Dios podría hacer no cambia lo que sabemos con certeza sobre cómo Él actúa: permite los actos libres y los incorpora en su plan eterno, respetando la libertad humana. Insistir en que Dios debería “impedir” los pecados como una especie de policía celestial es ignorar la enseñanza clara de la fe católica sobre la providencia y la libertad.
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Es que lo que Dios puede hacer es vital, porque lo que puede hacer, y no hace, es porque no quiere hacerlo. Por tanto, si puede impedir un pecado, y no lo hace, es porque no quiere impedirlo, y eso es lo mismo que decir que quiere permitirlo.
Ningún policía celestial. Es que lo que el Omnipotente no quiere o permite, simplemente no sucede. Eso es la fe católica expresada al comienzo del Credo: Dios Todopoderoso.
Permitir es no impedir, y Dios siempre puede impedir cualquier pecado.
Saludos cordiales.
600 Para Dios todos los momentos del tiempo están presentes en su actualidad. Por tanto establece su designio eterno de "predestinación" incluyendo en él la respuesta libre de cada hombre a su gracia: "Sí, verdaderamente, se han reunido en esta ciudad contra tu santo siervo Jesús, que tú has ungido, Herodes y Poncio Pilato con las naciones gentiles y los pueblos de Israel (cf. Sal 2, 1-2), de tal suerte que ellos han cumplido todo lo que, en tu poder y tu sabiduría, habías predestinado" (Hch 4, 27-28). Dios ha permitido los actos nacidos de su ceguera (cf. Mt 26, 54; Jn 18, 36; 19, 11) para realizar su designio de salvación (cf. Hch 3, 17-18).
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Claro, pero "incluyendo en él la respuesta libre de cada hombre a su gracia" no tiene porqué interpretarse como que esa respuesta libre del hombre se da independientemente de Dios y luego Dios la integra en su plan. San Agustín y Santo Tomás lo entienden al revés: está desde la Eternidad en el plan de Dios esa respuesta libre del hombre, y está en ese plan divino, porque Dios la quiere, si es buena, porque Dios la permite, si es mala.
Saludos cordiales.
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Y también con el tomismo, que dice que Dios mueve infaliblemente a las creaturas para que éstas realicen sus actos libres. La expresión "Dios respeta la libertad" no se encuentra en esos numerales del Catecismo. Además, Dios permite solamente los actos malos. Los actos buenos no los permite: los quiere y los causa.
Saludos cordiales.
Dios que mueve infaliblemente a las voluntades creadas a la realización de actos libres, no como una intervención externa y "a posteriori", sino porque esa es la única forma en que puede funcionar una libertad creada.
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Esto está en algún Catecismo; en algún canon de concilio ? De dónde saca esa afirmación? Gracias de antemano
Es compatible esa afirmación con el punto 600 del Catecismo Mayor?
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Ésa es la teología de San Agustín y de Santo Tomás de Aquino, las dos mayores referencias teológicas de la Iglesia latina, el último recomendado por los Papas como "Doctor Común de la Iglesia" y como la doctrina teológica más segura.
Saludos cordiales.
+ Cuando una persona se equivoca y utiliza mal su libertad, Dios reconfigura su camino como un GPS del mismo modo que cuando te equivocas de la ruta marcada.
+ Una obra buena es 100% de Dios y 100% del Hombre.
¿Podría comentarlas?
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La segunda frase es tomismo puro, al menos si se entiende en el sentido de que la obra buena es 100 % de Dios como Causa Primera, y 100 % del hombre como causa segunda, o sea, movida por la Causa Primera. Como el techo de la Sixtina es 100 % de Miguel Ángel y 100 % de su pincel, con la diferencia de que el pincel de Miguel Ángel no actuaba libremente, lo cual se entiende fácilmente teniendo presente que Miguel Ángel tampoco era Dios.
La primera frase no es clara. Si se entiende en el sentido de que cambia el plan eterno de Dios, es falsa, obviamente. Dios es Inmutable, está fuera del tiempo, no tiene antes ni después, no puede cambiar. Tampoco empezó a tener un plan, lo tiene desde la Eternidad, como existe desde la Eternidad.
Y si no se la entiende así, entonces no se ve porqué Dios debería reconfigurar nada, fuera del hecho de que Dios puede hacer volver al buen camino a esa persona, moviendo, precisamente, su libertad para que retome la buena senda.
Saludos cordiales.
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Bueno, Nestor, con todo respeto: el párrafo nos ha quedado un pelín abstracto. Así que vamos a preguntarle algo de forma más directa:
¿Sería ortodoxo —conforme a la doctrina tomista— decir lo siguiente?
Que antes de crear el mundo, Dios, que contempla eternamente todas las posibilidades, todas las circunstancias y todas las miríadas de actos libres que cada creatura realizaría una vez creado el tiempo y el espacio, los ve todos en acto (porque en Dios no hay futuro ni pasado), y sin anular jamás la libertad, los ordena todos conforme a un único plan eterno e inmutable que Él ha concebido desde siempre.
Él ve todos los actos libres como realmente libres, pero vistos “desde arriba”, no como una secuencia temporal.
Dios no anula la libertad:
La libertad humana es una causa segunda real, cuya acción Dios sostiene sin destruirla.
El acto libre es verdaderamente del hombre, pero está sostenido por la causa primera.
Dios ordena todos esos actos en un plan único e inmutable:
Ese plan incluye todas las acciones libres: buenas, malas, heroicas y dolorosamente torcidas.
La creación es el despliegue temporal de ese plan eterno:
Lo que para nosotros sucede “paso a paso”, para Dios es un único acto inteligible.
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Eso suena en todo caso más a molinismo, que no ha sido condenado por la Iglesia, obviamente, pero que yo, junto con los demás tomistas, entiendo que es falso.
La cuestión es si Dios mueve o no mueve efectivamente, eficazmente, a las libertades creadas. El molinismo está hecho en el fondo para decir que no las mueve, porque lo que Dios ve en esa "ciencia media" es unas libertades creadas "futuribles" que actúan sin ser movidas por Dios.
Lo que pasa es que, según el molinismo puro al menos, Dios ve cómo responderían a la gracia en determinadas circunstancias las creaturas racionales, y elige para la Vida eterna los que responderían positivamente. Así es como Dios "ordena su plan" en el molinismo.
Los tomistas decimos que Dios mueve a las libertades creadas y que entonces no necesita ninguna "ciencia media", le alcanza con saber cómo ha determinado moverlas. Y objetamos que lo que según el molinismo Dios contempla en su "ciencia media" es un mundo futurible ateo, sin Dios, porque es un mundo en el que la creatura se mueve sin ser movida por el Creador.
Saludos cordiales.
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Entonces soy tomista porque creo firmemente:
El
Catecismo de la Iglesia Católica explica que Dios no solo crea las cosas, sino que también las sostiene y las guía constantemente, dándoles tanto el "ser" como el "obrar".
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Ésa es una gran verdad, ciertamente.
Saludos cordiales.
"Que antes de crear el mundo, Dios, que contempla eternamente todas las posibilidades, todas las circunstancias y todas las miríadas de actos libres que cada creatura realizaría una vez creado el tiempo y el espacio, los ve todos en acto (porque en Dios no hay futuro ni pasado), y sin anular jamás la libertad, los ordena todos conforme a un único plan eterno e inmutable que Él ha concebido desde siempre."
No puede ser molinista ni ateo porque cuando digo que Dios ordena, en esa frase (Dios ordena), está implícito que son ordenadas por la Gracia.
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Bien, pero entonces tampoco hace falta, según el tomismo, que lo que Dios contempla en ese caso sean posibilidades y no realidades efectivas. O sea, sigue sin hacer falta la "ciencia media" molinista.
Porque al conocer sus propios libres decretos para lo realmente existente, Dios ya conoce lo realmente existente, pues son decretos libres de la Omnipotencia.
Más aún, sólo así, dice Santo Tomás, puede Dios conocer la existencia actual de las creaturas, porque Dios, absolutamente Perfecto desde siempre e Inmutable, no puede recibir nada de las creaturas, tampoco el conocimiento de lo que tiene que ver con esas creaturas.
Saludos cordiales.
No hay por qué creer en la reprobación negativa antecedente, aunque no esté condenada como la doble predestinación calvinista.
Un católico puede elegir la hipótesis teológica que más le cuadre con la revelación y el sentido común.
Los límites son los que establece la Iglesia: el pelagianismo, el jansenismo, el luteranismo, el calvinismo... Evitar las herejías y ser fieles a la doctrina católica.
Y rechazar todo lo que dañe su fé en el Dios justo y misericordioso que se revela en Jesucristo.
Cierto que está bien intentar comprender el misterio de Dios dentro de nuestras limitaciones. Está bien su crítica al luteranismo por rebajar la omnipotencia de Dios precisamente en nombre de su omnipotencia e inmutabilidad, pero a su vez eso es lo que hace UD mismo cuando asegura que Dios no puede hacer mociones rompibles. Está bien señalarle a Calvino la asimetría entre el bien y el mal, pero luego Uds los bañecianos son incapaces de llevar esa asimetría hasta sus ultimas consecuencias.
Lo importante es tener claro lo que es realmente doctrina católica y diferenciarlo de lo que son hipótesis teológicas no obligatorias.
Luego nos podemos preguntar qué es lo que edifica y alimenta la fe. Está meditación que nos ofrece es excelente en ese sentido. Sus teorías filosóficas no siempre me lo parecen, la verdad
Y tener la última palabra no le da la razón.
Saludos cordiales
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El principal problema que tiene el bañecianismo es que no existe. Nadie va a pensar que Molina era tomista, empezando por el mismo Molina, que reconoce al comienzo de su obra que se opone en ese punto a San Agustín y a Santo Tomás. La reacción de Báñez es simplemente la lógica en los dominicos, que son tomistas. Y como hemos visto por los textos mismos de Santo Tomás, Bañez no hace otra cosa que exponer el pensamiento del Aquinate.
Lo que pasa es que las circunstancias históricas dieron lugar al desarrollo de lo que los tomistas han llamado la "comedia bañeciana". Nadie quería decir que iba en contra de Santo Tomás, en eso Molina no fue seguido por sus mismos discípulos. De ahí que se cargó al pobre Báñez con las críticas que en realidad iban dirigidas al tomismo.
Es lógico que esa "comedia" se haya intensificado después de que León XIII, en la encíclica "Aeterni Patris", puso a Santo Tomás como modelo y guía de los estudios filosóficos y teológicos en la Iglesia.
Y nadie va a encontrar, obviamente, en Santo Tomás las "mociones rompibles" o "falibles" de Marín-Solá y Maritain, que son claramente un intento de hallar una tercera vía entre el tomismo y el molinismo.
En cuanto a la Omnipotencia divina, es la capacidad de hacer todo aquello que no implica contradicción. Y las mociones divinas "rompibles" o "falibles" implican contradicción, porque implican que Dios puede fallar, ya que la moción, activamente tomada, es el acto del que mueve.
Dios no puede fallar, y por eso tampoco puede querer fallar, ni puede permitir su propio fallo, como no puede querer ni permitir que los círculos sean cuadrados.
Cuando alguien falla en hacer algo es porque interviene alguna causa que escapa a su control, pero nada escapa al control de la Causa Primera, ya que las causas segundas actúan solamente en tanto son movidas a actuar por la Causa Primera. Por eso la Causa Primera no puede fallar.
No puede haber sorpresas ni novedades para el que es Omnipotente, como no puede haberlas tampoco para el que es Inmutable.
Lo que pasó fue que la teología jesuítica se comenzó a formar en un ambiente que ya estaba cargado de nominalismo. El mismo San Ignacio tuvo profesores nominalistas en la universidad de París. El nominalismo hace imposible la analogía del ente, y sin la analogía del ente no se puede pensar la relación entre el Creador y la creatura sino en términos de oposición, como hace Karl Barth.
Por eso los nominalistas no pueden entender que María sea Corredentora, por ejemplo.
"Ente" es "aquello que es". Tanto Dios como la creatura, por tanto, son entes, pero qué distintos que son. Y qué distinta es su forma de ser "entes". La misma palabra "ente", dicha de Dios y de las creaturas, significa algo en parte igual, y en parte diferente. Simplemente hablando, diferente, y bajo cierto aspecto, igual.
Y por eso es que la creatura, a pesar de que existe, no compite con Dios. Hay que darle su crédito, aún en el error, a Parménides, cuando razonó que el ente sólo puede ser uno, porque fuera del ente sólo habría el no ente, que por definición no es.
De eso sólo nos saca la analogía del ente, el cual, como dice Aristóteles, "se dice de muchos modos". Lo que dice Parménides es válido respecto del ente realizado en forma absolutamente perfecta, pero puede haber participaciones imperfectas en el ente, que somos nosotros, justamente, y que por eso mismo serán "ente" en un sentido imperfecto, participado, o sea, análogo.
Y entonces no hay competencia posible, porque hay dos niveles distintos, el del Ente Perfecto, que es Dios, y el de los entes imperfectos, que son las creaturas. Para chocar hay que ir por la misma vía. La Virgen puede ser todo lo Corredentora que se quiera, lo será siempre en el segundo nivel, el de lo creado, participado, imperfecto, analógico y dependiente del primer nivel, el del Creador.
Pero entonces ya no hace falta el "parte y parte" típico de la mentalidad nominalista: esto es de Dios, esto otro es de la creatura. Por el contrario, el 100 % es de Dios como Causa Primera (primer nivel) y el 100 % es de la creatura como causa segunda (segundo nivel).
No hay que hacerle lugar a la creatura y a su libertad haciendo retroceder un poco al Creador. Al contrario, cuanto más actúa la Causa Primera, más actúa la causa segunda, e inversamente. El "respeto de Dios por la libertad creada" es lenguaje nominalista.
El nominalismo dice que a nuestros conceptos universales no les corresponde nada en la realidad fuera de un conjunto de individuos que no tienen nada en común entre sí. A partir de ahí, todo discurso acerca del "ente en general" se vuelve ficticio, y por tanto, desaparece la analogía del ente. Y entonces, se entra inevitablemente en la oposición entre el Ser y los seres, entre Dios y las creaturas, que es la base de la teología de Lutero en "De Servo Arbitrio", resucitada por Barth en su comentario a la Carta a los Romanos.
Y eso es el calvinismo, también, claro. Si Dios es libre, el hombre no puede serlo.
Es decir, en el fondo, vuelta a Parménides, pero por el camino opuesto. Para Parménides sólo existe el Ser, para los nominalistas el "ser" es sólo una palabra, pero en ambos casos, es algo unívoco, que significa siempre exactamente lo mismo, no hay analogía del ente.
El molinismo es justamente la quintaesencia del "parte y parte". La gracia divina es eficaz, dice el molinismo, por el consentimiento de la creatura. Dios da una parte, el hombre hace la otra parte. Dos hombres reciben de Dios la misma gracia, uno se salva, el otro no, porque el primero puso la parte que le faltaba al don de Dios, el segundo no lo hizo. Donde Dios avanza, el hombre retrocede, y viceversa. Mucho respeto por todas partes.
El tomismo es exactamente lo contrario. Todo es de Dios como Causa Primera y todo es de la creatura como causa segunda. El hombre no pone nada que no reciba de Dios. La gracia eficaz lo es por sí misma, no por el consentimiento de la creatura racional. Dos hombres que reciben exactamente lo mismo de Dios, o se salvan los dos o se condenan los dos, porque todo es don de Dios, incluido lo que hacemos nosotros. Y el respeto consiste en que Dios nos mueve en forma infalible a obrar libremente, como creaturas racionales que somos.
Y el "marinsolismo" es poner al molinismo al comienzo del tomismo, las gracias falibles antes que las infalibles. En las "mociones falibles" vuelve el "parte y parte": Dios da la moción falible, ésa es su parte, el hombre no la hace fallar, pudiendo hacerlo, ésa es su parte. Es en el fondo la misma gracia eficaz por el consentimiento de la creatura de los molinistas, sólo que puesta en forma negativa: en vez de hacer algo para completar la obra de Dios, el hombre no hace nada para impedirla, pudiendo hacerlo, claro.
Saludos cordiales.
Otra pregunta. La gracia eficaz es la suficiente aceptada por la criatura movida por Dios? No son dos gracias diferentes, en realidad es una, en un caso aprovechada y en otro desechada? En ambos casos bajo el libre albedrío personal.
Personalmente la frase que más recorre mi mente últimamente es la de S.Pablo. Qué tengo yo que no haya recibido? Nada. Absolutamente nada.
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En el acto del pecado, el tomismo distingue lo que ese acto tiene de ser y de bien, y lo que tiene de pecado y de mal, recordando que el mal es una falta de ser, un privación, es decir, la carencia de algo que se debería tener.
Lo que el acto del pecado tiene de ser y de bien es querido y causado por Dios, Ser y Bien Supremo, no puede haber ser y bien en lo creado que no venga de Él.
Lo que el acto del pecado tiene de pecado, de mal y de no ser, no es querido ni causado, sino solamente permitido, es decir, no impedido, por Dios. Su única causa es la voluntad falible de la creatura racional.
Todo lo que sucede "ad extra", entonces, Dios lo conoce conociendo sus libres decretos, sea de querer, sea de permitir.
Por eso, propiamente hablando, Dios no prevé nada, ve todo como presente, porque esos libres decretos traen a la existencia actual lo que es bueno o permiten la existencia actual de lo que es moralmente malo.
Dios no manda a Judas que peque, permite que lo haga, y entonces Judas peca libremente, porque sólo tiene dos alternativas: peca o no peca, ambas cosas libremente. Para lo segundo, que es algo bueno, tiene que ser movido por Dios, pero entonces Dios impediría su pecado en vez de permitirlo. Dada la permisión divina, y en la ausencia por tanto de la moción divina al acto bueno, Judas peca libremente.
Por eso mismo la gracia eficaz y la gracia suficiente son esencialmente distintas. La primera da el poder hacer, la segunda da el hacer de hecho. La gracia eficaz, siempre según el tomismo, claro, es eficaz por sí misma, no por el consentimiento de la creatura, es decir, en vez de recibir su eficacia de ese consentimiento, produce infaliblemente ese consentimiento libre de la creatura racional.
Y por eso lo que dice San Pablo: "¿Qué tienes que no hayas recibido?" ¿Acaso el libre consentimiento a la gracia eficaz? No, tampoco eso.
Saludos cordiales.
Dios nos guíe. Nos haga ver, oír, cantar, saltar, como hizo en su paso por este mundo con los ciegos, sordos, mudos, cojos... Nos limpie como a los leprosos, y nos lave los pies como a sus Apóstoles, sin dejar rastro de pecado en nosotros.
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Bueno, pero entonces es más coherente decir que no va a haber primavera hasta que el Señor vuelva, porque la primavera, por más humilde que sea, algo de primaveral tiene que tener, y en estos días y con lo que está pasando...En general, cuando se habla de "primavera" es para decir "qué bien que estamos y qué bien que lo hicimos", y ahí es donde detecto el componente alucinógeno.
Claro que hay brotes primaverales, ver mi "post" reciente sobre la oleada de conversiones al catolicismo. Pero ése es justamente el lugar en el que menos buscarían los "primaverales" algo primaveral, para ellos todo eso es, en el fondo, "antiecuménico".
Saludos cordiales.
Maritain es tomista cien por cien y no tiene nada de molinista. Marín Solá no solo es tomista sino que tiene algo de bañeciano y nada de molinista.
Santo Tomás no hablaría de mociones rompibles ni irrompibles, pero tampoco de la definición bañeciana de gracia suficiente y eficaz. UD deduce lo que le parece y Maritain también.
Los católicos podemos tener otra definición de gracia suficiente basada en el sentido común y la revelación, compatible con el tomismo no bañeciano, no tenemos por qué creer en la reprobación negativa antecedente o en decretos permisivos antecedentes. Claro que a usted le puede parecer más razonable su forma de pensar y a otros nos pueden parecer más razonables Marín Solá y Maritain.
En cuanto a su noción de moción rompible, difiere de la mía, que no es ningún fallo del agente, como le he explicado muchas veces - las últimas no publicadas por ud, supongo que por no repetir lo mismo eternamente los dos.
Cierto que UD es un filósofo y es mucho más inteligente que yo, pero también Maritain es un filósofo y mucho más inteligente que yo y también él considera que la moción rompible no es contradictoria y que Dios puede mandar mociones rompibles y mociones irrompibles. A mí sentido común le van más los razonamientos de Maritain que los de Báñez.
Por supuesto que pienso que la gracia va siempre por delante, pero también que se puede rechazar. La iniciativa del bien es siempre de Dios, la iniciativa del mal es del hombre.
Y niego por tanto esa suposición suya de que el que no rechaza la gracia se distingue positivamente, es el que la rechaza el que se distingue negativamente.
