InfoCatólica / Tal vez el mundo es Corinto / Categorías: Liturgia, Homilias de viva voz

13.06.09

6.06.09

30.05.09

7.05.09

Hay un vacio de pensamiento sobre la lengua latina y su uso en la liturgia

codexSi hay algo que brilla por su ausencia en las discusiones sobre el lugar del latín en la liturgia es la falta de argumentos, casi digo yo de parte y parte. La nostalgia de unos se enfrenta con el temor al anacronismo de parte de los otros y al final las cosas quedan en pánico paralizante o cerrazón a todo discurso racional.

Me atrevo a decir que he conocido varias dimensiones de este asunto. Conozco, leo y amo el latín; lo he enseñado en nuestra casa de formación en Bogotá por varios años, y también a nuestros novicios dominicos. He celebrado y rezado en latín en varias partes, incluyendo nuestro Angelicum en Roma. Por otro lado, mi experiencia de fe resulta imposible de comprender sin el entusiasmo (y la percusión y el ritmo) de las celebraciones carismáticas. Y de ahí sobre todo lo que echo de menos cuando se afirma que “sólo” el órgano es “digno” de la liturgia: mi sensación es que canonizar solo la música tubular equivale a dejar de lado la palabra “ritmo,” y en esto se cumple lo que en otras áreas de la vida de fe: lo que la Iglesia menosprecia, alguien lo aprecia, lo hace suyo y lo usa contra la Iglesia. Buena parte, quizás la mayor parte del rock nació y se crió al margen de la fe, y bueno, ahí lo tienes. Ya decían los antiguos: “lo que no es asumido no es redimido” (Quod non assumptus, non redemptus).

Y sin embargo, perder el latín es perder demasiado.

1. Cada lenguaje es la expresión del alma de un pueblo. Durante unos mil años largos la Iglesia, y la civilización occidental misma, pensó en latín, oró en latín, rió en latín. Olvidarse del latín es perder mil años de vida, de búsquedas, de hallazgos, de esperanzas, de poesía.

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2.12.08

15 Razones para Amar el Adviento

Amo el Adviento. Lo amó apasionadamente, y necesito contarles por qué.

  1. El Adviento es un privilegio, o digo mejor: un acto precioso de condescendencia divina.
  2. Es un despertador que revela los límites de lo que termina, para llamarnos hacia aquello que no tiene límite ni término.
  3. Es el tiempo por excelencia para la esperanza.
  4. Son semanas de genuina catequesis, sentados junto al fogón del amor de los profetas.
  5. Es una escuela que tiene el estilo y la impronta de la Virgen de Nazareth.
  6. Es como una metáfora gigantesca de lo que es la Iglesia entera en este mundo… hasta que el Señor vuelva.
  7. Es un retiro espiriual para mil millones de personas.
  8. Es el recordatorio del lugar irreemplazable de la ternura y la mansedumbre como casa que preparamos a Jesús.
  9. Es el momento para sentirnos más hermanos que nunca de los judíos, y de todos aquellos que sabiéndolo o sin saber, aguardan al Mesías y su salvación.
  10. Bien vivido, es una senda de profundo autoconocimiento a la luz de Dios.
  11. Es tiempo para darnos cuenta de cuántas cosas ya no necesitamos, y por tanto, para hacer más liviana y generosa la vida.
  12. Tiempo para “hacer hambre” de modo que el banquete del Pan de Vida–que es Cristo–nos encuentre preparados y alegres.
  13. Es la época del año en que el Antiguo Testamento se hace diáfano, y el Nuevo Testamento, deslumbrante.
  14. Son días de oración y de escucha, días sobre todo para aprender que ninguna presencia de Cristo será suficiente hasta que llegue el día en que él sea todo en todos.
  15. Tiempo que condensa la experiencia del desierto y la alegría del Jordán.

Fr. Nelson Medina, O.P.