No hay simetría entre la linea del bien y del mal.
Respeto su interpretación tomista, pero a mí sentido común le repugna la reprobación negativa antecedente tanto como otras interpretaciones que ya sí son heréticas, así que prefiero otras interpretaciones tomistas que no suponen ningún peligro para mi fé en el Dios justo y misericordioso que se revela en Jesucristo.
Le agradezco sus explicaciones, pero más aún que dé la posibilidad de no mostrarse de acuerdo y reconozca que somos plenamente católicos los que no aceptamos la teoría bañeciana tanto como los que sí - aunque según UD no tengamos razón.
Sería muy útil señalar lo que está definido por la doctrina y lo que no.
Saludos cordiales
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En estas tres respuestas de Santo Tomás a tres objeciones que plantea en la Suma (Ia., q. 19, a. 8), por ejemplo, está implícita la tesis de la gracia eficaz por sí misma y no por el consentimiento de la creatura racional.
“1. En aquella frase de Agustín hay que entender una necesidad en las cosas queridas por Dios que no es absoluta, sino condicional, ya que es necesario que sea verdadera esta proposición condicional: "Si Dios quiere esto, es necesario que esto suceda".
2. Del hecho de que nada se resiste a la voluntad de Dios, se sigue que no sólo se hace lo que Dios quiere; sino que se hace de modo contingente o necesario según El quiera hacerlo.
3. Lo posterior tiene necesidad de lo anterior según el modo de lo anterior. Por eso, lo hecho por la voluntad divina tiene la necesidad que Dios quiere que tenga: bien absoluta, bien sólo condicional. Así, no todo es absolutamente necesario.”
Recordar que “necesario” es “lo que no puede no ser”. Y como se ve ahí, Santo Tomás sólo admite dos posibilidades para todo lo que ocurre “ad extra” de Dios: o necesidad absoluta o necesidad condicional. La necesidad condicional es la de lo que sucede necesariamente supuesto algún otro factor, de modo que en sí mismo puede seguir siendo contingente. Como por ejemplo, el agua hierve necesariamente si se la pone a 100 grados, pero puede no hervir.
La misma contingencia, entonces, queda englobada en estas respuestas de Santo Tomás dentro de la necesidad condicional. Cuando habla de lo contingente, en la respuesta a la segunda objeción, es para decir que nada se resiste a la Voluntad de Dios, de modo que siempre se hace lo que Dios quiere, sea que se haga de modo necesario o de modo contingente. Obviamente que eso lleva a entender eso dicho de la Voluntad divina consecuente, porque lo que Dios no quiere que suceda, y sin embargo sucede, con su Voluntad antecedente Dios no quiere que suceda, mientras que con su Voluntad consecuente permite que suceda.
Recordar que la Voluntad antecedente divina es la que mira a las cosas en sí mismas, haciendo abstracción de sus circunstancias concretas, mientras que la Voluntad divina consecuente mira a las cosas en sus circunstancias concretas. Por eso sólo la segunda es operativa, porque sólo se opera y actúa en lo concreto. Por eso la primera es condicional: “si no lo impiden las circunstancias”, mientras que la segunda es absoluta. En el ejemplo de Santo Tomás, el juez, con voluntad antecedente, no quiere colgar al delincuente, porque éste es hombre, con su voluntad consecuente quiere hacerlo, porque es delincuente.
Hablando de esa misma Voluntad divina consecuente es que Santo Tomás declara verdadero este condicional: “Si Dios quiere esto, es necesario que esto suceda”, no porque todo lo que sucede sea necesario, sin más, sino porque es necesaria la verdad del condicional que dice que si Dios lo quiere (con Voluntad consecuente), sucede. O sea, no es necesidad del consecuente del condicional, sino de la consecuencia del mismo.
Pero todo eso es incompatible con la gracia eficaz por el consentimiento de la creatura racional. Porque en esa hipótesis, puede suceder que Dios quiera con voluntad consecuente y no sólo antecedente, que la creatura se convierta, y ésta no se convierta. Aquí no habría necesidad ni siquiera de la consecuencia, no habría en lo contingente ni siquiera necesidad condicional.
Claro, eso se puede sostener, lo que no se puede es sostenerlo y ser tomista. Los molinistas dirán que la necesidad condicional permanece, porque Dios crea lo que ha previsto en forma infalible con su “ciencia media”. Pero en su sistema, lo que prevé la “ciencia media” es una gracia que produce su efecto sin necesidad alguna, ni absoluta ni condicional, porque efectivamente, prevé que dependerá del libre consentimiento de la creatura que la gracia produzca su efecto o no. Luego eso se vuelve condicionalmente necesario porque Dios elige crear el mundo en el que esa gracia produce de hecho su efecto, por el libre consentimiento de la creatura. Pero son dos mundos distintos, el que Dios prevé con su “ciencia media”, en el nada de lo que sucede tiene necesidad ni condicional ni absoluta (porque no hay en ese mundo futurible otro Dios que a su vez con su ciencia media haya previsto otros mundos futuribles, etc., y así “in infinitum”) y el que de hecho realiza, en el que sí hay necesidad condicional. Ahora bien, realizar el mundo posible que se ha previsto es realizar ese mundo, no otro distinto.
Es notable como la parte medular, a mi juicio, del “De Servo Arbitrio” de Lutero es el rechazo de la distinción tomista entre necesidad absoluta y necesidad condicional. Claro que en el sentido contrario a los molinistas: para éstos, en el fondo, no hay necesidad alguna en lo creado, ni absoluta ni condicional, para Lutero todo sucede con necesidad absoluta. Para los molinistas, la gracia es eficaz por el libre consentimiento de la creatura racional, para Lutero, si hay gracia eficaz en su sistema, suprime el libre albedrío. El Lutero histórico es calvinista, al menos en este punto.
Y el “marinsolismo”, en la medida en que pone el molinismo al comienzo del tomismo, también sostiene implícitamente que hay eventos mundanos que no tienen necesidad alguna, ni absoluta ni condicional, sino que simplemente sucede a veces que Dios da la gracia “falible”, con toda su Voluntad de que la creatura no la obstaculice, y la creatura la obstaculiza. Por eso el “marinsolismo” tampoco es tomista. Además, aquí ni siquiera hay la necesidad condicional que el molinismo trata de introducir con su recurso a la ejecución divina de lo previsto por la “ciencia media”. No hay “ciencia media”, Dios simplemente recibe de lo que hacen las creaturas su conocimiento de lo que hacen, por la “vía de Eternidad”, o sea, porque todo está presente ante la Eternidad divina, de modo que viene a enterarse y tomar nota de eventos que suceden en forma totalmente contingente.
Saludos cordiales.
De acuerdo con su crítica a Lutero.
Sobre el molinismo no opino porque me parece abstruso. Como usted reconoce en otro comentario se puede ser católico y molinista pero yo no lo soy, ni Maritain, ni Marín Solá.
En ningún sitio he dicho que la gracia sea eficaz por el libre consentimiento de la criatura, la gracia es eficaz por sí misma,aunque se puede rechazar. El que no la rechaza no le agrega ninguna positividad extra que no tenga ya la gracia que sigue su curso.
El que la rechaza es el que se distingue negativamente tomando la iniciativa del mal.
El marinsolismo no me parece que lleve implícito lo que usted dice.
Respeto al conocimiento por vía de eternidad yo no veo ningún problema.
Lo importante es que mi postura es católica y acorde con la doctrina y la revelación y el sentido común y no tengo por qué creer en la reprobación negativa antecedente, que a mí, inevitablemente, me resulta contradictoria con la bondad y la justicia de Dios. Quien quiera creerlo, por lo visto puede, pero igualmente tengo todo el derecho a rechazarlo. Como católica puedo elegir.
Saludos cordiales
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Esos textos de Santo Tomás tienen implícita la idea de la gracia eficaz por sí misma, no dije nada sobre la gracia suficiente.
La gracia que es eficaz por sí misma no es rechazada nunca de hecho, porque "eficaz por sí misma" quiere decir que no depende del consentimiento libre de la creatura, sino que produce ese mismo consentimiento libre. Por eso es incompatible tanto con la versión molinista de la gracia eficaz como con la gracia falible de Marín Solá y Maritain.
Puede siempre ser rechazada, porque es la gracia para un acto libre, que se pone pudiendo no ponerlo o poner otro, y por eso hay que decir que puede ser rechazada en sentido dividido, no en sentido compuesto, o lo que es lo mismo, que lo que se hace bajo la gracia por sí misma eficaz se hace con necesidad condicional, no con necesidad absoluta.
No es posible distinguirse en la línea del mal si no se tiene la capacidad de distinguirse en la línea del bien, como no es posible distinguirse en ponerse a la derecha si no se tiene la capacidad de distinguirse en ponerse a la izquierda.
Esto es de sentido común, justamente.
Si el estar a la izquierda no depende de mí, entonces tampoco depende de mí el estar a la derecha. Justo cuando iba a ponerme a la derecha, me cayó encima esto de estar a la izquierda, qué mala suerte.
Pero san Pablo pregunta "¿Quién te distingue? ¿Qué tienes que no hayas recibido?"
Saludos cordiales.
Así que totalmente de acuerdo con san Pablo, no tengo nada que no haya recibido.
Siempre ha dicho la Iglesia que el que se salva se salva por la gracia y el que se condena se condena por rechazarla. El sentido común no tiene ningún problema con esto.
Pero ya hablamos de barcas en las que mi sentido común tiene claro que quien me salva es el que me recoge del agua y no yo y usted no admite mi punto de vista no sé por qué.
Y ya dije que no considero que la gracia sea eficaz por consentimiento de la voluntad sino que lo es por sí misma. Pero como dice la Iglesia se puede rechazar. Y en ningún catecismo dice que la gracia actual se puede rechazar pero nunca se rechaza porque solo se puede rechazar en sentido dividido pero no compuesto, sino que cuando se dice que se puede rechazar, el sentido común entiende que tal vez se rechace y tal vez no.
En el caso de que no se rechace la gracia actual se podrá rechazar en sentido dividido pero no en sentido compuesto.
En el caso de que se rechace, se podrá no rechazar en sentido dividido pero no en sentido compuesto.
Y los catecismos hablan de gracia actual, no de gracia suficiente y eficaz en el sentido bañeciano, una que se da a todo el mundo pero que no sirve para hacer el bien de hecho y otra que no se le da a todo el mundo que es la que sirve para hacer el bien de hecho.
Por supuesto el sentido común me dice que Dios da a todos la gracia actual en grado suficiente para que puedan salvarse si no la rechazan
Si quiero puedo tener el concepto de gracia suficiente de Marín Solá, que es acorde con el sentido común y la revelación y la doctrina.
Pero esto también lo hemos discutido hasta que ha dejado de publicarme los últimos comentarios y yo comprendo que resulta jartible estar siempre discutiendo lo mismo, pero lo cierto es que no me ha resuelto mis objeciones, qué le vamos a hacer... de todos modos le agradezco mucho el tiempo que ha dedicado a contestarme.
Yo lo único que quiero que quede claro es que los que rechazamos la reprobación negativa antecedente y el concepto de gracia "suficiente" y gracia eficaz bañeciano no tenemos ningún problema con la revelación ni con la doctrina ni con los concilios ni con los catecismos ni con esa frase de San Pablo - se lo digo siempre que me la pone.
O sea, que somos plenamente católicos los que negamos la reprobación negativa antecedente y no tenemos por qué aceptarla si no nos resulta coherente con la imagen de Dios que se nos ha revelado en Jesucristo.
Saludos cordiales.
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La existencia de una gracia distinta de la eficaz, que da el poder hacer pero no el hacer de hecho, es de fe por la condena del jansenismo, que sostenía que toda gracia es eficaz y que el pecador no ha recibido gracia alguna de Dios.
La Iglesia no entiende, por tanto, que esa gracia sea inútil por el hecho de que no da el hacer el bien efectivo.
Cuando se dice que la gracia es eficaz "por sí misma", se quiere decir que en vez de depender del consentimiento de la creatura, produce infaliblemente ese consentimiento. Así entendida, es un contrasentido decir que puede ser el caso que se dé la gracia eficaz y la creatura no obre de acuerdo con ella.
Por eso, la gracia eficaz por sí misma sólo puede ser rechazada en sentido dividido, no en sentido compuesto.
Es claro que el que no rechaza la gracia se distingue a sí mismo, porque pudiendo rechazarla, no lo hizo. Ambas cosas estaban su poder, y optó por una de ellas, distinguiéndose, por esa opción, del que optó por la otra.
La cuestión es si él es la Causa Primera de esa distinción. En ese caso, vamos contra lo que dice San Pablo : "¿Quién te distingue? ¿Qué tienes que no hayas recibido?". En caso de que la Causa Primera de esa opción suya sea Dios, estamos de acuerdo con San Pablo, pero en desacuerdo con Marín - Solá y Maritain.
Saludos cordiales.
La palabra “moción” significa movimiento o empujón que Dios nos da por dentro.
Maritain decía que Dios puede darnos dos tipos de “empujones”:
1 Moción rompible
Es un empujón suave, que podemos aceptar o no.
Como cuando alguien te dice: “¿Quieres venir a jugar?”
Tú puedes decir sí o no.
= Somos completamente libres.
2️ Moción irrompible
Es un empujón tan fuerte y tan lleno de amor, que no lo queremos romper.
No es que nos obligue, sino que es tan bueno que naturalmente lo seguimos.
Es como cuando alguien te ofrece tu helado favorito cuando hace mucho calor:
¡Claramente lo quieres aceptar! Pero lo haces libremente, porque te encanta.
¿Y qué decía Maritain sobre esto?
Maritain decía que:
No es contradictorio que existan dos tipos de mociones.
Dios puede darnos a veces una moción que podemos rechazar (rompible).
Y otras veces puede darnos una moción que no queremos rechazar, porque es demasiado buena (irrompible).
Las dos vienen de Dios y las dos respetan nuestra libertad, solo que de maneras diferentes.
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"Moción" significa, activamente, el acto de mover, y pasivamente, el estado de ser movido.
Ambos sentidos son estrictamente correlativos, no se puede dar uno sin el otro. No se puede mover sin que algo sea movido, y nada puede ser movido sin que algo lo mueva.
Por tanto, no hay lugar a distinguir entre empujones fuertes o suaves. Si son mociones, mueven. Si no mueven, no son mociones.
Además, es muy cierto que Marín - Solá y Maritain aceptan, para después de las mociones "falibles" o "rompibles", si no se las hace fallar ni se las rompe, mociones infalibles, es decir, gracias intrínsecamente eficaces, eficaces por sí mismas y no por el consentimiento de la creatura racional, sino que al contrario, producen infaliblemente el consentimiento libre de la creatura racional.
Así que desde estas posiciones no se puede argumentar contra "Báñez" (que había nacido en Roccasecca) diciendo que pone en peligro la libertad de las creaturas racionales.
Saludos cordiales.
Cómo se combinan gracia y libertad
En una moción rompible:
Dios mueve → tú puedes cooperar o resistir.
Tu libertad se ejercita eligiendo.
En una moción irrompible:
Dios mueve más intensamente → la voluntad ve el Bien tan plenamente que lo elige sin posibilidad psicológica de rechazo.
Tu libertad se ejerce más plenamente porque la voluntad está “poseída por el Bien”, no forzada.
Maritain dirá que en el cielo todas las mociones son así:
= irrompibles y perfectamente libres.
¿ Por qué rechazas esto Néstor ?
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Ya en la primera frase hay una contradicción. Dios mueve, tú puedes cooperar o resistir. No. Es decir, puedes en sentido dividido, no en sentido compuesto, ver en la respuesta otros comentarios.
Si Dios te mueve, te mueves.
Así de fácil. Claro, puede ser que Dios no te mueva. y entonces, no te mueves.
Lo que pasa es que "mover" es mover.
Por tanto, hasta donde Dios "da la moción" (forma complicada de decir que Dios mueve), la creatura se mueve. Si la creatura deja de moverse, es que Dios ha dejado de mover.
¿Qué es lo que ha "fallado" ahí? Lo único que puede haber "fallado" es una Voluntad divina condicional, la llamada Voluntad antecedente, que es esa Voluntad con la que Dios quiere que no pequemos cuando pecamos. Pero ese "fallo" ha tenido como condición necesaria que Dios dejase de mover a la creatura. O sea, que con su Voluntad consecuente Dios determine dejar de mover a la creatura y permita el pecado.
Toda resistencia de la creatura racional a la gracia tiene que ser previamente permitida por Dios, y desde ese punto de vista, no hay fallo alguno en el plan de Dios ni en ninguna moción divina, porque siempre Dios mueve hasta donde quiere mover (con Voluntad consecuente, que es la que hace las cosas), lo cual es lo único que cabe esperar del Omnipotente.
No es tampoco, por tanto, que Dios permita el pecado en el sentido de que deja sola a la creatura a ver si peca o no. Dios permite el pecado porque deja de mover a la creatura hacia el bien, y sin la moción divina hacia el bien, la creatura no se mueve hacia el bien.
Las propuestas del tipo de Maritain y otras no buscan ante todo la verdad. Buscan apaciguar al espíritu humano. No es una buena forma de hacer filosofía ni teología. Según mi experiencia, la verdad es el camino más corto, porque todos los otros, al final, son más largos, si llegan a algo, que sólo lo hacen cuando vuelven al de la verdad.
Saludos cordiales.
Agradezco sinceramente el esfuerzo y la dedicación con que desarrolla estas discusiones tan técnicas sobre gracia, libertad y predestinación. Quisiera, si me permite, hacer una sugerencia desde una preocupación pastoral y pedagógica.
Muchos lectores que acceden a este blog no son especialistas; llegan buscando orientación y, en ocasiones, pueden sentirse desbordados por debates muy áridos o altamente especializados. Precisamente por eso, creo que sería de gran ayuda —y un verdadero servicio a quienes lo leen— que pudiera ofrecer una síntesis sencilla y clara de los puntos esenciales, explicitando qué aspectos son objeto de legítima diversidad dentro de la tradición tomista.
Por ejemplo, existen autores plenamente tomistas y perfectamente acordes con la doctrina católica —como Jacques Maritain— que presentan una comprensión distinta de ciertos aspectos relacionados con la reprobación negativa antecedente que usted defiende vehementemente a la vista de los anteriores comentarios. No lo menciono para abrir una controversia, sino para recordar que la tradición tomista es amplia y rica, y que no todas las interpretaciones teológicas que se mantienen dentro de sus límites comparten exactamente la misma formulación.
Tal vez podría ser útil, para los lectores menos formados, exponer brevemente en qué consiste la diferencia esencial entre su enfoque y el de autores tomistas como Maritain. Dicho en términos muy simples: mientras su posición sostiene con fuerza que existe una reprobación negativa antecedente, es decir, que Dios permite desde el inicio que algunas criaturas no reciban ciertas ayudas especiales de gracia, Maritain insiste en que Dios ofrece a todos una verdadera posibilidad inicial de salvarse y que la diferencia final no está en una “falta previa” de ayuda divina, sino en el uso que cada persona hace de su libertad frente a la gracia que sí recibe. Esta manera más amplia de entender la acción divina y la libertad humana, también dentro del tomismo, puede ayudar a muchos lectores a no pensar que la tradición tomista afirma algo duro o fatalista, sino una doctrina en la que Dios quiere sinceramente la salvación de todos sin excluir a nadie desde el principio.
Gracias nuevamente por su labor filosófica y por la oportunidad de participar con respeto en este espacio de reflexión.
Un cordial saludo.
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A continuación viene un intento de presentación breve y esquemático de las distintas posturas, con algunas aclaraciones previas: Maritan y Marín - Solá, en esos puntos específicos, no son tomistas, y el tomismo estricto no es fatalista ni niega que Dios quiera sinceramente la salvación de todos, y sí enseña que Dios ofrece a todos una verdadera posibilidad inicial de salvarse, y que la diferencia final no se da sin el uso que cada persona hace de su libertad frente a la gracia que sí recibe. En cuanto a que eso sea más o menos "amplio" que el tomismo clásico, habría que ver ante todo qué puede eso significar y si es realmente un valor.
Va el cuadro:
Veamos este breve resumen, de lo que es contario a la fe y lo que no lo es, y dentro de lo que no es contrario a la fe, las distintas teorías.
1) Dios no es Libre. Contrario a la fe. (Plotino, Spinoza, etc.)
2) El hombre no es libre: Contrario a la fe. (Lutero, Calvino, etc.)
3) El hombre puede salvarse sin la gracia de Dios: Contrario a la fe. (Pelagio).
4) El hombre no puede salvarse sin la gracia de Dios, pero el primer paso en ese camino es obra exclusivamente del hombre, que luego Dios premia con su gracia. Contrario a la fe (Semipelagianos).
5) Toda gracia de Dios es eficaz, y por tanto, va acompañada necesariamente del acto bueno correspondiente. El pecador, por tanto, no ha recibido ninguna gracia de Dios. Contrario a la fe. (Jansenismo). En esta condena se fundamenta la existencia de una gracia distinta de la gracia eficaz, que los teólogos llaman “gracia suficiente”, y que da la capacidad de hacer el bien. El pecador la ha recibido y por eso es culpable, porque podía hacer el bien, y no quiso hacerlo.
6) La gracia eficaz lo es por el consentimiento libre de la creatura racional. Para saber quiénes se salvan o se condenan, Dios depende de su eterna previsión, por su "ciencia media", de ese consentimiento libre o de la falta del mismo. La elección y predestinación divina, por tanto, es posterior a la previsión divina de los méritos de las creaturas racionales (post praevisa merita), mientras que la reprobación divina es posterior a la previsión divina de las culpas, y sobre todo, de la impenitencia final (post praevisa demerita). Es lo que se conoce como “reprobación consecuente”. No condenado por la Iglesia: Molinismo.
7) Congruismo. Igual que el anterior, pero con la diferencia de que la elección y predestinación son “ante praevisa merita”, sólo la reprobación es “post praevisa demerita”. Es decir, mientras que los molinistas puros dicen que Dios prevé cómo responderán las creaturas racionales “futuribles” a la gracia, y según esa respuesta prevista, elige o reprueba, el “congruismo” dice que Dios elige ante todo, sin consideración de mérito alguno, a los que se han de salvar, y entonces selecciona para ellos las gracias que con su “ciencia media” prevé que han de ser infaliblemente aceptadas por ellos, por la “congruidad” que tienen esas gracias con la índole particular de cada uno de ellos. No condenado por la Iglesia.
8) La gracia eficaz lo es por sí misma, ya que produce infaliblemente el consentimiento libre de la creatura racional. Dios sabe quiénes se salvan porque sabe a quiénes ha elegido y predestinado para la Vida Eterna. La elección y predestinación divina, por tanto, son anteriores a la previsión divina de los méritos (ante praevisa merita). La condenación eterna depende de las culpas y la impenitencia final, por tanto, Dios la decreta luego de prever que el pecador morirá impenitente, es “post praevisa demerita” y “reprobación consecuente”. Pero la elección de algunos para la Vida Eterna implica la no elección de los otros, es lo que se conoce como “reprobación antecedente”. Esto es el tomismo, dentro del cual hay distintas interpretaciones de la “reprobación antecedente”:
a. Billuart, Garrigou-Lagrange, y otros: La reprobación antecedente consiste en que Dios permite el pecado, y en definitiva, la impenitencia final, en aquellos a los que no ha elegido para la Vida Eterna.
b. Contenson, Gonet, y otros: La reprobación antecedente consiste en que Dios niega, a los que no ha elegido, la Vida Eterna y la gracia para de hecho alcanzarla, no por razón del pecado de la creatura, porque entonces sería consecuente, no antecedente, sino a título de don gratuito y de ningún modo exigible por la creatura racional.
Tampoco condenado por la Iglesia.
Nota: En el calvinismo, la condenación eterna —que sólo puede llamarse ‘condenación’ en razón del pecado— es decretada por Dios antecedentemente, es decir, sin basarse en la previsión de culpas. Las culpas mismas de los réprobos ocurren infaliblemente según el decreto divino, como medios para cumplir ese decreto de reprobación, ya sea porque Dios las determina positivamente (según la línea supralapsaria) o porque decreta permitirlas de modo efectivo e indefectible (infralapsarismo).”
10) Agustinismo. Igual que el tomismo, excepto que no acepta que Dios mueva físicamente la voluntad creada a la realización de actos libres, sino que en lugar de la “premoción física” tomista, afirma la “delectación victoriosa”, es decir, Dios mueve infaliblemente la libertad creada porque le propone una gracia cuyo atractivo es tal que hace que la voluntad opte por ella siempre y en todos los casos.
11) Marín- Solá y Maritain. La gracia eficaz puede ser falible o infalible. Dios da primero las gracias falibles, y a los que no las hacen fallar, les da las infalibles. Dios sabe eternamente quiénes se salvan y quiénes se condenan, no por la “ciencia media” molinista, ni conociendo sus propios decretos libres, como dicen los tomistas, sino por su “ciencia de Eternidad”, que se basa en la eterna presencia de todo lo creado ante Dios. O sea, viendo lo que de hecho hacen las creaturas racionales a medida que lo van haciendo. Tanto la elección y predestinación, por tanto, como la reprobación, son posteriores al conocimiento divino de los méritos o de las culpas, respectivamente, de las creaturas racionales.
Tampoco ha sido condenado por la Iglesia.
A este sistema yo le hago dos objeciones fundamentales, como ya se ha visto:
1) Dios no puede fallar, las mociones divinas, por tanto, tampoco. Toda falla en la creatura tiene que ser previamente permitida por Dios, con lo cual volvemos o al tomismo o al molinismo.
2) Dios no puede recibir su conocimiento de las creaturas, no puede enterarse de lo que pasa mirando a lo creado.
Además, este sistema reúne las objeciones que se hacen tanto contra el tomismo como contra el molinismo: conserva la gracia intrínsecamente eficaz, que rechazan los molinistas, y admite una especie de gracia eficaz por el consentimiento de las creaturas (en este caso, por la voluntaria no interrupción de la moción divina por parte de la creatura racional), como hacen los molinistas, y que rechazan los tomistas.
Por eso, hay que agregar aquí también la objeción fundamental contra el molinismo: que independiza a la creatura del Creador, en la medida en que requiere una intervención de la voluntad de la creatura racional que no tiene a Dios como Causa Primera, y pone algo de ser y de bien en la creatura racional que no procede de Dios, a saber, el consentimiento libre a la gracia, en el molinismo. En cuanto al sistema de Marín Solá y Maritain, que sostiene la libre no interrupción de la gracia por parte de la creatura racional, Santo Tomás enseña que para omitir un acto hay que poner otro contrario, que es ser y bien y tiene por tanto a Dios como Causa Primera. En este caso, entonces, Dios sería indirectamente Causa Primera de la libre no interrupción de la "moción falible" por parte de la creatura. Pero esto destruye todo el sistema de Marín Solá y Maritain, que está pensado justamente para que Dios no cause ciertos actos libres del hombre. Por tanto, de todos modos habría también en este sistema algo de ser y de bien en lo creado que no procedería de Dios.
Por supuesto que todo esto tiene más consecuencias y aspectos que no pueden entrar en este breve esquema. Hay también sistemas mixtos, pero habría que ver si son esencialmente distintos de los de Marín – Solá y Maritain, porque por lo general dicen que la gracia suficiente alcanza por sí sola para los actos fáciles y es necesaria la eficaz para los difíciles, y que Dios da primero la gracia suficiente para el acto fácil de la oración, por ejemplo, y a los que oran, les da entonces las gracias eficaces para los actos difíciles. Eso en el fondo es lo mismo, parece, que decir que Dios da primero mociones falibles para orar, y luego, a los que oran, es decir, a los que no hacen fallar esas mociones, les da las mociones infalibles para los actos difíciles.
Saludos cordiales.
Dios tiene una reprobación negativa antecedente:
desde el principio Dios decide no dar a algunos ciertas gracias eficaces que producirían infaliblemente la salvación.
La gracia eficaz por sí misma produce ella sola el consentimiento libre,
de modo que:
no depende de la cooperación de la libertad,
la libertad consiente porque la gracia lo produce,
por eso la gracia eficaz verdadera nunca puede ser rechazada.
Y por eso concluye que:
la gracia “falible” de Maritain no sería tomista,
ni la de Marín-Solá,
ni ninguna visión que dé un papel real a la libertad como “causa secundaria” cooperante.
2. Por qué esta interpretación NO es la única tomista (y ni siquiera la más fiel al núcleo de Santo Tomás)
Vamos por partes.
2- A. En Santo Tomás, la libertad creada es causa real, no mero efecto
Uno de los pilares metafísicos del Aquinate es:
“Dios mueve a la voluntad como causa universal sin destruir su modo propio de obrar: lo necesario, necesariamente; lo libre, libremente.”
(ST I-II q.10, a.4)
Esto implica dos cosas:
La acción divina no anula la indeterminación propia del acto libre.
La voluntad no queda reducida a mero “resultado” inevitable de la gracia.
Pero Néstor afirma que la gracia eficaz:
✔ produce por sí misma el consentimiento
✘ sin depender de la libertad creada,
✘ y no puede ser rechazada porque es intrínsecamente eficaz.
Problema:
Si la gracia eficaz produce infaliblemente e intrínsecamente el consentimiento, la libertad ya no causa, sino que recibe un efecto. Se activa, sí, pero no elige realmente, porque la elección ya viene causada previamente de manera determinante.
Esto es incompatible con el principio tomista fundamental:
“La libertad es causa de su acto.”
(ST I-II q.6 a.1)
Y aun más:
“Dios no violenta la voluntad.”
(ST I q.82 a.2)
Una gracia que intrínsecamente determina el consentimiento vuelve a la voluntad incapaz de no consentir, lo que equivale a anular su contingencia y, por tanto, su libertad formal.
2- B. En Santo Tomás, la eficacia no está en la gracia sola, sino en la cooperación de la voluntad
Maritain aquí sigue exactamente a Santo Tomás:
“Dios obra en cada agente según su modo propio de operar.”
(ST I q.105 a.5)
Por lo tanto:
lo necesario actúa necesariamente,
lo libre actúa libremente,
y en ambos casos Dios es causa primera,
pero no de la misma manera.
La voluntad bajo la moción divina puede decir sí o no.
La gracia eficaz es eficaz por el acto completo del que participan Dios como causa primera y la libertad como causa segunda.
Esto es puro tomismo realista, no molinismo.
Santo Tomás jamás dijo que:
la gracia eficaz es eficaz porque ya intrínsecamente produce el acto,
ni que la libertad solo “siga” una determinación previa.
Esto es propio de Báñez y la escuela tomista tardía, no del Aquinate.
✦ C. Sobre la reprobación negativa antecedente: Santo Tomás habla de “permiso”, no de “decisión negativa previa”
Néstor entiende la reprobación negativa antecedente como:
una decisión divina previa por la cual Dios no da a algunos la gracia eficaz,
lo cual implica que su destino ya está marcado.
Pero Santo Tomás no enseña eso.
Dice:
“Dios no niega a nadie lo necesario para la salvación.”
(ST I q.23 a.5 ad 3)
La reprobación, para Tomás:
es consecuente, no antecedente:
ocurre como respuesta al pecado libre.
y aun cuando distingue “preterición” y “condenación”,
deja claro que el pecado es causa del alejamiento final,
no la falta inicial de gracia suficiente.
Por eso Maritain pudo decir —con pleno derecho tomista— que:
Dios ofrece una verdadera posibilidad de salvarse a todos,
la libertad tiene un papel real,
y la reprobación solo tiene sentido después del acto libre, no antes.
Esto no contradice a Tomás; contradice solo una escuela tardía.
✦ D. El tomismo original no exige que la gracia sea “intrínsecamente” eficaz
Santo Tomás define gracia eficaz por el efecto conseguido, no por un poder interior irresistible.
No dice:
“La gracia eficaz es tal porque ella misma produce indefectiblemente el consentimiento libre.”
Dice:
“La gracia es eficaz porque produce el efecto según la disposición del que la recibe.”
(ST I-II q.112 a.3)
Es decir:
la gracia mueve,
la libertad responde,
y la eficacia aparece en la conjunción, no en una causa unilateral.
Esto es exactamente lo que defienden Maritain y Marín-Solá.
3. En resumen, desde Santo Tomás:
La gracia eficaz no puede concebirse como causa intrínsecamente determinante, pues eso elimina la libertad formal.
La reprobación no es negativa y antecedente, porque Dios da a todos lo necesario para la salvación.
La eficacia de la gracia no excluye la cooperación libre, sino que la presupone metafísicamente.
La escuela de Báñez ofrece una interpretación tomista, no el tomismo mismo.
Maritain se mueve plenamente dentro del tomismo original:
Dios mueve sin destruir; la libertad coopera sin autosuficiencia.
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"por eso la gracia eficaz verdadera nunca puede ser rechazada."
No se puede dar un paso en este tema sin la distinción entre sentido compuesto y sentido dividido, necesidad condicional y necesidad absoluta, necesidad de la consecuencia y necesidad del consecuente. Son tres formas de hablar de lo mismo.
Cuando Santo Tomás dice:
"En aquella frase de Agustín hay que entender una necesidad en las cosas queridas por Dios que no es absoluta, sino condicional, ya que es necesario que sea verdadera esta proposición condicional: "Si Dios quiere esto, es necesario que esto suceda"."
¿está negando la libertad de las creaturas? ¿Está diciendo que, por ejemplo, si Dios quiere que Pedro acepte el martirio, es necesario que Pedro acepte el martirio?
En un sentido, sí, es claro que lo está diciendo. "Si Dios quiere esto, es necesario que esto suceda". Este condicional, dice el Aquinate, es necesariamente verdadero.
"Pero ése es Néstor, o Báñez".
No, es Santo Tomás.
A ver si podemos colocar allí la "moción falible" de Maritain. No, no podemos. "Si Dios quiere que la moción no sea interrumpida, es necesario que no sea interrumpida", diría Santo Tomás, y agregaría que ese condicional es necesariamente verdadero.
¿Pero y la libertad de las creaturas? ¿No es jansenismo la imposibilidad de rechazar la gracia? Porque de nuevo, apliquemos el "test" tomista: "Si Dios quiere que la gracia sea aceptada, es necesario que esto suceda", y este condicional es necesariamente verdadero.
Por eso no se puede dar un paso en este tema sin la distinción entre sentido compuesto y sentido dividido. En el mismo texto que cito, Santo Tomás está distinguiendo entre necesidad condicional y necesidad absoluta.
¿Puede no existir el mundo creado por Dios?
En un sentido sí, en otro no, obviamente. Puede no existir, porque es una realidad contingente, y Dios podría no haber creado mundo alguno (sentido dividido). Pero bueno fuera que Dios crease el mundo y el mundo no existiese (sentido compuesto).
Por eso hablamos también de "necesidad de la consecuencia y no del consecuente", porque lo que es necesario allí no es el mundo, sino el condicional: "Si Dios crea el mundo, el mundo existe".
El jansenismo no hace esta distinción, y por eso habla de la "gracia irresistible", cosa que los tomistas nunca dicen, porque la gracia intrínsecamente eficaz puede ser resistida, en sentido dividido, no en sentido compuesto.
No es solamente, por tanto, que de hecho no sea resistida, al menos para Santo Tomás, que dice que este condicional, "Si Dios quiere que esto suceda, esto sucede", es necesariamente verdadero, y no sólo verdadero de hecho.
Para más claridad citamos otro texto de Santo Tomás, en Ia. IIae., q. 10, a. 4, ad 3um:
"Si Dios mueve la voluntad hacia algo, es incompatible con esta suposición que la voluntad no se mueva hacia ello. Sin embargo, no es absolutamente imposible. Por eso no se sigue que Dios mueva la voluntad con necesidad."
"Pero éste es Bañez, o peor aún, Néstor".
No, es el Aquinate.
A ver, vamos de nuevo con la "moción rompible" de Maritain...no, no calza.
"Si Dios mueve a la voluntad hacia algo, es incompatible con esta suposición que la voluntad no se mueva hacia ello".
Como que está diciendo que mover es mover, y que cuando A mueve a B, B se mueve, y que es imposible que A mueva a B y B no se mueva.
Lo que pasa es que en su sublime sencillez, el Aquinate prefería decir "mover" a decir "dar una moción", porque le interesaba seguir viendo claramente las cosas.
Claro, podemos abominar de todo esto, es decir, del tomismo.
En definitiva, otra vez la distinción entre sentido compuesto y sentido dividido, necesidad de la consecuencia y necesidad del consecuente, necesidad condicional y necesidad absoluta.
La consecuencia "Si Dios quiere que Pedro se arrepienta, Pedro se arrepiente" es necesariamente verdadera, aunque el consecuente, "Pedro se arrepiente", no sea necesario. Es imposible en sentido compuesto que Dios quiera que Pedro se arrepienta y Pedro no se arrepienta, sólo es posible en sentido dividido. Si Dios quiere que Pedro se arrepienta, es necesario que Pedro se arrepienta, con necesidad condicional, no absoluta.
Y todo eso, entendiendo el "Dios quiere" de la Voluntad divina consecuente, no de la Voluntad divina antecedente.
Porque en efecto ¿qué pasa con el pecado? Dios quiere que no pequemos. ¿Cómo entonces pecamos?
Por eso hay que distinguir en Dios la Voluntad antecedente y la Voluntad consecuente. La primera es condicional, la segunda es absoluta. La primera no se cumple, porque no se cumple la condición. La segunda se cumple siempre.
Cuando Santo Tomás dice que el condicional "Si Dios quiere esto, esto sucede" es necesariamente verdadero, está hablando de la Voluntad divina consecuente.
Con esto solo alcanza para desarmar toda esa argumentación, que se basa en no tener en cuenta la distinción entre sentido compuesto y sentido dividido, necesidad condicional y necesidad absoluta, necesidad de la consecuencia y necesidad del consecuente.
Pero además, si la gracia intrínsecamente eficaz, que produce por sí sola el libre consentimiento de la creatura racional, anula la libertad, anatema entonces a Marín - Solá y Maritain !!, porque ellos ponen la "moción falible" solamente al comienzo, y si no se la hace fallar, ¡zas! mociones infalibles, gracias intrínsecamente eficaces, o sea, eficaces por sí mismas y no por el consentimiento de la creatura, que producen infaliblemente el consentimiento libre de esa creatura racional, y que no pueden ser "rotas" (seguramente que en sentido compuesto, no en sentido dividido).
Saludos cordiales.
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Si se puede explicar más claramente le agradezco, no entiendo a qué se refiere.
Saludos cordiales.
La Iglesia enseña que el pecado contra el Espíritu Santo consiste en cerrarse deliberadamente y de manera persistente a las mociones y gracias actuales que Dios ofrece. No es un acto puntual, sino una actitud prolongada de rechazo consciente a la acción interior de Dios.
Dicho de forma sencilla:
Dios ofrece gracias actuales una y otra vez, y la persona puede aceptarlas o rechazarlas libremente; el rechazo constante es lo que constituye ese pecado.
Ahora bien, esta enseñanza parece encajar con dificultad en la idea de una reprobación negativa antecedente, entendida como una decisión divina previa de no dar a ciertas personas determinadas ayudas eficaces sin las cuales su conversión sería imposible.
Si la causa última del rechazo es la ausencia previa de una gracia eficaz, entonces el sentido mismo del “cerrarse” deja de ser un acto realmente imputable, y la advertencia evangélica sobre el pecado contra el Espíritu Santo pierde toda su fuerza moral y pedagógica.
En otras palabras, ¿cómo puede alguien “cerrarse” a lo que, según esa interpretación, nunca se le dio de manera suficiente como para poder abrirse?
Además —y esto lo digo con humildad— en mi propia historia con la providencia de Dios he sido consciente, aunque fuese a posteriori, de haber rechazado ciertas gracias actuales y más tarde haberlas acogido. Esa dinámica, que la tradición espiritual reconoce, presupone que la gracia realmente se da, y que la libertad realmente puede tanto aceptarla como resistirla.
Esta experiencia es muy difícil de armonizar con la afirmación de que desde un principio Dios decide no dar determinadas gracias eficaces a algunas personas. Desde el simple sentido común espiritual, uno experimenta precisamente lo contrario: que Dios insiste, vuelve, toca, mueve… y que es la propia libertad la que a veces se abre y otras se cierra.
Por eso creo que sería útil clarificar cómo se concilia la doctrina tradicional sobre el pecado contra el Espíritu Santo —que implica apertura o cierre a gracias realmente ofrecidas— con la noción de una reprobación negativa antecedente que, en apariencia, debilita la responsabilidad moral del rechazo y la amplitud de la voluntad salvífica de Dios.
Agradezco sinceramente la oportunidad de participar respetuosamente en esta conversación y su dedicación a estos temas tan delicados.
Un cordial saludo.
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Es que, lo digo una vez más, es inevitable (esta vez tanto en sentido compuesto como en sentido dividido :)) acudir a la distinción entre sentido compuesto y sentido dividido para entender estas cosas.
"...una reprobación negativa antecedente, entendida como una decisión divina previa de no dar a ciertas personas determinadas ayudas eficaces sin las cuales su conversión sería imposible."
Sería imposible: en sentido compuesto, no en sentido dividido.
Sería posible: en sentido dividido, no en sentido compuesto.
Esas personas tienen la gracia suficiente, que les da la capacidad real de convertirse, pero no tienen la gracia eficaz, que les da el convertirse de hecho.
Por eso tienen la posibilidad de convertirse en sentido dividido y no en sentido compuesto: en sentido dividido, porque tienen la gracia que les da la capacidad de convertirse, no en sentido compuesto, porque no tienen la gracia que les da la conversión misma.
Otro pilar de este tema es la distinción entre la potencia y el acto, el poder ser y el ser.
¿Cómo iban a llamar "suficiente" los tomistas a una gracia que no es suficiente para que la persona haga el bien, sino porque estaban pensando que sí es suficiente para que pueda hacer el bien, lo cual no es de ninguna manera lo mismo que hacerlo?
"...¿cómo puede alguien “cerrarse” a lo que, según esa interpretación, nunca se le dio de manera suficiente como para poder abrirse?"
Justamente, se dio de manera suficiente para poder abrirse, no para abrirse.
La ausencia previa de la gracia intrínsecamente eficaz no es causa del rechazo, sino condición necesaria del mismo, como tener un libro es condición necesaria para leer, pero no causa de la lectura.
Además, cuando uno resiste a la gracia, esa gracia no es eficaz, lo admiten todos los teólogos. La definición "minimalista" de "gracia eficaz", que todos los teólogos aceptan, es "aquella que va siempre acompañada del acto bueno para el que fue dada".
Luego los teólogos discuten si eso es así porque el consentimiento libre hace eficaz a la gracia (molinistas) o porque la gracia produce infaliblemente el consentimiento libre (tomistas).
Por tanto, no es que Dios vaya dando gracias "eficaces" a las que uno no consiente (eso no existe) y luego dé una gracia eficaz a la que uno sí consiente (ésa es la única gracia eficaz que hay).
Saludos cordiales.
Sin embargo, esos movimientos de la gracia no desaparecieron; más bien fueron creciendo, multiplicándose y haciéndose cada vez más insistentes, hasta que, al cabo de unas semanas, recibí un toque de gracia tan fuerte —casi diría “brutal” por su claridad y contundencia— que me hizo finalmente cambiar de dirección, aparte de que dolió bastante.
Esta experiencia, que no tiene nada de extraordinario y que cualquier cristiano reconoce en su vida espiritual, me muestra que Dios acompaña en tiempo real, que insiste, que vuelve a llamar, que no retira su mano y que la libertad humana puede pasar por fases de resistencia y de apertura. Es decir: Dios ofrece gracias actuales de verdad, en secuencia, una tras otra, respetando la libertad pero llamando constantemente. Y, desde el sentido común espiritual, este modo de obrar de la gracia parece muy difícil de armonizar con una reprobación negativa antecedente entendida como una negación previa de ayudas eficaces indispensables para la conversión.
A partir de esa experiencia personal que mencioné, me parece también razonable pensar lo siguiente: Dios insistió porque sabía —en su ciencia eterna— que finalmente acogería esa última gracia tan fuerte, incluso dolorosa, que terminó por cambiar mi camino. Si Dios hubiera sabido desde el principio que yo iba a rechazar esa gracia también, después de haber rechazado las anteriores, me cuesta mucho pensar —desde el sentido común espiritual y la propia lógica de la providencia— que Él la habría “desperdiciado” conmigo. Más bien parece que Dios “invierte” esas mociones y gracias actuales precisamente porque ve en su eternidad que alguna de ellas será finalmente acogida.
Esto sugiere que las gracias actuales que precedieron a la última no eran inútiles, sino parte de un proceso vivo, un acompañamiento real que presupone que la gracia se ofrece verdaderamente, que la libertad puede resistirse temporalmente, y que Dios llama una y otra vez porque sabe que esa libertad no está previamente cerrada, sino que puede abrirse. Dicho con sencillez: Dios insiste porque sabe que su insistencia no será en vano.
Y esta dinámica concreta de la gracia —Dios que llama de verdad, la libertad que a veces resiste y a veces acoge, y la divina perseverancia que no se retira anticipadamente— resulta difícil de conciliar con la idea de una reprobación negativa antecedente, según la cual Dios ya habría decidido desde el inicio no otorgar determinadas gracias eficaces. Mi experiencia, como la de tantos cristianos, apunta más bien a un Dios que sigue tocando porque sabe que, en algún momento, la puerta finalmente puede abrirse.
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El recurso a experiencias no es buen método en estas cuestiones, porque puede darse el caso de que haya varias teorías contrarias entre sí que expliquen la misma experiencia.
Ud. dice que recibió una serie de gracias, a las primeras de las cuales no hizo caso y a la última de las cuales sí hizo caso.
Eso se puede leer en sentido molinista, a saber, que lo que ocurrió fue simplemente que al principio Ud. no consintió a la gracia y luego sí, o en sentido tomista, a saber, en el sentido de que las primeras gracias no eran intrínsecamente eficaces, la última sí.
Luego Ud. dice que Dios no iba a desperdiciar esa última gracia en alguien que Él hubiese previsto que la iba a rechazar.
¿Los que se condenan entonces no han recibido gracia ninguna? ¿Dios da solamente las gracias que sabe que no se van rechazar? ¿Cómo es posible el pecado, entonces? ¿Cómo pudo darle a Ud. mismo las gracias que Ud. rechazó? Y si se responde que ésas se las dio porque previó que la última no la iba a rechazar, de nuevo ¿ cómo se condena alguien, o es que los que se condenan no reciben gracia alguna?
Las experiencias, además, nos encierran en la particularidad de un caso, donde puede parecer que todo funciona, porque no estamos considerando otros casos donde se ve claramente que falla alguno de los principios que hemos empleado. Por eso la ciencia es de lo abstracto y universal, hay que situarse en la cumbre de los principios universales y necesarios para estar seguro de contemplar siempre todos los casos y circunstancias posibles.
Saludos cordiales.
Dice Santo Tomás en Ia. IIae., q. 10, a. 4, ad 3um:
"Si Dios mueve la voluntad hacia algo, es incompatible con esta suposición que la voluntad no se mueva hacia ello. Sin embargo, no es absolutamente imposible. Por eso no se sigue que Dios mueva la voluntad con necesidad."
O sea que si Dios da la gracia eficaz para que se realice un acto libre determinado, es incompatible con esa suposición que ese acto libre no se realice.
Es necesario que ese acto libre se realice, con necesidad de la consecuencia, no del consecuente.
Es necesario que ese acto libre se realice, en sentido compuesto, no en sentido dividido.
Es necesario que ese acto libre se realice, con necesidad condicional, no absoluta.
Es posible que ese acto libre no se realice, en sentido dividido, no en sentido compuesto.
No es necesario que ese acto libre se realice con necesidad absoluta, sí lo es, con necesidad condicional.
Y eso quiere decir que la gracia eficaz produce el acto libre en forma infalible, y por lo mismo, no depende del consentimiento libre de la creatura racional.
Sí, es infalibilidad en sentido compuesto, no en sentido dividido, la misma infalibilidad con la que el mundo existe, supuesto que Dios lo crea, siendo así que el mundo, en sí mismo contingente, en sí mismo considerado puede no existir.
Claro, esto se puede entender también en sentido molinista, porque si la gracia eficaz es al final, aquella que de hecho es aceptada por la creatura, como el Rey de "El Principito", que siempre era obedecido porque siempre le mandaba a la gente que hiciese lo que la gente quería hacer o incluso ya estaba haciendo, entonces es claro que el condicional "Si Dios da la gracia eficaz, la creatura hace libremente el bien al que esa gracia está destinada" es necesariamente verdadero, como es necesariamente verdadero el condicional que dice que "Si el Rey le ordena al Principito que se vaya del planeta cuando el Principito ya está surcando el espacio, el Principito se va del planeta", es también necesariamente verdadero.
Pero ahí en realidad lo único que hemos hecho ha sido ponerle el cartel de "gracia eficaz" a algo.
El Rey no está moviendo nada al Principito, y la gracia eficaz por el consentimiento de la voluntad creada no mueve a esa voluntad. No hay allí moción divina alguna ni gracia actual divina alguna.
Lo que no se puede de ningún modo es interpretar ese pasaje de Santo Tomás en el sentido de Marín-Solá o Maritain, al menos cuando ellos hablan de las mociones divinas "falibles" o "rompibles".
Saludos cordiales.
Pero eso no quita que “mover” y “ser movido” son estrictamente correlativos, de modo que no se puede tampoco dar una cualidad transeúnte y fluyente que sea una “moción rompible”, por lo ya dicho: hasta donde el motor mueve, el móvil se mueve, si el móvil deja de moverse, es que el motor ha dejado de moverlo, y por tanto, ha dejado de darle la moción. La moción, por tanto, entendida como esa cualidad fluyente, siempre produce su efecto, y nunca falla, porque cuando no lo produce es porque ella misma ya no existe.
Saludos cordiales.
Desde esta perspectiva, Dios no anula la libertad; más bien, respeta y acompaña a cada criatura en su camino, ofreciendo su presencia y ayuda en todo momento. Esto nos permite reconciliar la soberanía divina con la libertad humana sin caer en una visión demasiado fría o determinista.´
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En el tomismo Dios no decide de antemano la condenación de algunos, sino que determina antes de toda previsión de culpas no elegir a algunos para la Vida Eterna. La condenación de esos mismos la decreta solamente con posterioridad a su previsión de las culpas y la impenitencia final de ellos.
Eso no tiene nada de determinista, que sea frio o caliente no se sabe bien qué puede significar.
El resto no queda claro, al menos no queda claro cómo podría ser una presentación del tomismo.
Saludos cordiales.
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Esto es un extracto de la SUMMA DAEMONIACA del padre Fortea, que hoy leí por casualidad y creo que arroja luz a las cuestiones que usted plantea:
Cuestión 178
¿Si se arrepintiera ahora mismo el demonio sería perdonado? Sin duda, ¿por qué no podría ser perdonado? Podría hacer una intensa penitencia de millones de años para purificarse de su mal. Dios lo puede perdonar todo. No hay pecado que no pueda perdonar. El problema de la condenación es un problema de la voluntad. La condenación es eterna porque la voluntad ya se ha determinado de forma eterna. Por eso habla el Redentor de un pecado entre todos los pecados que no se puede perdonar. Y una vez que eso sucede ya no hay marcha atrás. Y es absolutamente imposible esa marcha atrás porque Dios después de muchos intentos ya no sigue enviando más gracias para evitar que siga endureciéndose más y más en el mal. Si le siguiera enviando esas gracias, ellas le producirían un remordimiento. Y cada vez que se resiste un remordimiento (un remordimiento adecuado a la medida del endurecimiento que se ha de superar) se desciende otro grado en el camino del mal. Por eso Dios cuando ya pierde la esperanza sobre el destino eterno de alguien, no sigue enviando más gracias. Para evitar que siga descendiendo más y más en la escala de ese abismo.
De manera que se puede aseverar con toda verdad que nada impide el arrepentimiento de cualquier demonio, por malo que sea, salvo su propia voluntad. Pero también es cierto que nunca, jamás, por ninguna razón, ningún demonio ni alma condenada se arrepentirá. Pues sin gracia es imposible el más pequeño arrepentimiento. Y ellos no recibirán esa gracia pues ya han tomado su decisión. Como se ve el círculo se cierra, se cierra alrededor del infierno que es cada espíritu maldito por la eternidad.
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El texto del P. Fortea parece decir que absolutamente hablando el demonio podría arrepentirse, a saber, si Dios le diese la gracia del arrepentimiento, pero que de hecho no puede el demonio arrepentirse, porque de hecho Dios ha determinado no darle esa gracia.
Se puede sostener, en efecto, que la voluntad humana y la voluntad angélica son naturalmente incapaces de arrepentirse después de morir en pecado mortal, para el hombre, o después de su primera y única elección libre, para el ángel, pero que Dios puede sobrenaturalmente dar en esos casos el arrepentimiento, sólo que ha decretado libremente no hacerlo.
Sea lo que sea de ello, no viene a nuestro tema, porque hablamos de los pecados que se cometen en esta vida, en la cual siempre es posible el arrepentimiento, salvo en el caso del “pecado contra el Espíritu Santo”.
En el caso de este pecado, se podría pensar que es como dice el P. Fortea respecto de los demonios, que absolutamente hablando podría perdonarse, por un don de la gracia de Dios, pero que Dios ha determinado no perdonarlo.
Pero esto tampoco es lo mismo que la reprobación negativa antecedente. Sin duda, todos los que cometen el pecado contra el Espíritu Santo han sido reprobados antecedentemente, según el tomismo, porque no se les ha dado la gracia que habría impedido ese pecado, y de ese pecado, según se suele entender, se sigue necesariamente la condenación eterna.
Pero no todos los reprobados antecedentemente se condenan por el pecado contra el Espíritu Santo, sino también por otros pecados diferentes.
Saludos cordiales.
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También lei un sermón del cura de Ars donde decía que todos recibimos una serie de Gracias; pero son limitadas y si te cierras a esa última Gracia.... se acabó
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Es que necesariamente tiene que haber una última gracia, porque la vida se termina. Eso no decide la cuestión entre el tomismo y el molinismo o el marinsolismo.
Saludos cordiales.
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Nestor, solo te puedes condenar por tu impenitencia; y esto es el pecado contra el Esp. Santo.
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La impenitencia no es necesariamente un pecado contra el Espíritu Santo, porque no es necesariamente un acto especial de pecado. Puede ser simplemente que una persona murió en estado de pecado mortal sin arrepentirse de ese pecado. El no arrepentirse de un pecado no es necesariamente el pecado contra el Espíritu Santo. A veces nos arrepentimos luego de no habernos arrepentido, y no vamos a decir, me parece, que ahí hemos pecado contra el Espíritu Santo.
Saludos cordiales.
Empezaré por su afirmación sobre la condena del jansenismo:
"La existencia de una gracia distinta de la eficaz, que da el poder hacer pero no el hacer de hecho, es de fe por la condena del jansenismo, que sostenía que toda gracia es eficaz y que el pecador no ha recibido gracia alguna de Dios."
Pero lo cierto es que en la condena del jansenismo no se habla para nada de la gracia suficiente tal como usted la describe, que desde luego no es una cuestión de fe. Lo que es de fe es que Dios da a todos gracia suficiente para salvarse si no la rechazan, y que la gracia es resistible, como se puede ver aquí:
La doctrina jansenista queda resumida en las cinco proposiciones condenadas el año 1653.
1 algunos preceptos divinos son imposibles de poderse cumplir por parte de las almas justas, a pesar de sus buenos deseos y sus esfuerzos, y además falta a estas almas la gracia que haría posible su cumplimiento;
2 en el estado de naturaleza caída no se resiste nunca a la gracia interior;
3 para merecer y desmerecer en el estado de naturaleza caída no se requiere la libertad interior; es suficiente la libertad exterior o ausencia de obligación y presión externa;
4 los semipelagianos admitían la necesidad de una gracia interior proveniente para todos los actos, incluso para el inicio de la fe; su herejía consistía en creer que esta gracia era de una naturaleza tal que la voluntad podía, a su arbitrio, resistir u obedecer;
5 es semipelagiano afirmar que Cristo ha muerto y ha derramado su sangre por todos los hombres.
Es decir, que se condena 1 y por tanto lo que es de fe es que Dios da gracia suficiente que hace posible cumplir sus mandamientos y por tanto si no rechazamos esa gracia los cumpliremos. Nada que ver con la definición bañeciana de gracia "suficiente" con la que dicen ustedes que nunca se cumplirán los mandamientos, a menos que se tenga además otra gracia, la "eficaz", que no se resiste nunca.
En la 2 se condena que se diga que la gracia interior nunca se resistirá.
Queda claro también que sí es precisa la libertad interior (3) y que la gracia interior se puede resistir u obedecer (4) y que Cristo sí ha muerto por todos los hombres (5)
Dejo la cuestión de la "simetría" para un próximo comentario.
Saludos cordiales
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"es de fe es que Dios da gracia suficiente que hace posible cumplir sus mandamientos y por tanto si no rechazamos esa gracia los cumpliremos"
Solamente los cumpliremos si Dios nos da gracia eficaz para cumplirlos, y eso lo admiten todos los teólogos, porque todos comparten la definición "minimalista" de "gracia eficaz" como aquella que va siempre acompañada por la obra buena correspondiente.
Obviamente, no se puede decir que la gracia es eficaz cuando no se produce la obra buena en cuestión.
Todos admiten, por tanto, que el que peca ha recibido gracia suficiente, pero no gracia eficaz, y que la gracia eficaz no se resiste nunca. En efecto, si resistiese alguna vez, sería la gracia que va siempre acompañada por la obra buena correspondiente, pero a veces no.
Luego, unos dicen que la gracia eficaz es eficaz por sí misma, otros, que es eficaz por el consentimiento de la creatura, y otros, que es eficaz porque la creatura no la interrumpe.
Saludos cordiales.
Usted mismo ha reconocido más arriba que el molinismo, y el tomismo no bañeciano, están dentro de la fe católica y en estos casos no se coincide con la definición bañeciana de gracia suficiente y los conceptos no se corresponden con el suyo por mucho que usen el mismo término ¿O va usted a decir ahora que el concepto de gracia suficiente de Marín Solá coincide con el de Báñez? Poco importa que se usen los mismos términos si no quieren decir lo mismo y describen realidades distintas. Pues se pueden quedar con la teoría que más les guste, porque ninguna es de fe y las dos son admisibles en el catolicismo.
Lo que es de fe es que Dios nos da gracia en grado suficiente para que podamos realizar el bien y salvarnos con tal de que no la rechacemos.
Naturalmente si no rechazamos la gracia y se realiza la obra buena, cumple su objetivo y diremos que es eficaz, pero eso no significa que tenga que ser un tipo de gracia especial, aunque haya teorías para todos los gustos.
Los catecismos hablan de gracia actual, y no utilizan los términos "suficiente" y "eficaz" para describir tipos de gracia actual, por algo será.
Saludos cordiales.
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Es de fe que hay una gracia que va acompañada del acto bueno correspondiente y otra que no. A la primera es a la que los teólogos llaman "eficaz", a la segunda es a la que los teólogos llaman "suficiente".
Es lógico que llamen "eficaz" a la primera y sólo a ella, porque es la que va acompañada del acto bueno correspondiente.
En esto están de acuerdo todos los teólogos. El desacuerdo está en si la gracia eficaz es esencialmente distinta de la gracia suficiente o no, que es lo mismo que preguntar si la gracia eficaz es eficaz por sí misma o por el consentimiento de la creatura racional, en cuyo caso no será esencialmente distinta de la gracia suficiente.
Incluso en este caso, la gracia suficiente no da el hacer el bien de hecho, sino solamente la capacidad de hacer el bien. Es el consentimiento de la creatura racional, que no es producido por la gracia suficiente, el que hace que el bien se haga efectivamente, cuando se hace, en esta teoría.
En los Catecismos no se hace teología.
Saludos cordiales.
"Pero ahí en realidad lo único que hemos hecho ha sido ponerle el cartel de "gracia eficaz" a algo."
Coincido.
¿Pero no se hace lo mismo al hablar de gracia suficiente no distinguiendola con precisión de la moción?
Porque la gracia suficiente no "mueve", sino que otorga capacidad.
Y en sentido estricto, esta condicionada al presupuesto de la libertad, que le precede.
Asi que si esto así fuese, solo habría una sola y verdadera gracia-moción: la rotulada "eficaz".
Pero entonces, la persona que no aún no recibe esta moción, y elige el bien, (eleccion que siempre implica "movimiento"), estaría realizando un bien por sí, como creatura.
Y este bien, visto de este modo, no tendría origen en Dios, sino en la propia creatura, lo cual sería imposible, y nos llevaría a la objeción que tu quieres poner al Molinismo, de "separar creatura de creador".
Pareciese más logico, entonces, que la gracia es una y siempre eficaz, pero condicionada al amor-respuesta de la creatura.
Por otro lado, ¿acaso no es posible que Dios quisiese, y decretase, por su absoluto arbitrio, "autocondicionarse"?
Si fuese su voluntad previa limitar, en la economia de la gracia, la eficacia de sus mociones, a la libre respuesta de amor del hombre, ¿quién se atrevería a juzgarle o abarcarle en comprensión?
¿Podría ser que sea, designio del motor, dar fielmente y sin cansarse la moción al movil, y haberle dado al mismo tiempo también, un freno de mano?
"Los pensamientos de Dios, no son los pensamientos de los hombres"
¿No sería posible que el camino de santificación fuese renunciar libremente a ese freno-condicionamiento, obsequiando por amor, voluntad y querer a quien todo nos lo ha dado?
Y que entonces, paulatinamente, se "aumentase", (hablando impropiamente), la eficacia de esa gracia?
Es decir, solo haciendo "un dejar hacer".
¿Cómo sería ser "fiel en lo poco o en lo mucho" si la eficacia de la gracia no tuviese el condicionante de nuestro fiat?
"Fidelidad" ¿no es un término que solo puede usarse lícitamente referenciandolo, a "promesa", "entrega", "renuncia" y "amor"?
Podria quizá ser, qué cuando digo: "hágase tu voluntad", estoy diciendo "no se haga la mía"; renuncio a ella, para que pronto, dejando que esta gracia sea eficaz, "mi voluntad" sea, analógica y participativanente, "su misma voluntad".
Podría ser también que paradójicamente soy cada vez más libre cuando renuncio libremente, a elegir.
Para obedecer por amor.
Yo nada sé sobre estos tremendos misterios.
Lo que Jesucristo, impronta del Padre, nos ha revelado, y está en el catecismo, me es suficiente.
Creo que mucho de los cómo, porqué, o cuándo, permanecerán en el misterio, por voluntad de Dios, hasta que ya no veamos "como en un espejo".
Lo que sí se, es que nadie tiene el bisturí para diseccionar los pensamientos de Dios.
Se dice que Santo Tomás, luego de un éxtasis, decidió no continuar con sus escritos y dijo: "He visto cosas que hacen que lo que escribí, sea pura paja"
Cuánta sabia humildad!
Bendiciones!
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Es que en el tomismo nadie elige el bien sin haber recibido esa moción eficaz que es gracia eficaz. La gracia suficiente, en efecto, da solamente la capacidad de hacer el bien, no el hacer el bien de hecho. Eso no la convierte en un mero rótulo, porque la potencia es algo real, aunque sea distinta del acto, y de hecho, la posibilidad de querer, hacer o elegir es una posibilidad real, aunque no se quiera, haga o elija de hecho.
Lo que es siempre uno y eficaz es la moción, pero la gracia no tiene porqué ser una moción. Lo que da la capacidad de hacer algo es más bien una cualidad.
Lo único que Dios no puede hacer es lo contradictorio. Pero es contradictoria una moción que es eficaz por el consentimiento de la creatura, al menos si le queremos conservar algún sentido a la palabra "eficaz", como la propiedad de algo que hace algo. Porque esa moción "eficaz" por el consentimiento de la creatura no hace nada, pues al contrario, es el mismo consentimiento de la creatura el que la hace eficaz, pero eso ¿qué puede querer decir?
Lo único que quiere decir que después de haber recibido esa gracia, la creatura decidió libremente obrar bien. No tiene sentido decir que el consentimiento de la creatura obró sobre la gracia "eficaz" para que luego la gracia eficaz lo produjese a él mismo !!
Por eso es que el Rey de "El Principito" en realidad no mandaba nada ni hacía nada.
Lo único que no es contradictorio, es que o bien Dios mueve eficazmente a la creatura, y por tanto, la creatura se mueve tal como Dios la mueve, o bien Dios no mueve a la creatura, y estamos en el pelagianismo puro.
Y no hay nada de humildad, en el fondo, en ese "despojamiento" nuestro que nada menos que confiere eficacia a la actividad de Dios.
Es cierto que Dios es misterioso, pero las contradicciones no son misteriosas, y no querer permitirlas no es falta de veneración ante el misterio, sino falta de pereza intelectual.
Saludos cordiales.
Usted dice que es de fe que hay dos tipos de gracia diferentes que se corresponden con su descripción bañeciana de suficiente y eficaz, pero hasta ahora ha sido incapaz de citarnos un documento que lo demuestre. Dijo que era doctrina de fe desde la condena del jansenismo, pero tras leer la condena del jansenismo podemos comprobar que eso no es cierto.
Lo que decía el documento es que la gracia se puede resistir o se puede obedecer y que Dios da a todos los hombres gracia, lo que pasa es que los que pecan la rechazan. Se puede leer más arriba en mi comentario anterior el contenido de la condena al jansenismo. Nada que ver con los conceptos bañecianos de gracia suficiente y gracia eficaz.
Lo de aplicar el adjetivo "eficaz" a la gracia cuando se realiza la obra buena no supone ningún problema y no es cuestión de fe, es cuestión de acuerdo lingüístico sobre lo que significa el adjetivo eficaz, pero lo mismo se puede aplicar a la gracia suficiente que no ha sido rechazada y ha realizado su obra buena.
Saludos cordiales
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Por la condena del jansenismo se sabe que hay una gracia que da la capacidad de obrar bien y que no siempre va acompañada de la buena obra. A eso es a lo que todos los teólogos, de la escuela que sean, llaman “gracia suficiente”. Y llaman “gracia eficaz” a la que va acompañada de la buena obra.
Esos nombres así entendidos no prejuzgan la naturaleza de esas gracias, que las distintas escuelas teológicas interpretan distintamente.
Así entendidas esas expresiones, lo que ellas designan es parte de la fe católica.
Es obvio además que la gracia suficiente no es por sí sola suficiente para producir la obra buena y que lo único que produce por sí sola es la capacidad de obrar bien.
Porque para que se produzca la buena obra, en todo caso hay que agregarle, según las escuelas, o bien la gracia intrínsecamente eficaz, o bien el libre consentimiento de la creatura, aunque sea el libre consentimiento en no interrumpir la “moción falible”.
Y eso explica que esa gracia suficiente a veces vaya acompañada de la buena obra y a veces no, según que se añada o no ese otro factor.
Saludos cordiales.
Dice usted:
“Es claro que el que no rechaza la gracia se distingue a sí mismo, porque pudiendo rechazarla, no lo hizo. Ambas cosas estaban su poder, y optó por una de ellas, distinguiéndose, por esa opción, del que optó por la otra.
La cuestión es si él es la Causa Primera de esa distinción. En ese caso, vamos contra lo que dice San Pablo : "¿Quién te distingue? ¿Qué tienes que no hayas recibido?". En caso de que la Causa Primera de esa opción suya sea Dios, estamos de acuerdo con San Pablo, pero en desacuerdo con Marín - Solá y Maritain.”
Como ya le dije en un comentario anterior no estoy de acuerdo en que el que no rechaza la gracia se distinga a sí mismo positivamente, es el que rechaza la gracia el que se distingue a sí mismo negativamente.
Ni Marín Solá ni Maritain dicen que el hombre sea causa primera en la línea del bien.
Yo también dije claramente en un comentario anterior que la iniciativa del bien es siempre de Dios y la iniciativa del mal es del hombre.
A eso me respondió usted:
“No es posible distinguirse en la línea del mal si no se tiene la capacidad de distinguirse en la línea del bien, como no es posible distinguirse en ponerse a la derecha si no se tiene la capacidad de distinguirse en ponerse a la izquierda.
Esto es de sentido común, justamente. ...
...Pero san Pablo pregunta "¿Quién te distingue? ¿Qué tienes que no hayas recibido?" “
Según su respuesta, ¿piensa usted entonces que hay simetría en el funcionamiento de la línea del bien y la línea del mal?
Porque yo tenía entendido que Santo Tomás dejó muy claro que la línea del bien es la línea del ser y la línea del mal es la del no ser y es por eso que la causa primera del bien es siempre Dios pero el hombre es causa primera del mal, por eso le había contestado anteriormente:
“Lo que me dice el sentido común es que si no hay simetría entre la línea del bien y la línea del mal, ni Calvino tiene razón cuando habla de doble predestinación (ahí estará de acuerdo usted conmigo, supongo) ni usted tiene razón cuando quiere atribuir a quien no rechaza la gracia que se distingue positivamente cuando en realidad es el que la rechaza el que se distingue negativamente.
Así que totalmente de acuerdo con san Pablo, no tengo nada que no haya recibido.”
Saludos cordiales
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Lo que distingue a uno de otro es lo que se da en su caso que no se da en el caso del otro.
En el caso del que no interrumpe la moción falible, lo que lo distingue del que interrumpe la moción falible es precisamente esa no interrupción libre y voluntaria de su parte.
Según Marín Solá y Maritain, el origen último de esa no interrupción no está en Dios, sino en el mismo ser humano que no interrumpe esa moción.
Luego, él se distingue a sí mismo, contra lo que dice San Pablo: “¿Quién te distingue? ¿Qué tienes que no hayas recibido?”.
No hay simetría entre la línea del bien y la línea del mal, porque en la línea del bien Dios es Causa, por su querer, en la del mal, es solamente Condición necesaria, por su permitir, siendo la única causa la creatura.
Pero la no interrupción de la “moción falible” no es ser, según Marín Solá y Maritain, y por tanto, tampoco es buena, y no se puede decir tampoco, según esos autores, que sea mala. Y sin embargo, es algo libremente decidido por la creatura, con lo cual debería ser o bueno o malo moralmente.
Saludos cordiales.
"Las propuestas del tipo de Maritain y otras no buscan ante todo la verdad. Buscan apaciguar al espíritu humano."
Eso no es cierto: las propuestas del tipo Maritain buscan evitar la incoherencia de hacer que el Sumo Bien sea responsable del mal ni directa ni indirectamente.
En cuanto al espíritu humano, se apacigua de modos muy diversos según la psicología de cada cual y su experiencia vital. Hay quienes necesitan del fatalismo del "todo está escrito", hay quienes se dedican a buscar constantemente "signos" de que sucederá lo que desean, hay quien necesita el fanatismo de creer que él y nadie más que él posee la verdad y niegan la búsqueda honesta de la verdad por parte de otros. Hay quienes necesitan tener fé en las ideas más diversas, ateísmo incluido, con absoluta seguridad de que tienen razón, hay quienes necesitan evadirse de la realidad etc.etc.etc.
Tener fé en Dios, en la imagen de Dios que se revela en Jesucristo, nuestra Verdad existencial como católicos, no supone ningún obstáculo para la búsqueda de la verdad en ningún campo del conocimiento, sea científico o filosófico.
Saludos cordiales
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Es otra forma de no buscar la verdad. Todo pensamiento "para que" resulte algo que se supone que es bueno, tiene otros objetivos además de la verdad. Además, nunca el tomismo clásico dijo que Dios sea responsable del mal moral, sino que explica porqué no lo es.
Pero si vamos al tema concreto que estamos discutiendo, una y otra vez vamos a ver aparecer consideraciones "pastorales" que lo que buscan, justamente, no es la verdad, sino apaciguar al espíritu humano.
Saludos cordiales.
Ud: "Es otra forma de no buscar la verdad. Todo pensamiento "para que" resulte algo que se supone que es bueno, tiene otros objetivos además de la verdad."
Pues le diré,que yo sepa evitar incoherencias tiene como objetivo buscar la verdad, porque la verdad es coherente, no es contradictoria.
(...)
Saludos cordiales
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Lo que se busca ahí es algo que se ve como bueno, y ése es el peligro, justamente, de no buscar ante todo lo verdadero. En base a lo que a uno le parece que es la justicia y en base a lo que a uno le parece que debería ser la justicia de Dios, se arma una teoría acerca de lo que es.
El camino correcto es el inverso: ante todo, qué es lo que realmente es. Recién ahí vamos a poder tener ideas correctas sobre la justicia, y sobre la justicia de Dios.
Saludos cordiales.
Yo le preguntaría a alguien que defiende la reprobación negativa antecedente lo siguiente:
¿Puede ser justo que la no-elección divina anteceda al uso de la libertad, sin que la criatura tenga aún responsabilidad alguna?
¿Cómo se distingue una “voluntad permisiva” de una “negación de auxilios necesarios” sin que esta última implique una voluntad positiva de perder al no-elegido?
Si Dios es Amor, ¿cómo puede un acto primero suyo consistir en no amar eficazmente a un alma que aún no ha elegido el mal?
¿Puede llamarse “providencia” a un plan donde algunos reciben ayudas infalibles y otros no, sin relación con sus decisiones?
¿No es más acorde con la bondad divina que la diferencia entre salvados y condenados provenga del libre rechazo humano y no de una diferencia de auxilios previos?
¿En qué sentido puede ser “imparcial” un Dios que reparte gracias desiguales antes de cualquier mérito o demérito?
¿No basta con la presciencia divina para preservar la soberanía de Dios sin introducir una pre-reprobación no basada en la libertad humana?
Si la gracia suficiente es realmente suficiente, ¿cómo se explica que infaliblemente nunca llegue a producir el acto?
Néstor, no pretendo que responda a todas, no quiero abusar de su time. Me conformaría con un par de ellas. Mil gracias
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No es que nunca se produzca el acto para el cual la gracia suficiente capacita a la persona, se produce si la persona recibe además la gracia eficaz.
La gracia suficiente por sí sola no puede producir el acto, porque lo que produce es la potencia, es decir, la capacidad de actuar, no el acto mismo. De por sí, la posibilidad queda en posibilidad por los siglos si no es actualizada por alguna causa en acto. Pero eso no quita que sea una verdadera posibilidad. Sería absurdo exigir que algo fuese actual para que fuese realmente posible.
La única exigencia, por así decir, que se plantea a la Voluntad divina respecto de las creaturas es hacerles posible lo que corresponde a sus naturalezas, y esto en universal, porque en lo individual nada impide que alguna creatura careza de lo necesario, como los animales que mueren de hambre, por ejemplo.
Es decir, las creaturas ni siquiera tienen porqué existir, pero una vez que ha decidido libre y gratuitamente darles la existencia, Dios “debe”, en cierto sentido, hacerles posible lo que corresponde a su naturaleza, en universal, como dije.
Pero hay una “segunda gratuitad”, que es la ordenación de la creatura racional al orden sobrenatural, haciéndola tender a un fin sobrenatural que es la visión beatífica. En forma análoga, es coherente con la Sabiduría y Bondad de Dios que haga posible, en universal, alcanzar ese fin a todas las creaturas racionales, y para eso está justamente la gracia suficiente. Pero tampoco se puede exigir a Dios que lleve a la salvación a todas las creaturas racionales sin excepción.
A ese fin sobrenatural no se llega sin la gracia. La gracia es sobrenatural, y por tanto, no es debida nunca a la naturaleza creada, Dios la da, por tanto, cuando quiere y a quien quiere, sin injusticia alguna.
El que se condena no es responsable de no haber sido elegido, es responsable de los pecados y la impenitencia final en los que libremente ha incurrido. Lo que pasa es que aquí hay un factor que cambia toda la ecuación, y que es la libertad de las creaturas racionales. Si suelto una piedra en el aire, la piedra no es responsable de caer, pero si fuese una piedra libre y cayese libremente, lo sería. Claro, no tenemos ejemplos así en nuestra experiencia, pero es que no hay nada que sea “de la misma clase” que la relación entre la Libertad divina y la libertad creada.
La reprobación negativa antecedente no es la voluntad de condenar a alguien, ésa es consecuente, posterior a la previsión divina de las culpas y la impenitencia final.
Es parte de la libre y soberana disposición que Dios hace de sus dones
sobrenaturales, gratuitos e inexigibles.
De la reprobación negativa antecedente se sigue la previsión divina de las culpas y la impenitencia final en las que libremente incurren los réprobos, y sobre esa base, o sea, consecuentemente, decreta Dios la condenación eterna de los mismos.
Justamente, el Amor de Dios es gratuito, no obligatorio. A lo único a lo que Dios ama necesariamente es a Sí mismo, porque sólo el Bien Supremo ha de ser necesariamente amado.
Las creaturas no son necesarias ni el amor a las creaturas es necesario, fuera del hecho de que si Dios las crea, es porque libremente ha elegido amarlas y sería contrario a su Sabiduría y Bondad que dejase de amarlas una vez que las ha creado.
Dios crea por pura generosidad, sin estar sujeto a ley alguna fuera de aquella de hacer posible a cada naturaleza lo que naturalmente le corresponde, al menos en universal. La existencia no nos corresponde naturalmente, claro.
De nuevo, el caso de Dios es único, Él está en la cumbre, no tiene ninguna autoridad por encima de Él a la cual tenga que dar cuentas. No podemos aplicarle sin más categorías como la “obligación”.
Dios no tiene porqué ser imparcial. Él hace lo que quiere con sus dones, y siempre en forma justa y santa. No tiene que darnos cuenta a nosotros, y es necesario que no tenga que hacerlo, de lo contrario no sería Dios. No está obligado a evitar todo pecado en todas sus creaturas racionales.
Todo el espectáculo del mundo que nos rodea confirma es así con todos los dones divinos. La Creación es el escenario de las desigualdades. Hay diferencias por doquier, y destinos diferentes, por doquier. Dios reparte sus dones con total libertad, a unos más, a otros menos, porque así lo quiere. Miremos nada más lo que son los talentos artísticos o científicos, las fortunas económicas, la salud, etc. etc. ¿Dónde está la Providencia divina? Precisamente ahí.
Decir que todo depende en última instancia de la decisión que tomen las creaturas racionales y de nada más, es en el fondo negar a Dios. No hay ser y bien en lo creado que no venga del Creador. Si la decisión de la creatura es buena, entonces, viene del Creador. Si es mala, no viene del Creador, pero tampoco puede ocurrir sin la permisión del Creador, que siempre pudo causar en su lugar la decisión buena.
No tiene sentido poner a la libertad creada a pelear con la Omnipotencia divina, lo único que tiene sentido es decir que el mismo acto libre de la creatura racional es fruto de la Omnipotencia divina, ahí está el error del calvinismo, justamente, en pensar que la Omnipotencia niega la libertad de las creaturas, al pensarlo así, disminuye la Omnipotencia divina precisamente al querer ensalzarla.
No basta con la sola Presciencia divina, porque Dios es Causa Primera, y eso quiere decir que nada escapa al control divino, porque las causas segundas sólo actúan en tanto que movidas por la Causa Primera. Sólo existen Dios y las creaturas, y las creaturas dependen totalmente de Dios.
Saludos cordiales.
Si con solo la gracia suficiente la persona está capacitada para elegir el bien y si realmente tiene libre albedrío y dos opciones a elegir: A (hacer el bien) y No A, aquí y ahora ocurrirá una de estas dos cosas:
1- Que elija No A, en cuyo caso tiene usted razón en que en el momento de la elección puede elegir A en sentido dividido pero no puede elegirlo en sentido compuesto.
2- Que elija A, en cuyo caso en el momento de la elección puede elegir No A en sentido dividido pero no en sentido compuesto.
Sin embargo usted elimina la opción 2 sin explicar por qué.
Pero si no hay dos opciones reales, sino solo una de ellas, en realidad no hay libre albedrío, se está determinado al No A.
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Con la gracia suficiente la persona está capacitada para elegir, con sólo la gracia suficiente, la persona está capacitada para elegir en sentido dividido, no en sentido compuesto.
De lo contrario alcanzaría con la potencia para tener el acto, lo cual es absurdo.
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Respecto a la potencia y el acto, si la actualización de esa potencia depende de la voluntad del sujeto, se le puede considerar responsable de no actualizarla, pero si la actualización no depende de ese sujeto sino de una circunstancia externa al sujeto, no se le puede considerar responsable de no actualizarla.
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En efecto, la actualización de esa potencialidad depende de la voluntad del sujeto, y por eso éste es responsable. Lo que pasa es que a su vez el acto de la voluntad del sujeto depende de la moción divina intrínsecamente eficaz. Ahora bien, Dios no está obligado a mover siempre hacia el bien a las voluntades creadas.
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En cuanto a las mociones rompibles sigo sin estar de acuerdo con usted en que sean contradictorias, porque hay diversos modos de mover, ¿o es que la atracción no es una manera de moción? Moción es agarrar a alguien por los pelos y arrastrarlo y moción es atraerlo suavemente de modo que pueda decidir dejarse llevar o no, a lo mejor simplemente mostrando un incentivo. Y en cualquiera de los dos casos, tanto si se deja atraer como si no, no hay ningún fallo del agente si eso es precisamente lo que quiere el agente, que se deje llevar por la atracción si quiere o que no se deje llevar si no quiere.
Así que Dios puede realizar mociones rompibles si esa es su voluntad. Decir que no puede realizar mociones rompibles es rebajar su omnipotencia.
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La moción es la acción y el efecto de mover, y es también la cualidad transeúnte que hace posible ese movimiento. Por tanto, es lo mismo que la moción sea por atracción o por la causa que sea: si mueve, mueve, si no mueve, no es moción. Por tanto, si no mueve, no es que falle, porque para fallar hay que existir.
Lo que puede fallar no es la moción, es el intento de mover, como si quiero tirar con una cuerda de un bloque de piedra, y la cuerda se rompe. La moción no falló, porque sólo existió mientras alcanzaba su objetivo, mover la piedra. Al romperse la cuerda se terminó la moción, y no es que haya fallado la moción, falló la cuerda.
Lo mismo si quiero atraer a un animal para venga donde estoy. Lo estoy moviendo mientras se está acercando, o sea, la moción no falla, lo que puede pasar es que deje de hacerme caso, con lo cual la moción deja de existir y ya no puede tampoco fallar.
Es claro que en el caso de la moción divina, la cuerda no puede romperse, al menos sin que Dios lo permita, con lo cual tampoco hay fallo alguno, como yo no fallo si voluntariamente dejo que se me termine la batería del celular y se me corta por eso una conversación.
Saludos cordiales
2001 La preparación del hombre para acoger la gracia es ya una obra de la gracia. Esta es necesaria para suscitar y sostener nuestra colaboración a la justificación mediante la fe y a la santificación mediante la caridad. Dios completa en nosotros lo que Él mismo comenzó, “porque él, por su acción, comienza haciendo que nosotros queramos; y termina cooperando con nuestra voluntad ya convertida” (San Agustín, De gratia et libero arbitrio, 17, 33):
«Ciertamente nosotros trabajamos también, pero no hacemos más que trabajar con Dios que trabaja. Porque su misericordia se nos adelantó para que fuésemos curados; nos sigue todavía para que, una vez sanados, seamos vivificados; se nos adelanta para que seamos llamados, nos sigue para que seamos glorificados; se nos adelanta para que vivamos según la piedad, nos sigue para que vivamos por siempre con Dios, pues sin él no podemos hacer nada» (San Agustín, De natura et gratia, 31, 35).
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Exactamente. De aquí no se sigue, claro, que todos se salven, sino que eso se cumple hasta el fin en los elegidos y predestinados.
Saludos cordiales.
Bien, entonces sin gracia eficaz, con solo la gracia “suficiente” bañeciana tampoco se puede imputar responsabilidad por no elegir la opción 2, puesto que esta no existe.
Este razonamiento se apoya meramente en mi sentido común y mi lógica, no en ninguna creencia ni prejuicio.
(...)
Saludos cordiales
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Exacto, sin la gracia eficaz no hay elección buena de hecho. Puede haber elección mala, claro.
Eso no quita el libre albedrío, porque cuando se elige mal, o se elige el mal, que es lo mismo, para que esa elección sea libre no hace falta que se elija también el bien, lo cual además en ese caso sería imposible; alcanza con que se pueda elegir el bien que no se elige de hecho.
"La gracia suficiente", así dicho, es todavía una expresión abstracta, hay que aclarar si es la gracia suficiente con la gracia eficaz, o sin ella. En el primer caso, puede elegir el bien también en sentido compuesto; en el segundo caso, solamente en sentido dividido.
Como ya he dicho una cantidad apreciable de veces, con la sola gracia suficiente existen todas las opciones como opciones posibles en sentido dividido, no en sentido compuesto, porque nunca va alcanzar con la sola potencia para el acto.
Toda potencia necesita de la acción de un ser en acto para actualizarse, porque no se da lo que no se tiene. La sola gracia suficiente es una pura potencialidad, de modo que ahí se queda mientras no aparezca una causa en acto.
Esa causa en acto es la moción divina infaliblemente eficaz, porque es la voluntad humana, precisamente, la que por la sola gracia suficiente está solamente en potencia respecto del acto bueno.
Saludos cordiales.
Tampoco he dicho que la moción falle, puesto que el objetivo de una moción rompible es poder romperse o no, según se resista o no, y cumple ese objetivo tanto cuando se rompe como cuando no se rompe. Eso sí, la trayectoria del que no opone resistencia llega hasta el final del camino y la del que opone resistencia no llega.
Saludos cordiales
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De ese modo es fácil ser infalible: yo digo que una determinada afirmación que hago sobre un tema será verdadera o falsa, y ya tengo más infalibilidad que el Papa, que está restringido a lo revelado y enseñado "ex cathedra".
En definitiva resulta que es una moción que no falla nunca, pero entonces ¿cómo es falible o rompible? Se parece a esa posibilidad que es real aunque nunca de hecho se actualiza...
Porque Marín Solá y Maritain hablan de mociones falibles, rompibles, que a veces fallan. ¿Cómo sucede ese fallo, entonces?
Saludos cordiales.
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Con la sola gracia suficiente, se puede elegir el bien sentido dividido, no en sentido compuesto, y se elige libremente el mal.
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Y si realmente hay elección con solo la gracia "suficiente" bañeciana, porque el intelecto presenta dos opciones elegibles, nada impide que en vez de la 1. elija la 2, que elija A (hacer el bien), que la elija de hecho.
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"Nada lo impide" en el sentido de que es posible, en sentido dividido. De hecho, no sucede, o sea, no es posible en sentido compuesto.
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En el momento de la elección podría elegir No A en sentido dividido pero no en sentido compuesto en ese caso.
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Es que ese caso es imposible, en sentido compuesto.
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Según usted lo que impide la opción 2 es que Dios no mueve la voluntad al bien porque no tiene por qué. Y la voluntad no puede moverse si Dios no la mueve. O sea que la opción 2 no es elegible.
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No puede moverse, en sentido compuesto, sí puede hacerlo, en sentido dividido.
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Muy bien, no tiene por qué, pero la voluntad entonces no tiene más que una opción, y no habría libre albedrío. No sería responsable entonces de no moverse al bien y no merece un castigo.
Saludos cordiales
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En ese caso, la voluntad no puede moverse al bien en sentido compuesto, sí en sentido dividido. Tiene por tanto más de una opción, y por eso mismo es responsable de no moverse al bien.
Para ser responsable por no hacer algo no hace falta que pueda darse el caso de que se lo haga cuando no se lo hace.
Saludos cordiales.
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Cuando no hay dos opciones elegibles ni en sentido compuesto ni en sentido dividido: Concedo. Cuando hay otra opción elegible en sentido dividido: Niego.
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Y si con sola la gracia suficiente bañeciana también hubiera dos opciones elegibles no puede usted eliminar la opción 2 de elegir el bien. Si la voluntad quiere, lo elegirá.
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No se puede eliminar en sentido dividido: Concedo. En sentido compuesto: Niego. Si la voluntad quiere, lo elegirá: A) Y de hecho no querrá: Concedo. Y es posible, que sí quiera: En sentido dividido: Concedo. En sentido compuesto: Niego.
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Y si usted dice que con solo la gracia suficiente bañeciana la voluntad nunca querrá moverse al bien porque Dios no quiere moverla, está diciendo que con solo la gracia suficiente bañeciana la voluntad está determinada a no elegir el bien y que no hay dos opciones a elegir, ni elección, ni libre albedrío.
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No, porque yo digo que nunca querrá moverse al bien, no que no pueda, en sentido dividido, querer moverse al bien, lo cual alcanza para eliminar el determinismo, porque como dije, para eliminar el determinismo no es necesario que sea posible que la voluntad al mismo tiempo opte por una cosa y su contrario.
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Claro que en ese caso no hay responsabilidad, sin elección y sin libre albedrío.
Saludos cordiales
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Hay elección y libre albedrío, y por tanto, responsabilidad, por lo que acabo de decir.
Por eso digo que esta cuestión no se entiende sin la distinción entre sentido compuesto y sentido dividido, y que Ud. no termina de hacerse cargo de la misma y sigue argumentando como si esa distinción no existiese.
Saludos cordiales.
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El momento de la elección es el momento en que yo elijo, y es claro que si elijo A, y en esa medida, sólo en sentido dividido puedo elegir No A, porque no puedo elegirlos a ambos al mismo tiempo.
O sea, nada de futuro, como ya le dije varias veces. Es en el presente que no puedo elegir a la vez A y No A.
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Usted no puede asegurar que aquí y ahora decidiré no levantarme, que sería la condición para que fuera cierto que en el momento de la elección no puedo levantarme en sentido compuesto aunque sí en sentido dividido.
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Lo que puedo asegurar es que aquí y ahora Ud. no puede decidir levantarse y no levantarse a la vez. Por eso, cualquiera que sea su elección, la otra posibilidad, en el momento mismo de la elección, es decir, de elegir, sólo será en sentido dividido.
Nada que ver con el futuro, una vez más.
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Si tengo esas dos opciones, en el momento de la elección puedo elegir levantarme en sentido compuesto y entonces lo que no puedo en sentido dividido es no levantarme.
Estoy haciendo la distinción, solo que elijo la opción contraria a la que usted dice que tengo que elegir porque realmente ejerzo mi libre albedrío y puedo elegir cualquiera de las dos opciones, si hay dos opciones. Y si solo hay una, no hay elección.
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Por eso, en cualquier opción libre que Ud. ejecute, la opción no elegida va a ser posible, durante la elección libre misma, quiero decir, sólo en sentido dividido.
En toda elección libre, por tanto, hay dos opciones posibles, pero, en la elección libre misma, una de ellas es posible solamente en sentido dividido, no en sentido compuesto. Porque como ya dije, no se puede elegir al mismo tiempo A y No A.
Si a eso agregamos que con la sola gracia suficiente se puede elegir el bien, pero no se lo elige, resulta que con la sola gracia suficiente la opción buena va a ser posible solamente en sentido dividido y no en sentido compuesto, que es exactamente lo que acabamos de decir que sucede en las opciones libres con la opción de hecho no elegida.
Saludos cordiales
Lo que también digo es que, puesto que yo soy la que voy a elegir entre dos opciones reales, tras deliberar, UD no puede asegurar que elegiré No A, (está hablando de lo que haré en ese momento de elección que aún es futuro) porque si quiero levantarme me levantaré y entonces cuando sea presente el momento de la elección ocurrirá la opción 2 que UD rechaza: podré elegir No A en sentido dividido pero no en el compuesto.
Es decir, estoy de acuerdo con sus párrafos penúltimo y antepenúltimo. Así funcionan las elecciones. Ningún problema con distinguir el sentido dividido y el compuesto.
Con lo que no estoy de acuerdo es con su último párrafo que es una afirmación gratuita de lo que es y cómo funciona la gracia suficiente. Si fuera así, ya digo que con esa gracia "suficiente" no tendríamos dos opciones ni por tanto habría ninguna elección. Estaríamos determinados al mal.
Saludos cordiales
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Se lo digo por última vez: nada de futuro. No es acerca lo que se va a elegir, es acerca de lo que se elige. No se trata de asegurar nada acerca del futuro, se trata de constatar qué se puede y qué no se puede, y lo que se puede, cómo se puede, en el presente, en el momento en que se elige libremente.
Mientras Ud. no entienda eso no tiene sentido seguir discutiendo.
Saludos cordiales.
Ya sé que habla de cada momento de elección cuando sea el momento presente.
Pero tendrá que reconocer que hace usted una generalización sobre lo que haremos con solo la gracia "suficiente" asegurando que mi voluntad no querrá elegir A (hacer el bien) en ninguno de los momentos de elección que serán presente en el futuro.
¿Puede asegurar que nunca me levantaré en ningún momento de elección si realmente existe la opción de levantarse además de la de no levantarse?
Esa generalización solo es posible si no tengo dos opciones sino solo la de no levantarme, por la razón que sea y no tengo elección.
Y para que haya elección con libre albedrío mi voluntad debe tener dos opciones sobre las que deliberar y decidir.
Saludos cordiales
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La libertad de elección, si existe, existe en el acto de elegir.
El acto de elegir es un acto puntual que se da en un instante, en forma indivisible, por más que haya sido precedido por un proceso deliberativo y sea seguido por otros procesos más.
En ese instante, entonces, es que se ejerce el libre albedrío, es decir, la libertad de elección, o no hay libre albedrío.
En ese instante, entonces, es que cabe preguntar qué se puede elegir y qué no se puede elegir, y de lo que se puede elegir, qué se puede elegir en sentido dividido y qué se puede elegir en sentido compuesto.
Y no es ninguna predicción de futuro decir que en ese preciso instante de la elección, se dé en el momento en que se dé, elegir lo contrario de lo que de hecho se elige, por un lado, tiene que ser posible, porque se trata de una elección libre, y por otro lado, no puede ser posible más que en sentido dividido, porque no se puede a la vez elegir una cosa y su contraria.
De aquí se sigue que basta (y sólo es posible) para elegir algo libremente, que lo contrario se pueda elegir en sentido dividido, no en sentido compuesto.
Y entonces se sigue que no se atenta para nada contra el libre albedrío si se dice que con la sola gracia suficiente se puede elegir lo contrario de lo malo que de hecho se elige, en sentido dividido, no en sentido compuesto.
Es otra cuestión si con la sola gracia suficiente se puede elegir lo contrario de lo bueno que de hecho se elije, en sentido dividido, no en sentido compuesto.
Ahí la respuesta es simplemente que con la sola gracia suficiente de hecho no se elige el bien, porque la sola potencia no alcanza para el acto, y la gracia se da obviamente, para los actos buenos, no para los actos malos.
Saludos cordiales.
Habrá que confirmar entonces que realmente se da el acto de elegir con libertad de elección, que hay una elección libre entre dos o más opciones elegibles.
De acuerdo en esto: “En ese instante, entonces, es que cabe preguntar qué se puede elegir y qué no se puede elegir” ,
Es decir, cabe preguntarse cuáles son las opciones, porque si no hay dos opciones no hay elección, como mínimo deben existir la opción A y la opción No A. Y debo poder elegir en sentido compuesto cualquiera de las dos, en cuyo caso, la otra solo podrá elegirse en sentido dividido.
Es decir, si hay dos opciones tengo que decidir entre
1- elegir No A, en cuyo caso podría elegir A en sentido dividido, pero no en sentido compuesto
2- elegir A, en cuyo caso podría elegir No A en sentido dividido pero no en sentido compuesto
Si elimina usted la opción 2, no hay dos opciones, y por tanto no hay elección, ni hay ejercicio del libre albedrío.
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No. Porque el instante de la elección es el instante de la elección, no el instante previo a la elección. En el instante de la elección hay elección, sea la elección de A o la de No A, pero lo que no puede haber es ambas elecciones a la vez.
Y sin embargo, ambas han de ser posibles en algún sentido: la que de hecho se elige, en sentido compuesto, la otra, en sentido dividido.
No son roles intercambiables, porque la que de hecho se elige es la que se elige, no la otra.
En el instante de la elección estamos en la hipótesis de que de hecho se elige algo, sea A, sea No A. Porque hay elección, y no simplemente lo previo a la elección. En la hipótesis en que se elige A, no se puede elegir No A - en sentido compuesto. Sí se puede en sentido dividido, porque A se elige libremente, o sea, pudiendo elegir lo contrario.
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Ningún problema con esto: “elegir lo contrario de lo que de hecho se elige, por un lado, tiene que ser posible, porque se trata de una elección libre, y por otro lado, no puede ser posible más que en sentido dividido, porque no se puede a la vez elegir una cosa y su contraria.”
Solo que para que haya una elección tiene que haber dos opciones a elegir, la 1 y la 2 y usted elimina la 2.
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Ver lo dicho arriba. Estamos en la hipótesis en que algo se elige, porque hay elección, y no solamente preámbulo a la elección. En esa hipótesis no hay dos opciones - en sentido compuesto - porque no se puede tener ambas opciones a la vez. Hay dos opciones en sentido dividido, porque hay la opción que de hecho se realiza, que no es sólo posible, sino también actual, y la que no se realiza, que es posible en sentido dividido, no en sentido compuesto.
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En cuanto a lo que dice usted de la gracia suficiente con la que siempre se elegirá lo malo, como ya he dicho, no se elegirá, no habrá elección, porque le falta la opción 2, no hay dos opciones, y al no ser elección ni siquiera habrá opción 1, se hará el mal, pero no se elegirá hacer el mal, se estará determinado al mal.
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No es que con la gracia suficiente siempre se elegirá lo malo, es que con la sola gracia suficiente siempre se elegirá lo malo.
Y sí será elección, porque la opción 2 no falta en el sentido en que no debe faltar: sentido dividido. Hay dos opciones, pero de la única forma en que puede haberlas, o sea, siendo una de ellas posible en sentido dividido, no en sentido compuesto, porque sería absurdo pedir que para que la opción que de hecho no se elige sea posible, se la elija de hecho.
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El problema no es que cuando se elige, se puede elegir lo contrario de lo que de hecho se elige, en sentido dividido, no en sentido compuesto. El problema es que no se elige, no hay elección, porque se ha eliminado la opción 2 y ya no hay dos opciones ni nada que se pueda elegir en ningún sentido.
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Sí hay elección, porque la opción 2 no se ha eliminado, porque es posible precisamente en sentido en que Ud. lo dice ahí: sentido dividido, no sentido compuesto.
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(...)
Sería mejor utilizar otros ejemplos diferentes, a fin de entenderlo mejor:
Si una persona tiene que optar por levantarse o no levantarse, en el momento de la elección tendrá que elegir entre dos opciones:
1- Si elige no levantarse, entonces podrá levantarse en sentido dividido, pero no en sentido compuesto.
2- Si elige levantarse, podrá no levantarse en sentido dividido, pero no en sentido compuesto
Y si la persona no tiene la opción 2, por ser tetrapléjica, en realidad no tiene dos opciones y por tanto no puede elegir y no hay ninguna elección, no se levantará porque esa opción no existe para ella. El no levantarse entonces no es una elección sino una necesidad y por tanto no es verdad que pueda levantarse en sentido dividido tampoco, ni dividido ni compuesto.
Nadie la podrá hacer tampoco responsable de no levantarse.
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No. Ahí está su problema. En el momento de la elección la persona no tiene que elegir entre dos opciones. En el momento de la elección la persona elige. Lo de "tiene que elegir" es para el instante anterior a la elección. Lo que Ud. dice es para el instante anterior a la elección. Pero la libertad de elección no es una propiedad del instante anterior a la elección, es una propiedad de la elección. La elección es elegir, no tener que elegir.
Por eso aquí no se trata de predecir el futuro, eso sólo aparece cuando alguien se coloca erradamente, como Ud. en el instante anterior a la elección. Aquí de lo que se trata es de la elección misma, y en qué condiciones se la puede pensar como libre, o sea, en qué sentido puede y debe considerarse posible la elección contraria, que es solamente en sentido dividido, porque no se puede hacer ambas elecciones a la vez. No hay lugar a hablar del futuro, porque es un acto puntual, instantáneo.
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En cuanto a la potencia y el acto, si la actualización depende de una circunstancia ajena al sujeto, este no es responsable de no actualizarlo, es como una pared que está en potencia pasiva de ser pintada de azul, pero carece de responsabilidad por no estar pintada de azul porque la tendría que pintar otro de azul.
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Depende de si esa circunstancia ajena actualiza o no la libertad del sujeto. O sea, depende de si la causa externa es Dios moviendo una voluntad libre creada o es un pintor pintando una pared.
Si Dios hace pasar al acto la capacidad de elegir libremente, y por tanto, responsablemente, A, entonces el sujeto elige libre y responsablemente A.
Si Dios no hace pasar al acto esa capacidad, entonces hace pasar al acto la contraria, porque el sujeto libre, o elige A, o elige No A, pero cualquier cosa que elija la elegirá movido por Dios.
Si el acto elegido es un acto bueno, tiene a Dios como Causa Primera y al sujeto como causa segunda y libre. Si es un acto malo, sólo lo que en él hay de ser y de bien tiene a Dios como Causa Primera. Lo que tiene de malo tiene como causa (deficiente) sólo a la creatura, y como condición necesaria solamente, a la permisión divina.
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Pero si depende del sujeto la decisión de pasar de potencia a acto, por ejemplo, levantarse, si no tiene ningún problema para hacerlo, en ese caso puede actualizar la potencia simplemente con decidirlo y lo hará si quiere.
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Pero para que quiera, Dios tiene que moverlo a querer. Porque decidir es más que poder decidir, ya que el acto es más que la potencia. La potencia no puede darse a sí misma el acto, que la supera. Por eso, todo pasaje de potencia a acto supone la acción de un ser en acto, principio de causalidad, tal como lo formula Santo Tomás en la Primera Vía, esa misma que Suárez, influido por el molinismo, declara no demostrativa, porque claro, si todo lo que se mueve en definitiva es movido por el Primer Motor Inmóvil, entonces el acto libre de la voluntad humana también, y se cae todo el molinismo.
Ese ser en acto que actualiza esa potencialidad no puede ser solamente el mismo sujeto creado que decide, porque justamente, antes de decidir carece de esa decisión actual para la que está solamente en potencia. Y no se da lo que no se tiene. No es que no decida, es que para decidir necesita ser movido por un Ser ya en acto, que es Dios.
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Pero si dice usted que no puede querer levantarse, porque sería necesario que Dios le moviera a hacerlo y Dios no quiere ni tiene por qué moverle a levantarse, pues si eso fuera así, entonces, el sujeto carecerìa de responsabilidad por no levantarse si no se levanta.
Saludos cordiales.
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No puede querer levantarse en sentido compuesto, supuesto que Dios no lo mueve a querer eso. Sí en sentido dividido, porque es un ser libre. Y todo lo que hace falta para la libertad de la elección, y por tanto, para la responsabilidad, es que lo contrario de lo que de hecho se elige sea posible en sentido dividido, como ya dijimos.
Saludos cordiales.
“No. Porque el instante de la elección es el instante de la elección, no el instante previo a la elección.”
“En el instante de la elección estamos en la hipótesis de que de hecho se elige algo, sea A, sea No A. Porque hay elección, y no simplemente lo previo a la elección.”
“Estamos en la hipótesis en que algo se elige, porque hay elección, y no solamente preámbulo a la elección.”
“Porque hay elección, y no simplemente lo previo a la elección…”
¿Cuándo he dicho yo que solo exista el momento previo, el preámbulo etc..?
Lo que pasa es que se trata precisamente de que hay que demostrar que en el instante de la supuesta “elección” se da una verdadera elección, con uso del libre albedrío.
El instante de la supuesta elección será verdadera elección si existe además el instante previo a la elección en que el intelecto plantea dos opciones elegibles, por supuesto sabiendo que solo se puede elegir una o la otra:
1-Elegir A, en cuyo caso se podrá elegir No A en sentido dividido pero no en sentido compuesto.
2-Elegir No A, en cuyo caso se podría elegir A en sentido dividido pero no en sentido compuesto.
Si existen esas dos opciones, en el momento de la elección se podrá optar por una de ellas.
Si no existen esas dos opciones, no habrá libre elección, lo que sea sucederá sin que se haga uso del libre albedrío.
Saludos cordiales
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Bien, en ese caso, si decimos que la persona tiene gracia suficiente para hacer el bien, entonces puede hacer el bien, pero estamos hablando todavía en abstracto, porque no estamos diciendo si además tiene la gracia eficaz o no. En caso de que no la tenga, o sea, que tenga la sola gracia suficiente, entonces puede hacer el bien en sentido dividido, no puede hacerlo en sentido compuesto.
Pero aquí no se puede hablar todavía de “libre albedrío” el sentido de una propiedad de ciertos actos de la voluntad, porque aquí todavía no hay acto alguno, porque estamos en el instante anterior a la elección libre.
Si hablamos de “libre albedrío” en un sentido que incluya la simple capacidad de la voluntad, independientemente de que actúe o no, precisamente, aquí, en este instante anterior a la elección, si con la sola gracia suficiente la persona tiene la capacidad de hacer el bien en sentido dividido es porque su voluntad es libre, es decir, no está necesariamente atraída por ninguno de los bienes particulares que se presentan a su elección.
Si de hecho la persona no va a realizar el acto bueno, supuesto que no tiene la gracia eficaz, eso no es porque el objeto del acto malo la atraiga necesariamente, o porque necesariamente rechace el objeto del acto bueno, ahora bien, lo que define a la libertad como capacidad de la voluntad es precisamente esa indiferencia de la voluntad ante los objetos del querer cuando éstos son bienes particulares.
Saludos cordiales.
Eso de que con solo la gracia suficiente no se elegirá el bien porque para elegir el bien se necesita una gracia eficaz que no se tiene, lo dicen ustedes los bañecianos, pero yo no estoy de acuerdo, prefiero la teología tomista no bañeciana y por eso creo que es mejor utilizar otros ejemplos para explicar como funcionan las elecciones y el libre albedrío, por ejemplo, elegir levantarse o no levantarse, pero ya que me ha contestado en esos términos, hablaremos de la gracia suficiente.
Si la persona tiene gracia suficiente para hacer el bien, entonces en el instante anterior a la elección, el intelecto presentará las dos opciones A (hacer el bien) y No A
1.- Si elige No A, podrá hacer el bien en sentido dividido pero no en sentido compuesto.
2.- Si elige A, podrá no hacer el bien en sentido dividido pero no en sentido compuesto.
En el instante de la elección podrá optar por 1 o por 2.
Si el sujeto libremente quiere optar por la 2, optará por la 2.
Pero usted dice que con solo la gracia suficiente no existe la opción 2 , basándose en su concepto de gracia suficiente, con la que el sujeto nunca hará el bien, porque necesitaría otra gracia, pero en ese caso, sin dos opciones no habría ninguna elección, tampoco existiría la opción 1, ni uso del libre albedrío, se estaría determinado a No A.
Es verdad que si se tiene libre albedrío, la voluntad no está obligada a seguir ninguna de las dos opciones (es indiferente ante el bien concreto) pero no creo que eso sea lo único que caracterice el libre albedrío, puesto que el libre albedrío es la capacidad de actuar por reflexión y elección, de modo que aparte de no estar obligados a elegir nada sometidos a fuerzas externas o internas, existe el requisito de que intervenga la razón para mostrarnos las consecuencias de nuestras elecciones antes de que las decidamos como seres autónomos y por tanto libres y responsables.
Saludos cordiales
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El libre albedrío consiste esencialmente en la capacidad de querer algo en forma no necesaria, sino dependiendo del propio sujeto que se quiera o no se quiera ese algo.
Eso es lo que todos entendemos cuando decimos “libertad de elección”: capacidad de elegir, y capacidad de elegir quiere decir, capacidad de querer algo que no va a acompañada de la necesidad de querer ese algo, o sea, capacidad de querer algo pudiendo no quererlo o querer otra cosa.
Si podemos elegir entre distintas alternativas, es porque no estamos determinados a querer ninguna de ellas, y eso es justamente la indiferencia de la voluntad ante el bien finito, particular.
Esa indiferencia no desaparece por el hecho de que se tenga sólo la gracia suficiente y no la gracia eficaz, porque esa indiferencia depende solamente de la relación entre la voluntad y el bien particular, que siempre la misma. La voluntad es siempre voluntad y el bien particular es siempre bien particular.
Por eso, es sólo en sentido compuesto que en esa situación no es posible que de hecho se haga el bien, siendo sí posible en sentido dividido.
En el instante anterior a la elección, la voluntad de la persona que tiene sólo gracia suficiente es indiferente, en el sentido dicho, tanto a hacer el bien como a no hacerlo. Por tanto, es libre respecto de ambas opciones. Y cuando elige en esas condiciones, de hecho elige el mal, sin perder por ello la indiferencia respecto de cualquiera de las dos opciones, ni tampoco, por tanto, la libertad.
En efecto, incluso respecto de lo que sí elige, la voluntad conserva su indiferencia, porque sigue siendo voluntad y lo elegido sigue siendo un bien particular. Por lo que en sentido dividido conserva la capacidad de no elegirlo, no, obviamente, en sentido compuesto, ya que no es posible que lo elija y no lo elija a la vez.
Inversamente respecto de la opción no elegida: conserva la indiferencia respecto de la misma, y por tanto, en sentido dividido tiene la capacidad de elegirla, no en sentido compuesto, por la misma razón, no se puede hacer a la ver opciones contrarias.
La intervención de la razón se sobreentiende, porque es precisamente la razón la que presenta a la voluntad los bienes finitos como finitos, de lo que se sigue la indiferencia de la voluntad respecto de los mismos. La voluntad mueve a la razón a la deliberación, para ver por cual opción se inclina, pero la razón por sí sola no puede presentar un juicio concluyente, porque son bienes particulares, y por tanto, indiferentes. Es necesario que la voluntad detenga en un punto el proceso deliberativo, y por eso la elección es un acto libre y no una consecuencia lógica, y por tanto, necesaria, de unas premisas. Con la sola gracia suficiente, la voluntad tiene la capacidad de detener esa deliberación de lado del acto bueno, pero de hecho no lo hace, por lo que ya se ha explicado.
Todo esto es tomismo puro. Dice Santo Tomás en Ia. IIae., q. 10, a. 2:
“La voluntad se mueve de dos modos: para el ejercicio del acto y para la especificación del acto, que proviene del objeto. En el primer modo, por tanto, ningún objeto mueve a la voluntad con necesidad, pues uno puede no pensar en ningún objeto y, consiguientemente, tampoco quererlo en acto.
Pero, en cuanto al segundo modo de moción, unos objetos mueven a la voluntad con necesidad, otros no. En efecto, en el movimiento de cualquier potencia producido por su objeto, hay que tener en cuenta la razón por la que un objeto mueve a la potencia. Lo visible mueve a la vista bajo la razón de color visible en acto. Por eso, si se presenta un color a la vista, necesariamente la mueve si no se la aparta; esto pertenece al ejercicio del acto. Pero si se presenta a la vista algo que no es color en acto en todos los aspectos, sino que lo es en un aspecto, pero no en otro, entonces la vista no lo ve por necesidad, pues podría mirarlo desde la parte que no tiene color en acto, y entonces no lo vería. Pues bien, lo que tiene color en acto es el objeto de la vista, lo mismo que el bien lo es de la voluntad.
Por tanto, si se propone a la voluntad un objeto que sea universalmente bueno y bajo todas las consideraciones, necesariamente la voluntad tenderá a él si quiere algo, pues no podrá querer otra cosa. Pero si se le propone un objeto que no sea bueno bajo todas las consideraciones, la voluntad no se verá arrastrada por necesidad. Y, porque el defecto de cualquier bien tiene razón de no bien, sólo el bien que es perfecto y no le falta nada, es el bien que la voluntad no puede no querer, y éste es la bienaventuranza. Todos los demás bienes particulares, por cuanto les falta algo de bien, pueden ser considerados como no bienes y, desde esta perspectiva, pueden ser rechazados o aceptados por la voluntad, que puede dirigirse a una misma cosa según diversas consideraciones.”
En en art. 4 de esa misma cuestión, Santo Tomas se pregunta si Dios mueve a la voluntad libre creada, y responde:
“Como afirma Dionisio en el capítulo cuarto de De divin. nom.: A la providencia divina no corresponde destruir la naturaleza de las cosas, sino conservarla. Por eso mueve todas las cosas según su condición; así, de causas necesarias se siguen efectos con necesidad, mientras que de causas contingentes se siguen efectos contingentemente. Así, pues, porque la voluntad es un principio activo, no determinado a una sola cosa, sino que se relaciona indiferentemente con muchas, Dios la mueve sin determinarla con necesidad a una sola cosa, sino conservando su movimiento contingente y no necesario, salvo en aquello hacia lo que se mueve por naturaleza.”
¿Cómo entender, entonces, eso de que Dios mueve a la voluntad libre sin determinarla con necesidad a una sola cosa, teniendo en cuenta lo dice ahí mismo dice Santo Tomás en la respuesta a la tercera objeción:
“ Si Dios mueve la voluntad hacia algo, es incompatible con esta suposición que la voluntad no se mueva hacia ello”. Sin embargo, no es absolutamente imposible. Por eso no se sigue que Dios mueva la voluntad con necesidad.”
¿Cómo es eso de que si se da A, es incompatible con esa suposición que se dé B, pero B no es absolutamente imposible?
¿Acaso porque B, en esa hipótesis, es posible en sentido dividido, pero no en sentido compuesto?
¡Exacto!
Entonces, cuando dice que en esos casos Dios no mueve a la voluntad con necesidad, está hablando de necesidad en sentido dividido, no de necesidad en sentido compuesto.
Es decir, la voluntad no se mueve necesariamente, en ese caso, mirando al objeto querido, que sigue siendo un bien particular, y respecto del cual sigue siendo indiferente, y ésa es la esencia, justamente, del libre albedrío. Sí se mueve necesariamente en tanto que Dios la mueve, que no la mueve como objeto de la voluntad, claro, sino como Causa Eficiente del movimiento de la voluntad.
O sea, está negando que haya necesidad absoluta, no que haya necesidad condicional, como ya dijo cuando trató de la Providencia divina en Ia., q. 19, a. 8, ad 1um:
“En aquella frase de Agustín hay que entender una necesidad en las cosas queridas por Dios que no es absoluta, sino condicional, ya que es necesario que sea verdadera esta proposición condicional: Si Dios quiere esto, es necesario que esto suceda.”
Esa frase “es necesario que sea verdadera esta proposición condicional Si Dios quiere esto, es necesario que esto suceda” significa exactamente lo mismo que aquella otra: “Si Dios mueve la voluntad hacia algo, es incompatible con esta suposición que la voluntad no se mueva hacia ello.”
Pero entonces ¿es Báñez el que dice esto, o es Santo Tomás?
No, es Santo Tomás.
Veamos cómo sería compatible con esta tesis tomista la “moción falible o rompible” de Marín - Solá y Maritain, según la cual, si Dios mueve la voluntad hacia algo, es compatible con esa suposición que la voluntad no se mueva hacia ello.
No hay forma de afirmar a la vez ambas doctrinas, se contradicen.
Saludos cordiales.
Es decir, las opciones que el intelecto presenta a la voluntad tienen que ser sopesadas por el entendimiento del sujeto en el que se incluye todo lo almacenado en su memoria a través de la historia de su vida que le permite tomar decisiones teniendo en cuenta sus consecuencias, sabiendo lo que hace. No basta con la indiferencia inicial, o no necesidad, que podría llevar a A o No A simplemente por azar, no por verdadera elección.
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La elección es un acto de la voluntad. El entendimiento puede seguir sopesando por toda la eternidad sin producir elección alguna, si la voluntad no interviene para poner fin a la deliberación. Por eso mismo la elección es libre y no la conclusión necesaria de un razonamiento. Y que la voluntad detenga la deliberación en este punto o no lo haga, es justamente, en todo caso, un bien particular, frente al cual la voluntad es indiferente. Por eso la indiferencia es la raíz del libre albedrío. Eso no es azar, sino, precisamente, libertad.
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Mi desacuerdo general empieza cuando usted introduce el tema de la gracia suficiente y la gracia eficaz porque no estoy de acuerdo con el concepto peculiar que tienen ustedes sobre lo que es la gracia “suficiente”.
Si en el caso de que exista solo la gracia “suficiente”, sin la gracia eficaz, nunca se querrá hacer el bien, no es cierto que se tengan dos opciones elegibles, hacer el bien o no hacerlo, sino solamente una posibilidad: no hacer el bien.
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Si se tienen dos posibilidades, de las cuales una nunca se realizará, no se tiene una sola posibilidad. La sola gracia suficiente da la posibilidad. Para ello no es necesario que dé también la actualidad: la potencia y el acto son distintos.
Es verdad que Dios podría no haber creado el mundo, aunque esa posibilidad nunca se realizará. Uruguay podría haber ganado todos los campeonatos mundiales de fútbol. Más aún, hoy mismo tiene la posibilidad de ganar todos los campeonatos mundiales del futuro, y sin embargo, no debe sorprendernos si esa posibilidad nunca se realiza.
Para que su argumento fuese concluyente, Ud. debería reformularlo así:
"Si en el caso de que exista solo la gracia “suficiente”, sin la gracia eficaz, nunca se podrá querer hacer el bien, no es cierto que se tengan dos opciones elegibles, hacer el bien o no hacerlo, sino solamente una posibilidad: no hacer el bien."
En ese caso, habría que distinguir: "Si en ese caso nunca se podrá querer hacer el bien en sentido dividido, no se tendrá dos opciones": Concedo. "Si en ese caso, nunca se podrá querer hacer el bien sentido compuesto pero sí en sentido dividido, no se tendrá dos opciones": Niego.
Ahora bien, sólo la última alternativa expresa la doctrina tomista.
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Pero si dice usted que con solo la gracia suficiente realmente sí se tienen dos opciones, no veo por qué va a generalizar sobre que el sujeto nunca elegirá una de ellas y siempre elegirá la otra:
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Porque son dos cosas distintas, poder hacer algo, y hacerlo. Las condiciones necesarias para lo segundo no son las mismas que para lo primero. Puedo tener las condiciones necesarias para poder querer algo, y no tener las condiciones necesarias para quererlo de hecho, y eso puede quedar así por toda la eternidad. Y de hecho, la gracia suficientes es condición necesaria para poder querer algo, mientras que la gracia eficaz es condición necesaria para quererlo de hecho.
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El intelecto presenta dos opciones A(hacer el bien) y No A y podrá elegir cualquiera de las dos realmente, factualmente, es decir, en sentido compuesto:
1.- Si elige No A, no podrá elegir A en sentido compuesto, pero sí en sentido dividido
2.- Si elige A, no podrá elegir No A en sentido compuesto, pero sí en sentido dividido
No veo por qué no va a querer elegir la opción 2 si realmente existe. Y si no existe no hay dos opciones y por tanto no hay elección.
Tampoco habrá instante anterior a la elección, ya que la elección no existe y la voluntad no será libre respecto a las dos opciones ni podrá mantener indiferencia ante dos opciones porque no tiene dos opciones A y No A, sino que está determinada a No A.
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No, por lo ya dicho. La voluntad tiene la condición necesaria para poder elegir A o No A, pero puede darse el caso de que no tenga la condición necesaria para elegir A, y entonces, lo único que puede hacer ahí en sentido compuesto es elegir No A, quedando la posibilidad de elegir A solamente en sentido dividido.
Toda la frase anterior descansa en la diferencia entre "poder elegir" y "elegir", que es infinita, como la que hay entre la potencia y el acto.
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Cuando hay elección, es el sujeto que integra memoria, entendimiento y voluntad el que delibera y decide y elige, por eso es un acto libre, porque es obra de un sujeto que tiene conciencia de lo que hace y de las consecuencias posibles y puede actuar en consecuencia según su proyecto vital.
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No alcanza para la libertad del acto con que el sujeto tenga conciencia de lo que hace y de las consecuencias de ello mismo, y siga un proyecto vital al actual, si no es la voluntad del sujeto la que elige actuar de tal modo pudiendo elegir lo contrario, claro que pudiendo hacerlo en sentido dividido y no en sentido compuesto, porque no se puede elegir a la vez una cosa y su contrario.
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En cuanto a sus citas de Santo Tomás de Aquino, no tengo ningún problema con ellas ni creo que sean incompatibles con Marín-Solá y Maritain.
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Ni Marín - Solá ni Maritain pueden aceptar que sea imposible que Dios quiera mover la voluntad de la creatura racional a algo, y que la voluntad de la creatura racional no se mueva a ese algo, como dicen esos textos de Santo Tomás.
Porque las mociones "falibles" o "rompibles" consisten precisamente en eso: que Dios quiere mover a la creatura en una determinada dirección y que la creatura no se mueve en esa dirección.
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Naturalmente que si Dios quiere hacer algo lo hace y desde luego que si Dios quiere mover algo lo mueve. Pero Dios puede querer mover condicionalmente, puede querer mover de un modo o de otro, puede querer atraer pero no arrastrar forzosamente….etc.
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"Etc." no es argumento. Dios puede atraer, pero debe mover a la creatura para que ceda a esa atracción, porque una cosa es ser atraído y otra moverse hacia lo que atrae, y todo movimiento tiene a Dios como Causa Primera. Al moverla, no la arrastra, porque la mueve de acuerdo a su naturaleza de creatura racional y libre, o sea, la mueve eficazmente a realizar un acto libre.
Tampoco sirve el recurso a "mover condicionalmente", porque toda condición, como todo lo creado en general, depende también de Dios. Por tanto, finalmente Dios mueve o no mueve, porque si quiere mover con Voluntad consecuente, pone también la condición.
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Decir que Dios no puede hacer mociones rompibles es rebajar su omnipotencia, puede hacer mociones irrompibles y mociones rompibles y puede administrarlas como le parezca.
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La Omnipotencia divina no se extiende a lo contradictorio, y es contradictorio que Dios mueva algo, y ese algo no se mueva, así como es contradictorio que Dios dé una moción a algo, y no lo mueva, simplemente por el significado de "moción", que es algo que hace moverse a algo.
Saludos cordiales
Cuando se dice que con la sola gracia suficiente (i.e., sin la gracia intrínsecamente eficaz) no se obra de hecho el bien, eso, se entiende, se refiere al bien sobrenatural. Obrar el bien connatural de hecho no exige la gracia eficaz, sino una moción natural eficaz: el hombre, en efecto, puede obrar ciertos bienes sin la gracia. Claro que, para la naturaleza caída o corrupta (que es el término empleado por santo Tomás) por el pecado original, no se puede hacer todo el bien connatural a la naturaleza sin la gracia. Pero alguno sí se puede. Nunca, sin embargo, se hace algún bien sin que Dios mueva eficazmente a ello: sea en cuanto Autor del orden natural, mediante una moción natural intrínsecamente eficaz, sea en cuanto Autor del orden sobrenatural, mediante la gracia intrínsecamente eficaz.
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Efectivamente, gracias y saludos cordiales.
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No. El entendimiento no puede por sí solo proponer en forma definitiva a la voluntad un bien finito y contingente, porque el único bien que se impone definitivamente a la voluntad es el bien como tal o bien en general, que es su objeto. Ni tampoco puede la voluntad hacer “lo que le parezca” una vez que el entendimiento le propone un bien como definitivo, es decir, una vez que la misma voluntad ha detenido en un punto la deliberación. Ahí sigue necesariamente lo que entonces el intelecto le presenta.
Es decir, la voluntad sigue necesariamente al intelecto, pero el intelecto no puede presentar como definitivamente elegible un bien particular, sin el concurso de la misma voluntad, que detiene en un punto dado la deliberación del intelecto.
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La indiferencia, es decir, la no necesidad de elegir un bien o el otro, es un requisito, pero no basta para que exista libertad. El libre albedrío es la capacidad de actuar por reflexión y elección, ambas cosas van juntas para que haya libertad. En caso contrario, la ausencia de necesidad podría no ser más que puro azar.
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Es que la “elección” es tal precisamente por la indiferencia de la voluntad al bien particular. Sin eso no habría elección alguna, porque la voluntad se inclinaría necesariamente a unos bienes o rechazaría necesariamente otros. La ausencia de necesidad no es puro azar, porque es la ausencia de necesidad en una voluntad, es decir, en una facultad apetitiva, que sigue al intelecto en sus apeticiones, pero que no puede ser determinada por el intelecto a querer un bien particular sin haber ella misma determinado al intelecto a presentarle solamente ese bien particular.
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Como se puede ver, yo no he dicho que para actuar con libre albedrío baste una cosa sin la otra, sino que ambas son necesarias, reflexión y elección.
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Eso no agrega nada nuevo. La elección se basa en la indiferencia, y la “reflexión” es la deliberación. La deliberación puede seguir indefinidamente presentando a la voluntad razones para querer este bien particular y razones para no quererlo.
Precisamente porque es un bien particular, no el bien como tal. Para que eso se detenga, y se elija algo, hace falta que la voluntad detenga la deliberación del intelecto.
Por eso hay libre albedrío, de lo contrario estaríamos un determinismo racionalista, como el de Leibnitz.
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Y por supuesto que si elijo una cosa en sentido compuesto, lo contrario solo lo podré elegir en sentido dividido, solo que si existen realmente dos opciones, A (hacer el bien) y No A, usted no puede asegurar que nunca elegiré A, porque si quiero lo elegiré aquí y ahora, en sentido compuesto y lo que no podré elegir en sentido compuesto, sino solo dividido será No A.
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Con la sola gracia suficiente, la opción de hacer el bien existe sólo en sentido dividido, no en sentido compuesto. Por eso es cierto que con la sola gracia suficiente, el bien no será elegido de hecho.
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Eso de que con solo la gracia suficiente nunca se hará el bien, responde a su propia definición de gracia suficiente, con la que yo no estoy de acuerdo. Aunque ahora que he visto el comentario de Federico, resulta que se puede hacer el bien natural incluso sin gracia. ¿Se puede hacer pero nunca se hace? O en este caso cuando dice que se puede hacer quiere decir realmente lo que nos indica el sentido común a todo el mundo? Me gustaría ahondar en estos temas, sin acabar siempre dando vueltas a lo mismo.
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No importa que Ud. no esté de acuerdo, porque Ud. quiere mostrar que la tesis tomista es incoherente, y como ve, no es así. No choca ni con la fe ni con la razón.
El bien natural se puede hacer sin la gracia, no sin una moción divina eficaz, que no es gracia eficaz, porque es moción para un acto natural, no para un acto sobrenatural. El bien natural así realizado no es meritorio de la vida eterna.
El que “indica” lo contrario no es el sentido común, sino la falta de distinción entre sentido compuesto y sentido dividido, potencia y acto, y otra serie de prejuicios filosóficos.
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Y diferencio perfectamente la potencia del acto, solo que este sujeto decide aquí y ahora elegir para actualizar la opción contraria a la que usted asegura que elegirá, en vista de que se asegura que tiene dos opciones.
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En esta hipótesis que estamos discutiendo, de la sola gracia suficiente, no, porque en esta hipótesis hay sí dos opciones, pero una de ellas, la de hacer el bien, es solamente en sentido dividido, como ya dije.
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Yo sigo sin ver ninguna incompatibilidad entre esas citas de T. de Aquino y la teología de Marín Solá y Maritain con la existencia de mociones rompibles e irrompibles.
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La incompatibilidad es fácil de ver, es la que hay entre “Si Dios quiere, con Voluntad consecuente, que algo suceda, no puede ser el caso que eso no suceda” (Santo Tomás) y “Si Dios quiere, con Voluntad consecuente, que algo suceda, puede ser el caso que eso no suceda” (Marín – Solá y Maritain)
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Nadie ha presentado “etc” como un argumento, sino como lo que es: la abreviatura de et cetera = el resto, todo lo demás – en este caso simplemente significa que no hace falta poner más ejemplos concretos para referirse a que Dios puede mover de tantos modos distintos como quiera.
Incluyendo el arrastrarte contra tu voluntad, si quiere hacerlo. No he dicho que arrastre contra tu voluntad normalmente, pero poder, puede.
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Dios puede "arrastrar" a nuestros miembros, por ejemplo, a hacer cosas que nuestra voluntad no quiere hacer, pero no puede arrastrar a nuestra voluntad a querer lo que no quiere, porque cuando Dios mueve así a la voluntad, por definición no la arrastra, ya que como resultado de la moción divina la voluntad quiere eso que Dios quiere y a lo que la mueve. Nadie quiere a la fuerza, porque no se puede querer sin querer.
Lo que pasa es que Ud. no va a entender nunca a Santo Tomás mientras siga pensando que si Dios mueve eficazmente nuestra voluntad, le quita la libertad.
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Y la moción rompible no es una contradicción sino una manera de mover condicional.
Si Dios quiere, puede mover condicionalmente, a condición de que no ofrezcas resistencia al movimiento. Claro que podría hacerte querer moverte o moverte de cualquier modo, pero si te quiere mover en el caso de que no rechaces la gracia dejando que esta siga su curso, pues así lo hará.
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Como ya dije, toda condición depende también de Dios, por su querer o por su permisión. Debe movernos para que no rechacemos la gracia, y debe permitir que la rechacemos, es decir, no movernos a que no la rechacemos.
Desde ese punto de vista, para la Voluntad consecuente divina no hay nada condicional, porque desde la Eternidad ha determinado cuándo poner la condición, y cuándo no ponerla.
Dios siempre antes. En esto de acuerdo con el Papa Francisco: “Dios nos primerea”.
Saludos cordiales
“En caso contrario, la ausencia de necesidad podría no ser más que puro azar.”, quería decir que sin la deliberación, el actuar en ausencia de necesidad podría ser simplemente actuar al azar, no actuar con libertad, dirigiendo tu conducta.
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Es lo mismo: lo determinante no es la deliberación, sino el acto de la voluntad que detiene la deliberación, la cual de suyo, mirando sólo al intelecto, no tiene porqué detenerse, porque siempre va a tener delante un bien particular y finito, que por un lado puede ser querido, y por otro lado, puede ser rechazado.
Lo contrario es la negación del libre albedrío: la voluntad seguiría automáticamente al intelecto, y por tanto, a la mejor razón que le presentara el intelecto, de donde se seguiría que el mal moral sólo sería posible por falta de información adecuada, que hace que nos parezca mejor la razón que no lo es realmente, lo cual es el error del intelectualismo ético de Sócrates: el que hace el mal es por ignorancia.
Contra esto, San Pablo: no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. Sabemos que hacemos el mal cuando pecamos, pero lo hacemos de todas maneras.
Saludos cordiales.
Dice usted: “Ud. quiere mostrar que la tesis tomista es incoherente, y como ve, no es así”
Para nada, le aseguro que yo no quiero demostrar que la tesis tomista bañeciana sea incoherente (aunque reconozco que a mí no me resulta coherente), pero lo único que pretendo es que mis propios razonamientos sean coherentes cuando intento llegar al fondo de la verdad sobre en qué consisten el libre albedrío y la libertad y la relación de la gracia con el libre albedrío, porque este es un tema que me interesa.
Yo no tengo ningún interés en demostrar que sea incoherente la tesis tomista bañeciana o que lo sea la molinista, de hecho podrían ser coherentes las dos y no corresponderse con la realidad ninguna de las dos, ya que pienso que la coherencia no basta para que una teoría se corresponda con la realidad, aunque es cierto que la incoherencia descarta definitivamente la verdad de una teoría. Sí podría tener interés en demostrar que son incoherentes el calvinismo, el pelagianismo, el jansenismo y cualquier otra herejía, pero no estamos hablando de ellas.
Yo lo que hago es reivindicar la coherencia de la línea de interpretación tomista no bañeciana, porque me parece más acorde con el sentido común que la bañeciana. Y aunque reconozco que también se puede ser tomista bañeciano o molinista dentro de la Iglesia Católica, creo que el tomismo no bañeciano, además de estar también objetivamente dentro de la fe católica, encaja mejor con la fe y la razón, tal como yo entiendo la realidad y mientras no me demuestren lo contrario.
En cuanto al concepto de gracia “suficiente” bañeciano, yo no digo que sea incoherente dentro de su propio sistema, lo que digo es que es gratuito pretender que la gracia suficiente consiste en lo que ustedes dicen y que no tenemos por qué aceptarlo, ni es eso lo que entienden por gracia suficiente los creyentes católicos en general, ni la Iglesia manda que creamos en el concepto de gracia “suficiente” bañeciano, aunque permita que lo crea quien quiera. Por eso indico que recurrir como argumento a que la gracia suficiente funciona como ustedes dicen que funciona me resulta inútil, porque primero habría que demostrarme que eso es cierto para no caer en la circularidad.
Respecto a que el ser humano puede hacer el bien sin gracia, agradezco la aclaración sobre lo que es natural y lo que es sobrenatural, lo que tiene mérito sobrenatural y lo que no, pero mi pregunta era si
- Esto podemos entenderlo desde el sentido común: puede hacer el bien sin gracia, así que tal vez lo haga o tal vez no, según cuál de estas dos opciones elija, hacer el bien o no hacerlo. O
- Esto hay que entenderlo, como que el ser humano sin gracia puede elegir hacer el bien en sentido dividido pero no en sentido compuesto, y nunca lo hará, en línea con lo que dicen ustedes de “poder” con solo la gracia “suficiente”.
Yo creo que sí distingo entre el sentido dividido y el sentido compuesto y entre potencia y acto.
En el momento de la elección tengo dos opciones elegibles:
Si elijo no hacer el bien, no podré elegir hacer el bien en sentido compuesto pero sí podré en sentido dividido.
Si elijo hacer el bien, no podré elegir no hacer el bien en sentido compuesto pero sí en sentido dividido.
Y si elijo hacer el bien y lo hago, actualizaré lo que antes estaba en potencia como opción y ahora es acto.
En cuanto a esto que dice usted: “Lo que pasa es que Ud. no va a entender nunca a Santo Tomás mientras siga pensando que si Dios mueve eficazmente nuestra voluntad, le quita la libertad.”
Lo cierto es que yo nunca he pensado -ni dicho aquí en ningún post- que si Dios mueve eficazmente nuestra voluntad, le quita libertad.
Es más, yo no he criticado nunca esa noción de gracia eficaz que tienen ustedes, simplemente no la considero la única forma de ser gracia eficaz porque, en contra de lo que piensan ustedes, yo considero con otros tomistas que la gracia suficiente no rechazada también es eficaz. Lo que critico es su noción tomista bañeciana de gracia “suficiente”. Yo en principio pienso, con los tomistas no bañecianos, que existen mociones rompibles e irrompibles.
En lo de “arrastrar contra nuestra voluntad” tenía en mente exactamente lo que usted explica luego de que puede arrastrarnos a hacer algo materialmente aunque nuestra voluntad no quiera - aunque esto no sea lo normal, sino muy excepcional. Es menos excepcional si la voluntad simplemente no se ha planteado hacer lo que el sujeto se encuentra haciendo. En sustancia, lo que digo es que Dios puede mover de muchas maneras diferentes, sin entrar ahora a discutir mis desacuerdos con ustedes, que sigo manteniendo.
También agradecería alguna cita concreta de Marín-Solá o Maritain que me aclarara en dónde se supone que han dicho que “Si Dios quiere, con Voluntad consecuente, que algo suceda, puede ser el caso que eso no suceda” (Marín – Solá y Maritain) Porque hasta ahora yo no he visto esa supuesta afirmación que usted les atribuye.
Y aunque no quiero alargar más esto, no tengo más remedio que referirme a lo que usted dice al final, contestando a mi última aclaración.
Yo no he dicho que el intelecto determine a la voluntad, lo que afirmo es que lo determinante es la decisión del sujeto que integra memoria entendimiento y voluntad y por eso puede dirigir su conducta. Yo creo que en el ejercicio de la libertad están inseparablemente unidos memoria, entendimiento y voluntad, reflexión y elección.
No voy en la línea de Sócrates, aunque se puede hacer el mal por ignorancia, lo normal es que se haga a sabiendas.
La cita de San Pablo: “no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero” pienso que hace referencia al conflicto entre nuestras aspiraciones ideales y nuestras necesidades materiales que se oponen a ellas. Incluso un ateo podría hablar del conflicto entre el super-yo y el ello, pero además, como creyentes, nosotros sostenemos que la naturaleza humana está herida por el pecado original y por tanto se inclina al pecado y necesitamos que la gracia de Dios nos sostenga y por eso tenemos que pedirla. Yo esto lo encuentro muy en línea con la solución de Marín-Solá al conflicto de auxiliis.
Saludos cordiales
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Si Ud. no acepta la tesis tomista, o bien es porque la considera contraria a la fe, o bien porque sin pensar que es contraria a la fe, la considera falsa, no adecuada a la realidad, sea que además la considere incoherente en sí misma o no.
No hay otra forma en que una tesis pueda “encajar mejor con la fe y la razón”.
Es clara la contradicción entre la tesis tomista y la tesis de Marín – Solá y Maritain, así que, en ese punto, una de ellas es verdadera y la otra falsa, de modo que afirmar la verdad de una de ellas es afirmar la falsedad de la otra.
Sostener que la gracia eficaz es la gracia suficiente aceptada por la creatura racional es negar que la gracia sea intrínsecamente eficaz como dice el tomismo.
Por supuesto, todo eso debe ser argumentado, pero esa argumentación va a defender inevitablemente la falsedad, por lo menos, del tomismo.
Por otra parte, la noción tomista de “gracia suficiente” es inseparable de la noción tomista de “gracia eficaz”, así que criticar a una de ellas es criticar la otra. En efecto, si la gracia suficiente es la que da el poder hacer, pero no el hacer mismo, el hacer mismo, o no viene de la gracia, o viene de otra gracia distinta, que llamamos “eficaz”.
E inversamente: si el hacer se debe a una gracia intrínsecamente eficaz e infalible, entonces la gracia suficiente da solamente el poder hacer, y no el hacer, porque lo contrario sería negar, con los jansenistas, que los pecadores reciban alguna gracia de Dios.
Lo contrario es volver al Rey de “El Principito”: La gracia suficiente da el hacer sólo porque, en un momento lógicamente anterior, la mera voluntad humana se lo ha dado a sí misma, y por lo mismo, le ha dado a la gracia suficiente el dárselo a la voluntad, como el Rey hizo embajador al Principito luego de que éste hubo partido, y como si mi prestamista me diese el dinero para que le pagase.
Lo que los católicos en general entienden por “gracia suficiente” no está escrito en ninguna parte, pero además, no significa mucho, porque si hacemos hoy día una encuesta entre los católicos acerca de los anticonceptivos, por ejemplo, el resultado no va a poder servir de criterio doctrinal.
Cuando Ud. habla del “momento de la elección” sigue confundiendo ese momento con el momento anterior. El momento de la elección no es cuando voy a elegir, es cuando elijo. Y ahí no tengo igualmente ambas posibilidades, porque una la estoy ejerciendo, la otra, obviamente, no.
Sin la gracia se puede hacer el bien natural, no el bien sobrenatural y meritorio de la vida eterna. Ese bien natural, sin la gracia, se lo puede hacer de dos maneras: también en sentido compuesto, si además se tiene la moción divina eficaz para ese bien natural (que por eso mismo que es un bien natural no es la gracia eficaz), o solamente en sentido dividido, si no se tiene esa moción divina eficaz.
Si hablamos de “mociones divinas falibles”, entonces estamos diciendo que puede ser el caso que Dios quiera con Voluntad consecuente que algo suceda, y eso no suceda.
Porque suponemos que Dios quiere con Voluntad consecuente que no hagamos fallar la moción falible.
Si decimos que lo quiere con Voluntad sólo condicional, eso no sirve de nada, porque las condiciones también están eternamente en la mano de Dios. Por tanto, si desde la Eternidad ha decidido que la condición se cumpla y la moción no falle, ésta no falla, y en el caso contrario, no hay verdadera Voluntad divina consecuente de que la moción no falle, porque el que quiere el fin, quiere los medios. Pero entonces la moción tampoco falla, porque no se falla en no obtener aquello que no se quiere consecuentemente obtener, y la moción, siendo en sentido activo un acto de Dios, sólo falla si falla el Agente divino.
Si la moción realmente falla, entonces, es porque hay Voluntad divina consecuente de que no falle, y eso va frontalmente contra la frase citada de Santo Tomás, que no puede ser el caso que Dios quiera con Voluntad consecuente que algo suceda, y ese algo no suceda.
Por eso dice Santo Tomás: “Si Dios mueve la voluntad hacia algo, es incompatible con esta suposición que la voluntad no se mueva hacia ello”. (Ia., IIae., q. 10, a. 4, ad 3um)
Es otra forma de decir lo mismo, y es claramente incompatible con lo que sostienen Marín-Solá y Maritain, a saber, que dadas las “mociones divinas falibles o rompibles” puede ser el caso que Dios mueva la voluntad hacia algo, y la voluntad no se mueva a ello.
Porque recordemos que la “moción” es el acto de “mover”. En ese sentido toda moción es infalible, porque si no mueve, no es moción.
Claro, puede suceder que la moción termine antes de alcanzar el objetivo querido por el agente motor. Pero eso sucede contra la voluntad consecuente de ese agente, o no. En el primer caso, estamos de vuelta en la imposibilidad de que eso suceda tratándose de la Voluntad divina consecuente; en el segundo caso, como dije, no hay fallo alguno, y por tanto, moción falible alguna, porque la voluntad del agente era sólo antecedente y no se extendía a las condiciones necesarias para que la moción continuara moviendo y alcanzara efectivamente el fin.
En cuanto a lo determinante de la elección, precisamente, porque ésta tiene un conjunto de condiciones, entre ellas la inteligencia y la voluntad, es necesario que una de ellas sea la determinante, a saber, la voluntad. La unidad no procede nunca de la pluralidad, sino siempre de la unidad, y la unidad del acto procede de la unidad del principio determinante. Lo contrario sería que por azar las diversas condiciones del acto humano coincidiesen en una misma determinación.
Saludos cordiales.
Dicho en términos aproximativos, nada más, si elijo ir al cine, la voluntad hace que elija, y la inteligencia hace que lo que elijo sea ir al cine. En realidad ambas cosas son inseparables, por eso se habla de mutuo influjo entre la inteligencia y la voluntad, bajo distinto aspecto.
La inteligencia determina a la voluntad, porque ésta sigue necesariamente el último juicio práctico, que en este caso sería “voy al cine”. La voluntad determina a la inteligencia, porque determina que ése sea el último juicio, en el cual termina la deliberación, en vez de “voy al teatro” o “me quedo en casa”.
Saludos cordiales.
Jacques Maritain (París, 18 de noviembre de 1882-Toulouse, 28 de abril de 1973) fue un filósofo católico francés, defensor del tomismo (Wikipedia)
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Lo primero no es lo que hicieron Marín-Solá y Maritain, pues se apartaron de principios fundamentales del tomismo, como ya mostré hasta la saciedad.
Lo segundo es tan necesario, que el mismo Marín-Solá dedica casi que la mayor parte de sus artículos a responder a las objeciones que lógicamente le hacen los tomistas. Ya Santo Tomás dijo que no alcanza con exponer la verdad si no se refuta el error opuesto.
Para la Wikipedia, en estos temas, todos los gatos son pardos. Maritain es tomista o no según la parte de su obra y de su pensamiento que se considere. Hice buena parte de mi formación en el tomismo leyendo a Maritain. Entre otras cosas leí la carta que dirige a un amigo en la que reconoce que en los temas de la gracia y libertad su principal adversario es San Agustín.
Saludos cordiales.
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